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Lugares en El Evangelio como me fue revelado

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ECR 196.1.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La mayor parte de la mañana del sábado ha estado ocupada en dejar descansar a los cansados cuerpos y en arreglar la ropa, polvorienta y arrugada por el viaje. En las vastas cisternas del Getsemaní — colmadas de agua de lluvia — y en el Cedrón — verdadera sinfonía entre los cantos, espumoso, lleno, por los chaparrones de los últimos días — hay tanta agua que es una verdadera incitación. Uno tras otro, los peregrinos, desafiando el fresco, bajan a zambullirse en el torrente; luego se ponen vestidos nuevos, de los pies a la cabeza, y, con el pelo todavía un poco tieso por las rociadas del torrente, van a sacar agua de las cisternas y la vierten en unas pilas grandes donde tienen la ropa, separada por colores. (...)

Se diseminan por el olivar, muy hermoso en este sereno día abrileño. La lluvia de los días precedentes parece haber plateado los olivos y sembrado la tierra de flores, de tanto como resplandecen al sol las frondas, de tantas florecillas como hay al pie de los olivos. Los pájaros cantan y vuelan por todas partes.

La ciudad se abre allá, hacia el Oeste del observador.

No se ve el bullir de gente, pero sí las caravanas que se dirigen hacia la Puerta de los Peces — y hacia otras puertas cuyo nombre desconozco —, desde el lado Este. La ciudad se las traga como si fuera un famélico vientre.

Anotación

La ciudad se extiende por allí, al oeste de Getsemaní. Ver el boceto dibujado por Maria Valtorta.

Maria Valtorta dibujó el boceto con lápiz negro, a veces superpuesto con rojo y azul. Algunos nombres están dibujados con bolígrafo. En el centro está el "Templo", con "Casas apretadas", y, en un semicírculo a la izquierda: "Suburbios y casas más dispersas", todo ello rodeado por un doble círculo cuya explicación se encuentra en la parte inferior de la página: "(El círculo rojo y azul indica los muros)". En estas "murallas" se lee una "puerta" junto a la indicación "norte", y otra "puerta" al sureste. Fuera de las "murallas": "Cedrón" y "Getsemaní" al este, "Casas" dos veces al sur, "Torrente" y "Gólgota" al oeste.

Se ven las caravanas que se dirigen hacia la Puerta de Piscis. Al norte de Jerusalén, junto al Templo.

ECR 196.9 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Cuándo vamos a ir a ver a esta Mamá, Señor?» pregunta con ojos anhelantes Yabés.

«Esta tarde, cuando la veas, ¿qué le vas a decir?».

«¿Estaría bien: “Te saludo, Madre del Salvador”?».

«Muy bien» confirma Jesús mientras le acaricia.

«Pero, ¿no vamos a ir hoy al Templo?» pregunta Felipe.

«Iremos antes de salir para Betania. Y tú, ¿estarás aquí tranquilo, no?».

«Sí, Señor».

La mujer de Jonás (el arrendatario del olivar), que lentamente se ha ido acercando, dice: «¿Por qué no le llevas contigo? Lo está deseando...».

Jesús la mira fijamente y con insistencia, aunque sin decir nada.

La mujer comprende, y lo manifiesta: «¡Comprendo!... Creo que tengo todavía un pequeño manto, de Marcos. Voy a buscarlo» y, ligera, se ausenta.

Yabés, tirándole a Juan de una manga, dice: «¿Serán severos los maestros?» a lo que Juan, confortándole, contesta: «¡No, hombre, no! No tengas miedo. Y, además, no es hoy. En pocos días, con la Madre, sabrás más que un doctor».

Los demás, que lo han oído, sonríen por la preocupación de Yabés.

«Pero, ¿quién va a presentarle haciendo las veces de padre?» pregunta Mateo.

«Yo. ¡Es natural! A menos que le quiera presentar el Maestro» dice Pedro.

