ECR 146.2
Notas del tema
Lugares santos
Comodidad de lectura
ECR 157.2
El Evangelio como me ha sido revelado
Traducción en curso
ECR 169.7
El Evangelio como me ha sido revelado
Traducción en curso
Palabras clave
ECR 172.3
El Evangelio como me ha sido revelado
ECR 174.18 · Volume 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Es verdad que ha sido dicho que los deformes no podrán seguir sirviendo a Dios en el Templo; pero, pasada esta vida, los deformes de nacimiento santos, o los deformes por virtud, serán más hermosos que los ángeles y servirán a Dios amándole en el gozo del Cielo.
ECR 194.2 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Una nueva subida, muy empinada: la comitiva ha dejado el camino principal, polvoriento y lleno de gente, y ha preferido tomar este atajo boscoso. Llegados a la cima, se ve ya claramente en la lejanía resplandecer un mar luminoso suspendido sobre una conglomeración blanca, quizás esplendorosas casas encaladas.
Jesús llama a Yabés: «Ven. ¿Ves aquel punto de oro? Es la Casa del Señor. Allí vas a jurar obediencia a la Ley.».
ECR 195.3-4 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
La vista de la Ciudad, ya cercana, visible en toda la belleza de sus colinas, olivares, casas, y, especialmente, del Templo; esta vista, que debía ser siempre fuente de emoción y de orgullo para los israelitas, acaba de distraerle del todo.
El sol abrileño de Judea, bien fuerte, ha secado pronto el empedrado de la vía consular. Ahora es difícil encontrar un charco. Los apóstoles se aderezan al borde del camino: bajan las túnicas, pues las habían abolsado, se lavan los pies llenos de barro en un riachuelo de aguas claras, se ponen en orden el pelo, se cubren con sus mantos. Y lo mismo hace Jesús. Veo que todos hacen lo mismo.
195.4
La entrada en Jerusalén debía ser una cosa importante. Presentarse ante estos muros en tiempo de fiesta era como presentarse ante un soberano. La Ciudad santa era la “verdadera” reina de los israelitas; lo veo con claridad este año en que observo, en esta vía consular, las turbas y su comportamiento: los componentes de las distintas familias se disponen según un orden (las mujeres por su parte, solas, los hombres en otro grupo, los niños con uno u otro grupo, pero todos serios y, al mismo tiempo, tranquilos); algunos doblan el manto más usado y sacan otro, nuevo, de los fardos de viaje, o se cambian de sandalias; el paso se hace solemne, ya hierático; en cada grupo hay un solista que da el tono, se cantan himnos, los antiguos, gloriosos himnos de David... Y la gente se mira con más bondad en los ojos, como más tiernos ahora que han visto la Casa de Dios, y mira a esta Casa santa, enorme cubo de mármol coronado por las cúpulas de oro, colocado, como una perla, en el centro del recinto majestuoso del Templo.
La comitiva apostólica se forma así: delante, con el niño en medio, Jesús y Pedro; detrás de ellos, Simón, Judas Iscariote y Juan; luego Andrés con Santiago de Zebedeo, y, entre ellos, obligado por Andrés, Juan de Endor; en la cuarta fila, los dos primos del Señor con Mateo; los últimos, Tomás, Felipe y Bartolomé. Aquí es Jesús quien entona el canto, y lo hace con esa potente y preciosa voz suya, con un ligero tono de barítono que se armoniza con las vibraciones de tenor para hacerlas aún más estimables[1]; responden Judas Iscariote, tenor puro, y Juan, de voz límpida propia de su muy joven edad, y las dos voces de barítono de los primos de Jesús, y Tomás (casi bajo: un barítono tan profundo, que casi no se le puede catalogar como tal). Los demás, dotados de voces menos hermosas, acompañan, en forma menos perceptible al coro-lleno de los más virtuosos. Los salmos son los ya conocidos, llamados graduales.
El pequeño Yabés — voz de ángel entre las recias de los hombres — canta muy bien — quizás porque lo sabe mejor que los demás — el salmo 121[2]: «Estoy alegre porque me han dicho: “Iremos a la casa del Señor”». Verdaderamente, su carita, tan triste pocos días antes, es todo un esplendor de alegría.
Ya están cerca de los muros, ya se ve la Puerta de los Peces, y las calles, llenísimas de gente.
