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Notas de la palabra clave

Ubicación - Llanura de Esdrelon

Tema: Región de Galilea · Página 1 de 2

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ECR 88

El Evangelio como me ha sido revelado

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Leví y José, los pastores, están con Jesús; también están Juan, Simón el Zelote y Judas. Llegaron a la llanura de Esdrelón. Mientras Leví se adelanta para avisar a Jonás, Jesús se queda solo con Juan. El amado le dice que prefiere su barca a los duros tormentos infligidos por Doras, y Jesús, sólo medio en broma, le pregunta si realmente prefiere su barca. Juan responde impulsivamente que Cristo la prefiere, porque él es el Amor en la Tierra. Jesús se tomó entonces el tiempo de explicarle que el Amor tiene hambre de amor y que pocos hombres sabrán amar a Dios como es debido. Amar es lo que hace Juan, y el Señor toma el ejemplo del trigo que se da a todos, alimentando a sus hermanos. Esta dulce conversación llega a su fin y llega Jonás. El maltratado pastor se alegra de volver a ver a su Maestro. Hablan de María y luego de los malos tratos de Doras. Jesús le anima a permanecer en su lugar, a seguir santificándose y santificando a los demás. Así podrá seguir evangelizando entre los pobres que encuentre. Finalmente, el Señor va a ver a los demás trabajadores de Doras con su fiel amigo.

ECR 109

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús llega a la llanura de Esdrelón. Allí se encuentra con cuatro campesinos de Yokhanan, que estaban trabajando en el campo. Pedro decidió ayudarles mientras hablaban con el Maestro. Los cuatro hombres quedaron impresionados, pero finalmente dejaron de tener miedo y le hicieron preguntas a Cristo. Le hablaron de Jonás y de la dureza de Doras. Jesús fue a casa del fariseo y se produjo un enfrentamiento bastante violento. Doras quería impresionar a Jesús con sus riquezas, pero el Señor sólo quería a Jonás, y Doras finalmente accedió ordenando a los criados que lo trajeran. Jesús, sin embargo, sigue a sus sirvientes y llega hasta el pastor de Belén. El pastor se estaba muriendo, y el Mesías dijo a sus apóstoles que se llevaran el lecho en el que yacía Jonás: iban a Nazaret. Antes de partir, lanzó un anatema sobre la tierra de Doras. Doras quiso que retirara su maldición, pero Cristo lo dejó en manos del Dios del Sinaí. Finalmente, el grupo apostólico llega a Nazaret y Jonás muere entre Jesús y María.

ECR 187.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿A dónde vamos exactamente?» pregunta Pedro.

«A llevar la Pascua a algunos que sufren. Hacía tiempo que quería hacerlo, pero no he podido. Lo habría hecho al regreso a Galilea. Ahora, que nos obligan a andar por caminos que no hemos elegido nosotros, iré a bendecir a los pobres amigos de Jonás».

«¡Perderemos tiempo! ¡La Pascua está ya cercana! Por distintos motivos, pero siempre hay retardos». Es otro coro de quejas que se eleva al cielo.

Y yo no sé cómo Jesús puede tener tanta paciencia... Dice, sin regañar a ninguno: «No me pongáis obstáculos, os lo ruego; comprended que preciso amar y ser amado. El único consuelo que tengo en la tierra es el amor y hacer la voluntad de Dios».

«¿Y vamos por aquí? ¿No hubiera sido más bonito ir por Nazaret?».

«Si os lo hubiera propuesto, os habríais rebelado. Ninguno imaginará que estoy en esta zona... Y lo hago por vosotros, porque... tenéis miedo».

«¡Miedo? ¡No, no! ¡Estamos prontos para combatir por ti!».

«Rogad al Señor que no os ponga a prueba. Sé que sois rencillosos, rencorosos; conozco vuestro vehemente deseo de dañar a quien me daña, de humillar al prójimo. Todo esto lo conozco. Lo que no conozco es vuestro coraje. Si por mí fuera, habría ido solo y por el camino normal, y no me habría sucedido nada, porque no ha llegado la hora. Pero siento compasión de vosotros. Además, presto obediencia a mi Madre, y... sí, también esto, no quiero que se sienta molesto el fariseo Simón: Yo no les daré motivo, pero ellos sí mostrarán animosidad conmigo».

«¿Y aquí por dónde se pasa? No conozco bien esta zona» dice Tomás.

