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Notas de la palabra clave

Fariseos

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ECR 31.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

31.4 «¿Nazaret? Pero si debéis quedaros aquí. El Mesías debe crecer en Belén. Es la ciudad de David. El Altísimo le ha traído, a través de la voluntad de César, a nacer en la tierra de David, la tierra santa de Judea. ¿Por qué llevarle a Nazaret? Ya sabéis qué es lo que piensan los judíos de los nazarenos. El día de mañana este Niño deberá ser el Salvador de su pueblo. La capital no debe despreciar a su Rey por el hecho de despreciar a su ciudad de proveniencia. Vosotros sabéis como yo lo insidioso que es en sus razonamientos el Sanedrín y lo desdeñosas que son las tres castas principales... Además aquí, no lejos de mí, podré ayudaros bastante, y podré poner todo lo que tengo — no tanto de cosas materiales cuanto de dones morales — al servicio de este Recién Nacido. Y cuando esté en edad de entender me sentiré dichoso de ser maestro suyo, como de mi hijo, para que así, incluso, cuando sea mayor, me bendiga. Tenemos que pensar en el gran destino suyo, y que, por tanto, debe poderse presentar al mundo con todas las cartas para poder ganar fácilmente su partida. Está claro que Él poseerá la Sabiduría, pero el solo hecho de que haya tenido a un sacerdote por maestro le hará más acepto a los difíciles fariseos y a los escribas, y le facilitará la misión».

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Tras la Natividad, Zacarías se opuso a que la Sagrada Familia regresara a Nazaret.

ECR 46.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

46.7 Ven, entonces, y ve lo que hay en la Casa de Dios, ve cómo incluso los sacerdotes no rehúsan hacer transacciones entre el espíritu y la carne; porque, al fin y al cabo, son hombres y no ángeles. Cumple un milagro espiritual. Yo te llevo al pináculo del Templo, Tú transfigúrate en belleza allí arriba, y luego llama a las cohortes de ángeles y di que hagan de sus alas entrelazadas alfombra para tus pies y te porten así al patio principal. Que te vean y se acuerden de que Dios existe. De vez en cuando es necesario manifestarse, porque el hombre tiene una memoria muy frágil, especialmente en lo espiritual. Tú sabes qué dichosos se sentirán los ángeles de proteger tu pie y servirte de escalera cuando bajes».

«“No tientes al Señor tu Dios”, está escrito».

«Comprendes que tu aparición tampoco mudaría las cosas y el Templo continuaría siendo un mercado y un lugar de corrupción. Tu divina sabiduría sabe que los corazones de los ministros del Templo son un nido de víboras, que se devoran, y devoran, con tal de aumentar su poder. »

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En el desierto, Satanás tienta a Cristo. Tras hablarle de la mujer y ofrecerle saciar su hambre, le tienta ofreciéndole ir al Templo.

ECR 53.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

53.5 Acuden sacerdotes, rabíes y fariseos. Jesús está todavía en medio del patio, de vuelta de su persecución. El azote está todavía en su mano.

«¿Quién eres? ¿Cómo te permites hacer esto, turbando las ceremonias prescritas? ¿De qué escuela provienes? Nosotros no te conocemos, ni sabemos quién eres».

«Yo soy Él que puede. Todo lo puedo. Destruid este Templo verdadero y Yo lo levantaré de nuevo para dar gloria a Dios. No turbo la santidad de la Casa de Dios y de las ceremonias, sois vosotros los que la turbáis permitiendo que su morada se transforme en sede de usureros y mercaderes. Mi escuela es la escuela de Dios. La misma que tuvo todo Israel por boca del Eterno que habló a Moisés. ¿No me conocéis? Me conoceréis. ¿No sabéis de dónde vengo? Lo sabréis».

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Jesús acaba de expulsar a los mercaderes del Templo y llegan los sacerdotes.

ECR 60.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«(...) ¡No puedo soportar el que no te quieran!».