En seguida, al Templo, para una primera oración; luego, la paz en la paz del Getsemaní; la cena; el descanso.
El viaje hacia Jerusalén ha terminado.
Detalle
Pedro se distrae con la aparición de la Ciudad Santa.
Anotación
Los salmos son los conocidos salmos graduales. Estos son los salmos 120 a 134, también conocidos como "cánticos de ascensión", según la nueva numeración. El Sal 121, citado más abajo, se ha convertido en el Sal 122.
Nota adicional de maria-valtorta.org :
LOS 15 GRADUALES: son los salmos 119 (hebreo 120) a 133 (hebreo 134), también conocidos como CÁNTICOS DE LAS MONTAÑAS. Eran cantados en las tres fiestas de peregrinación por los peregrinos o sacerdotes en los quince escalones que conducían al Templo de Jerusalén.
El pequeño Yabeç, con su voz de ángel en medio de las robustas voces de los hombres, canta muy bien el salmo 121, quizá porque lo conoce mejor que los demás: "Me alegré porque me dijeron: 'Iremos a la casa del Señor'. "Salmo 121 (hebreo 122): "¡Cómo me alegré cuando me dijeron: 'Iremos a la casa del Señor'! ...
Esta es la Puerta de Piscis. Al norte de Jerusalén, justo al lado del Templo.
Palabras clave
- Andrés (apóstol)
- Bartolomé - Natanael (apóstol)
- Biblia - Salmos
- Felipe (apóstol)
- Juan de Zebedeo (apóstol)
- Judas de Alfeo (apóstol)
- Judas de Keriot (apóstol)
- Los Doce
- Lugares - Jerusalén
- Lugares - Templo de Jerusalén
- Mateo (apóstol)
- Santiago de Alfeo (apóstol)
- Santiago de Zebedeo (apóstol)
- Semana Santa
- Simon-Pierre - Simón de Jonás (apóstol)
- Simón el Zelote (apóstol)
- Tomás (apóstol)
ECR 196.1.2 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
La mayor parte de la mañana del sábado ha estado ocupada en dejar descansar a los cansados cuerpos y en arreglar la ropa, polvorienta y arrugada por el viaje. En las vastas cisternas del Getsemaní — colmadas de agua de lluvia — y en el Cedrón — verdadera sinfonía entre los cantos, espumoso, lleno, por los chaparrones de los últimos días — hay tanta agua que es una verdadera incitación. Uno tras otro, los peregrinos, desafiando el fresco, bajan a zambullirse en el torrente; luego se ponen vestidos nuevos, de los pies a la cabeza, y, con el pelo todavía un poco tieso por las rociadas del torrente, van a sacar agua de las cisternas y la vierten en unas pilas grandes donde tienen la ropa, separada por colores. (...)
Se diseminan por el olivar, muy hermoso en este sereno día abrileño. La lluvia de los días precedentes parece haber plateado los olivos y sembrado la tierra de flores, de tanto como resplandecen al sol las frondas, de tantas florecillas como hay al pie de los olivos. Los pájaros cantan y vuelan por todas partes.
La ciudad se abre allá, hacia el Oeste del observador.
No se ve el bullir de gente, pero sí las caravanas que se dirigen hacia la Puerta de los Peces — y hacia otras puertas cuyo nombre desconozco —, desde el lado Este. La ciudad se las traga como si fuera un famélico vientre.
Anotación
La ciudad se extiende por allí, al oeste de Getsemaní. Ver el boceto dibujado por Maria Valtorta.
Maria Valtorta dibujó el boceto con lápiz negro, a veces superpuesto con rojo y azul. Algunos nombres están dibujados con bolígrafo. En el centro está el "Templo", con "Casas apretadas", y, en un semicírculo a la izquierda: "Suburbios y casas más dispersas", todo ello rodeado por un doble círculo cuya explicación se encuentra en la parte inferior de la página: "(El círculo rojo y azul indica los muros)". En estas "murallas" se lee una "puerta" junto a la indicación "norte", y otra "puerta" al sureste. Fuera de las "murallas": "Cedrón" y "Getsemaní" al este, "Casas" dos veces al sur, "Torrente" y "Gólgota" al oeste.
Se ven las caravanas que se dirigen hacia la Puerta de Piscis. Al norte de Jerusalén, junto al Templo.
