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Notas del tema

¿Quiénes son los apóstoles?

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Comodidad de lectura

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ECR 174.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pasa Simón Zelote con su aspecto grave; pasa Pedro con su aspecto de persona atareada, exhortando a un grupo de unos diez rapacillos a que se porten bien hasta el final, prometiéndoles que si así lo hacen les dará unas aceitunas, pero que, si arman jaleo mientras habla el Maestro, les dará unos cachetes; pasa Bartolomé, anciano y serio; pasa Mateo con Felipe, llevando en brazos a un tullido, el cual, si no, hubiera tenido demasiada dificultad para abrirse paso entre la apiñada muchedumbre; pasan los primos del Señor, ofreciendo el brazo a un mendigo casi ciego, y a una pobre que quién sabe cuántos años podrá tener y que llora mientras le cuenta a Santiago todas sus desventuras; pasa Santiago de Zebedeo llevando en brazos a una pobre niña enferma que ha tomado de su madre — que le sigue angustiada — para impedir que la muchedumbre le haga daño; por último, pasan Andrés y Juan, quienes yo diría que son indivisibles (si bien Juan, con su serena naturalidad de niño santo, va por igual con todos los compañeros, mientras que Andrés, debido a su carácter fuertemente reservado, prefiere ir con su antiguo compañero de pesca y de fe en Juan el Bautista). Ambos se habían quedado a la entrada de los dos senderos principales para dirigir a la muchedumbre hacia su puesto, pero, como ahora ya no se ven más peregrinos por las veredas pedregosas del monte, se han vuelto a reunir para ir donde el Maestro con las últimas limosnas recibidas.

Detalle

Tomás y Judas no son nombrados aquí, pero se ocupan de los peregrinos en MTS 174.2. Los dividen en tres grupos: los enfermos, los pobres y los que esperan enseñanzas de Jesús.

ECR 174.11 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La gente está sentada, quién en la hierba, quién en gruesas piedras; otros están de pie. El colegio apostólico no está completo. Veo a Pedro y a Andrés, a Juan y a Santiago, y oigo llamar a otros dos, Natanael y Felipe. Luego hay otro, que está y no está en el grupo; quizás es el último llegado: le llaman Simón. Los otros no están, a menos que sea que no los veo entre la masa de gente.

Anotación

Contrariamente a las apariencias, este comentario es perfectamente coherente: Juan, Santiago, Pedro y Andrés fueron "vistos" el 25 de febrero de 1944. La visión del encuentro con Natanael y Felipe tuvo lugar el 13 de octubre de 1944, dos meses después de la escena aquí descrita, y la de Simón el Zelote, el 26 de octubre de 1944.

ECR 174.15 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús dice entretanto a Pedro que desmonte el cobertizo.

«Pero... ¿realmente nos marchamos?».

«Sí».

«¿Porque ha venido ella?...».

«Sí; pero no se lo digas a nadie, y menos todavía a Simón Zelote: se entristecería por Lázaro. No puedo permitir que la palabra de Dios se transforme en juguete de paganos...».

«Comprendo, comprendo...».

«Pues comprende también otra cosa».

«¿Cuál, Maestro?».

«La necesidad de callar en ciertos casos. ¡Cuidado!; eres maravilloso, pero tu impulsividad es tanta que te lleva a hacer observaciones punzantes».

«Comprendo... No quieres por Lázaro y Simón...».

«Y por otros».

«¿Crees que también estarán hoy algunos de éstos?».

«Hoy, mañana, pasado mañana, siempre; como también siempre será necesario controlar la impulsividad de mi Simón de Jonás. Ve, ve a hacer lo que te he dicho».

Pedro se pone en movimiento y pide ayuda a sus compañeros.

Detalle

Tras la llegada de María Magdalena, entonces una gran pecadora, Jesús anunció su partida de los Cuernos de Hattin, donde habían permanecido unos días.

Anotación

- ¿Crees que habrá alguna hoy?

- Hoy, mañana y pasado mañana, siempre.

Sin duda, Jesús se refiere aquí a los fariseos, que pretenden hacer observaciones poco caritativas.

ECR 174.16 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Judas Iscariote está en un ángulo, pensativo. Jesús le llama; tres veces, porque no oye. Al final se vuelve: «¿Me querías, Maestro?».

«Sí; ve tú también a comer y a ayudar a tus compañeros».

«No tengo hambre, como tampoco Tú».

«Yo tampoco, pero por motivos opuestos. ¿Estás preocupado, Judas?».

«No, Maestro. Cansado...».

«Ahora vamos a ir al lago y luego a Judea, Judas. Y donde tu madre. Te lo prometí...».

Judas se reanima. «¿Vas a ir realmente conmigo solo?».

«¡Sí, hombre! Ámame, Judas. Quisiera que mi amor estuviera en ti hasta preservarte de todo mal».

«Maestro... soy hombre; no soy ángel; tengo momentos de cansancio. ¿Es pecado tener necesidad de dormir?».

