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Notas del tema

Ciudades marítimas de Palestina

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ECR 104

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús se encuentra en una ciudad que María no nombra: según una nota de maria-valtorta.org, podría tratarse del golfo de Tolemaida. Andrés le pide que venga por un asunto del corazón: un hombre quería divorciarse de su mujer porque era estéril. Jesús consiguió detener la discusión. Pedro, que es curioso, ha seguido a su hermano y a su Maestro y no puede refrenar su curiosidad. Después, José, el pastor de Belén, lleva a Jesús una carta de María: Alfeo ha muerto. También lee una misiva de Lázaro, que le informa de que Doras les dará a Jonás, a condición de que pague el doble y de que Jesús vaya a su casa. Lázaro acepta en nombre de su Maestro. Cristo decide entonces regresar a Nazaret, pero antes de hacerlo

ECR 104.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Traducción en curso

Palabras clave

ECR 154

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo: En Cesarea Marítima, discurso a los galeotes y encuentro con Claudia Prócula. Fatiga del portavoz.

Fecha de la visión: Viernes 4 de mayo de 1945

Fecha del dictado: sábado 5 de mayo de 1945. Este pasaje también forma parte de los Cuadernos de 1945 a 1950.

Calendario: lunes 17 de enero 28 según Valtorta.fr o martes 18 de enero 28 (4 Scébat 3788) según maria-valtorta.org .

Localización (mapa) : Cesarea Marítima

Ciclo: El apostolado femenino

Resumen: Jesús está en Cesarea Marítima. Para gran disgusto de los apóstoles, se dirige al barrio de los paganos. Se acerca al mar y comienza a predicar. Su objetivo era hablar a los galeotes encarcelados en una galera. Se encuentra con Quintiliano, el oficial romano, y le comunica su deseo de hablar a los prisioneros. El soldado lo acercó a la barca y Jesús pronunció su discurso. El romano quedó asombrado y lo admiró. Entonces le dijo que Claudia Prócula estaba presente y quería verle. La mujer de Pilato quería hablar del alma, así que Jesús sacó el tema. Luego la deja y habla con los apóstoles, que están... malhumorados y refunfuñando. Por último, María revela uno de sus cansancios como portavoz, y Jesús nos da una lección sobre el desánimo en el apostolado.

Contenido del capítulo: 154.1: Jesús se dirige al puerto mientras se acerca una galera militar. 154,2: Comienza su discurso. 154,3: Habla Publio Quintiliano. 154,4: Jesús continúa y aumenta el número de oyentes. 154,5: Llamamiento a la misericordia. La misión de Jesús hacia los afligidos. 154.6: Publio queda cautivado y supervisa el reparto de comida a los galeotes ofrecido por Jesús. 154.7: Jesús habla a Claudia Prócula sobre su alma. 154.8: Elogia a los paganos ante los apóstoles. 154.9: Desánimo de María Valtorta y comentario de Jesús sobre el cansancio espiritual.

ECR 155

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo: En Cesarea, la curación de una niña romana y una discusión sobre el contacto con los paganos.

Fecha de la visión: Sábado 5 de mayo de 1945

Calendario: martes 18 de enero de 28 según Valtorta.fr o miércoles 19 de enero de 28 (5 Scébat 3788) según maria-valtorta.org.

Localización (mapa) : Cesarea Marítima

Ciclo: El apostolado femenino

Resumen: Jesús sigue en Cesarea Marítima. Ordena a Simón el Zelote, a Judas, a Santiago de Alfeo y a Juan que sean buenos con los paganos. Judas pregunta cómo ser bueno con todos y Jesús le pregunta si está contento de haber nacido en la familia de su padre Alfeo. Su primo responde que sí. Jesús le pregunta entonces cómo habría reaccionado si, habiendo nacido en una familia pagana, le acusaran de ser pagano, y Judas responde que no sería responsable. Así que entiende la lección, pero dice que es difícil amar a gente que no conoces. Mientras tanto, Jesús llama a un niño, que les demuestra que no es complicado amar. La madre del niño reconoce al Maestro y manda llamar a los romanos. Le piden que cure a una niña que se ha atragantado. Es la hija de Valeria, llamada Faustina. Inmediatamente después, algunos judíos reprochan al Maestro su acción. Él les dirige un encendido discurso, que termina con una oración al Padre y el éxtasis con la Trinidad de la que procede. Luego Cristo vuelve en sí y se marcha.

