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Notas del tema

Familia y parientes de los doce apóstoles

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ECR 39.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Ahora, estando con su Madre, en su casa, y con San José frente a Él, sonriéndole con amor, y con esos primitos suyos que le admiran, y con su tía, María de Alfeo, que le está acariciando, se siente feliz. Mi Jesús tiene necesidad de amor para sentirse feliz, y en este momento lo tiene.

Está vestido con una túnica suelta, de lana, de color rojo rubí claro, suave, perfectamente tejida, fina y compacta al mismo tiempo. En el cuello, por la parte de delante, en la base de las mangas largas y amplias, y en la base de la túnica, que llega hasta abajo dejando apenas ver los pies calzados con sandalias nuevas y bien hechas — no las usuales suelas sujetas al pie con unas correas —, tiene una greca, no bordada, sino tejida en un color más oscuro sobre el color rubí de la túnica. Deduzco que debe ser obra de su Madre, porque la cuñada la admira y alaba.

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La Sagrada Familia se prepara para salir de Jerusalén con motivo de la fiesta de la Mayoría de Jesús.

ECR 44

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús se dispone a abandonar Nazaret. María está claramente angustiada. Su Hijo come y, una vez preparada la bolsa, María se aísla un momento. Jesús va hacia ella y resulta que está llorando en el taller de José. Jesús le habla y ambos van al huerto, donde Jesús le da sus recomendaciones. Luego recitan juntos el Padrenuestro, para apoyarse en Dios en esta hora de prueba. Jesús se marcha entonces, dejando a su Madre en Nazaret.

Cristo da entonces un dictado y habla del sufrimiento de María tras la separación de Cristo. Dice por un momento por qué da la Obra y cómo da las lecciones. Luego declara que esta visión se aplica a todos aquellos que tienen que pasar por una dolorosa renuncia y dejar a su familia. Esta lección es tanto para los padres como para los hijos.

María ha sufrido el dolor de ser separada de su Hijo, pero no se ha rebelado contra la Voluntad de Dios. Lloró, pero ¿quién no habría llorado al adivinar lo que iba a sufrir su Hijo? Ella sabía que sus familiares estaban llenos de sentido común humano y que no entenderían la partida ni la predicación de Cristo. Sabía que su Hijo encontraría hostilidad durante su ministerio. Ella también lloró, sufrió y reparó por todas las madres que tienen que separarse de sus hijos. Las lágrimas de la Madre y la Sangre de Jesucristo fortalecen a quienes tienen que dar muestras de heroísmo, y fortalecen especialmente a las almas consagradas y a las almas víctimas.

En la hora de la prueba, María reza con Jesús. El sufrimiento no le impidió rezar, al contrario. Y Jesús nos dice que debemos rezar siempre con Él, porque es Jesús quien nos justifica.

ECR 49.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Tienes padre y madre, hermanos, hermanas; tienes la vida, y, con la vida, la mujer y el amor. ¿Serás capaz de dejarlo todo por mí?».

«Maestro... no sé... pero me parece, si no es soberbia el decirlo, que tu predilección será, para mí, padre, madre, hermanos, hermanas e incluso mujer. De todo, sí, de todo me consideraré saciado, si Tú me amas».

«¿Y si mi amor te comporta sufrimientos y persecuciones?».

«Será como nada, Maestro, si Tú me amas».

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Jesús interroga a Juan.

ECR 50

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús salió de Cafarnaún y fue a Betsaida. Pedro le dio la bienvenida y le ofreció quedarse en su casa. Cristo aceptó, y Simón de Jonás quedó encantado. Jesús se retiró a orar, y más tarde salió fuera. Allí se encontró con unos niños, entre ellos uno que no quería jugar a la guerra. Jesús apoya su punto de vista, explicando que la guerra es un castigo de Dios. Cuando los niños señalan que el niño se niega porque siempre pierde, Jesús sonríe y declara que no debemos negarnos a algo cuando nos perjudica: eso es egoísmo. Debes rechazar algo cuando perjudica a todos, aunque estés seguro de que vas a ganar. La conversación continúa y Jesús les habla un momento del Juicio Final y de la Redención que se acerca, basándose en el libro de Nehemías. Los niños reconocen que es el Mesías y les promete llevarlos con él si son buenos y obedientes a sus padres.

Felipe se acerca a él y Jesús le invita a seguirle. El apóstol acepta, y Jesús le habla de Natanael. El anciano fue a buscar a Bartolomé, y todo transcurrió según el Evangelio.

