ECR 8.4-5
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
«Estamos entre tercia y sexta. Creo que sería conveniente ponernos en marcha» dice Zacarías.
Todos se levantan para ponerse los mantos y comenzar a salir.
8.5 Pero María se adelanta y se arrodilla en el umbral de la puerta con los brazos extendidos, un pequeño querubín suplicante: «¡Padre, Madre, vuestra bendición!».
No llora la fuerte pequeña; pero los labiecitos sí tiemblan, y la voz, rota por un interno singulto, presenta más que nunca el tembloroso gemido de una tortolita. La carita está más pálida y el ojo tiene esa mirada de resignada angustia que — más fuerte, hasta el punto de llegar a no poderse mirar sin que produzca un profundo sufrimiento — veré en el Calvario y ante el Sepulcro.
Sus padres la bendicen y la besan. Una, dos, diez veces. No se sacian de besarla... Isabel llora en silencio. Zacarías, aunque quiera no dar muestras de ello, está también conmovido.
Salen. María entre su padre y su madre, como antes; delante, Zacarías y su mujer...
Ahora están dentro del recinto del Templo.
Detalle
María está a punto de entrar en el Templo y dejar a sus padres.
Anotación
Aquí estamos entre la tercera y la sexta hora. 10:30 de la mañana. Esta es la hora de la ofrenda matutina (Éxodo 29:38-39; Éxodo 30:7; Números 28:3-4), también mencionada en EMV 197.5 y EMV 518.1. La ofrenda de la mañana era menos solemne que la de la hora novena.