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Notas del tema

¿Quiénes son los apóstoles?

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Comodidad de lectura

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ECR 178.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo a Jesús con sus once apóstoles — sigue faltando Juan — dirigiéndose hacia la orilla del lago. Mucha gente se aglomera en torno a Él: muchas de estas personas, en su mayor parte hombres, son las mismas que estaban en el Monte y que ahora se han llegado de nuevo a Él, a Cafarnaúm, para seguir escuchando su palabra. Intentan retenerle, pero Jesús dice: «Yo soy de todos. Debo ir a otros muchos. Volveré. Ya os reuniréis de nuevo conmigo. Ahora dejadme que me vaya».

Con mucha dificultad logra andar entre la muchedumbre que se comprime por la estrecha callecilla. Los apóstoles empujan para abrirle paso, pero es como incidir contra una substancia blanduzca, que enseguida recupera la forma que tenía; incluso se irritan, pero inútilmente.

ECR 178.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Llegan a la orilla. Jesús sube a la barca de Pedro y le susurra unas palabras; veo que Jesús sonríe y que Pedro hace un gesto de admiración, pero no dice nada. Sube también el hombre que ha dejado de ir a enterrar a su padre por seguir a Jesús.

Anotación

No sabemos qué le dijo Jesús a Pedro ni por qué hizo un gesto de asombro... Sin embargo, es posible que Jesús le dijera que iba a su casa, porque en la EMV 179, Cristo va efectivamente a casa de Simón de Jonás.

ECR 179.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Las barcas de los apóstoles, recorrido el breve trecho de lago que separa Cafarnaúm de Betsaida, echan amarras en esta ciudad.

Detalle

En este capítulo están presentes los Once. Juan ha ido a buscar a Juan el Bautista a Hennon con la Virgen.

ECR 179.2-3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Las barcas de los apóstoles, recorrido el breve trecho de lago que separa Cafarnaúm de Betsaida, echan amarras en esta ciudad. Pero otras barcas las han seguido y muchos bajan de ellas para unirse enseguida a los de Betsaida que han venido a saludar al Maestro. Jesús está entrando ahora en la casa de Pedro en la que... está de jefe su mujer, la cual supongo que ha preferido la soledad antes que vivir entre las continuas quejas de su madre contra su marido.

Afuera reclaman al Maestro a voces, lo cual inquieta no poco a Pedro, que sube a la terraza y con tono autoritario se dirige a la gente, de la ciudad o no, diciendo que se requiere respeto y educación (quisiera, en efecto, poder gozar un poco de la presencia del Maestro, en paz, ahora que le tiene en su casa, y, sin embargo, no tiene el tiempo ni la satisfacción de ofrecerle ni siquiera un poco de agua y miel, entre las muchas cosas que ha dicho a su mujer que traiga), y se muestra enfadado.

Jesús le mira, sonriente, y menea la cabeza diciendo: «¡Parece como si no me vieras nunca y que estemos juntos de casualidad!».

«¡Pues si es así! Cuando estamos por el mundo, ¿estamos, acaso, yo y Tú? ¡Ni soñarlo! Entre Tú y yo está el mundo, con sus enfermos, sus afligidos, sus oyentes, sus curiosos, sus calumniadores, sus enemigos, y no estamos nunca yo y Tú. Aquí, sin embargo, Tú estás conmigo, en mi casa, ¡y deberían comprenderlo!». Está verdaderamente alterado.

«No veo la diferencia, Simón. Mi amor es igual, mi palabra es la misma; ¿no es lo mismo que te la diga en privado o que la diga para todos?».

179.3

Pedro entonces confiesa su gran pesar: «Es que soy cerrado de mollera, y me distraigo con facilidad. Cuando hablas en una plaza, en un monte, en medio de una muchedumbre, no sé por qué, comprendo todo, pero luego no recuerdo nada. Se lo he dicho también a los compañeros y me han dado razón. La otra gente — me refiero al pueblo que te escucha — te comprende y luego se acuerda de lo que has dicho. ¡Cuántas veces hemos oído confesar a uno: “No he vuelto a hacer esto porque Tú lo has dicho”, o: “He venido porque una vez te oí decir esta otra cosa y se me quedó grabado en el pensamiento”. Sin embargo, nuestro caso... ¡ay!, ¡ay!, es como un curso de agua que pasa sin detenerse: la orilla ya no tiene esa agua que ha pasado. Viene otra, sí, continuamente, y mucha, pero sigue pasando, sigue pasando... Yo pienso, con gran temor, que, si es como dices, llegará el momento en que Tú ya no podrás seguir haciendo de río y... y yo... ¿Qué le voy a poder dar a quien tenga sed, si no conservo ni una gota de lo mucho que me das?».

