Ir al contenido

Notas de la palabra clave

Hanne o Anne (antiguo sumo sacerdote)

Comodidad de lectura

Aa

ECR 70.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

70.4 Después de un momento de silencio, Juan habla otra vez; dice: «Maestro... yo conozco a Anás y a Caifás. Por necesidades de negocios, mi familia ha estado en relaciones con ellos, y, cuando yo estaba en Judea, por Juan, iba también al Templo, y ellos eran amables con el hijo de Zebedeo. Mi padre piensa siempre en ellos con el mejor pescado. Es costumbre, ¿sabes? Si se quiere tenerlos como amigos — continuar teniéndolos — hay que hacerlo así...».

«Lo sé». Jesús está serio.

«Bueno, pues si lo ves oportuno, le hablaré de ti al Sumo Sacerdote. Y luego... si quieres, yo conozco a uno que está en relación de negocios con mi padre. Es un mercader de pescado. Tiene una casa bonita y grande junto al Hípico, porque son personas ricas, y también muy buenas. Estarías más cómodo y te cansarías menos. Además, para venir hasta aquí se tiene que atravesar ese suburbio de Ofel, tan desordenado y siempre lleno de asnos y de muchachos pendencieros».

«No, Juan. Te lo agradezco, pero estoy bien aquí. ¿Ves cuánta paz? Se lo he dicho también esto al otro discípulo que me hacía la misma propuesta. Él decía: “Para estar mejor considerado”».

«Yo lo decía para que te cansaras menos».

«No me canso. Por mucho que camine, no me cansaré jamás. ¿Sabes qué es lo que me cansa? La falta de amor. ¡Oh, eso,... qué carga!... Es como si llevara un peso en el corazón».

«Yo te amo, Jesús».

«Sí, y me consuelas. Te quiero mucho, Juan, te querré siempre porque tú no me traicionarás nunca».

«¡Traicionarte! ¡Oh!».

«Y, sin embargo, habrá muchos que me traicionen...»

ECR 109

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús llega a la llanura de Esdrelón. Allí se encuentra con cuatro campesinos de Yokhanan, que estaban trabajando en el campo. Pedro decidió ayudarles mientras hablaban con el Maestro. Los cuatro hombres quedaron impresionados, pero finalmente dejaron de tener miedo y le hicieron preguntas a Cristo. Le hablaron de Jonás y de la dureza de Doras. Jesús fue a casa del fariseo y se produjo un enfrentamiento bastante violento. Doras quería impresionar a Jesús con sus riquezas, pero el Señor sólo quería a Jonás, y Doras finalmente accedió ordenando a los criados que lo trajeran. Jesús, sin embargo, sigue a sus sirvientes y llega hasta el pastor de Belén. El pastor se estaba muriendo, y el Mesías dijo a sus apóstoles que se llevaran el lecho en el que yacía Jonás: iban a Nazaret. Antes de partir, lanzó un anatema sobre la tierra de Doras. Doras quiso que retirara su maldición, pero Cristo lo dejó en manos del Dios del Sinaí. Finalmente, el grupo apostólico llega a Nazaret y Jonás muere entre Jesús y María.