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Notas del tema

Reprobados y esclavos acogidos por Jesús

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Comodidad de lectura

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ECR 137

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús regresa a La Belle-Eau. Envía a Judas a hacer unas compras urgentes. Andrés habla con el Maestro, confiándole su sufrimiento: la mujer del velo, Aglaia, ya no está allí, porque los fariseos la han atacado. Teme que no se salve, pero Cristo le asegura que no está muerta y que se salvará. El Señor le pregunta si quiere saber cómo sucederá esto, y Andrés no quiere saberlo: se conforma con las palabras y la promesa de Cristo. Su Maestro se alegra y dice que ése es el privilegio del verdadero apóstol, que no debe tratar de averiguar cómo salva a las almas. De este modo, Jesús da una lección sobre los sacerdotes. A continuación, Jesús pregunta por Aglaia, por lo que Andrés le explica lo sucedido. Los fariseos la atacaron en su ausencia y ella huyó. Judas regresó mientras tanto y reveló que los fariseos habían tendido una trampa. Interrumpió a un escriba que estaba insultando a Jesús, luego recordó que la violencia no era buena y lo soltó. A Pedro le gustó mucho su actitud y le habría ayudado, pero la actitud vengativa de los Doce no gustó al Maestro, que les reprendió. Les dice que va a enfrentarse a los fariseos, lo que efectivamente sucede. Les pide que no luchen contra él, la Palabra de Dios, pero el grupo prefiere maldecirlos y le ordena que se marche. Así que Jesús se marcha mañana, después de saludar a la buena gente que está aquí.

ECR 138

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Despedida de las almas de Belle-Eau. El mayordomo explica lo sucedido con Aglaé y el Maestro bendice su rectitud. A continuación, Jesús habla con los apóstoles en el camino: les dice que no quiere un reino humano y que no lo conquistará por la violencia. Por último, Jesús va a consolar al jefe de la sinagoga de Belle-Eau. Iba a ser maldecido por el Sanedrín, por lo que iba a ser destituido de su cargo. El hombre, en su humildad, cree que ya no podrá mirar a Dios, y lamenta, no la pérdida de su prestigioso cargo, sino la pérdida de su amistad con Dios. Por eso le invaden los escrúpulos, y Jesús le tranquiliza diciéndole que no ha pecado. Caerá la condena del Sanedrín, pero Cristo le invita en cambio a seguir sus pasos, y Timón es feliz.