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Notas de la palabra clave

Localización - Gué du Jourdain

Comodidad de lectura

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ECR 45.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

45.1 Veo una llanura despoblada de vegetación y de casas. No hay campos cultivados, y muy pocas y raras plantas reunidas aquí o allá en matas — vegetales familias — en los sitios en que el suelo está por debajo menos quemado. Imagine que este terreno quemado y baldío está a mi derecha — teniendo yo el norte a mis espaldas — y se prolonga hacia el Sur respecto a mí.

A la izquierda veo un río de orillas muy bajas, que corre lentamente también de Norte a Sur. Por el movimiento lentísimo del agua comprendo que no debe haber desniveles en su lecho y que fluye por una llanura tan achatada que constituye una depresión. El movimiento es apenas suficiente para que el agua no se estanque formando un pantano. (El agua es poco profunda, tanto que se ve el fondo; a mi juicio, no más de un metro, como mucho uno y medio. Tiene la anchura del Arno hacia S. Miniato-Empoli: yo diría que unos veinte metros. Pero no tengo buen ojo para calcular con exactitud). Es de un azul ligeramente verde hacia las orillas, donde, por la humedad del suelo, hay una faja tupida de hierba que alegra la vista, cansada de la desolación pedregosa y arenosa de cuanto se le extiende delante.

Esa voz íntima que le he explicado que oigo y me indica lo que debo notar y saber me advierte que estoy viendo el valle del Jordán. Lo llamo valle porque se emplea esta palabra para indicar el lugar por donde corre un río, pero en este caso es impropio llamarlo así porque un valle presupone montes y yo aquí no veo montes cercanos. Pero, en fin, estoy en el Jordán, y el espacio desolado que observo a mi derecha es el desierto de Judá. Si es correcto llamarlo desierto en el sentido de un lugar donde no hay casas ni trabajo humano, no lo es según el concepto que nosotros tenemos de desierto. Aquí no se ven esas arenas onduladas que nosotros nos pensamos, sino sólo tierra desnuda, con piedras y detritus esparcidos; es como los terrenos aluviales después de una crecida. En la lejanía, colinas.

Además, junto al Jordán hay una gran paz, un algo especial, superior a lo común, como lo que se nota en las orillas del Trasimeno. Es un lugar que parece guardar memoria de vuelos de ángeles y voces celestes. No sé bien decir lo que experimento, pero me siento en un lugar que habla al espíritu.

ECR 47

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús camina cerca del vado del Jordán. Pasaba un grupo, entre ellos Juan y Santiago de Zebedeo. Fue Juan quien se fijó en el Maestro y se dirigió naturalmente hacia él, mientras su hermano le seguía detrás. Le saluda llamándole Cordero de Dios. Jesús le pregunta a quién busca y el Amado le responde que busca al Maestro. Lo sabe porque se lo dijo Juan el Bautista, y le llama Cordero porque oyó al Precursor llamarle así. Juan el Bautista está ahora encarcelado y ya no tienen a su guía. Sin embargo, Juan se presenta a sí mismo y a Santiago. Pregunta dónde vive Jesús y Jesús les dice que quien le siga tendrá que dejarlo todo: "casa, padres, forma de pensar e incluso la vida". No es un hombre rico y hay que renacer espiritualmente en Dios para seguirle. No obstante, los dos hombres quieren seguirle y Jesús acepta su petición.

A continuación, Cristo da dos dictados. El primero trata de la pureza y la virginidad, incluida la virginidad consagrada. Explicó que "hay varias maneras de ser virgen" y retomó el tema de los que hacen voto al Señor. Si las almas hacen un voto, pero ceden a la sensualidad (incluso la del pensamiento), sólo son vírgenes a medias.

El Maestro vuelve entonces a su propia tentación en el desierto y a la sensualidad que le propuso el Diablo. Luego se detiene en los puros, que ven a Dios. Por último, se centra en Juan, que es el Puro entre los discípulos, y que fue su primer discípulo.

ECR 47.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo a Jesús caminando a lo largo de la faja verde que sigue el curso del Jordán. Ha vuelto, aproximadamente, al lugar que vio su bautismo, cerca del vado que parece fuera muy conocido y frecuentado, para pasar a la otra margen, hacia la Perea. Pero el lugar, hace poco tan colmado de gente, ahora se ve desierto. Sólo algún viandante, a pie o montado en asnos o caballos, lo recorre. Jesús parece no darse cuenta siquiera. Continúa por su camino subiendo hacia el Norte, como absorto en sus pensamientos.

