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Notas de la palabra clave

Jesucristo

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Comodidad de lectura

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ECR 16.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

16.4 «¡Salve, María, llena de Gracia, salve!». La voz es un dulce arpegio como de perlas chocadas contra un metal precioso.

María se estremece y baja la mirada. Su estremecimiento aumenta cuando ve a la fúlgida criatura arrodillada aproximadamente a un metro de distancia de Ella, con las manos cruzadas sobre el pecho, mirándola con una veneración infinita.

María, repentinamente, se pone en pie y aprieta su cuerpo contra la pared. Palidece y se ruboriza alternativamente. Su rostro expresa estupor y turbación. Inconscientemente aprieta sus manos contra el pecho escondiéndolas en las anchas mangas. Se recoge sobre sí misma como queriendo esconder lo más posible su cuerpo: un acto de delicado pudor.

«No. No temas. ¡El Señor está contigo! ¡Bendita tú entre todas las mujeres!».

A pesar de estas palabras, María sigue temiendo. ¿De dónde viene ese ser extraordinario? ¿Es un enviado de Dios, o del Engañador?

«¡No temas, María!» insiste el Arcángel. «Yo soy Gabriel, el Ángel de Dios. Mi Señor me ha enviado a ti. No temas, porque has hallado gracia ante Dios. Tú concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre “Jesús”. Será grande, será llamado Hijo del Altísimo, y verdaderamente lo será. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará para siempre en la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin nunca. Comprende, santa Virgen amada del Señor, Hija bendita suya, llamada a ser Madre de su Hijo, comprende qué Hijo vas a engendrar».

«¿Cómo puede suceder esto si yo no conozco hombre? ¿Acaso el Señor ya no acoge el ofrecimiento de su sierva? ¿Es que ya no quiere que sea virgen por amor a Él?».

«No vas a ser madre por obra de varón, María. Tú eres la eterna Virgen, la Santa de Dios. El Espíritu Santo descenderá sobre ti y la potencia del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, Santo se llamará el que nacerá de ti, e Hijo de Dios. Todo lo puede el Señor, Dios nuestro. Isabel, la estéril, en su vejez ha concebido un hijo que será el Profeta de tu Hijo, el que preparará sus caminos. El Señor la ha liberado de su oprobio y su memoria quedará en las gentes unida a tu nombre, como el nombre de su hijo al de tu Hijo Santo, y hasta el final de los siglos las gentes os llamarán bienaventuradas por la gracia del Señor que habéis recibido, y a ti especialmente, María, porque habrán recibido la Gracia por medio de ti. Isabel está ya en su sexto mes, y su peso, paradójicamente, la regocija, y más aún la regocijará cuando conozca el motivo de tu gozo. Para Dios nada es imposible, María, llena de Gracia. ¿Qué debo responderle a mi Señor? No te turbe ningun tipo de pensamiento. Él tutelará tus intereses si te pones en sus manos. ¡El mundo, el Cielo, Dios eterno esperan tu respuesta!».

María, cruzando a su vez sus manos sobre el pecho e inclinándose con gesto reverente dice: «He aquí la esclava de Dios. Hágase de mí según su palabra».

El Ángel resplandece de alegría y se pone en actitud adorante, puesto que, sin duda, ve al Espíritu de Dios descender sobre la Virgen, inclinada en gesto de adhesión; luego desaparece sin mover la cortina, dejándola cerrada cubriendo el Misterio santo.

ECR 17

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo : La desobediencia de Eva y la obediencia de María

Fecha de los dictados : Domingo 5 de marzo de 1944 (EMV 17.1 a 17.7) y miércoles 8 de marzo de 1944 (EMV 17.8 a 17.21)

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: Jesús pronuncia su primer dictado. Parte del Génesis y explica cuál debía ser el dominio del hombre: debía dominar la carne, pero también el carácter moral y espiritual. A continuación, Cristo habla del alma y de las discusiones que podríamos tener con ella, y luego vuelve específicamente a la Caída de Adán y Eva. También habla de Lucifer y del origen del Mal.