También los otros apoyan las quejas de Pedro, lamentándose de no encontrar nunca nada de lo que escuchan, cuando querrían encontrarlo para responder a los muchos que los preguntan.

Jesús sonríe y responde: «No creo que sea así. La gente está muy contenta también de vosotros...».

«¡Sí, claro, para lo que hacemos!... Abrirte paso dando codazos, llevar a los enfermos, recoger las dádivas y decir: “¡Sí, sí, aquél es el Maestro!”. ¡Pues vaya una cosa, ¿no?!».

«No te rebajes demasiado, Simón».

«No me estoy rebajando, es que me conozco».

«Es la más difícil de las sabidurías. De todas formas, quiero quitarte este gran miedo. Las veces que hable y veáis que no habéis podido comprender y retener todo, preguntadme, sin miedo a parecer latosos o a desanimarme. Siempre tenemos algunas horas de intimidad; abridme en esos momentos vuestro corazón. Yo doy mucho a muchos, ¿qué no os daría a vosotros, a quienes amo con un amor que Dios no podría superar? Has hablado de la ola que va sin dejar rastro en la orilla. Llegará un día en que te darás cuenta de que cada una de las olas ha depositado en ti una semilla, y que cada una de las semillas ha producido una planta, y verás ante ti flores y árboles para todos los casos, te asombrarás de ti mismo, de lo que el Señor ha hecho contigo, porque entonces estarás redimido de la esclavitud del pecado y tus virtudes actuales habrán adquirido muy alta perfección».

«Si Tú lo dices, Señor, descanso en estas palabras tuyas».

ECR 179.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Ahora vamos con los que nos están esperando. Venid. Recibe la paz; mujer. Esta noche seré tu huésped».

Salen. Jesús va hacia el lago para evitar la compresión de la muchedumbre. Pedro, diligentemente, separa la barca de la orilla unos pocos metros, de modo que la voz de Jesús sea oída por todos y que haya un espacio entre el auditorio y Él.

Detalle

Jesús está en casa de Pedro y habla con Porfirio.

ECR 179.7-8.9 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Luego, volviéndose a Pedro, dice: «Remonta el río hasta donde te sea posible y amarra al otro lado». (...) El fondo restriega contra el guijarral. Ello hace que la conversación se interrumpa, para permitir bajar de la barca. Ya no se ven las bajas colinas de Betsaida que casi se introducen en el lago; aquí hay una llanura rica en gramíneas que se extiende desde esta orilla, opuesta a Betsaida, hacia el Norte.

«¿Vamos a Merón?» pregunta Pedro.

«No. Cogemos este sendero que va por entre las tierras».

Los campos, hermosos y bien cuidados, muestran las espigas aún tiernas pero ya formadas. Todas a la misma altura y cimbreándose levemente por el viento fresco que viene del Norte, parecen otro lago, pequeño, en que las velas son los árboles que esporádicamente se yerguen, llenos de trinos de pájaros.

«Estos campos no son como los de la parábola» observa el primo Santiago.

«¡No, sin duda! No han sido devastados por los pájaros, ni hay espinos ni piedras. ¡Hermoso trigo! Dentro de un mes ya estará dorado... y dentro de dos estará maduro para la hoz y el granero» dice Judas Iscariote.

«Maestro... Te recuerdo lo que has dicho en mi casa. Has hablado muy bien, pero yo empiezo ya a tener en la cabeza nubes desmadejadas como ésas del cielo...» dice Pedro.

«Esta noche te lo explicaré. 179.8 Ahora tenemos ante nuestros ojos a Corazín». Y Jesús mira fijamente al neodiscípulo diciendo: «A quien tiene se le da. El hecho de recibir no quita el mérito a la ofrenda. Llévame a vuestro sepulcro y a casa de tu madre».

El joven se arrodilla y besa entre lágrimas la mano de Jesús.

«Levántate. Vamos. Mi espíritu ha oído tu llanto. Quiero fortalecerte en el heroísmo con mi amor».

«Isaac el Adulto me había hablado de tu gran bondad. ¿Sabes qué Isaac, no? Aquel al que le curaste la hija. Ha sido el apóstol para mí. Pero veo que tu bondad es aún mayor de cuanto me habían referido».

«Iremos a saludar también al Adulto para darle las gracias por haberme dado un discípulo».

Llegan a Corazín. La primera casa es precisamente la de Isaac.

(...) Se detienen primero a orar junto a la tumba cerrada. Luego, atravesando un majuelo aún semideshojado, se dirigen a la casa de Elías.

(...) Vuelven al camino que los ha de llevar al río y después a Betsaida.

Detalle

Jesús acaba de predicar en Betsaida. Está en el lago, con el joven discípulo que no fue al entierro de su padre, y habla a Simón de Jonás.

Anotación

"Sube todo lo que puedas y amarra la barca al otro lado". El primer puente romano conocido en este tramo del Jordán se encuentra 11/12 km más al norte(puente de las Hijas de Jacob). Este puente fue destruido en 1918.

