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Notas del tema

Jean-Baptiste

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Comodidad de lectura

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ECR 81.4-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

81.4 «Sí. Herodes no osa matarle por miedo al pueblo. En esa corte de avidez y corrupción sería fácil liberarle si tuviésemos mucho dinero. Pero... pero, por mucho que haya — los amigos han dado —, falta una buena cantidad todavía, y tenemos mucho miedo de no llegar a tiempo... y que le maten».

«¿Cuánto creéis que os falta para el rescate?».

«No para el rescate, Señor. Le resulta demasiado odioso a Herodías y ella es demasiado dueña de Herodes como para poder pensar en llegar a un rescate. Pero... en Maqueronte se han dado cita, yo creo, todos los codiciosos del reino. Todos quieren gozar, todos quieren sobresalir, desde los ministros a los siervos; y para ello hace falta dinero... Ya hemos encontrado a quien por una importante suma dejaría salir al Bautista. Incluso Herodes quizás lo desea... porque tiene miedo, no por otra cosa, miedo al pueblo y miedo a la mujer. Así haría que el pueblo se sintiese contento y no le acusaría la mujer de no haberla complacido».

«Y ¿cuánto pide esta persona?».

«Veinte talentos de plata. Sólo tenemos doce y medio».

81.5 «Judas, dijiste que esas joyas eran muy bonitas».

«Bonitas y muy valiosas».

«¿Cuánto podrán valer? Me parece que tú entiendes de eso».

«Sí que entiendo. ¿Por qué quieres saber su valor, Maestro? ¿Las quieres vender? ¿Por qué?».

«Quizás... Di, ¿cuánto podrán valer?».

«Si se venden bien... al menos... al menos seis talentos».

«¿Estás seguro?».

«Sí, Maestro. Sólo el collar, con lo grueso que es y el peso que tiene, siendo de oro purísimo, vale al menos tres talentos; le he mirado bien. Y también las pulseras... No sé ni siquiera cómo las muñecas finas de Áglae podían soportarlas».

«Eran sus cepos, Judas».

«Es verdad, Maestro... ¡Pero muchos quisieran tener cepos como éstos!».

«¿Tú crees? ¿Quién?».

«En fin... ¡muchos!».

«Sí, muchos que de hombre sólo tienen el nombre... Y, ¿sabrías de un posible comprador?».

«En definitiva, ¿los quieres vender? ¿Para el Bautista? ¡Mira que es oro maldito!».

«¡La incoherencia humana!... Has dicho hace un momento, con claro deseo, que muchos querrían tener ese oro, ¡¿y ahora le llamas maldito?! ¡Judas, Judas!... Es maldito, sí, es maldito, pero ya lo ha dicho ella: “Se santificará sirviendo para quien es pobre y santo”, y lo ha dado para esto, para que el que reciba el beneficio ruegue por su pobre alma, que, cual embrión de futura mariposa, se dilata en la semilla del corazón. ¿Quién más santo y pobre que el Bautista? Él es como Elías por la misión, pero más grande que Elías por la santidad. Él es más pobre que Yo. Yo tengo una Madre y una casa... Cuando se tiene estas cosas, y además puras y santas como las tengo Yo, no se es nunca un desvalido. Él ya no tiene casa, y ni siquiera tiene el sepulcro de su madre. Todo violado, profanado por la perversidad humana.

81.6 ¿Quién es, pues, el comprador?».

«Hay uno en Jericó y muchos en Jerusalén. ¡¡¡Pero el de Jericó!!!... Es un astuto levantino batidor de oro, usurero, estafador, mercader de amor, ciertamente ladrón, quizás homicida... con toda seguridad perseguido por Roma. Se hace llamar Isaac para parecer hebreo, pero su verdadero nombre es Diomedes. Le conozco bien».

«¡Ya lo vemos!» interrumpe Simón Zelote, que habla poco pero que observa todo. Y pregunta: «¿Cómo es que le conoces tan bien?».

«En fin... ya sabes... Para complacer a unos amigos poderosos. Fui a él... hice algunos tratos... Nosotros los del Templo... ya sa­bes…».

«¡Ya!... trabajáis en todo» termina Simón con fría ironía. Judas se pone rojo de ira, pero se calla.

