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Notas del tema

La Iglesia católica

Página 49 de 274

Comodidad de lectura

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ECR 50.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La guerra es pena impuesta por Dios para castigo de los hombres, y signo de que el hombre ha venido a menos en su condición de verdadero hijo de Dios. Cuando el Altísimo creó el mundo, hizo todas las cosas: el Sol, el mar, las estrellas, los ríos, las plantas, los animales, pero no hizo las armas. Creó al hombre y le dio ojos para que tuviera miradas de amor, bocas para pronunciar palabras de amor, oído para oírlas, manos para socorrer y acariciar, pies para correr con rapidez hacia el hermano necesitado, y corazón capaz de amar. Dio al hombre inteligencia, palabra, afectos, gustos. Pero no le dio el odio. ¿Por qué? Porque el hombre, criatura de Dios, debía ser amor, como Amor es Dios. Si el hombre hubiera permanecido como tal criatura, habría permanecido en el amor, y la familia humana no habría conocido guerra ni muerte.

ECR 50.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No se debe no querer lo que a nosotros nos lesiona porque nos lesione. Se debe no querer una cosa cuando lesiona a todos. Si uno dice: “No quiero esto porque me produce una pérdida”, es egoísta. Sin embargo, el buen hijo de Dios dice: “Hermanos, yo sé que vencería, pero os digo: no hagamos esto porque significaría un daño para vosotros”. ¡Cómo ha comprendido éste el precepto principal!

Detalle

Jesús está con unos niños y uno de ellos no quiere jugar a la guerra porque siempre pierde. Entonces Jesús dijo:

ECR 50.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Quién es el más listo?».

«Él» (es el niño grácil que no quiere jugar a la guerra).

«¿Cómo te llamas?».

«Joel».

«¡Gran nombre! Joel habla así: “... el débil diga: ‘¡Soy fuerte!’ ”. Pero ¿fuerte en qué? En la ley del Dios verdadero, para estar entre los que Él en el valle de la Decisión juzgará como santos suyos. Mas el juicio está próximo; no en el valle de la Decisión, sino en el monte de la Redención. Allí, entre Sol y Luna oscurecidos de horror, y estrellas temblando llanto de piedad, serán discernidos los hijos de la Luz de los hijos de las Tinieblas. Y todo Israel sabrá que su Dios ha venido. Dichosos los que lo hayan reconocido: recibirán en su corazón miel, leche y aguas claras y las espinas se les transformarán en eternas rosas. ¿Quién de vosotros quiere estar entre aquéllos a los que Dios juzgue santos?».

«¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!».

«¿Amaréis entonces al Mesías?».

«¡Sí! ¡Sí! ¡A ti! ¡A ti! ¡Te amamos a ti! ¡Sabemos quién eres! Lo han dicho Simón y Santiago y también nuestras madres. ¡Llévanos contigo!».

«En verdad os tomaré conmigo si sois buenos. Nunca más, palabras feas; nunca más, abusos; nunca más, riñas; nunca más, malas respuestas a los padres. Oración, estudio, trabajo, obediencia; y Yo os amaré y os acompañaré en vuestro camino».

Los niños están todos en círculo alrededor de Jesús. Parece una corola polícroma ceñida en torno a un largo pistilo azul oscuro.

Detalle

Contexto: Jesús está con unos niños y les hace preguntas.

Anotación

Libro de Joel

Joel 4,10-18: "Haced de vuestras rejas de arado espadas y de vuestras podaderas jabalinas; que diga el débil: 'Yo soy valiente'" Daos prisa y venid, todas las naciones de alrededor, reuníos aquí. Señor, ¡que bajen tus valientes!

Que las naciones se despierten y suban al valle de Josafat (cuyo nombre significa "El Señor juzga"), pues allí me sentaré para juzgar a todos los pueblos de alrededor. Echad la hoz: la mies está madura; venid a pisar la vendimia: ¡el lagar está lleno y las cubas rebosan de todo el mal que han hecho! He aquí multitudes y más multitudes en el valle del Juicio; ¡el día del Señor está cerca en el valle del Juicio! El sol y la luna se han oscurecido, las estrellas han retirado su brillo.