Las colinas bajas de Betsaida que hunden sus narices en el lago, por así decirlo, ya no son visibles aquí, pero una llanura con ricas cosechas se extiende a lo largo de esta orilla frente a Betsaida hacia el norte. Correcto: La llanura al noroeste de Betsaida tiene unos 500 m de ancho y 1 ó 2 km de largo, y luego se eleva constantemente hacia el oeste.

"¿Vamos a Merom ? Vamos por este camino a través de los campos. Merom está a unos 17 km, al noroeste, a 4 horas de camino... Chorazeïn está a sólo 4 km, en dirección oeste en línea recta desde Betsaida. Siempre que podía, Jesús tomaba el camino más corto.

Los campos eran hermosos y estaban bien cuidados, y sus espigas estaban aún tiernas pero ya formadas. Esto era coherente: 15 días después, María Valtorta comentaba que estaban "bien formadas"(EMV 190.1).

¡Hermoso trigo! Dentro de un mes ya estará rubio... y dentro de dos meses estará listo para ser segado y almacenado. Correcto: la cosecha tiene lugar a finales de abril, principios de mayo (según la cronología de Jean-François Lavère, estamos a finales de febrero y principios de marzo). Dentro de 2 meses, es el episodio de las espigas robadas el sábado(EMV 217,3).

Ahora hemos llegado a la vista de Chorazeïn. Exacto: viniendo del norte de Betsaida, sólo en el último momento, después de rodear la colina, podemos ver Corazín, en la ladera sur.

- Maestro... Te recordaré lo que dijiste en mi casa. ¡Hablaste tan bien! Pero empiezo a tener nubes en la cabeza tan confusas como las que hay allá arriba. Jesús recomendó a los apóstoles que le preguntaran por su Palabra, para que se la explicara, en EMV 179.3.

Cuando llegaron a Chorazeïn, la casa de Isaac fue la primera que vieron. Era Isaac el Adulto, un anciano de Chorazeïn cuya hija había curado Jesús.

Vuelven al camino que tomaron para ir al río, y de allí a Betsaida. Coherente: en el capítulo siguiente, descubrimos que pasan la noche en Betsaida. Sólo tardan 2h30 / 3h00 en hacer este viaje de ida y vuelta por la tarde.

ECR 180

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Bartolomé y Santiago de Zebedeo no aparecen en este capítulo, pero es muy poco probable que estén ausentes. Al día siguiente, cuando salieron de Betsaida, Natanael estaba presente y uno de los Santiago iba al timón, lo que sugiere que ya estaban con el resto del grupo en MVA 180.

ECR 180.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Estamos de nuevo en la cocina de la casa de Pedro. La cena debe haber sido abundante, como se deduce de los platos con los restos de pescado y carne, de quesos, de diversos tipos de fruta seca — o pasa al menos —, de bollos de miel, amontonados sobre una especie de vasar que recuerda un poco a nuestros aparadores toscanos en que se amasa y conserva el pan; y de las ánforas y copas que están todavía encima de la mesa.

La mujer de Pedro debe haber hecho milagros para que su marido se sintiera contento, y debe haber estado trabajando todo la jornada. Ahora, cansada pero contenta, está en su rinconcillo mientras escucha lo que dice su marido y los demás; está mirando a su Simón, que para ella debe ser un gran hombre, aunque un poco exigente; cuando le oye hablar con palabras nuevas, con esa boca que antes no hablaba sino de barcas, redes, pescado y dinero, parpadea incluso, como deslumbrada por una luz demasiado intensa. Pedro esta noche, sea por la alegría de tener a su mesa a Jesús, sea por la alegría de la abundante comida consumida, está verdaderamente inspirado: se revela en él el futuro Pedro predicando a las muchedumbres.

ECR 180.1-2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No sé qué observación de uno de los compañeros ha originado la respuesta escultórica de Pedro: «Les sucederá como a los constructores de la torre de Babel: su misma soberbia provocará la destrucción de sus teorías y morirán aplastados».

Andrés objeta a su hermano: «Pero Dios es Misericordia. Impedirá que se derrumben para darles tiempo de arrepentirse».

«¡Que te crees tú eso! Coronarán su soberbia con la calumnia y la persecución. Ya lo veo venir. Nos perseguirán, cual testigos odiosos, para disgregarnos. Y, por su ataque insidioso contra la Verdad, Dios tomará venganza y perecerán».

«¿Tendremos la fuerza suficiente para resistir?» pregunta Tomás.

«Por mí mismo no la tendría, pero confío en Él» dice Pedro señalando al Maestro, el cual está escuchando y guarda silencio, con la cabeza un poco inclinada como para tener escondida la expresión de su rostro.

