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Notas del tema

La Iglesia católica

Página 50 de 274

Comodidad de lectura

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ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Quien ama no quiere causar dolor.

Palabras clave

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Oh, si sabéis amar como Él, cómo os amará el Altísimo, que ama al hombre — transformado en enemigo suyo por la culpa original y por los pecados individuales — hasta el punto de enviarle el Redentor, el Cordero que es su Hijo, Yo, quien os está hablando, el Mesías, prometido para redimiros de toda culpa!

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

“Portad a perfección vuestra obediencia a los dos preceptos de amor: amad también a vuestros enemigos”.

¡Oh, si sabéis amar como Él, cómo os amará el Altísimo, que ama al hombre — transformado en enemigo suyo por la culpa original y por los pecados individuales — hasta el punto de enviarle el Redentor, el Cordero que es su Hijo, Yo, quien os está hablando, el Mesías, prometido para redimiros de toda culpa!

Amad. El amor sea para vosotros escalera por la cual, hechos ángeles, subáis (como vio Jacob) hasta el Cielo, oyendo al Padre decir a todos y a cada uno: “Yo seré tu protector dondequiera que vayas, y te traeré de nuevo a este lugar: al Cielo, al Reino Eterno”.

Palabras clave

ECR 50.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Te vas mañana, Maestro?».

«Mañana al amanecer, si no te desagrada».

«Desagradarme el que te vayas, sí, pero la hora no; es incluso propicia».

«¿Vas a ir a pescar?».

«Esta noche, cuando salga la Luna».

«Has hecho bien, Simón Pedro, en no pescar durante la pasada noche. Todavía no había terminado el sábado. Nehemías, en sus reformas, quiso que en Judá se respetara el sábado. Ahora también demasiada gente en sábado prensa en los lagares, transporta haces, carga vino y fruta, y vende y compra pescado y corderos. Tenéis seis días para esto. El sábado es del Señor. Sólo una cosa podéis hacer en sábado: el bien a vuestro prójimo, pero sin ningún tipo de afán de lucro. Quien viola por lucro el sábado sólo puede obtener de Dios el castigo. ¿Gana algo?: lo perderá con creces en los otros seis días. ¿No lo gana?: se ha esforzado en vano el cuerpo, no concediéndole ese reposo que la Inteligencia ha establecido para él, airándose el espíritu por haber trabajado inútilmente, llegando incluso a proferir imprecaciones. Sin embargo, el día de Dios debe transcurrirse con el corazón unido a Dios en dulce oración de amor. Hay que ser fieles en todo».

ECR 50.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Te vas mañana, Maestro?».

«Mañana al amanecer, si no te desagrada».

«Desagradarme el que te vayas, sí, pero la hora no; es incluso propicia».

«¿Vas a ir a pescar?».

«Esta noche, cuando salga la Luna».

«Has hecho bien, Simón Pedro, en no pescar durante la pasada noche. Todavía no había terminado el sábado. Nehemías, en sus reformas, quiso que en Judá se respetara el sábado. Ahora también demasiada gente en sábado prensa en los lagares, transporta haces, carga vino y fruta, y vende y compra pescado y corderos. Tenéis seis días para esto. El sábado es del Señor. Sólo una cosa podéis hacer en sábado: el bien a vuestro prójimo, pero sin ningún tipo de afán de lucro. Quien viola por lucro el sábado sólo puede obtener de Dios el castigo. ¿Gana algo?: lo perderá con creces en los otros seis días. ¿No lo gana?: se ha esforzado en vano el cuerpo, no concediéndole ese reposo que la Inteligencia ha establecido para él, airándose el espíritu por haber trabajado inútilmente, llegando incluso a proferir imprecaciones. Sin embargo, el día de Dios debe transcurrirse con el corazón unido a Dios en dulce oración de amor. Hay que ser fieles en todo».

«Pero... los escribas y doctores, que son tan severos con nosotros..., no trabajan durante el sábado. Ni siquiera le dan al prójimo un pan por evitar el trabajo de dárselo... y, sin embargo, fían préstamos abusivos aun en sábado, ¿Se puede hacer esto en sábado porque no sea trabajo material?».

«No. Nunca. Ni durante el sábado ni durante los otros días. Quien presta abusivamente es deshonesto y cruel».

«Los escribas y fariseos, entonces...».

«Simón no juzgues. Tú no lo hagas».

«Pero tengo ojos para ver...».

«¿Sólo el mal está ante nuestros ojos, Simón?».

«No, Maestro».

«Entonces, ¿por qué mirar sólo el mal?».

«Tienes razón, Maestro».