«No, si duermes sobre mi pecho. Mira allá, qué feliz se ve a la gente, y qué alegre es el paisaje desde aquí. Pero también debe ser muy bonita Judea en primavera».

«Preciosa, Maestro; sólo allí, en las alturas de las montañas, que superan a las de aquí, es más tardía. Hay flores preciosas. Los pomares son un esplendor. El mío, atendido en particular por mi madre, es uno de los más bonitos. Créeme que verla pasear por él, con las palomas corriendo detrás esperando el grano, aplaca el corazón».

«Lo creo. Si mi Madre no se siente demasiado cansada, me gustaría llevarla a que viera a la tuya. Se querrían, porque son buenas las dos».

Judas, seducido por esta idea, se sosiega, y, olvidándose de “no tener hambre y de estar cansado”, corre adonde sus compañeros riendo alegre, y, siendo alto como es, desata los nudos más altos sin dificultad, y come su pan y sus aceitunas, alegre como un niño.

Jesús le mira con compasión y luego se dirige hacia los apóstoles.

Detalle

María Magdalena irrumpió en el Monte de las Bienaventuranzas. Era entonces una gran pecadora. Después de que Jesús le hablara, se marchó furiosa. Después de su discurso, Jesús fue a ver a Judas.

Anotación

Te lo prometí: Recordatorio de la promesa hecha a Judas en EMV 139.1.

Sólo que allá en las montañas, que son más altas que aquí, la primavera llega más tarde. Exactamente: la diferencia es de 3 o 4 semanas.

Si mi madre no está demasiado cansada, me encantaría llevarla a la tuya. Se querrían, porque las dos son buenas personas. Jesús quiere asociar a las dos madres que tanto tendrán que sufrir.

ECR 174.17 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Aquí está el pan, Maestro, y también un huevo; se lo he pedido a aquel rico de allí que está vestido de rojo. Le he dicho: “Tú estás aquí todo tranquilo y contento escuchando; Él habla y está derrengado. Dame uno de esos huevecillos, que le aprovecharán más a Él que a ti”».

«¡Pero Pedro!».

«¡No, Señor! Estás pálido como un niño que mama en pecho vacío. Te estás quedando tan delgado como un pez después de los amores. Déjame a mí. No quiero tener luego cargos de conciencia. Lo pongo sobre esta ceniza caliente. Son las fajinas que he quemado. Tú te lo bebes. ¿Sabes que hace... cuántos hace... ¡bueno... semanas!, que no comemos más que pan y aceitunas y un poco de suero?... ¡Parece como si nos estuviéramos purgando! Y Tú comes menos que ninguno y hablas por todos. Aquí tienes el huevo. Bébetelo tibio, que te vendrá bien».

Jesús obedece, pero, viendo que Pedro come sólo pan, pregunta: «¿Y tú? ¿Las aceitunas?».

«¡Chisss! Me hacen falta para después. Las tengo prometidas».

«¿A quién?».

«A unos niños. Pero, si no están formales hasta el final, me como las aceitunas y a ellos les doy los huesos, o sea, tortazos».

«¡Hombre, qué bien!».

«¡Hombre, nunca se los daría; pero es que si no se hace así...! A mí me han dado muchos, y si me hubieran dado todos los que merecía por mis gamberradas, habría recibido diez veces más. Pero vienen bien. Soy como soy, precisamente porque me los han dado».

Todos se echan a reír por la sinceridad del apóstol.

Detalle

En EMV 174.3, leemos que Pedro "arenga a una docena de diablos a los que promete aceitunas si se callan hasta el final y bofetadas si arman jaleo mientras habla el Maestro". El tema vuelve a plantearse un poco más adelante.

ECR 174.17-18 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Maestro — dice Bartolomé — querría decir que hoy es viernes y que esta gente... no sé si va a tener tiempo de procurarse de comer para mañana o de llegar a sus casas».

«¡Es verdad! ¡Es viernes!» dicen varios.

«No importa. Dios proveerá. De todas formas vamos a decírselo».

Jesús se levanta y va hacia su nuevo puesto, o sea, con la gente que está diseminada entre los grupos de árboles.

«Lo primero es recordaros que hoy es viernes. Quien tema no poder llegar a tiempo a su casa y no sea capaz de creer que Dios mañana dará alimento a sus hijos, puede irse inmediatamente, de modo que no se le haga de noche por el camino».

De toda la gente se levantan unas cincuenta personas. Todos los demás permanecen donde están.

174.18 Jesús sonríe y empieza a hablar.

Detalle

El escriba Juan se encuentra entre la multitud mencionada en este extracto (como confirmará en el capítulo siguiente).

Anotación

Es la víspera del sábado, y la ley del descanso sabático prohíbe viajar después de las 6 de la tarde, hora de comienzo del día siguiente. El escriba Juan está entre los que van, como explica en el capítulo siguiente.