ECR 196.9 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
«¿Cuándo vamos a ir a ver a esta Mamá, Señor?» pregunta con ojos anhelantes Yabés.
«Esta tarde, cuando la veas, ¿qué le vas a decir?».
«¿Estaría bien: “Te saludo, Madre del Salvador”?».
«Muy bien» confirma Jesús mientras le acaricia.
«Pero, ¿no vamos a ir hoy al Templo?» pregunta Felipe.
«Iremos antes de salir para Betania. Y tú, ¿estarás aquí tranquilo, no?».
«Sí, Señor».
La mujer de Jonás (el arrendatario del olivar), que lentamente se ha ido acercando, dice: «¿Por qué no le llevas contigo? Lo está deseando...».
Jesús la mira fijamente y con insistencia, aunque sin decir nada.
La mujer comprende, y lo manifiesta: «¡Comprendo!... Creo que tengo todavía un pequeño manto, de Marcos. Voy a buscarlo» y, ligera, se ausenta.
Yabés, tirándole a Juan de una manga, dice: «¿Serán severos los maestros?» a lo que Juan, confortándole, contesta: «¡No, hombre, no! No tengas miedo. Y, además, no es hoy. En pocos días, con la Madre, sabrás más que un doctor».
Los demás, que lo han oído, sonríen por la preocupación de Yabés.
«Pero, ¿quién va a presentarle haciendo las veces de padre?» pregunta Mateo.
«Yo. ¡Es natural! A menos que le quiera presentar el Maestro» dice Pedro.
«No, Simón, no lo haré Yo. Te dejo este honor».
«Gracias, Maestro. Pero... vas a estar presente también Tú?».
«Ciertamente. Todos estaremos presentes: es “nuestro” niño...».
Vuelve María de Jonás con un manto color morado oscuro que todavía está en buenas condiciones. ¡Qué color! Ella misma lo dice: «Marco no lo quiso usar nunca porque no le gustaba el color».
¡Mira tú éste! ¡Es atroz! Y el pobre Yabés, con esa tez suya tan aceitunada, dentro de ese morado violento, parece un ahogado. Pero él no se ve... y se siente feliz con ese manto con que cubrirse como una persona mayor...
«La comida está lista, Maestro. La criada ha sacado ya del asador el cordero».
«Vamos, entonces».
Y, bajando del lugar en que se encuentran, entran en la amplia cocina para comer.
Detalle
Jesús acaba de hablar de la Virgen María.
ECR 197
El Evangelio como me ha sido revelado
Detalle
Título del capítulo : En el Templo con José de Arimatea. La hora del incienso.
Fecha de la visión: Viernes 22 de junio de 1945
Calendario: Sábado 25 de marzo 28
(12 Nissan 3788)
Lugar (mapa) : Templo de Jerusalén
Ciclo: El segundo viaje pascual
Resumen: El grupo apostólico acude al Templo con Yabeç y Juan de Endor. Pedro actúa como tutor del niño y éste confiesa cándidamente que no recuerda la última vez que vino al Templo, pues era un bebé. Jesús se preocupa por Juan de Endor, que se siente intimidado ante la perspectiva de volver a la casa del Padre. Cristo le tranquiliza y le absuelve de todo, lo que conmueve al recién convertido.
Se dirigen al tesoro para hacer su ofrenda cuando se encuentran con José de Arimatea. Éste se sorprende al ver a un niño pequeño con ellos, y Pedro le explica que el niño está a punto de examinarse de la mayoría de edad. El hermano de Andrés pidió al fariseo que viniera a su lado, para que los doctores de la Ley no causaran problemas. José saludó entonces al Maestro y éste se ofreció a ir a Betania para reunirse con él. El hombre aceptó de buen grado y se despidió.
Jesús explicó entonces a Yabeç en qué consistía la hora del incienso y por qué debía orar; también le explicó cuán grande era el ministerio del sacerdote. Finalmente, van a adorar al Señor.
Contenido del capítulo: 197.1: Pedro toma a Yabeç de la mano. 197.2: Jesús consuela a Juan de En-Dor. 197,3: Pedro explica a Yabeç las cosas del Templo. 197.4: Jesús invita a José de Arimatea a Betania. 197.5: La oración de la tarde.
Edición anterior: Tomo 3, capítulo 58