El Señor rugirá desde Sión y dará voz desde Jerusalén. El cielo y la tierra tiemblan, pero el Señor es un refugio para su pueblo, una fortaleza para los hijos de Israel. Sabrás que yo soy el Señor, tu Dios, que habito en Sión, su monte santo. Jerusalén será un lugar santo; los extranjeros ya no pasarán por allí.

Aquel día manará vino nuevo de los montes y leche de las colinas. Todos los arroyos de Judá se llenarán de agua; brotará un manantial de la Casa del Señor y regará el barranco de las Acacias.

ECR 50.5-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Un hombre bastante anciano se ha acercado, curioso. Jesús se vuelve para acariciar a un niño que le está tirando del vestido, y le ve. Detiene en él intensamente su mirada. El anciano se limita a saludar ruborizándose.

«¡Ven! ¡Sígueme!».

«Sí, Maestro».

Jesús bendice a los niños y, al lado de Felipe (le llama por el nombre), vuelve a casa. Se sientan en el huertecillo.

«¿Quieres ser mi discípulo?».

«Lo quiero... y no oso esperar serlo».

«Yo te he llamado».

«Lo soy, entonces. Heme aquí».

«¿Tenías conocimiento de mí?».

«Me ha hablado de ti Andrés. Me ha dicho: “Aquel por quien tú suspirabas ha venido”. Porque Andrés sabía que yo suspiraba por el Mesías».

«No queda frustrada tu espera. Él está delante de ti».

«¡Mi Maestro y mi Dios!».

«Eres un israelita de recta intención. Por esto me manifiesto a ti.

50.6 Otro amigo tuyo — como tú, sincero israelita — espera. Ve a decirle: “Hemos encontrado a Jesús de Nazaret, hijo de José, de la estirpe de David, aquel de quien hablaron Moisés y los profetas”. Ve».

Jesús se queda solo hasta que vuelve Felipe con Natanael-Bartolomé.

«He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño. La paz sea contigo, Natanael».

«¿Cómo me conoces?».

«Antes de que Felipe fuera a llamarte, te he visto debajo de la higuera».

«¡Maestro, Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el Rey de Israel!».

«¿Porque he dicho que te he visto pensando debajo de la higuera, crees? Cosas mucho más grandes que éstas verás. En verdad os digo que los Cielos están abiertos y vosotros, por la fe, veréis a los ángeles bajar y subir sobre el Hijo del Hombre: Yo, quien te está hablando».

«¡Maestro! ¡Yo no soy digno de tanto favor!».

«Cree en mí y serás digno del Cielo. ¿Quieres creer?».

«Quiero, Maestro».

Anotación

Juan 1:43-51:

Al día siguiente, Jesús decidió partir para Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme. Felipe era de Betsaida, la aldea de Andrés y Pedro. Felipe encontró a Natanael y le dijo: "Le hemos encontrado, como está escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas: Jesús, hijo de José de Nazaret. Natanael replicó: "¿De Nazaret puede salir algo bueno?". Felipe le contestó: "Ven y verás". Jesús, al ver que Natanael se le acercaba, dijo de él: "Este sí que es israelita: no hay engaño en él." Natanael le pregunta: "¿De dónde me conoces?". Jesús le responde: "Antes de que Felipe te llamara, te vi debajo de la higuera". Natanael le dijo: "¡Rabí, tú eres el Hijo de Dios! Tú eres el Rey de Israel. Jesús le contestó: "Te digo que te vi debajo de la higuera, ¡y por eso crees! Verás cosas aún mayores. Y añadió: "Os aseguro que veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Deseabais oírme. La Palabra habla. Habla a los honestos con alegría, habla a los deshonestos con dolor, habla a los santos y a los puros con gozo, habla a los pecadores con piedad. No se niega. Ha venido para derramarse como río que riega tierras necesitadas de agua y que de él reciben alivio de olas y nutrición de limo.