«¿Puede comprar?» pregunta Jesús.

«Yo creo que sí. El dinero no le falta nunca. Ciertamente hay que saber vender porque ese griego es astuto y si ve que está tratando con una persona honesta, un... pichón, le despluma bien desplumado. Pero si se encuentra delante un buitre como él…».

«Ve tú, Judas; eres el tipo de persona adecuado; tienes la astucia del zorro y la rapacidad del buitre. ¡Oh, perdona, Maestro; he hablado antes que Tú!» dice Simón Zelote.

«Soy de tu misma opinión, y, por tanto, le digo a Judas que vaya. Juan, ve con él. Nosotros os alcanzaremos al ponerse el Sol. El lugar de nuestra próxima cita es la plaza del mercado. Ve y saca el mayor partido posible».

Judas se levanta inmediatamente. Juan tiene ojos suplicantes, como los de un perrito ahuyentado. Mas Jesús se dirige de nuevo a los pastores y no ve esta mirada implorante. Juan se pone en camino detrás de Judas.

Detalle

Herodes ha encarcelado a Juan. Hay una forma de liberarlo a cambio de una cierta suma. Jesús menciona entonces las joyas de Aglaé, que se mencionan en EMV 79.

Palabras clave

ECR 82.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Vienen los pastores. No turbemos su ánimo con querellas entre nosotros. ¿Has contado tú el dinero? Es suficiente. Lleva a cabo bien toda acción tuya como has hecho con ésta y, te lo repito, si puedes, en el futuro, no mientas, ni siquiera para alcanzar una acción buena…».

82.5

Entran los pastores.

«Amigos, aquí hay diez talentos y medio, faltan sólo cien denarios; Judas se ha quedado con ellos para los gastos de alojamiento. Tomad».

«¿Los entregas todos?» pregunta Judas.

«Todos. No quiero ni una perra de ese dinero. Nosotros tenemos el óbolo de Dios y de los que honestamente buscan a Dios... y nunca nos faltará lo indispensable. Créelo. Tomad y alegraos como Yo me alegro, por el Bautista. Mañana os dirigiréis a su prisión. Dos, o sea, Juan y Matías. Simeón con José irán adonde Elías a dar noticias y a instruirse para el futuro. Elías ya sabe. Luego José volverá con Leví. El lugar de encuentro es dentro de diez días junto a la Puerta de los Peces, en Jerusalén, a la hora prima. Y ahora comamos y descansemos. Mañana, de madrugada, parto con los míos. No tengo nada más que deciros por ahora. Más adelante sabréis de mí».

Y todo se desvanece en el momento en que Jesús parte el pan.

Detalle

Judas contó cómo consiguió diez talentos y medio gracias a la venta de las joyas de Aglaé.

A la luz de lo que se dice en el EMV 83.3, quizá el Juan mencionado sea Juan de Zebedeo. Queda por confirmar.

ECR 111

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús está en el vado del Jordán: buscan a Juan el Bautista, pero no está. En su lugar, se encuentran con Salomón, que es discípulo de Juan y le ha llevado almas sin pedirle dinero para cruzar el Jordán. Es un hombre justo. Cristo le saluda y prosiguen su camino hacia Jericó. El Señor les cuenta una parábola sobre los campos labrados por el labrador: así sucede con las almas que se dejan labrar más o menos por el Señor. Luego hablaron indirectamente de la Pasión. Jesús dice que, aunque vinieran legiones de ángeles a defenderle, no podrían hacer nada, porque hay que hacer justicia. También hablan de la copa presente, de la segunda copa y de la tercera copa que se beberá en el fin del mundo. Simón el Zelote comprendió las palabras del Libro y adivinó que el Redentor tendría que sufrir enormemente. Jesús confirma su visión de las cosas y Pedro viene a pedir explicaciones a Simón. Quería defender a su Maestro, pero el zelote, sabio, adivinó que el valor de los apóstoles se derretiría como la nieve al sol. Siguen hablando hasta que Pedro, que ve lo triste que está Jesús, se acerca al Salvador y le dice que ya no esté tan triste. Este pasaje es un buen ejemplo de la espontaneidad de Pedro.

ECR 111.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Traducción en curso

Palabras clave

ECR 118.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Traducción en curso

Palabras clave