«No, Simón, no lo haré Yo. Te dejo este honor».

«Gracias, Maestro. Pero... vas a estar presente también Tú?».

«Ciertamente. Todos estaremos presentes: es “nuestro” niño...».

Vuelve María de Jonás con un manto color morado oscuro que todavía está en buenas condiciones. ¡Qué color! Ella misma lo dice: «Marco no lo quiso usar nunca porque no le gustaba el color».

¡Mira tú éste! ¡Es atroz! Y el pobre Yabés, con esa tez suya tan aceitunada, dentro de ese morado violento, parece un ahogado. Pero él no se ve... y se siente feliz con ese manto con que cubrirse como una persona mayor...

«La comida está lista, Maestro. La criada ha sacado ya del asador el cordero».

«Vamos, entonces».

Y, bajando del lugar en que se encuentran, entran en la amplia cocina para comer.

Detalle

Jesús acaba de hablar de la Virgen María.

ECR 197

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo : En el Templo con José de Arimatea. La hora del incienso.

Fecha de la visión: Viernes 22 de junio de 1945

Calendario: Sábado 25 de marzo 28

(12 Nissan 3788)

Lugar (mapa) : Templo de Jerusalén

Ciclo: El segundo viaje pascual

Resumen: El grupo apostólico acude al Templo con Yabeç y Juan de Endor. Pedro actúa como tutor del niño y éste confiesa cándidamente que no recuerda la última vez que vino al Templo, pues era un bebé. Jesús se preocupa por Juan de Endor, que se siente intimidado ante la perspectiva de volver a la casa del Padre. Cristo le tranquiliza y le absuelve de todo, lo que conmueve al recién convertido.

Se dirigen al tesoro para hacer su ofrenda cuando se encuentran con José de Arimatea. Éste se sorprende al ver a un niño pequeño con ellos, y Pedro le explica que el niño está a punto de examinarse de la mayoría de edad. El hermano de Andrés pidió al fariseo que viniera a su lado, para que los doctores de la Ley no causaran problemas. José saludó entonces al Maestro y éste se ofreció a ir a Betania para reunirse con él. El hombre aceptó de buen grado y se despidió.

Jesús explicó entonces a Yabeç en qué consistía la hora del incienso y por qué debía orar; también le explicó cuán grande era el ministerio del sacerdote. Finalmente, van a adorar al Señor.

Contenido del capítulo: 197.1: Pedro toma a Yabeç de la mano. 197.2: Jesús consuela a Juan de En-Dor. 197,3: Pedro explica a Yabeç las cosas del Templo. 197.4: Jesús invita a José de Arimatea a Betania. 197.5: La oración de la tarde.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 58

ECR 197.1 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pedro entra en el recinto del Templo, en funciones de padre, con aspecto verdaderamente solemne; lleva de la mano a Yabés. Camina con tanta gallardía, que hasta parece más alto.

Detrás, en grupo, todos los demás. Jesús va el último, ocupado en una animada conversación con Juan de Endor, al cual parece que le da vergüenza entrar en el Templo.

Pedro pregunta a su pupilo: «¿Has venido aquí alguna vez?» a lo que recibe como respuesta: «Cuando nací, padre; pero no me acuerdo» lo cual hace reír de satisfacción a Pedro, que repite la respuesta a los compañeros, y éstos se echan a reír también, y dicen, con bondad y perspicacia: «Quizás es que dormías y por eso...» o: «Estamos todos como tú. No nos acordamos de cuando vinimos aquí recién nacidos».

ECR 197.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Oh, Maestro! ¡Dame tu bendición!».

«Paz a ti, José. Me alegro de verte; y, además, saludable».

«También yo, Maestro. Los amigos se alegrarán de verte. ¿Estás en Getsemaní?».

«Estaba. Después de la oración voy a Betania».

«¿A casa de Lázaro?».