«Llegaremos al Tabor. Lo bordearemos en parte. Luego pasaremos cerca de Endor para ir a Naím, y de allí a la llanura de Esdrelón. ¡No temáis!... Doras, hijo de Doras, y Jocanán están ya en Jerusalén».

ECR 189.5 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Por fin Jesús puede librarse de la apretura de la gente y entrar en la ciudad. Pero la muchedumbre le sigue, le persigue, con amor exigente.

Se acerca un hombre, que saluda con toda reverencia. «Te ruego que te alojes en mi casa».

«No puedo: la Pascua me prohíbe cualquier detención aparte de las establecidas».

«Faltan pocas horas para la puesta del Sol, y es viernes...».

«Precisamente eso: antes del ocaso debo llegar a mi etapa. De todas formas, gracias. Pero no me retengas».

«Soy el jefe de la sinagoga».

«Con lo cual me estás diciendo que tienes derecho a ello. Mira, hombre, habría sido suficiente que hubiera llegado una hora más tarde para que esa madre no hubiera recuperado a su hijo. Voy a otros desdichados que también me esperan. No retardes, por egoísmo, su alegría. Vendré en otra ocasión y estaré contigo, en Naím, unos días. Ahora déjame seguir mi camino».

El hombre no sigue insistiendo; se limita a decir: «Lo has dicho. Te espero».

«Sí. La paz sea contigo y con los habitantes de Naím; y también a vosotros, de Endor, paz y bendición. Volved a vuestras casas. Dios os ha hablado a través del milagro. Haced que en vosotros se produzcan, como consecuencia del amor, tantas resurrecciones en orden al Bien cuanto es el número de los corazones».

Una última, unánime, exultación de la multitud, para después dejar a Jesús que continúe su camino.

Él atraviesa diagonalmente la ciudad y sale hacia los campos, en dirección a Esdrelón.

Detalle

Jesús acaba de resucitar a Daniel. La multitud se regocija.

Anotación

Voy donde me esperan otros infelices. No retrases su alegría por egoísmo. Jesús se refiere a los campesinos de Yokhanan, que le esperan en la llanura de Esdrelón.

ECR 190

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo: Llegada a la llanura de Esdrelon al atardecer del viernes.

Fecha de la visión: Viernes 15 de junio de 1945.

Calendario: viernes 17 de marzo 28 (4 Nissan 3788)

Localización (mapa) : Esdrelon

Ciclo: El segundo viaje de Pascua

Resumen: Jesús llega a la llanura de Esdrelon. Pedro se adelantó para ver si Doras, el hijo de Doras, había ido a Jerusalén. En el camino, el Señor se encuentra con Isaías, un campesino de Yokhanan, y el hombre le revela que los campos de Doras son un verdadero desastre. Yokhanan, en cambio, tiene tierras fértiles, lo que crea un mayor contraste entre la tierra devastada y la tierra sana y fructífera. Tras la desgracia de su vecino, Yokhanan teme al Señor y ha decidido no maltratar a sus siervos. Pide hospitalidad a los siervos del fariseo y se acuerda reunir como se pueda a los antiguos siervos de Doras, que se han dispersado tras la muerte de su antiguo amo.

Contenido del capítulo: 190.1: La nueva actitud de Yokhanan hacia Jesús, a quien teme. 190.2 : Los campos malditos de Doras son completamente arrasados. 190.3 : Jesús se queda con los campesinos de Yokhanan.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 51.

ECR 190.1-3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Comienza el ocaso con un enrojecimiento del cielo. Jesús ya ve los campos de Jocanán.

«Aceleremos el paso, amigos, antes de que decline el Sol. Tú, Pedro, adelántate con tu hermano para avisar a nuestros amigos de Doras».

«Sí, sí, voy, que también quiero asegurarme de si el hijo se ha marchado». Pedro pronuncia esa palabra, “hijo”, en un modo que vale por un largo discurso. Y se adelanta.

Entretanto, Jesús prosigue más despacio, mirando a su alrededor para ver si hay algún campesino de Jocanán; mas sólo se ven los fértiles campos con las espigas ya bien formadas.

Por fin, de entre la frondosidad de las parras, se destaca un rostro sudoroso al tiempo que proviene un grito: «¡Oh, Señor bendito!» y el campesino sale corriendo del viñedo para venir a postrarse ante Jesús.

«¡Paz a ti, Isaías!».

«¡Hasta te acuerdas de mi nombre?».

«Lo llevo escrito en el corazón. Levántate. ¿Dónde están los otros compañeros?».