«Yo pienso que Dios no nos someterá a pruebas superiores a nuestras fuerzas» dice Mateo.

«O que, cuando menos, aumentará las fuerzas proporcionalmente a la magnitud de las pruebas» concluye Santiago de Alfeo.

«Ya lo está haciendo.»

Anotación

Lo que les ocurrió a los constructores de la Torre de Babel les ocurrirá a ellos. Alusión a Génesis 11:1-9.

Ya lo ha hecho: es Simón el Zelote quien habla. La conversación continúa. Véase la nota siguiente.

Libro del Génesis 11, 1-9

Gn 11, 1-9 : Toda la tierra tenía una misma lengua y las mismas palabras. Cuando los hombres partieron de Oriente, encontraron una llanura en la tierra de Sennaar, y se establecieron allí. Se dijeron unos a otros: "Vamos, hagamos ladrillos y cozámoslos al fuego". "Y utilizaron ladrillos en lugar de piedras y betún en lugar de cemento. Luego dijeron: "Vamos, construyámonos una ciudad y una torre con su cúspide en el cielo, y hagámonos un monumento, no sea que nos dispersemos por la faz de toda la tierra. "Pero Yahvé bajó a ver la ciudad y la torre que los hijos de los hombres estaban construyendo. Y Yahvé dijo: "He aquí que son un solo pueblo, y todos tienen una misma lengua; y esta obra es el principio de sus empresas; ahora nada les impedirá realizar sus planes. Descendamos y confundamos su lengua, para que ya no oigan la lengua del otro. "Así que Yahvé los dispersó de allí por toda la faz de la tierra, y dejaron de construir la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque allí fue donde Yahvé confundió la lengua de toda la tierra, y allí fue donde Yahvé los dispersó sobre la faz de toda la tierra.

ECR 180.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« Yo era rico y poderoso. Si Dios no me hubiera querido conservar para un fin suyo, yo me habría hundido en la desesperación cuando estaba leproso y me perseguían. Me habría ensañado conmigo mismo... Y, sin embargo, en medio del abatimiento completo en que me encontraba, recibí de lo alto una riqueza nueva que nunca antes había poseído, la riqueza de una persuasión: “Dios existe”. Antes... Dios... Sí... era creyente, era un fiel israelita... pero era una fe de formalismos. Y me parecía que el premio a esta fe fuera siempre inferior a mis virtudes. Me permitía polemizar con Dios porque me sentía todavía algo sobre la faz de la tierra. Simón Pedro tiene razón. Yo también estaba construyendo una torre de Babel con las autoalabanzas y las satisfacciones a mi yo. Cuando se me vino todo encima y quedé, como un gusano, aplastado por el peso de toda esta inutilidad humana, dejé de polemizar con Dios, para pasar a hacerlo conmigo mismo, con mi loco yo-mismo, y acabé de demolerlo. Y, a medida que lo hacía, abriendo paso a lo que yo creo que es el Dios inmanente en nuestro ser de terrestres, obtenía una fuerza, una riqueza, nueva: la certeza de que no estaba solo y de que Dios velaba por el hombre vencido por el hombre y por el mal».

«¿Para ti qué es Dios; esto que has dicho: “el Dios inmanente en nuestro ser de terrestres”? ¿Qué quieres decir con eso? No te comprendo, y además me parece una herejía. A Dios le conocemos a través de la Ley y los Profetas, y no hay otro Dios» dice un poco severo Judas Iscariote.

«Si aquí estuviera Juan, te lo diría mejor que yo. De todas formas, te lo diré como sé. Es verdad que a Dios le conocemos a través de la Ley y los Profetas. Pero, ¿en qué le conocemos?, ¿cómo?».

Judas de Alfeo interviene inmediatamente: «Poco y mal. Los Profetas que nos le describieron… le conocían; pero nosotros tenemos de Él la idea confusa filtrada a través de todo un montón de estorbos acumulados por las sectas...».

«¿Sectas? ¿Qué palabras son ésas? Nosotros no tenemos sectas. Nosotros somos los hijos de la Ley... todos» dice Judas Iscariote, indignado y agresivo.

«Los hijos de las leyes. No de la Ley. Hay una ligera diferencia. Del singular al plural. Pero en realidad ello significa que ya no somos hijos de lo que Dios nos ha dado sino de lo que nosotros hemos creado» rebate Judas Tadeo.

«Las leyes han nacido de la Ley» dice Judas Iscariote.

«También las enfermedades nacen de nuestro cuerpo, y no me vas a decir ahora que son cosas buenas» replica Judas Tadeo.

«Bueno, dejadme saber lo que es el Dios inmanente de Simón Zelote». Judas Iscariote, que no puede replicar a esta observacion de Judas de Alfeo, trata de llevar de nuevo la cuestión al punto de partida.

Detalle

Simón el Zelote habla.