«No, donde Simón. Tengo también allí a mi Madre y a la madre de mis hermanos y a la de Juan y Santiago. ¿Irás a verme?».

«¿Lo preguntas? Será una gran alegría y un gran honor. Te lo agradezco. Iré con muchos amigos...».

«¡Prudente, José, con los amigos!...» aconseja Simón Zelote.

«¡No, hombre... ya los conocéis! Es verdad que la prudencia dice: “Que no oiga el aire”. Pero, cuando los veáis, comprenderéis que son amigos».

«Entonces...».

«Maestro, Simón de Jonás me estaba hablando de la ceremonia del niño. Has llegado cuando estaba preguntando cuándo pensáis llevarla a cabo. Quiero estar presente también yo».

«El miércoles que precede a la Pascua. Quiero que celebre su Pascua ya como hijo de la Ley».

«Muy bien. Comprendido. Iré a recogeros a Betania. Pero antes, el lunes, iré con los amigos».

«De acuerdo, no se hable más».

«Maestro, te dejo. La paz sea contigo. Es la hora del incienso».

«Adiós, José. La paz sea contigo.»

Detalle

Jesús se encuentra con José de Arimatea.

ECR 198

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo: Jesús se encuentra con su madre en Betania. Yabeç (Jabé) cambia su nombre por Marziam.

Fecha de la visión: Sábado 23 de junio de 1945.

Calendario: sábado 25 de marzo 28 (12 Nissan 3788)

Lugar (mapa) : Betania

Ciclo: El segundo viaje pascual

Sumario: Por venir

Contenido del capítulo: 198.1: Muchos vienen de Betania al encuentro de Jesús que va al encuentro de su Madre. 198.2: María enjuga las lágrimas de Yabeç. 198.3: Y desea la paz a Juan de En-Dor. 198.4: En casa de Simón el Zelote. Las mujeres se afanan en dar la bienvenida a todos. 198.5: Por qué acogen a Yabeç, un huérfano. 198.6: Pedro no quiere que le quiten a Yabeç, a quien Lázaro propone adoptar. 198.7: Él podrá satisfacer todas sus necesidades materiales. 198.8: María cambia el nombre de Yabeç por el de Marziam (Margziam). 198.9: Noticia en particular de la detención del Bautista. 198.10: Yabeç aparece con un vestido nuevo que le ha regalado Marta. 198.11: Jesús y María hablan de la visita de Aglaia.

Edición antigua: Tomo 3, capítulo 59.

ECR 198.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Por el umbrío camino que une el Monte de los Olivos con Betania — podría decir que el monte llega, con sus prolongaciones verdes, hasta los campos de Betania —, Jesús con los suyos camina ligero hacia la ciudad de Lázaro.

No ha entrado aún y ya le han reconocido: emisarios, que lo son por propia iniciativa, corren en todas las direcciones para avisar de su llegada, de forma que empiezan a aparecer: por un lado, Lázaro y Maximino; por otro, Isaac con Timoneo y José; la tercera es Marta con Marcela (que alza su velo para inclinarse a besar la túnica de Jesús); inmediatamente después, llegan María de Alfeo y María Salomé, las cuales reciben al Maestro con un gesto de veneración y luego abrazan efusivamente a los propios hijos. El pequeño Yabés, a quien Jesús sigue llevando de la mano, zarandeado por todas estas impetuosas llegadas, observa esto lleno de asombro. Juan de Endor, sintiéndose extraño, se retira hacia la cola del grupo, aparte. Y, por el sendero que conduce a la casa de Simón, viene la Madre.

ECR 198.9 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En su ausencia las conversaciones entre los varios grupos continúan. Relatos, comentarios, suspiros por la dureza humana.

Isaac relata todo lo que ha podido saber acerca de Juan el Bautista. Quién dice que está en Maqueronte, quién, que en Tiberíades. Los discípulos no han vuelto aún...