En un segundo dictado, María habla de sus diversas alegrías en el momento de la Anunciación. La alegría de ser madre. La alegría de ser aquella por la que la paz reconcilió el cielo y la tierra. La alegría de haber hecho feliz a Dios. Alegría como creyente en un Dios lleno de alegría. La Madre de Cristo habló entonces de la desobediencia de Eva y de la obediencia que la Inmaculada practicó en cada ocasión. Ella pronunció su Fiat en cada ocasión e invitó a María a ser un trampolín para que otras almas se elevaran hacia Dios.

Finalmente, Jesús dio un último dictado. Tras dirigirse a los que no acogen la Obra o se muestran escépticos ante ella, vuelve sobre el árbol de la ciencia del bien y del mal y le da una connotación simbólica. El Maestro también se detiene en la condena de Adán y Eva, que puede parecer demasiado severa. El Salvador se detiene en el fruto prohibido, así como en la Plenitud de la Gracia.

Contenido del capítulo: 17.1: Pregunta a tu alma por las verdades celestiales. 17.2 : El hombre fue llamado a dominarlo todo. 17.3 : El nacimiento del mal en Lucifer. 17.4 : La procreación querida por Dios. 17.5 : Satanás despierta la carne en Eva que no se vuelve al Padre. 17.6 : Una condena mayor pesa sobre la mujer. 17.7 : La gracia contra las tres concupiscencias. 17.8 : Mi espíritu se alegra. 17.9 : No sabía que estaba sin mancha. 17.10 : La alegría de ser madre de un hombre y de Dios. 17.11 : La alegría de haber hecho feliz a Dios. 17.12 : La desobediencia de Eva y sus consecuencias. 17.13: Obedecí con alegría y con dolor. 17.14: Mi "sí" borró el "no" de Eva al mandato de Dios. 17.15: Ser trampolín para que otros logren caminar hacia la Cruz. 17.16: El árbol metafórico o simbólico. 17.17: La gravedad del primer pecado. 17.18: El amor de los hombres debía ser sin lujuria. 17.19: Eva creyó a Satanás y deseó lo que no era bueno sin remordimiento. 17.20: Recibe la Luz. 17.21 : Las bestias salvajes te superan en la honestidad de sus amores.

ECR 22.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Mi Niño, mi Jesús! ¿Cómo será?».

«Tan guapo como tú, María».

«¡Oh, no! ¡Más guapo! Él es Dios, yo soy su sierva. Me refería a si será rubio o moreno, si tendrá los ojos como el cielo sereno o como los de los ciervos de las montañas. Yo me le imagino más hermoso que un querubín, de cabellos rizados y color oro; los ojos del color de nuestro mar de Galilea cuando las estrellas empiezan a asomarse al confín del cielo; una boquita pequeñina y roja como el corte de una granada apenas abierta por el sol que la madura; sus mejillas, un rosáceo como éste de esta pálida rosa; dos manitas que, de lo pequeñitas y lindas que serán, podrán estar dentro de la corola de una azucena; dos piececitos que podrían caberme en el hueco de la mano, más delicados y lisos que un pétalo de flor. Mira, yo pongo en la idea que me he hecho de Él todo lo que de hermoso me sugiere la tierra. Ya oigo su voz. Cuando llore — un poco llorará por hambre o por sueño mi Niño, y ello causará siempre un gran dolor a su Mamá, que no podrá, no, no podrá oírle llorar sin sentirse traspasar el corazón —, cuando llore, su voz será como ese balido que ahora oímos, de corderito de pocas horas que está buscando la mama y el calor de la lana materna para dormir. En la risa, en esa risa que llenará de cielo mi corazón, enamorado de mi Criatura — puedo estar enamorada de Él porque es mi Dios, y amarle con amor de enamorada no es contravenir a mi consagrada virginidad —, en la risa, su voz será como el zurear jubiloso de este pichoncito, contento porque ha comido, satisfecho en el nido calentito. Pienso en Él dando sus primeros pasos... un pajarillo saltando en un prado florido. El prado será el corazón de su Mamá, que estará bajo sus piececitos de rosa con todo su amor para que no encuentre nada que le produzca dolor. ¡Cuánto le voy a querer a mi Niño, a mi Hijo!»