«Allá, en los pomares. Voy a avisarlos. ¿Vienes a estar con nosotros, verdad? El amo no está, así que podemos festejar tu venida. Además... un poco por miedo y un poco por alegría, es mejor. ¡Fíjate, este año nos ha concedido el cordero, e ir al Templo! Nos ha dado sólo seis días, pero... bueno, correremos por el camino. ¡Fíjate, nosotros también a Jerusalén! Y esto te lo debemos a ti». El hombre está en el séptimo cielo, de la alegría de haber sido tratado como hombre y como israelita.

«Que Yo sepa, no he hecho nada» dice Jesús sonriendo.

«¡Cómo no? ¡Claro que has hecho! Doras, y luego los campos de Doras... mientras que éstos este año están espléndidos... Jocanán supo de tu venida, y no es bobo. Tiene miedo y... y tiene miedo».

«¿A qué?».

«A que le pase con su vida y sus bienes lo que a Doras. ¿Has visto las tierras de Doras?».

«Vengo de Naím...».

«Entonces no las has visto. Están devastadas». (El hombre dice esto en voz baja, pero remarcando las palabras, como quien estuviera confiando una cosa tremenda en secreto). «¡Totalmente devastadas!: ni heno, ni cereales, ni fruta; las cepas y los árboles frutales secos... muerto... todo muerto... como en Sodoma y Gomorra... Ven, ven, que te las muestro».

«No hace falta. Voy adonde aquellos campesinos...».

«¡No, ya no están! ¡Ah, no lo sabes? Los ha repartido a todos por otros lugares o los ha despedido, Doras, el hijo de Doras; y los que han sido enviados a otras tierras tienen la obligación de no hablar de ti, so pena de ser azotados... ¡No hablar de ti!... ¡Será difícil! Nos lo ha dicho incluso Jocanán».

«¿Qué ha dicho?».

«Ha dicho: “No soy tan estúpido como Doras, así que no os digo: ‘No quiero que habléis del Nazareno’. Sería inútil, porque lo haríais igualmente, y no quiero perderos matándoos a fuerza de azotes como a animales indóciles. Es más, os digo: ‘Sed buenos, como, sin duda, os enseña el Nazareno, y decidle que os trato bien’. No quiero ser maldecido yo también”. No, él ve bien lo que son estos campos después de tu bendición, y lo que son aquéllos después de tu maldición.

190.2

¡Oh, ahí están los que me araron la tierra[1]...» y el hombre corre al encuentro de Pedro y Andrés.

Pero Pedro le saluda brevemente y prosigue hacia Jesús. Antes de llegar, ya grita: «¡Maestro! ¡Ya no está ninguno de los de antes; son todas caras nuevas! ¡Todo está devastado! La verdad es que podría prescindir de campesinos aquí. ¡Peor que en el Mar Salado!...».

«Lo sé. Me lo ha dicho Isaías».

«¡Pero ven a ver! ¡Caramba, lo que se ve!...».

Jesús quiere contentarle, pero primero dice a Isaías: «Entonces, estaré con vosotros. Advierte a tus compañeros. No os molestéis por la comida, que la tengo Yo; nos es suficiente con un henil para dormir, y con vuestro amor. Dentro de nada estoy con vosotros».

La vista de las tierras de Doras es realmente desoladora: campos secos, prados pelados, secas las vides, destruidos hojas y frutos de los árboles por millones de insectos de todo tipo. También el jardín-pomar de al lado de la casa muestra el aspecto desolado de un bosque herido de muerte.

Los campesinos se mueven de un lado para otro arrancando malas hierbas, aplastando larvas, caracoles, lombrices y otros bichos semejantes; o ponen debajo de los árboles barreños llenos de agua y menean las ramas, para ahogar mariposas, gorgojos y demás parásitos que recubren las hojas que aún quedan y que agotan el árbol y le matan. Buscan un signo de vida en los sarmientos de las vides, pero éstos se rompen, secos, en cuanto se tocan, y, alguna vez, como si una siega hubiera cortado sus raíces, ceden desde la base.

El contraste con los campos de Jocanán, con los viñedos y pomares de éste, es vivísimo, siendo así que la desolación de los campos maldecidos aparece aún más violenta si se compara con la fertilidad de estos otros.

«Tiene mano dura el Dios del Sinaí» dice en tono bajo Simón Zelote.

Jesús hace ademán como de decir: «¡No lo sabes tú bien!» pero no lo dice. Sólo pregunta: «¿Cómo ha sucedido?».

Uno de los campesinos responde entre dientes: «Topos, langosta, gusanos... ¡Vete! El vigilante es fiel a Doras... No nos perjudiques...».