«¡Oh, Pedro, verás faltas de amor mucho mayores! ¡Te llevarás muchas sorpresas, Pedro! Personas que el mundo llamado “santo” desprecia como publicanos, y que, sin embargo, serán ejemplo para el mundo, y ejemplo no seguido por los que los desprecian; paganos que estarán entre mis mayores fieles; meretrices que se vuelven puras, por voluntad y penitencia; pecadores que se enmiendan...».

«Mira: que se enmiende un pecador... todavía. ¡Pero una meretriz y un publicano!...».

«¿No lo crees?».

«Yo no».

«Estás equivocado, Simón.»

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Pedro le dijo a Jesús:

ECR 64.1.3-4.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo las orillas del lago de Genesaret, y también las barcas de los pescadores sacadas a tierra; en la orilla, apoyados en ellas, están Pedro y Andrés, dedicados a reparar las redes que los peones les llevan goteando después de quitar los detritos que habían quedado aprisionados en éstas aclarándolas en el lago. A una distancia de unos diez metros, Juan y Santiago, centrados en su barca, tratan de poner orden en ella, ayudados por un peón y por un hombre de unos cincuenta o cincuenta y cinco años, que creo que es Zebedeo, porque el peón le llama “jefe” y porque es parecidísimo a Santiago.

Pedro y Andrés, de espaldas a la barca, se dedican silenciosos a volver a atar cuerdas y corchos señalizadores. Sólo de vez en cuando se intercambian algunas palabras acerca de su trabajo, el cual, por lo que puedo entender, ha sido infructuoso.

Pedro se queja de ello, no porque su bolsa esté vacía, ni por la inutilidad del esfuerzo, sino que dice: «Lo siento porque... ¿cómo vamos a arreglárnoslas para dar algo de comer a esos pobrecillos? A nosotros sólo nos llegan raros donativos, y yo no toco esos diez denarios y siete dracmas que hemos recogido en estos cuatro días. El Maestro, y sólo Él, me debe indicar para quién y cómo se han de distribuir esas monedas. ¡Y hasta el sábado Él no vuelve! ¡Si hubiera tenido buena pesca!... El pescado más menudo lo habría cocinado y se lo habría dado a esos pobres... y, si alguien de mi casa se hubiera quejado, no me hubiera importado: los sanos pueden ir a buscarlo, ¡pero los enfermos...!».

«¡Y además ese paralítico!... Ya han recorrido mucho camino para traerle aquí...» dice Andrés. (...)

[Jesús regresa junto a sus discípulos y el Maestro pronuncia un sermón en la casa de su apóstol.]

La gente se apiña en la estancia grande posterior, empleada para las redes, maromas, cestos, remos, velas y provisiones. Se ve que Pedro la ha puesto a disposición de Jesús, amontonando todo en un rincón para dejar espacio libre. El lago no se ve desde aquí, sólo se oye el rumor lento de sus olas; y se ve sólo la pequeña tapia verdosa del huerto, con su vieja vid y su frondosa higuera. Hay gente hasta incluso en la calle; no cabiendo en la sala, ocupan el huerto; no cabiendo en el huerto, se quedan afuera.

64.4 Jesús empieza a hablar. En primera fila — se han abierto paso sirviéndose de su actitud avasalladora y del temor que siente hacia ellos la plebe — hay cinco personas... de elevada condición social; paludamentos, riqueza de vestidos y soberbia denuncian que son fariseos y doctores. (...)

[Jesús pronuncia su sermón y termina su discurso.]

«Maestro» grita Pedro entre la muchedumbre «aquí están los enfermos. Dos pueden esperar a que salgas, pero a éste le está estrujando la multitud y, además... ya no aguanta más, y no podemos pasar. ¿Le digo que vuelva otra vez?».

«No. Descolgazle por el techo».

«¡Es verdad! ¡En seguida!».

Se oye caminar arrastrando los pies sobre el techo bajo de la estancia, la cual, no formando realmente parte de la casa, no tiene encima la terraza unida con cemento, sino sólo un tejaducho de haces de ramas cubiertas con placas similares a la pizarra. No sé qué piedra era. Hacen una abertura, y, con unas cuerdas, descuelgan la pequeña camilla en la que está el enfermo; la descuelgan justo delante de Jesús; la gente se apiña aún más, para ver.