Jesús fue entonces a Betsaida a predicar. El Salvador viene a recordar la ley del Decálogo, que era sencilla al principio. No hace falta nada más, y el Mesías nos exhorta sobre todo a amar. Incluso nos anima a amar a nuestros enemigos.

Cuando terminó el sermón, Jesús dijo que se iba a Jerusalén. Pedro estaba indeciso, pero decidió seguir al Maestro. Santiago de Zebedeo, Andrés, Felipe y Natanael le acompañan. Jesús los acepta y el grupo reza junto. A continuación, Cristo los despide y les explica que seguirá rezando durante este tiempo. El Hijo del Hombre necesita la oración para seguir siendo el Redentor.

ECR 50.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

50.2 La visión me muestra la salida del pueblo y el comienzo del viaje hacia Betsaida. Pero no oigo la conversación, e incluso la visión se interrumpe hasta la entrada de Betsaida. Comprendo que se trata de esta ciudad porque veo a Pedro, Andrés y Santiago, y con ellos algunas mujeres, esperando a Jesús donde empiezan las casas.

«La paz sea con vosotros. Aquí me tenéis».

«Gracias, Maestro, en nombre nuestro y de los que esperan. No es sábado, pero ¿no les vas a hablar a los que esperan tus palabras?».

«Sí, Pedro. Lo haré. En tu casa».

Pedro se muestra jubiloso: «Ven, entonces: ésta es mi mujer, ésta es la madre de Juan, éstas son amigas de ellas. Pero también te esperan otros: parientes y amigos nuestros».

«Diles que partiré esta noche y que antes les hablaré».

No he dicho que, habiendo salido de Cafarnaúm cuando se estaba poniendo el Sol, los he visto llegar a Betsaida por la mañana.

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Jesús deja Cafarnaún y se dirige a Betsaida.

ECR 51.1

El Evangelio como me ha sido revelado

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51.1 Veo la cocina de Pedro. En ella, además de Jesús, están Pedro y su mujer, y Santiago y Juan. Parece que acaban de terminar de cenar y que están conversando. Jesús muestra interés por la pesca.

Entra Andrés y dice: «Maestro, está aquí el dueño de la casa en que vives, con uno que dice ser tu primo».

Jesús se levanta y va hacia la puerta, diciendo que pasen. Y, cuando a la luz de la lámpara de aceite y de la lumbre ve entrar a Judas Tadeo, exclama: «¡¿Tú, Judas?!».

«Yo, Jesús». Se besan.

ECR 51.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Ya predicas, Jesús?» pregunta Judas.

«Sí, primo».

«¡Y qué palabras! ¡No se oyen en boca de otros!».

Judas suspira. Con la cabeza apoyada en la mano y el codo sobre la rodilla, mira a Jesús y suspira. Parece como si quisiera hablar y no se atreviera.

Jesús le provoca para que hable: «¿Qué te pasa, Judas? ¿Por qué me miras y suspiras?».

«Nada».

«No. Nada no. ¿Ya no soy el Jesús que tú estimabas? ¿Aquel para quien no tenías secretos?».

«¡Sí que lo eres! Y cómo te echo de menos, a ti, maestro de tu primo más mayor...».

«¿Entonces? Habla».

«Quería decirte... Jesús... sé prudente... tienes una Madre... que aparte de ti no tiene nada... Tú quieres ser un “rabí” distinto de los demás y sabes, mejor que yo, que... las castas poderosas no permiten cosas distintas de las usuales, establecidas por ellos. Conozco tu modo de pensar... es santo... Pero el mundo no es santo... y oprime a los santos... Jesús... ya sabes cuál ha sido la suerte de tu primo Juan... Le han apresado y si todavía no ha muerto es porque ese repugnante Tetrarca tiene miedo del pueblo y del rayo divino. Asqueroso y supersticioso, como cruel y lascivo. ¿Qué será de ti? ¿Qué final te quieres buscar?».

«Judas, ¿me preguntas esto tú, que conoces tanto acerca de mi pensamiento? ¿Hablas por propia iniciativa? No. ¡No mientas! Te han mandado — no mi Madre, por supuesto — a decirme esto...».

Judas baja la cabeza y calla.

«Habla, primo».

«Mi padre... y con él José y Simón... sabes... por tu bien... por afecto hacia ti y María... no ven con buenos ojos lo que te propones hacer... y... y querrían que Tú pensaras en tu Madre...».