Jesús suspira y se marcha.

Otro de los campesinos, que está encorvado recalzando un manzano con la esperanza de salvarlo, dice: «Mañana iremos a verte... cuando el vigilante se haya ausentado para ir a Yizreel a la oración... Iremos a casa de Miqueas».

Jesús hace un gesto de bendición y se marcha.

190.3

Vuelve al cruce y se encuentra a todos los campesinos de Jocanán, jubilosos, contentos, los cuales, rodeando amorosos a su Mesías, le conducen hacia sus pobres mansiones.

«¿Has visto, allí?».

«Sí. Mañana vendrán los campesinos de Doras».

«Sí, mientras las hienas están en la oración... Así hacemos todos los sábados... y hablamos de ti, con lo que sabemos por Jonás, por Isaac, que viene a menudo a vernos, y por tus palabras de Tisri. Hablamos como sabemos, porque lo que no se puede hacer es no hablar de ti, y más se habla cuanto más se sufre y cuanto más lo prohiben. Aquellos pobrecillos... beben la vida todos los sábados... Pero, ¡cuántos en esta llanura tienen necesidad de saber, al menos saber de ti, y no pueden venir hasta aquí!...».

«Me ocuparé también de ellos. En cuanto a vosotros, benditos seáis por lo que hacéis».

El Sol declina mientras Jesús entra en una ahumada cocina. Comienza el reposo sabático.

Anotación

" El hombre corre al encuentro de Pedro y Andrés. Cf. EMV 109.4: Pedro y Andrés, Santiago y Juan, que ocuparon el lugar de los labradores para poder escuchar la palabra de Jesús.

El Dios del Sinaí tiene mano dura. Una referencia directa a las palabras de Jesús en EMV 109.12.

Hablamos de Ti, con lo que hemos aprendido de Jonás, de Isaac, que viene a menudo a nosotros, y de tu discurso en Tisri. Cf. EMV 109.5.

ECR 191

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : El sábado en Esdrelón. El pequeño Yabeç (Jabé) y la parábola del rico Epulón (parábola de Lázaro y el rico malo).

Fecha de la visión: sábado 16 de junio de 1945.

Calendario: sábado 18 de marzo 28 (5 Nissan 3788)

Lugar (mapa) : Esdrelon

Ciclo: El segundo viaje de Pascua

Resumen: Jesús envía a Andrés y a Juan a dos puntos desde donde se divisan los caminos a Jezrael, para que vigilen el regreso del mayordomo dedicado al hijo de Doras. Luego envía a Pedro y Simón a buscar a los campesinos del fariseo. Mientras tanto, los campesinos de Yokhanan le hablan de una disputa entre su amo y el antiguo tirano de Jonás, entonces el Señor encuentra a todos los campesinos y les regala un cordero traído por Juan de En-Dor. Se comporta como un padre, y los pobres siervos se tragan la comida. Uno de ellos tiene un niño en brazos y llora. Jesús le pregunta por qué lo hace, y empiezan a hablar del niño, un huérfano que ya no tiene hermanos ni padres: murieron en un corrimiento de tierras. Cristo se ofrece a confiar este niño inocente al anciano, y el abuelo acepta encantado. El niño no se opone y da su nombre: Yabeç.

Al oír esto, el Maestro relata la parábola de Lázaro y el hombre rico. Jonás es como Lázaro, así como Doras es como el mal rico, y Jesús quisiera ayudar materialmente a sus siervos, pero no puede y sufre por ello. Por eso les enseña a no odiar nunca, sino a amar siempre. En cuanto al castigo de los campos de Doras, Jesús dice que él es Amor y que no habría golpeado, pero como el Amor no pudo doblegar al cruel rico, lo abandonó a la Justicia. Que esto les recuerde que la Justicia está siempre alerta, aunque parezca ausente. Jesús se despidió entonces de los campesinos y los desgraciados se marcharon con pesar...

Contenido del capítulo: 191.1: Esperando a los campesinos de Doras. 191.2: Jesús les sirve la comida. 191.3: Cómo su abuelo protegió a su nieto Yabeç (Jabé). 191.4 : A Pedro le gustaría adoptarlo. 191.5 : La parábola de Lázaro y el hombre rico. 191.6: El hombre rico suplica a Abraham que lo salve. 191.7: Abraham no puede ayudar al rico. 191.8: Jonás fue el nuevo Lázaro. 191.9: Despedida de los campesinos de Doras.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 52.