ECR 175.3.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La gente se arremolina en torno al Maestro. Es un círculo que bajo ningún concepto quiere abrirse. Pero, entretanto, el Sol se ha ocultado y comienza el reposo del sábado. Los centros habitados están lejos. De todas formas, la gente no echa de menos ni el pueblo ni la comida ni nada. No sucede lo mismo con los apóstoles, y se lo comentan a Jesús. También los discípulos ancianos están preocupados. Hay mujeres y niños, y, si bien la temperatura de la noche es moderada y la hierba de los campos está blanda, las estrellas no son pan ni se transforman en alimentos las piedras de las laderas.

Jesús es el único que se lo toma con tranquilidad. La gente, mientras, come lo que les había sobrado, sin mayores problemas. Jesús llama la atención de los discípulos sobre este hecho: «¡En verdad os digo que éstos están más adelantados que vosotros! Mirad con qué despreocupación consumen todo lo que tienen. Les he dicho: “El que no sea capaz de creer que mañana Dios dará el alimento a sus hijos que se retire”, y se han quedado aquí. Dios no desmentirá a su Mesías ni defraudará a quien en Él espera».

Los apóstoles se encogen de hombros y ya no se ocupan de nada más. (...)

[El escriba Juan vino en su ayuda y Jesús dijo:]

«¿Y ahora qué tengo que deciros por vuestra incredulidad? ¿No ha puesto, acaso, el Padre pan para todos nosotros en las manos de una persona que, por su casta, está contra mí? ¡Oh, hombres de poca fe!... Id, id allí, al mullido heno y dormid. Yo voy a orar al Padre para que abra vuestros corazones y para darle las gracias por su bondad. Paz a vosotros».

Detalle

Aunque no se nombra específicamente a ninguno de ellos, los Doce están presentes en este capítulo. Ante su falta de fe y confianza en la Providencia del Padre para alimentar a la multitud, Jesús les dice esto en EMV 175.5, después de que el escriba Juan acuda en su ayuda.

ECR 176.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús, durante la noche, subiendo por el monte, se ha alejado bastante. La aurora le muestra erguido sobre el borde de un despeñadero. Pedro le ve y se lo indica a sus compañeros. Se encaminan hacia arriba en dirección a Él.

«Maestro — preguntan bastantes de ellos — ¿por qué no has venido con nosotros?».

«Necesitaba orar».

«Pero también tienes mucha necesidad de descansar».

«Amigos, durante la noche una voz venida del Cielo pedía oración por los buenos y por los malos, y también por mí mismo».

«¿Por qué? ¿Es que acaso la necesitas?».

«Como los demás. Mi fuerza se nutre de oración; mi alegría, de hacer lo que mi Padre quiere. El Padre me ha dicho dos nombres de personas, y, para mí, un hecho doloroso. Estas tres cosas tienen necesidad de oración».

Jesús está muy triste. Mira a los suyos con una mirada que parece suplicar o querer preguntar algo; se posa en éste o en aquél y, finalmente, en Judas Iscariote, y en él se detiene.

El apóstol lo nota y pregunta: «¿Por qué me miras así?».

«No te veía a ti. Mis ojos contemplaban otra cosa...».

«¿Y qué es?...».

«La naturaleza del discípulo. Todo el bien y el mal que un discípulo puede dar a su Maestro y hacer por Él. Pensaba en los discípulos de los Profetas y en los de Juan; y en los míos. Y rogaba por Juan, por los discípulos y por mí...».

«Esta mañana estás triste y cansado, Maestro. Manifiesta tu pesar a quien te ama». Es Santiago de Zebedeo el que le invita a expresarse.

«Sí, dínoslo; que, si se puede hacer algo para aliviártelo, lo haremos» dice Judas, el primo de Jesús.

Pedro habla con Bartolomé y Felipe, pero no comprendo lo que dicen.

Jesús responde: «Sed buenos, esforzaos por ser buenos y fieles: ése será mi consuelo. No existe ningún otro, Pedro, ¿comprendes?; abandona esa sospecha. Queredme. Quereos. No os dejéis seducir por quien me odia. Amad sobre todo la voluntad de Dios».

«¡Sí, pero, si todo viene de ella, también de ella vendrán nuestros errores!» exclama Tomás con aire de filósofo.

«¿Tú crees? No es así.

176.2

Pero... vamos, que muchos se han despertado ya y están mirando hacia aquí. Vamos a bajar. Santifiquemos el día santo con la palabra de Dios».

ECR 177.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús entra en Cafarnaúm. Viene de los campos. Le acompañan sólo los doce; es más, los once, porque Juan no está.

Anotación

Sabemos por Pedro, en Betsaida, que Jesús le envió "delante" con Isaac para conducir a María hasta el Bautista(EMV 180.7).

ECR 178.1 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo a Jesús con sus once apóstoles — sigue faltando Juan — dirigiéndose hacia la orilla del lago.

Anotación

Juan partió con Isaac hacia Enón, donde se había refugiado el Bautista.