Vosotros queréis saber qué se requiere para ser discípulos de la Palabra de Dios, del Mesías, Verbo del Padre, que viene a reunir a Israel para que oiga una vez más las palabras del Decálogo santo e inmutable y se santifique en ellas para estar limpio, en la medida en que el hombre puede hacerlo de por sí, para la hora de la Redención y del Reino.

Mirad. Yo digo a los sordos, a los ciegos, a los mudos, a los leprosos, a los paralíticos, a los muertos: “Levantaos, sanad, resucitad, caminad, ábranse en vosotros los ríos de la luz, de la palabra, del sonido, para que podáis ver, oír, hablar de mí”. Pero, más que a los cuerpos, esto se lo digo a vuestros espíritus. Hombres de buena voluntad, venid a mí sin temor. Si el espíritu está lesionado, Yo le devuelvo la salud. Si está enfermo, le curo; si muerto, le resucito. Quiero sólo vuestra buena voluntad.

¿Es difícil esto que os pido? No. No os impongo los cientos de preceptos de los rabinos. Os digo: seguid el Decálogo. La Ley es una e inmutable. Muchos siglos han pasado desde la hora en que fue promulgada, hermosa, pura, fresca, como criatura recién nacida, como rosa recién abierta en el tallo. Simple, sin mancha, ligera de seguir. Durante los siglos, las culpas y las inclinaciones la han complicado con leyes y más leyes menores, pesos y restricciones, demasiadas cláusulas penosas. Yo os conduzco de nuevo a la Ley como ésta era cuando el Altísimo la dio. Pero, os lo ruego por vuestro bien, recibidla con el corazón sincero de los verdaderos israelitas de entonces.

Vosotros susurráis — más en vuestro corazón que con los labios — que la culpa está arriba, más que en vosotros, gente humilde. Lo sé. En el Deuteronomio está dicho todo lo que debe hacerse, y no era necesario más. Pero no juzguéis a quien actuó no para sí, sino para los demás. Vosotros haced lo que Dios dice. Y, sobre todo, esforzaos en ser perfectos en los dos preceptos principales. Si amáis a Dios con todo vuestro ser, no pecaréis, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amáis al prójimo como a vosotros mismos, sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prójimo. No queriendo hacer a los demás lo que no querríais que se os hiciera a vosotros, no robaréis, no mataréis, no calumniaréis, no entraréis como los cucos en el nido de los demás.

Pero incluso os digo: “Portad a perfección vuestra obediencia a los dos preceptos de amor: amad también a vuestros enemigos”.

¡Oh, si sabéis amar como Él, cómo os amará el Altísimo, que ama al hombre — transformado en enemigo suyo por la culpa original y por los pecados individuales — hasta el punto de enviarle el Redentor, el Cordero que es su Hijo, Yo, quien os está hablando, el Mesías, prometido para redimiros de toda culpa!

Amad. El amor sea para vosotros escalera por la cual, hechos ángeles, subáis (como vio Jacob) hasta el Cielo, oyendo al Padre decir a todos y a cada uno: “Yo seré tu protector dondequiera que vayas, y te traeré de nuevo a este lugar: al Cielo, al Reino Eterno”.

La paz esté con vosotros.

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En el Deuteronomio está dicho todo lo que debe hacerse, y no era necesario más. Pero no juzguéis a quien actuó no para sí, sino para los demás. Vosotros haced lo que Dios dice. Y, sobre todo, esforzaos en ser perfectos en los dos preceptos principales. Si amáis a Dios con todo vuestro ser, no pecaréis, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amáis al prójimo como a vosotros mismos, sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prójimo. No queriendo hacer a los demás lo que no querríais que se os hiciera a vosotros, no robaréis, no mataréis, no calumniaréis, no entraréis como los cucos en el nido de los demás.