Detalle

María dijo a Isabel:

ECR 23.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Yo soy muy anciana para tener un hijo, y ahora que estoy para darle a luz tengo miedo».

«¡Oh, no! ¡Está aquí Jesús! Donde está Jesús no se debe tener miedo. Mi Niño te quitó el dolor cuando era como un capullo recién formado; tú lo dijiste. Ahora, que cada vez va desarrollándose más y que vive ya como criatura mía; ahora, que siento palpitar su corazón en mi garganta y es como si tuviera posado en ella un pajarito de nido con un corazoncito de suave palpitar, alejará de ti todo peligro.Debes tener fe».

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Isabel, a punto de dar a luz, dijo a María:

Palabras clave

ECR 30.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El ángel ha dicho que este Niño es el Salvador, que es Cristo, el Señor. Somos pobres e ignorantes, pero sabemos que los Profetas dicen que el Salvador será el Príncipe de la Paz. Y a nosotros nos ha dicho que viniéramos a adorarle. Por eso nos ha dado su paz. ¡Gloria a Dios en el Cielo altísimo y gloria a este Cristo suyo (...) !

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Uno de los pastores de la Natividad declara:

Palabras clave

ECR 35.7-8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

(...) Vuestra humanidad os pone tantas dificultades — humanidad que, verdaderamente, en vosotros sobrepuja demasiado al espíritu —, que no podéis seguir estos caminos, y caéis, u os detenéis descorazonados. Os decís a vosotros mismos, y a quienes quisieran haceros caminar citándoos los ejemplos del Evangelio: “Pero Jesús, María, José... (y así todos los santos) no eran como nosotros. Eran fuertes; han sufrido, pero han sido inmediatamente consolados; fueron aliviados incluso de ese poco dolor que sufrieron; no sentían las pasiones... Eran seres que ya estaban fuera de la tierra”.

35.8 ¡Ese poco dolor!... ¡No sentían las pasiones!...

El dolor fue amigo fiel nuestro, con los más variados aspectos y nombres.

Las pasiones... No uséis mal la palabra, llamando “pasiones” a los vicios que os sacan del camino recto. Llamadlos sinceramente “vicios”, y, además, capitales. No es que nosotros ignorásemos los vicios. Teníamos ojos y oídos, y Satanás hacía danzar ante nosotros y a nuestro alrededor estos vicios, mostrándonoslos en los viciosos con toda su carga de suciedad, o tentándonos con insinuaciones. Mas estas porquerías y estas insinuaciones, tendida como estaba la voluntad a querer agradar a Dios, en vez de producir lo que se había propuesto Satanás, producían lo contrario. Y cuanto más insistía él, más nos refugiábamos nosotros en la luz de Dios, por asco hacia las tinieblas fangosas que nos ponía ante los ojos del cuerpo y del espíritu.

Pero no hemos ignorado las pasiones en sentido filosófico en nosotros. Amamos la patria, y con ella a nuestra pequeña Nazaret, más que a cualquier otra ciudad de Palestina. Tuvimos afectos hacia nuestra casa, hacia los parientes y los amigos. ¿Por qué no íbamos a haberlos tenido? Pero no nos hicimos esclavos de los afectos, porque nada sino Dios debe ser señor; antes bien hicimos de ellos buenos compañeros nuestros.

Mi Madre gritó de alegría cuando, pasados aproximadamente cuatro años, volvió a Nazaret y puso pie en su casa, y besó esas paredes entre las cuales su “Sí” abrió su seno para recibir la Semilla de Dios. José saludó con alegría a los parientes, a los sobrinitos, crecidos en número y en edad. Gozó al verse recordado por sus conciudadanos y al ver que por sus dotes en el oficio le buscaron en seguida. Yo fui sensible a la amistad. Sufrí por la traición de Judas como por una crucifixión moral. ¿Y qué?: ni mi Madre ni José antepusieron su amor a la casa, o a los familiares, a la voluntad de Dios.

