Ir al contenido

Notas de la palabra clave

Ángeles

Página 1 de 5

Comodidad de lectura

Aa

ECR 1.3 · Volumen 1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Dios, para manifestarse a los hombres en la forma nueva y completa que abre la era de la Redención, no eligió como trono suyo un astro del cielo, ni el palacio de un grande. No quiso tampoco las alas de los ángeles como base para su pie. Quiso un seno sin mancha.

Eva también había sido creada sin mancha. Mas, espontáneamente, quiso corromperse. María, que vivió en un mundo corrompido — Eva estaba, por el contrario, en un mundo puro — no quiso lesionar su candor ni siquiera con un pensamiento vuelto hacia el pecado. Conoció la existencia del pecado y vio de él sus distintas y horribles manifestaciones, las vio todas, incluso la más horrenda: el deicidio. Pero las conoció para expiarlas y para ser, eternamente, Aquella que tiene piedad de los pecadores y ruega por su redención.

ECR 3.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

(...) No hace falta ser vírgenes para ser castos (...). Los tálamos castos tienen por custodios a los ángeles, y de tales tálamos provienen hijos buenos que de la virtud de sus padres hacen norma para su vida.

ECR 4.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

4.6 ­Tú has visto la generación continua de las almas por Dios. Piensa ahora cuál debió ser la belleza de esta alma que el Padre había soñado antes de que el tiempo fuera, de esta alma que constituía las delicias de la Trinidad, Trinidad que ardientemente deseaba adornarla con sus dones para donársela a sí misma. ¡Oh, Todo Santa que Dios creó para sí, y luego para salud de los hombres! Portadora del Salvador, tú fuiste la primera salvación; vivo Paraíso, con tu sonrisa comenzaste a santificar la tierra.

¡Oh, el alma creada para ser alma de la Madre de Dios!... Cuando, de un más vivo latido del trino Amor, surgió esta chispa vital, se regocijaron los ángeles, pues luz más viva nunca había visto el Paraí­­­so. Como pétalo de empírea rosa, pétalo inmaterial y preciado, gema y llama, aliento de Dios que descendía a animar a una carne de forma muy distinta que a las otras, con un fuego tan vivo que la Culpa no pudo contaminarla, traspasó los espacios y se cerró en un seno santo.

Detalle

Este pasaje muestra que María fue efectivamente creada en un momento dado, hace 2000 años (no fue creada desde toda la eternidad, aunque está eternamente en la mente de Dios).

Anotación

Viste la continua generación de almas por parte de Dios. En la visión del 25 de mayo de 1944. Ver Los cuadernos de 1944.

Como el pétalo de una rosa celeste, un pétalo inmaterial y precioso que era una joya y una llama, que descendió para animar la carne de una manera muy diferente a la otra carne. En la edición antigua está escrito: Como un pétalo de rosa celeste, un pétalo inmaterial y precioso que era una joya y una llama, que era el aliento de Dios, que bajó a animar la carne de un modo distinto al de los demás. Sobre la parte "Aliento de Dios" (alito di Dio). La expresión fue corregida por Maria Valtorta en una copia mecanografiada. Inicialmente, había escrito "Parte de Dios" (parte di Dio).

ECR 7.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Entonces rezaré y me consagraré virgen para esto».

«Pero, ¿sabes lo que quiere decir eso?».

«Quiere decir no conocer amor de hombre, sino sólo de Dios. Quiere decir no tener ningún pensamiento que no sea para el Señor. Quiere decir ser siempre niña en la carne y ángel en el corazón. Quiere decir no tener ojos sino para mirar a Dios, oídos para oírle, boca para alabarle, manos para ofrecerse como hostias, pies para seguirle velozmente, corazón y vida para dárselos a Él».

Detalle

María habla de la venida del Mesías. Declara que para ello permanecerá virgen, y ella misma define lo que significa la virginidad consagrada.

ECR 20.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

20.7 ¿Sois débiles, pobres, imperfectos? Invocad la santidad del Señor: “¡Santo, Santo, Santo!”. Invocad al Santo bendito para que socorra vuestra miseria. Vendrá, transfundiéndoos su santidad. ¿Sois santos, ricos de méritos ante sus ojos? Invocad igualmente la santidad del Señor, la cual, siendo infinita, aumentará cada vez más la vuestra. Los ángeles, seres que están por encima de las debilidades de la humanidad, no cesan un instante de cantar su “Sanctus”, y su belleza sobrenatural crece con cada acto de invocación de la santidad de nuestro Dios. Imitad, pues, a los ángeles.

ECR 30.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Allí, allí» susurra sonriendo. «Más arriba del árbol, mirad esa luz que se está aproximando. Parece como si siguiera el rayo de la Luna. Mirad. Se acerca. ¡Qué bonita es!».

«Yo lo único que veo es una luz más viva».

«Yo también».

«Yo también» dicen los otros.

«No. Yo veo como un cuerpo» dice uno. Le reconozco: es el pastor que ofreció leche a María.

«¡Es un... es un ángel!» grita el niño. «Mirad, está bajando, y se acerca... ¡De rodillas ante el ángel de Dios!».

Un «¡oh!» largo y lleno de veneración se alza del grupo de los pastores, que caen rostro en tierra. Cuanto más ancianos son, más contra el suelo se les ve por la aparición fulgente. Los jovencitos están de rodillas, pero miran al ángel, que se aproxima cada vez más, hasta detenerse, candor de perla en el candor de luna que le circunda, suspendido en el aire, moviendo sus grandes alas, a la altura de la tapia del recinto.

«No temáis. No vengo como portador de desventura, sino que os traigo el anuncio de un gran gozo para el pueblo de Israel y para todo el pueblo de la tierra». La voz angélica es como una armonía de arpa acompañada del canto de gargantas de ruiseñores.