Anotación

Libro del Deuteronomio

Dt 5, 6-21 : "Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de la esclavitud.

No tendrás otros dioses fuera de mí.

No harás ningún ídolo, ninguna imagen de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

No te inclinarás ante ellos para adorarlos. Porque yo, el Señor tu Dios, soy un Dios celoso: en los que me odian, castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación; pero a los que me aman y guardan mis mandamientos, les muestro mi fidelidad hasta la milésima generación.

No invocarás el nombre del Señor, tu Dios, para hacer el mal, porque el Señor no dejará impune a quien invoque su nombre para hacer el mal.

Santificarás el día de reposo, según el mandamiento del Señor, tu Dios.

Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día es día de descanso, sábado para el Señor, tu Dios. No trabajarás, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ninguno de tus animales, ni el extranjero que habite en tu ciudad. Así descansarán tu siervo y tu sierva, como tú has descansado.

Recordarás que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y que el Señor, tu Dios, te sacó de ella con mano fuerte y brazo extendido. Por eso el Señor, tu Dios, te ha mandado guardar el día de reposo.

Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor, tu Dios, te ha mandado, para que tengas larga vida y felicidad en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.

No cometerás homicidio.

No cometerás adulterio.

No robarás.

No levantarás falso testimonio contra tu prójimo.

No codiciarás la mujer de tu prójimo; no desearás su casa ni su campo, ni su siervo ni su sierva, ni su buey ni su asno, nada que sea suyo."

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En el Deuteronomio está dicho todo lo que debe hacerse, y no era necesario más. Pero no juzguéis a quien actuó no para sí, sino para los demás. Vosotros haced lo que Dios dice. Y, sobre todo, esforzaos en ser perfectos en los dos preceptos principales. Si amáis a Dios con todo vuestro ser, no pecaréis, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amáis al prójimo como a vosotros mismos, sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prójimo. No queriendo hacer a los demás lo que no querríais que se os hiciera a vosotros, no robaréis, no mataréis, no calumniaréis, no entraréis como los cucos en el nido de los demás.

Pero incluso os digo: “Portad a perfección vuestra obediencia a los dos preceptos de amor: amad también a vuestros enemigos”.

¡Oh, si sabéis amar como Él, cómo os amará el Altísimo, que ama al hombre — transformado en enemigo suyo por la culpa original y por los pecados individuales — hasta el punto de enviarle el Redentor, el Cordero que es su Hijo, Yo, quien os está hablando, el Mesías, prometido para redimiros de toda culpa!

Amad. El amor sea para vosotros escalera por la cual, hechos ángeles, subáis (como vio Jacob) hasta el Cielo, oyendo al Padre decir a todos y a cada uno: “Yo seré tu protector dondequiera que vayas, y te traeré de nuevo a este lugar: al Cielo, al Reino Eterno”.

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Si amáis a Dios con todo vuestro ser, no pecaréis, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amáis al prójimo como a vosotros mismos, sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prójimo. No queriendo hacer a los demás lo que no querríais que se os hiciera a vosotros, no robaréis, no mataréis, no calumniaréis, no entraréis como los cucos en el nido de los demás.

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Amad. El amor sea para vosotros escalera por la cual, hechos ángeles, subáis (como vio Jacob) hasta el Cielo, oyendo al Padre decir a todos y a cada uno: “Yo seré tu protector dondequiera que vayas, y te traeré de nuevo a este lugar: al Cielo, al Reino Eterno”.

Anotación

Libro del Génesis

Génesis 28, 10-15 : Jacob parte de Beerseba hacia Harán. En el camino, se detiene a pasar la noche y sueña con una escalera colocada sobre la tierra, cuya cúspide toca el cielo, por la que suben y descienden ángeles de Dios. El Señor se puso al lado de Jacob y le hizo promesas, entre ellas que se le daría la tierra en la que descansaba y que sería protegido dondequiera que fuera.