ECR 30.6
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
30.6 Caminan bajo la luz de la luna y de las teas, tras haber cerrado el cobertizo y el recinto. Van por senderos rurales, entre setos de espinos deshojados por el invierno.
Van a la parte de atrás de Belén. Llegan al establo, yendo no por la parte por la que fue María, sino por la opuesta, de forma que no pasan por delante de los establos más lindos, y aquél es el primero que encuentran. Se acercan a la entrada.
«¡Entra!».
«No me atrevo».
«Entra tú».
«No».
«Mira, al menos».
«Tú, Leví, mira tú que has sido el primero que ha visto al ángel, que es señal de que eres mejor que nosotros». La verdad es que antes le han llamado loco... pero ahora les conviene que él se atreva a lo que ellos no tienen el valor de hacer.
El muchacho vacila, pero luego se decide. Se acerca a la entrada, descorre un poquito el manto, mira, y... se queda extático.
«¿Qué ves?» le preguntan ansiosos en voz baja.
«Veo a una mujer, joven y hermosa, y a un hombre inclinados hacia un pesebre, y oigo..., oigo que llora un niñito, y la mujer le habla con una voz... ¡oh, qué voz!».
«¿Qué dice?».
«Dice: “¡Jesús, pequeñito! ¡Jesús, amor de tu Mamá! ¡No llores, Hijito!”. Dice: “¡Ay, si pudiera decirte: ‘Toma la leche, pequeñin’! Pero no la tengo todavía”. Dice: “¡Tienes mucho frío, amor mío! Y te pincha el heno. ¡Qué dolor para tu Mamá oírte llorar así, y no poderte aliviar!”. Dice: “¡Duerme, alma mía! ¡Que se me rompe el corazón oyéndote llorar y viéndote verter lágrimas!”, y le besa y se ve que le está calentando los piececitos con sus manos, porque está inclinada con los brazos dentro del pesebre».
«¡Llama! ¡Que te oigan!».
«Yo no. Tú, que nos has traído y que la conoces».
El pastor abre la boca, pero se limita a farfullar unos sonidos.
Detalle
Los pastores acaban de recibir la noticia del anuncio del Salvador. Deciden ponerse en camino hacia la cuna.