Detalle

Contextualización: Pedro habla con el Maestro y éste viene a hablar del sábado.

ECR 50.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

50.9 «Entonces mañana al amanecer partiré con Juan».

«Maestro...».

«Simón, ¿qué te sucede?».

«Maestro... ¿vas a Jerusalén?».

«Ya lo sabes».

«Yo también voy a Jerusalén para la Pascua... y también Andrés y Santiago...».

«¿Y entonces?... Quieres decir que desearías venir conmigo ¿no? ¿Y la pesca? ¿Y la ganancia? Me has dicho que te gusta tener dinero, y Yo me ausentaré durante muchos días. Primero voy donde mi Madre, y a Jerusalén a la vuelta. Me quedaré allí predicando. ¿Cómo te las arreglarás?...».

Pedro se muestra dudoso, vacilante... pero al final se decide: «Por mí... voy contigo. ¡Te prefiero a ti antes que al dinero!».

«Yo también voy».

«También yo».

«Y nosotros también, ¿verdad, Felipe?».

«Venid, pues. Me serviréis de ayuda».

«¡Oh!... — Pedro se emociona ante esta idea —. ¿En qué te podremos ayudar?».

«Os lo diré. Para actuar bien sólo tendréis que hacer cuanto os diga. El obediente siempre actúa bien. Ahora oraremos y luego cada uno irá a realizar sus cometidos».

«¿Y Tú, Maestro?».

«Oraré más. Soy la Luz del mundo, pero también soy el Hijo del hombre. Por ello siempre tengo que beber de la Luz para ser el Hombre que redime al hombre. Oremos».

Jesús dice un salmo. El que comienza: «Quien reposa en la ayuda del Altísimo vivirá bajo la protección del Dios del Cielo. Dirá al Señor: “Tú eres mi protector, mi refugio. Es mi Dios, en Él está mi esperanza. Él me libró del lazo de los cazadores y de las palabras agresivas” etc. etc.». Lo encuentro en el libro 4°. Es el segundo del libro 4°, me parece que es el núm. 90 (si leo bien el número romano).

La visión cesa así.

Detalle

Jesús dijo a los discípulos presentes (Felipe y Bartolomé, Santiago de Zebedeo, Andrés y Pedro):

ECR 50.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Ahora oraremos y luego cada uno irá a realizar sus cometidos».

«¿Y Tú, Maestro?».

«Oraré más. Soy la Luz del mundo, pero también soy el Hijo del hombre. Por ello siempre tengo que beber de la Luz para ser el Hombre que redime al hombre. Oremos».

Detalle

Jesús dijo a los discípulos:

ECR 51

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús está en casa de Pedro con Simón de Jonás, Santiago, Juan y Porfirio. Llega Andrés, indicando que Judas está allí por él, y su primo entra en la casa. María invitó a su Hijo a las bodas de Caná, y sus parientes también querían que fuera. Jesús accede a la petición de su Madre y entonces adivina que a Jude le pasa algo. Le interrogó y Judas dijo a medias que Jesús tenía que tener cuidado, a causa de las castas poderosas a las que podría molestar su enseñanza. Menciona al Bautista, pero también intuimos que lo hace de boquilla. Además, Jesús supone que fueron sus parientes quienes le dijeron que dijera eso, lo que confirma Judas. Pero Jesús afirma que por encima de la tierra está el Cielo y los intereses de Dios. En cuanto a su Madre, sólo ella podría recordarle sus deberes de Hijo, pero no lo hace. Ella renunció desde el principio a su condición de criatura, y Jesús recuerda su vida en el Templo, alabando su desprendimiento y su entrega a Dios. El Señor predice también que llegará un día en que todos le abandonarán, pero no ella, y es gracias a María que los apóstoles volverán a Jesús. Quiere que comprendamos lo poderosa que es María en el corazón de Dios.

A continuación, Judas le pide que la acompañe a las bodas de Caná. Le entrega un vestido diseñado por el Todo Santo, que Jesús se pondrá en Jerusalén, en el Templo.

ECR 51.1

El Evangelio como me ha sido revelado

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51.1 Veo la cocina de Pedro. En ella, además de Jesús, están Pedro y su mujer, y Santiago y Juan. Parece que acaban de terminar de cenar y que están conversando. Jesús muestra interés por la pesca.

Entra Andrés y dice: «Maestro, está aquí el dueño de la casa en que vives, con uno que dice ser tu primo».

Jesús se levanta y va hacia la puerta, diciendo que pasen. Y, cuando a la luz de la lámpara de aceite y de la lumbre ve entrar a Judas Tadeo, exclama: «¡¿Tú, Judas?!».

«Yo, Jesús». Se besan.