ECR 56.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

56.1 ¡Sois hermosas, en verdad, riberas del Jordán, así cual erais en tiempos de Jesús! Os veo y me complazco en vuestra majestuosa paz verde-azul, con rumor de aguas y de frondas de tono dulce como una melodía.

Me encuentro en una calzada bastante amplia y bien conservada. Debe ser una carretera vecinal de primer orden, más bien una calzada militar, trazada por los romanos para unir las distintas regiones con la capital. Sigue a poca distancia el curso del río, pero no exactamente por la orilla; la separa de éste una franja de bosque, que creo cumple la función de afianzar las márgenes y oponer resistencia a las aguas durante las crecidas. Al otro lado de la calzada continúa la floresta, de modo que la vía parece una galería natural a la que hacen de techo, entrelazadas, las frondosas ramas: benéfico alivio para los viandantes en estos países de mucho sol.

El río — y, por tanto, la calzada — traza, en el punto en que me encuentro, un arco suave, de manera que veo proseguir la rampa frondosa como una muralla verde colocada para cerrar una concavidad de aguas quietas. Parece casi un lago de un parque señorial. Pero el agua no es la quieta agua de un estanque; discurre, aunque lentamente. Prueba de ello es el murmullo que hace contra los primeros cañizares, los más audaces, que han crecido justo abajo, en el terreno guijarroso; y la ondulación de las largas cintas de sus hojas, colgando a ras del agua que las mueve. También un grupo de sauces, de flexibles ramas suspendidas, le han confiado al río el extremo de su verde cabellera, y éste parece peinarla con gracia de caricia, extendiéndola con dulzura en la dirección de su corriente.

Silencio y paz en la hora matutina. Sólo cantos y reclamos de aves, susurro de aguas y frondas, y un intenso brillar de rocío sobre la hierba verde y alta que está entre los árboles y que el sol estivo aún no ha endurecido o dorado, tierna y nueva por haber nacido después de la primaveral efusión de aguas que ha nutrido la tierra, en lo profundo, de humedad y de substancias buenas.

Detalle

Entre Jericó y Docco.

ECR 81

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús se encuentra por primera vez con los pastores Simeón, Matías y Juan. También le acompañan el pastor José, Simón el Zelote y Juan. Intimidados al principio, los pastores se tranquilizan pronto y le dicen que Juan está en la cárcel. Podrían liberarlo si tuvieran suficiente dinero. Pero el grupo tiene las joyas de Aglaia. Judas es enviado a venderlas con Juan. Simón el Zelote confiesa su malestar por el Iscariote.

ECR 81.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

81.1 Vuelvo a ver el vado del Jordán, el camino verde que sigue el curso del río por ambas partes, muy recorrido de viandantes por tener sombra. Filas de asnos van y vienen, y hombres con ellos. En el margen del río tres hombres pastorean algunas, pocas, ovejas. En el camino, José, que está esperando, mira a un lado y a otro.

A lo lejos, en el punto en que otra estrada empalma con ésta del río, se ve aparecer a Jesús con los tres discípulos. José llama a los pastores. Éstos ponen en movimiento por el camino a las ovejas, haciéndolas avanzar por la orilla herbosa. Rápidamente se dirigen hacia Jesús.

ECR 111

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús está en el vado del Jordán: buscan a Juan el Bautista, pero no está. En su lugar, se encuentran con Salomón, que es discípulo de Juan y le ha llevado almas sin pedirle dinero para cruzar el Jordán. Es un hombre justo. Cristo le saluda y prosiguen su camino hacia Jericó. El Señor les cuenta una parábola sobre los campos labrados por el labrador: así sucede con las almas que se dejan labrar más o menos por el Señor. Luego hablaron indirectamente de la Pasión. Jesús dice que, aunque vinieran legiones de ángeles a defenderle, no podrían hacer nada, porque hay que hacer justicia. También hablan de la copa presente, de la segunda copa y de la tercera copa que se beberá en el fin del mundo. Simón el Zelote comprendió las palabras del Libro y adivinó que el Redentor tendría que sufrir enormemente. Jesús confirma su visión de las cosas y Pedro viene a pedir explicaciones a Simón. Quería defender a su Maestro, pero el zelote, sabio, adivinó que el valor de los apóstoles se derretiría como la nieve al sol. Siguen hablando hasta que Pedro, que ve lo triste que está Jesús, se acerca al Salvador y le dice que ya no esté tan triste. Este pasaje es un buen ejemplo de la espontaneidad de Pedro.