«Hoy en la ciudad de David ha nacido el Salvador». Al decir esto, el ángel abre más grandes las alas, y las mueve como por un sobresalto de alegría, y una lluvia de chispas de oro y de piedras preciosas parece desprenderse de ellas. Un verdadero arco iris de triunfo sobre el pobre redil.

«... el Salvador, que es Cristo». El ángel resplandece con mayor luz. Sus dos alas, ahora ya detenidas, tendiendo su punta hacia el cielo, como dos velas inmóviles sobre el zafiro del mar, parecen dos llamas que suben ardiendo.

«...¡Cristo, el Señor!». El ángel recoge sus dos fúlgidas alas y con ellas se cubre — es como un manto de diamante sobre un vestido de perla —, se inclina como adorando, con las manos cruzadas sobre su corazón; su rostro, inclinado sobre su pecho, queda oculto entre la sombra de los vértices de las alas recogidas. No se ve sino una oblonga forma luminosa, inmóvil durante el tiempo que dura un “Gloria”.

Se mueve de nuevo. Vuelve a abrir las alas, levanta ese rostro suyo en que luz y sonrisa paradisíaca se funden, y dice: «Le reconoceréis por estas señales: en un pobre establo, detrás de Belén, encontraréis a un niño envuelto en pañales en un pesebre, pues para el Mesías no había un techo en la ciudad de David». El ángel se pone serio al decir esto; más que serio, triste.

30.4 Y del Cielo vienen muchos — ¡oh, cuántos! — muchos ángeles semejantes a él, una escalera de ángeles que desciende exultando y anulando la Luna con su resplandor paradisíaco, y se reúnen en torno al ángel anunciador, batiendo las alas, emanando perfumes, con un arpegio de notas en que las más hermosas voces de la creación encuentran un recuerdo, alcanzada en este caso la perfección del sonido. Si la pintura es el esfuerzo de la materia para transformarse en luz, aquí la melodía es el esfuerzo de la música para hacer resplandecer ante los hombres la belleza de Dios; y oír esta melodía es conocer el Paraíso, donde todo es armonía de amor, que de Dios emana para hacer dichosos a los bienaventurados, y que de éstos va a Dios para decirle: «¡Te amamos!».

El “Gloria” angélico se extiende en ondas cada vez más vastas por los campos tranquilos, y con él la luz. Las aves unen a ello un canto que es saludo a esta luz precoz, y las ovejas sus balidos por este sol anticipado. Mas a mí, como ya con el buey y el asno en la gruta, me place creer que es el saludo de los animales a su Creador, que viene a ellos para amarlos como Hombre además de como Dios.

El canto se hace más tenue, y la luz, mientras los ángeles retornan al Cielo...

ECR 30.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Oh..., ni lo queremos! ¡Aunque pudierais, no querríamos! El Señor ya nos ha retribuido. Él ha prometido la paz a todos. Los ángeles decían esto: “Paz a los hombres de buena voluntad”. Pero a nosotros nos la ha dado ya, porque el ángel ha dicho que este Niño es el Salvador, que es Cristo, el Señor. Somos pobres e ignorantes, pero sabemos que los Profetas dicen que el Salvador será el Príncipe de la Paz. Y a nosotros nos ha dicho que viniéramos a adorarle. Por eso nos ha dado su paz. ¡Gloria a Dios en el Cielo altísimo y gloria a este Cristo suyo, y bendita seas tú, Mujer, que le has engendrado! Eres santa porque has merecido llevarle en ti. Como Reina, mándanos; que servirte será para nosotros motivo de felicidad. ¿Qué podemos hacer por ti?».

Detalle

Dicen los pastores de la Natividad:

Palabras clave

ECR 46.10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

46.10 Jesús se sienta cansado, apoyando hacia atrás la cabeza contra la roca. Parece exhausto. Suda. Pero seres angélicos vienen a mover suavemente el aire con sus alas en el ambiente de bochorno de la cueva, purificándolo y refrescándolo. Jesús abre los ojos y sonríe. No le veo comer. Yo diría que se nutre del aroma del Paraíso, obteniendo así nuevas fuerzas.

El Sol desaparece por el poniente. Jesús toma su vacío talego y, acompañado por los ángeles que producen una tenue luz suspendidos sobre su cabeza mientras la noche cae rapidísima, se dirige hacia el Este, mejor dicho, hacia el nordeste. Ha recuperado su expresión habitual, el paso seguro. Sólo queda, como recuerdo del largo ayuno, un aspecto más ascético en su rostro delgado y pálido y en sus ojos, absortos en una alegría que no es de esta Tierra.

Detalle

Cristo acaba de ser tentado por Satanás en el desierto, y Satanás acaba de marcharse con un grito de maldición.

ECR 46.15

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Después de la lucha, viene la victoria, y los ángeles sirven y defienden del odio de Satanás al vencedor; le confortan con los rocíos celestes, con la gracia que vierten a manos llenas en el corazón del hijo fiel, con la bendición que acaricia al espíritu.

Hace falta tener la voluntad de vencer a Satanás, y fe en Dios y en su ayuda; fe en la fuerza de la oración y en la bondad del Señor. n ese caso Satanás no puede causar ningún daño.

Detalle

Jesús habla de la tentación.

ECR 68.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Maestro, este hombre está casi ciego y quiere ver. Le he dicho que Tú puedes curarle».

«Puedo para quien tiene fe. Hombre, ¿tienes fe?».

«Yo creo en el Dios de Israel. Vengo aquí para meterme en Betesda, pero siempre hay uno que me precede».

«¿Puedes creer en mí?».

«Si creo en el ángel de la piscina, ¿no voy a creer en ti, de quien tu discípulo dice que eres el Mesías?».