«Has tenido una gran fe, como también quien te ha traído».

«¡Oh! ¡Señor! ¿Cómo no tenerla en ti?».

«Pues bien, Yo te digo: hijo — el hombre es muy joven —, te son perdonados todos tus pecados».

El hombre le mira llorando... quizás se queda un poco contrariado porque esperaba la curación del cuerpo.

Los fariseos y doctores murmuran, arrugando nariz, frente y boca con desprecio.

«¿Por qué murmuráis, con los labios y, sobre todo, en el corazón? Según vosotros, ¿es más fácil decirle al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o: “Levántate, toma la camilla y anda”? Vosotros pensáis “sólo Dios puede perdonar los pecados”. Pero no sabéis responder cuál es la cosa más grande, porque a este hombre, maltrecho en todo su cuerpo, y que ha gastado los haberes sin resultado alguno, sólo le puede curar Dios. Pues bien, para que sepáis que Yo lo puedo todo, para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder sobre la carne y sobre el alma, en la tierra y en el Cielo, Yo le digo a éste: levántate, toma tu camilla y anda. Ve a tu casa y sé santo».

El hombre se estremece, grita, se levanta, se echa a los pies de Jesús, los besa y acaricia, llora y ríe, y con él los familiares y la multitud, la cual, luego, se abre para dejarle pasar y le sigue jubilosa (la muchedumbre, no los cinco rencorosos que se marchan engreídos y duros como estacas).

Anotación

Mateo 9:1-8

Jesús subió a una barca, hizo de nuevo la travesía y se dirigió a su ciudad natal, Cafarnaún.

Le trajeron un paralítico tendido en una camilla. Al ver su fe, Jesús dijo al paralítico: "Confía, hijo mío, tus pecados te son perdonados. Y he aquí que algunos de los escribas se decían: "Este blasfema".

Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les preguntó: "¿Por qué tenéis malos pensamientos? ¿Qué es más fácil? ¿Decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues bien, para que sepáis que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados... - Entonces Jesús dijo al paralítico: "Levántate, coge tu camilla y vete a casa". Se levantó y se fue a su casa.

Al ver esto, la gente, aterrorizada, dio gloria a Dios, que había dado tal poder a los hombres.

Marcos 2, 1-12

Pocos días después, Jesús regresó a Cafarnaún y llegó la noticia de que estaba en casa. Se había reunido tanta gente que no cabía ni delante de la puerta, y él les estaba predicando la Palabra.

Llegaron unas personas y le trajeron a un paralítico, llevado por cuatro hombres. Como no podían acercarse a él a causa de la multitud, destaparon el techo por encima de él, hicieron una abertura y bajaron la camilla en la que estaba tendido el paralítico. Al ver su fe, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados.

Pero algunos de los escribas estaban sentados y pensaban: "¿Por qué habla así este hombre? Está blasfemando. ¿Quién, pues, puede perdonar los pecados, sino sólo Dios? Jesús se dio cuenta de lo que pensaban, y les dijo: "¿Por qué pensáis así? ¿Qué es más fácil? ¿Decirle a este paralítico: 'Tus pecados te son perdonados', o decirle: 'Levántate, toma tu camilla y anda'? Pues bien. Para que sepáis que el Hijo del hombre tiene autoridad para perdonar pecados en la tierra... - Jesús dijo al paralítico: "Te digo que te levantes, cojas tu camilla y te vayas a casa". Se levantó, tomó inmediatamente su camilla y salió delante de todos. Todos estaban asombrados y daban gloria a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual".

Lucas 5:17-26

Un día, mientras Jesús enseñaba, estaban presentes fariseos y maestros de la Ley, venidos de todas las aldeas de Galilea y de Judea, así como de Jerusalén.

