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Notas de la palabra clave

Jefe de la sinagoga Naïm

Comodidad de lectura

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ECR 189.5 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Por fin Jesús puede librarse de la apretura de la gente y entrar en la ciudad. Pero la muchedumbre le sigue, le persigue, con amor exigente.

Se acerca un hombre, que saluda con toda reverencia. «Te ruego que te alojes en mi casa».

«No puedo: la Pascua me prohíbe cualquier detención aparte de las establecidas».

«Faltan pocas horas para la puesta del Sol, y es viernes...».

«Precisamente eso: antes del ocaso debo llegar a mi etapa. De todas formas, gracias. Pero no me retengas».

«Soy el jefe de la sinagoga».

«Con lo cual me estás diciendo que tienes derecho a ello. Mira, hombre, habría sido suficiente que hubiera llegado una hora más tarde para que esa madre no hubiera recuperado a su hijo. Voy a otros desdichados que también me esperan. No retardes, por egoísmo, su alegría. Vendré en otra ocasión y estaré contigo, en Naím, unos días. Ahora déjame seguir mi camino».

El hombre no sigue insistiendo; se limita a decir: «Lo has dicho. Te espero».

«Sí. La paz sea contigo y con los habitantes de Naím; y también a vosotros, de Endor, paz y bendición. Volved a vuestras casas. Dios os ha hablado a través del milagro. Haced que en vosotros se produzcan, como consecuencia del amor, tantas resurrecciones en orden al Bien cuanto es el número de los corazones».

Una última, unánime, exultación de la multitud, para después dejar a Jesús que continúe su camino.

Él atraviesa diagonalmente la ciudad y sale hacia los campos, en dirección a Esdrelón.

Detalle

Jesús acaba de resucitar a Daniel. La multitud se regocija.

Anotación

Voy donde me esperan otros infelices. No retrases su alegría por egoísmo. Jesús se refiere a los campesinos de Yokhanan, que le esperan en la llanura de Esdrelón.