ECR 36

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

María vio una casa muy pobre en Egipto. Vio al Niño Jesús jugando en el suelo, con dos años, dos y medio a lo sumo. María trabajaba en su telar mientras observaba al niño. En un momento dado, le puso las sandalias, le dio un beso y guardó el telar. Volvió, le dio la mano al Niño y salieron a la calle. Finalmente, se detuvo junto a un pozo. José llegó mientras tanto y aceleró el paso al ver a su mujer y a su Hijo. Cuando llegó junto a ellos, José se inclinó para dar al Niño un trozo de fruta y se produjo un suave abrazo lleno de afecto entre Jesús y su padre putativo. José se levanta, toma a Jesús en su brazo derecho y los tres regresan a la casa. María los ve preparar la cena y comer juntos muy sencillamente, después de rezar.

Jesús da entonces un dictado, insistiendo en la humildad, la resignación y la perfecta armonía de la Sagrada Familia. José y María son los guardianes de la Sagrada Familia, pero no obtienen de ella ningún beneficio material. Viven en la pobreza, en el exilio, en un mundo en el que las personas desconfían unas de otras porque son extrañas. Sin embargo, hay paz, serenidad y armonía.

En esta casa, "no hay gente nerviosa y susceptible, ni rostros cerrados ni reproches mutuos, y menos aún reproches hacia Dios, que no les colma de bienestar material". En esta casa -continúa Jesús- se reza, se es frugal, se ama el trabajo". En la Sagrada Familia reinaba la humildad y se respetaba el orden sobrenatural, moral y material. Respetamos a Dios (el orden sobrenatural), respetamos a José como padre y cabeza de familia (el orden moral), y damos gracias a Dios por nuestras posesiones, aunque sean pobres (el orden material).

Jesús termina invitándonos a meditar sobre esta visión.

ECR 38.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús es un niño sin defectos físicos ni morales. Por tanto se desarrollará recto y fuerte en el cuerpo y en el espíritu.

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San José dijo de su Hijo:

Palabras clave

ECR 39.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo el momento en que Jesús entra, acompañado de su Madre, en el — digámoslo así — comedor de la casa de Nazaret.

Jesús tiene doce años. Es un muchacho alto, bien formado, fuerte, aunque no gordo; parece, por su complexión, más adulto de lo que realmente es; le llega ya a su Madre a la altura de los hombros. Su rostro es todavía redondeado y rosado, es todavía el rostro de Jesús niño, rostro que, con el paso del tiempo, con la edad juvenil y viril, se habrá de alargar, y tomará un cromatismo indefinido, una tonalidad como la de ciertos alabastros delicados que tienden apenas al amarillo-rosa.

Sus ojos — también sus ojos — son todavía ojos de niño. Son grandes y miran bien abiertos, con una chispa de alegría perdida en la seriedad de la mirada. Pasado el tiempo, ya no estarán tan abiertos... Los párpados descenderán hasta medio cerrar los ojos, para velarle al Puro y Santo el exceso de mal que hay en el mundo. Solamente en los momentos de los milagros, o cuando ponga en fuga a los demonios o a la muerte, o para curar las enfermedades y los pecados; solamente entonces los abrirá, y centellearán, aún más que ahora. Pero, ni siquiera entonces tendrán esta chispa de alegría mezclada con la seriedad... La muerte y el pecado estarán cada vez más cerca y más presentes, y, con ambos, el conocimiento — con su faceta humana — de la inutilidad del sacrificio a causa de la voluntad contraria del hombre. Sólo en rarísimos momentos de alegría, por estar con los redimidos, y especialmente con los puros — generalmente niños — brillarán de júbilo estos ojos santos y buenos.

Ahora, estando con su Madre, en su casa, y con San José frente a Él, sonriéndole con amor, y con esos primitos suyos que le admiran, y con su tía, María de Alfeo, que le está acariciando, se siente feliz. Mi Jesús tiene necesidad de amor para sentirse feliz, y en este momento lo tiene.