Contenido del capítulo: 155.1: Una instrucción para los consagrados. 155.2 : Jesús retoma la aversión de los apóstoles hacia los paganos: ¿Y si hubieras nacido pagano? 155.3 : Una lección de fraternidad universal dada por niños sin prejuicios. 155.4 : ¿Estaría dispuesto a curar a la niña moribunda de uno de los amigos de Claudia? 155.5 : Jesús cura a la niña de una manera que asombra al médico del procónsul. 155.6 : Tres fariseos le reprochan que se acerque a los extraños (cosa que ellos mismos hacen). 155.7 : Ministros mentirosos de una Ley de Verdad. ¡Es vergonzoso! 155.8 : No hago distinción entre los hombres. 155.9 : Los tres israelitas hostiles huyeron bajo una lluvia de reproches.

ECR 174.8 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Si os enseño los caminos del Señor es para que los sigáis. ¿Podéis, acaso, recorrer el sendero que baja por la derecha y el que baja por la izquierda juntos? No podéis porque, si tomáis uno, debéis dejar el otro. Ni siquiera tratándose de dos senderos adyacentes podríais manteneros caminando siempre con un pie en cada uno. Acabaríais cansándoos, y equivocándoos, aunque se tratara de una apuesta. Pero es que entre el sendero de Dios y el de Satanás hay una gran distancia, que además cada vez se ahonda más, exactamente como sucede con esos dos senderos que terminan aquí: a medida que van descendiendo se alejan el uno del otro; uno en dirección a Cafarnaúm, el otro en dirección a Tolemaida.

La vida es así, fluye como arco a caballo entre el pasado y el futuro, entre el mal y el bien. En el centro está el hombre con su voluntad y su libre albedrío. En los extremos están: en una parte, Dios con su Cielo; en la otra, Satanás con su Infierno. El hombre puede elegir. Nadie lo obliga.

Anotación

Estos dos caminos (...) se separan cada vez más el uno del otro, uno va hacia Cafarnaún, el otro hacia Tolemaida. Correcto: Se trata de los caminos del noreste (camino de Magdala) y del suroeste (camino de Caná).

ECR 183.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El grupo continúa su camino, ahora en silencio. Lo que antes era una vía de primer orden ahora es una calle de la ciudad, pavimentada con piedras de un palmo cuadrado. Las casas van siendo cada vez más ricas y bonitas, construidas entre huertos exuberantes y jardines floridos. Tengo la impresión de que la Magdala elegante fuera para los palestinos una especie de lugar de placer como ciertas pequeñas ciudades de nuestros lagos lombardos: Stresa, Gardone, Pallanza, Bellagio, etc., etc. Con los palestinos ricos están entremezclados los romanos, que sin duda proceden de otros centros, como Tiberíades o Cesarea, donde, en torno al Gobernador, habrán sido, ciertamente, funcionarios y comerciantes exportadores de los mejores productos de la colonia palestina para Roma.

Detalle

María Valtorta menciona Cesarea y Tiberíades en un comentario sobre Magdala.

Anotación

Tiberíades y Magdala eran dos ciudades lacustres con gran población romana y griega.

ECR 187.3-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Y aquí por dónde se pasa? No conozco bien esta zona» dice Tomás.

«Llegaremos al Tabor. Lo bordearemos en parte. Luego pasaremos cerca de Endor para ir a Naím, y de allí a la llanura de Esdrelón. ¡No temáis!... Doras, hijo de Doras, y Jocanán están ya en Jerusalén».

187.4

«¡Será precioso! Dicen que desde la cima, concretamente desde un punto de ella, se ve el mar grande, el de Roma. ¡Me gusta mucho! ¿Nos llevas a verlo?» suplica Juan, con su rostro de niño bueno alzado hacia Jesús.

«¿Por qué te gusta tanto verlo?» pregunta Jesús acariciándolo.

