ECR 210.4 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
«(...) Pero, oye, además, ¿no fuiste tú quien quiso ir a aquel fétido antro de Endor, que — creo que estarás de acuerdo conmigo — no pertenecía precisamente a un ciclo santo; ¿no crees? Bueno, pues ellas vienen aquí, donde se dice que hay sangre y cenizas de santos. De Endor nos ha venido Juan, ¿quién sabe...?».
«¡Buen fichaje, Juan!» dice burlonamente Judas.
«No es guapo de cara, sí, pero puede ser que su alma sea mejor que la nuestra».
«¡Sí, precisamente su alma... con la vida que ha vivido!».
«¡Calla! El Maestro nos dijo que no debíamos rememorarlo».
«¡Qué fácil eso! ¡Ya quisiera ver yo, si hiciera algo parecido, si lo ibais a rememorar o no!».
«Adiós, Judas; es mejor que estés solo. Estás demasiado agitado. ¡Si al menos supieras lo que te pasa!».
«¿Que qué me pasa, Toma? Pues lo que me pasa es que veo que a nosotros se nos deja de lado por los últimos que llegan; lo que me pasa es que veo preferir a todos antes que a mí; y que noto que se espera a que no esté yo para enseñar a orar. ¿Qué quieres, que me gusten estas cosas?».
«No gusta, de acuerdo, pero te recuerdo que si hubieras venido con nosotros a la Cena de Pascua, habrías estado tú también en el Monte de los Olivos cuando el Maestro nos enseñó la oración. Y, por lo que respecta a que se nos deje de lado por los primeros que llegan, no lo veo. ¿Lo dices por ese pobre inocente?, ¿o por el pobre Juan?».
«Por los dos. Jesús ya casi no se dirige a nosotros. Mírale incluso ahora... Está allí, sin ninguna prisa, habla que te habla con el niño. ¡Pues va a tener que esperar no poco tiempo a poderle incluir entre los discípulos! ¿Y el otro?... Nunca será discípulo: es demasiado soberbio, culto, duro de corazón, y tiene malas tendencias. Y a pesar de todo: “Juan por aquí y Juan por allá”...».
«¡¡¡Padre Abraham, no me dejes perder la paciencia!!! ¿Y en qué te parece que el Maestro prefiere a otros antes que a ti?».
«¡Pero no lo has visto también ahora? Llegado el momento de salir de Betsur — después de un tiempo pasado en instruir a tres pastores a los que perfectamente había podido instruir Isaac —, ¿a quién deja con su Madre? ¿A mí?, ¿a ti? No. Deja a Simón. ¡Un viejo que casi no habla!...».
«Pero que lo poco que dice está siempre bien dicho» replica prontamente Tomás, que ahora se ha quedado solo con Judas dado que las mujeres, con Andrés, se han separado y van adelante ligeras, como huyendo de un tramo de camino lleno de sol.
Detalle
Judas está disgustado con el comportamiento del Maestro y critica el hecho de que vayan a rendir culto en varios de los lugares santos de Israel. Tomás toma la palabra y recuerda su viaje a Endor, que Iscariote había deseado.
Anotación
Querías entrar en esa apestosa caverna de En-Dor: ver EMV 188.