ECR 207.1 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Dejada Betania con la primera sonrisa de la aurora, Jesús se dirige a Belén; a su lado van su Madre, María de Alfeo y María Salomé; le siguen los apóstoles; el niño, por el contrario, le precede, y encuentra motivo de contento en todo lo que ve: las mariposas que se están despertando, los pajaritos que cantan o picotean en el sendero, las flores que resplandecen por los diamantes del rocío, el hecho de que aparezca un rebaño en que se oye el balido de muchos corderitos. Una vez atravesado el torrente que está al sur de Betania — todo espuma risueña entre los cantos —, la comitiva se dirige hacia Belén, pasando entre dos órdenes de colinas enteramente verdes de olivos y viñedos con algunos — pequeños — campos dorados de grano aviado ya a la siega. El valle es fresco; el camino, bastante cómodo.
Simón de Jonás se adelanta y alcanza al grupo de Jesús. Pregunta: «¿Por aquí se va a Belén? Juan dice que la otra vez habéis ido por otro camino».
«Es verdad» responde Jesús «pero porque veníamos de Jerusalén. Por aquí es más corto. Cuando lleguemos al sepulcro de Raquel, que quieren verlo las mujeres, nos separaremos, como hace tiempo habéis decidido. Mi Madre quiere ir a Betsur. Allí nos reuniremos de nuevo».
«Sí, lo dijimos... ¡Pero, sería tan hermoso que estuviéramos todos presentes!... especialmente la Madre... que, a fin de cuentas, es la Reina de Belén y de la Gruta, y conoce todo a la perfección. Si lo contara Ella, creo que sería distinto».
Jesús mira a Simón, que insinúa dulcemente su deseo, y sonríe.
«¿Qué gruta, padre?» pregunta Marziam.
«La gruta donde nació Jesús».
«¡Ah, muy bien! ¡Voy yo también!...».
«¡Sería precioso!» dicen María de Alfeo y Salomé.
«¡Precioso!... Significaría volver al pasado, a cuando el mundo te ignoraba... Te ignoraba, sí, pero todavía no te odiaba. Significaría encontrar de nuevo el amor de las personas sencillas que supieron sólo creer y amar, con humildad y fe... Significaría depositar en el pesebre este peso de amargura que oprime mi corazón desde que sé lo mucho que te odian... Debe haber quedado todavía en el pesebre la dulzura de tu mirada, de tu respirar, de tu titubeante sonrisa... y ello me acariciaría el corazón, ¡este corazón mío tan lleno de amargura!...». (María habla despacio, entre anhelante y afligida).
«Pues entonces vamos a ir, Mamá. Condúcenos tú al lugar. Hoy eres tú la Maestra y Yo el Niño que ha de aprender».
«¡No, Hijo! Tú eres siempre el Maestro...».
«No, Mamá. Simón de Jonás tiene razón en lo que ha dicho. En la tierra de Belén tú eres la Reina. Es tu primer castillo. María, de la estirpe de David, guía a este pequeño pueblo a tu morada».
Judas Iscariote hace ademán de hablar, pero no dice nada. Jesús, que se ha dado cuenta del gesto y lo ha interpretado, dice: «Si alguno, por cansancio u otro motivo, no quiere venir, que libremente prosiga hacia Betsur». Pero ninguno habla.
Detalle
Algunos apóstoles no hablan durante la EMV 207 (Tomás, Juan, Andrés, Santiago de Alfeo, Felipe...), pero están presentes.
Palabras clave
- Andrés (apóstol)
- Bartolomé - Natanael (apóstol)
- Felipe (apóstol)
- Juan de Zebedeo (apóstol)
- Judas de Alfeo (apóstol)
- Judas de Keriot (apóstol)
- Los Doce
- María Salomé (madre de Santiago y Juan de Zebedeo)
- María de Alfeo (María de Cleofás)
- Mateo (apóstol)
- Santiago de Alfeo (apóstol)
- Santiago de Zebedeo (apóstol)
- Simon-Pierre - Simón de Jonás (apóstol)
- Simón el Zelote (apóstol)
- Tomás (apóstol)
- Yabeç (Jabé) - Marziam (Margziam)