«No lo sé... Porque es grande y no se ve el límite... Me hace pensar en Dios... Cuando estuvimos en el Líbano, vi por primera vez el mar. Porque yo sólo había navegado el Jordán o nuestro pequeño mar... y lloré de emoción. ¡Tanto azul! ¡Tanta agua!... ¡Y que no se desborda nunca!... ¡Qué cosa más maravillosa! Y los astros, que trazan caminos de luz sobre la superficie del mar... ¡Oh, no os riáis de mí! Miraba el camino de oro del Sol hasta quedar cegado, el de plata de la Luna hasta henchir de fijo candor mis ojos, y los veía perderse muy lejos. Esos caminos me hablaban, me decían: “Dios está en aquella lejanía infinita, éstos son los caminos de fuego y pureza que un alma debe seguir para ir a Dios. Ven. Adéntrate en el infinito, remando por estos dos caminos y encontrarás al Infinito”».

«Eres poeta, Juan» dice Judas Tadeo admirado.

«No sé si esto es poesía, sé que me enciende el corazón».

«Pero si has visto el mar también en Cesarea y en Tolemaida, y bien cerca; ¡estábamos en la orilla! No veo la necesidad de recorrer tanto camino para ver más agua de mar. En el fondo... nosotros hemos nacido en el agua...» observa Santiago de Zebedeo.

«¡Y, por desgracia, también ahora estamos en el agua!» exclama Pedro, que, habiéndose distraído un momento por escuchar a Juan, no ha visto un charco traicionero y se ha puesto pingando... Se echan a reír; el primero, él.

Pero Juan responde: «Es verdad, pero desde lo alto es más bonito: se ve más y más lejos; se piensa más alto y con más amplitud... se desea... se sueña...». Juan verdaderamente ya está soñando... Mira hacia delante. Sonríe ante su sueño... Parece una rosa color carne salpicada de menudísimo rocío: efectivamente, su piel lisa y clara de joven rubio aparece intensamente aterciopelada y asperjada de fino sudor, de forma que asemeja ahora más todavía a un pétalo de rosa.

«¿Qué deseas? ¿Qué estás soñando?» pregunta Jesús a su predilecto en voz baja (parece un padre dirigiéndose con dulzura a su querido hijito que habla mientras duerme dulcemente): se lo pregunta con tanta dulzura — para no lacerar el sueño del enamorado —, que realmente hay que decir que le está hablando en el alma.

«Deseo ir por ese mar infinito... hacia otras tierras allende él... Deseo ir allí para hablar de ti... Sueño... sueño con ir a Roma, a Grecia, a los lugares oscuros para llevar la Luz... y así los que viven en las tinieblas entren en contacto contigo y vivan en comunión contigo, Luz del mundo... Sueño con un mundo mejor... con un mundo que mejorar a través de tu conocimiento, o sea, a través del conocimiento del Amor que nos hace buenos, puros, héroes... con un mundo que se ame en tu Nombre, y que por encima del odio, del pecado, la carne, el vicio de la mente, por encima del oro, por encima de todas las cosas, alce tu Nombre, tu Fe, tu Doctrina... y sueño con ir con estos hermanos míos por el mar de Dios, recorriendo caminos de luz, a llevarte a ti... de la misma forma que en su momento tu Madre te trajo del Cielo aquí, entre nosotros... Sueño con ser ese niño que, no conociendo sino el amor, se mantiene sereno incluso ante los tormentos... y que canta para infundir ánimo a los adultos, que reflexionan demasiado, y camina hacia la muerte sonriendo, hacia la gloria con aquella humildad de quien no sabe lo que hace, de quien sólo sabe que está yendo a ti, Amor...».

Los apóstoles se han quedado sin respiración durante la extática confesión de Juan; parados donde estaban, miran al más joven, oyéndole hablar con los ojos velados por sus párpados cual velo extendido sobre el ardor que sube del corazón; miran a Jesús, que se transfigura de alegría al verse tan completamente identificado en su discípulo...

Juan termina de hablar en una posición un poco inclinada hacia el suelo que recuerda la gracia de la humilde Virgen de la Anunciación de Nazaret; Jesús le besa entonces en la frente y dice: «Iremos a ver el mar, para que sueñes otra vez con la realización de mi Reino en el mundo».