Llegaron unos que llevaban en una camilla a un hombre paralítico; intentaban traerlo para ponerlo delante de Jesús. Pero como no veían cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron al tejado y, apartando las tejas, lo bajaron con la camilla delante de Jesús. Al ver su fe, les dijo: "Hombre, tus pecados te son perdonados. Los escribas y fariseos empezaron a razonar: "¿Quién es este hombre? ¡Dice blasfemias! ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios? Pero Jesús, comprendiendo sus pensamientos, les respondió: "¿Por qué tenéis estos pensamientos en el corazón? ¿Qué es más fácil? ¿Decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues bien. Para que sepáis que el Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados -le dijo Jesús al paralítico-, te digo que te levantes, cojas tu camilla y te vuelvas a tu casa.

Inmediatamente se levantó delante de ellos, tomó su camilla y se fue a su casa, dando gloria a Dios. Todos estaban asombrados y daban gloria a Dios. Llenos de temor, dijeron: "¡Hoy hemos visto cosas extraordinarias!

ECR 68.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Éste es, Maestro, el magistrado».

«La paz sea contigo. Solicito enseñar, entre los rabíes de Israel, a Israel».

«¿Eres rabí?».

«Lo soy».

«¿Quién fue tu maestro?».

«El Espíritu de Dios, que me habla con su sabiduría y me ilumina cada una de las palabras de los Textos Santos».

«¿Eres más que Hil.lel, Tú, que sin maestro afirmas que sabes toda doctrina? ¿Cómo puede uno formarse si no hay uno que le for­me?».

«Como se formó David, pastorcito ignorante que llegó a ser rey poderoso y sabio por voluntad del Señor».

«Tu nombre».

«Jesús de José de Jacob, de la estirpe de David, y de María de Joa­quín, de la estirpe de David, y de Ana de Aarón; María, la Virgen que casó en el Templo, porque era huérfana, el Sumo Sacerdote, según la ley de Israel».

«¿Quién lo prueba?».

«Todavía debe haber aquí levitas que se acuerden de ese hecho, coetáneos de Zacarías de la clase de Abías, pariente mío. Pregúntaselo a ellos, si dudas de mi sinceridad».

«Te creo. ¿Pero quién me prueba que sepas enseñar?».

«Escúchame y podrás juzgar por ti mismo».

«Si quieres puedes enseñar... Pero... ¿no eres nazareno?».

«Nací en Belén de Judá en tiempos del censo ordenado por el César. Proscritos a causa de disposiciones injustas, los hijos de David están por todas partes. Pero la estirpe es de Judá».

«Ya sabes... los fariseos... toda Judea... respecto a Galilea...».

«Lo sé. No temas. En Belén vi la luz por primera vez, en Belén Efratá de donde viene mi estirpe; si ahora vivo en Galilea es sólo para que se cumpla lo que está escrito...».

El magistrado se aleja unos metros acudiendo a una llamada.

Palabras clave

ECR 79.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Por qué escandalizar mostrando desprecio hacia la Ley? Para decir “seguidme”, hace falta caminar. Para conducir por un camino santo, hay que recorrer el mismo camino. ¿Cómo habría podido, o cómo podría, decir “sed fieles”, si Yo fuera infiel?».

«Creo que este error es la causa de nuestra decadencia. Los rabíes y los fariseos abaten al pueblo cargándole los preceptos, y luego... luego hacen come aquel que ha profanado la casa de Juan transformándola en un lugar de vicio» observa Simón.

«Es uno de Herodes…» rebate Judas Iscariote.

«Sí, Judas. Pero las mismas culpas están presentes en las castas que se dicen — ellas mismas se lo dicen — santas. ¿Qué opinas Tú de esto, Maestro?» dice Simón.

«Opino que sólo en el caso de que haya un puñado de verdadera levadura y de verdadero incienso en Israel se formarà el pan y se perfumarà el altar».

«¿Qué quieres decir?».

«Quiero decir que si alguien viene a la Verdad con corazón recto, la Verdad se esparcirà como levadura en la masa de la harina y como incienso por todo Israel».

Detalle

Jesús declara:

ECR 89.2

El Evangelio como me ha sido revelado

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