ECR 192.2 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Un lindo riachuelillo, que fluye hacia el mar, colmado su caudal por las lluvias primaverales y la disolución de las nieves, se interpone en su camino.
Acude Pedro y dice: «El puente está más arriba, por donde pasa el camino que va de Tolemaida a Enganmín (o Engannim)».
Jesús, dócilmente, vuelve sobre sus pasos. Cruza el riachuelo por un sólido puente de piedra. En seguida vuelven a verse montañas pequeñas y colinas de poca entidad.
«¿Llegaremos a Engannim antes de que anochezca?» pregunta Felipe.
«Ciertamente. Pero... ahora tenemos con nosotros a un niño. ¿Estás cansado Yabés?» pregunta amorosamente Jesús. «Sé sincero como un ángel».
«Un poco, Señor. De todas formas, me esforzaré en seguir caminando».
«Este niño está débil» dice con su voz gutural el hombre de Endor.
«¡Mira tú éste!...» exclama Pedro. «¡Con la vida que lleva desde hace algunos meses!... ¡Ven que te coja en brazos!».
«¡Oh, no, señor! No, que te cansas. Todavía puedo andar yo».
«¡Ven, ven, que no pesas. Pareces un pajarillo desnutrido» Pedro le sube en vilo, le sienta sobre sus anchos y fuertes hombros, a caballo, y le sujeta por las piernas.
Caminan ligeros porque el sol ya es fuerte e invita y estimula a llegar a las umbrías colinas.