«Pero, ¿no le habían seguido?».

«Sí, pero, cerca de Doco, los que habían prendido a Juan cruzaron el río con el prisionero, y no se sabe si luego subieron hacia el lago o bajaron a Maqueronte. Juan, Matías y Simeón se han lanzado a la búsqueda, para saber a dónde le llevan. Ciertamente, no le abandonarán».

«Como tú tampoco, Isaac, me abandonarás a este nuevo discípulo. Por ahora estará conmigo. Quiero que pase la Pascua conmigo».

«Yo la celebraré en Jerusalén, en casa de Juana. Me ha visto y me ha ofrecido una dependencia de la casa para mí y mis compañeros. Este año vienen todos; y estaremos con Jonatán».

«¿También los del Líbano».

«También. Pero quizás no puedan venir los discípulos de Juan».

«¿Sabes que vienen los de Jocanán?».

«¿De verdad? Pues estaré a la puerta, junto a los sacerdotes encargados de las inmolaciones. Así, cuando los vea, me los llevaré conmigo».

«Espéralos para última hora, pues tienen el tiempo contado. Pero traen el cordero».

«Yo también. Uno espléndido, que me ha dado Lázaro. Inmolaremos éste, de forma que el suyo les servirá para la vuelta».

Anotación

Los pastores del Líbano, es decir, Daniel y Benjamín.

ECR 199.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Una mañana espléndida, que invita verdaderamente a pasear, dejando cama y casa. Los que están en la casa de Simón Zelote, cual abejas con los primeros rayos solares, se levantan muy temprano y salen a respirar el aire puro al huerto de Lázaro, que circunda la casita hospitalaria. Pronto se suman a ellos los que están alojados en casa de Lázaro, es decir: Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Andrés y Santiago de Zebedeo. El sol entra alegre por las ventanas y puertas abiertas de par en par, y las habitaciones, sencillas y limpias, se visten de un tono oro que aviva los colores de los vestidos y hace más brillantes los de los cabellos y las pupilas.

María de Alfeo y Salomé están centradas en servir a estos hombres de vigoroso apetito. María está atenta a cómo un servidor de la casa de Lázaro le arregla a Margziam sus delicados cabellos, igualándoselos con más destreza que su precedente peluquero.

ECR 199.3-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Hasta las cercanías de Jerusalén van todos juntos. Luego se separan: Judas se va por su cuenta (entra en la ciudad, probablemente por la Puerta que está hacia la Torre Antonia); Tomás, Felipe y Natanael, con María y el niño, caminan todavía con Jesús y los otros compañeros unas cuantas decenas de metros para luego entrar en la ciudad por la parte del suburbio de Ofel.

199.4

«¡Bien! ¡Encaminémonos hacia estos infelices!» dice Jesús, y, volviendo las espaldas a la ciudad, empieza a andar en dirección a un lugar desolado, situado en las laderas de un cerro rocoso que está entre los dos caminos que de Jericó van a Jerusalén. Es un lugar extraño: después de la primera subida por la que trepa un escarpado sendero, presenta una estructura escalonada, de forma que, hasta el primer desnivel, hay al menos tres metros a pico, y así el segundo desnivel... Es un lugar árido, muerto... tristísimo.

«Maestro — grita Simón Zelote — estoy aquí; párate, que te enseño yo el camino...» y Simón, que estaba apoyado en la roca buscando un poco de sombra, viene, y conduce a Jesús por una vereda también escalonada, que va en dirección a Getsemaní, aunque del otro lado del camino que une el Monte de los Olivos con Betania.

«Hemos llegado. Yo viví entre los sepulcros de Siloán. Aquí están mis amigos; parte de ellos, porque los otros están en Ben Hinnom y no han podido venir porque habrían tenido que atravesar el camino y los habrían visto».

«Iremos a verlos también a ellos».

«¡Gracias!, por ellos y por mí».