51.4

«¿Y tú qué piensas?».

«Yo... yo».

«Tú te debates entre las voces de arriba y de la Tierra. No digo de abajo, digo de la Tierra. También vacila Santiago, aún más que tú. Pero Yo os digo que por encima de la Tierra está el Cielo, por encima de los intereses del mundo está la causa de Dios. Necesitáis cambiar de modo de pensar. Cuando sepáis hacerlo seréis perfectos».

«Pero... ¿y tu Madre?».

«Judas, sólo Ella tendría derecho a recordarme mis deberes de hijo, según la luz de la Tierra, o sea, mi deber de trabajar para Ella, para hacer frente a sus necesidades materiales, mi deber de asistencia y consolación estando cerca de mi Madre. Y Ella no me pide nada de esto. Desde que me tuvo, Ella sabía que habría de perderme, para encontrarme de nuevo con más amplitud que la del pequeño círculo de la familia. Y desde entonces se ha preparado para esto. No es nueva en su sangre esta absoluta voluntad de donación a Dios. Su madre la ofreció al Templo antes de que Ella sonriera a la luz. Y Ella — me lo ha dicho las innumerables veces que me ha hablado de su infancia santa teniéndome contra su corazón en las largas noches de invierno, o en las claras de verano llenas de estrellas — y Ella se ofreció a Dios ya desde aquellas primeras luces de su alba en el mundo. Y más aún se ofreció cuando me tuvo, para estar donde Yo estoy, en la vía de la misión que me viene de Dios. Llegará un momento en que todos me abandonen. Quizás durante pocos minutos, pero la vileza se adueñará de todos, y pensaréis que hubiera sido mejor, por cuanto se refiere a vuestra seguridad, no haberme conocido nunca. Pero Ella, que ha comprendido y que sabe, Ella estará siempre conmigo. Y vosotros volveréis a ser míos por Ella. Con la fuerza de su amorosa, segura fe, Ella os aspirará hacia sí, y, por tanto hacia mí, porque Yo estoy en mi Madre y Ella en mí, y Nosotros en Dios. Esto querría que comprendierais vosotros todos, parientes según el mundo, amigos e hijos según lo sobrenatural. Tú, y contigo los otros, no sabéis quién es mi Madre. Si lo supierais, no la criticaríais en vuestro corazón por no saberme tener sujeto a Ella, sino que la veneraríais como a la Amiga más íntima de Dios, la Poderosa que todo lo puede en orden al corazón del Eterno Padre, que todo lo puede en orden al Hijo de su corazón. Ciertamente iré a Caná. Quiero hacerla feliz. Comprenderéis mejor después de esta hora».

Se le ve a Jesús majestuoso y persuasivo.

Judas le mira atentamente. Piensa. Dice: «Yo también, sin duda, iré contigo, con estos, si me aceptas... porque siento que dices cosas justas. Perdona mi ceguera y la de mis hermanos. ¡Eres mucho más santo que nosotros!...».

«No guardo rencor a quien no me conoce. Ni siquiera a quien me odia. Pero me duele por el mal que a sí mismo se hace.»

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Santiago de Alfeo se menciona muy brevemente en 51.4. En este extracto, Judas expresa las aprensiones de su familia sobre el comportamiento de Jesús en nombre de todos los parientes de Jesús.

ECR 52.2

El Evangelio como me ha sido revelado

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Después veo a dos mujeres, con largos vestidos y un manto que hace también de velo. Vienen por el camino y luego por el sendero. Una es más anciana: cincuenta años aproximadamente, y viste de oscuro: un color pardo-marrón como de lana natural. La otra está vestida de un color más claro: un vestido amarillo pálido y manto azul, y aparenta unos treinta y cinco años. Es muy hermosa, esbelta, y tiene un porte lleno de dignidad, a pesar de ser toda gentileza y humildad. Cuando está más cerca, noto el color pálido del rostro, los ojos azules y los cabellos rubios que pueden verse sobre la frente bajo el velo. Reconozco a María Santísima. Quién pueda ser la otra, que es morena y más anciana, no lo sé. Hablan entre ellas. La Virgen sonríe. Cerca ya de la casa, alguien, encargado de ver quiénes iban llegando, lo comunica, y salen a su encuentro hombres y mujeres — todos vestidos de fiesta — que las acogen con gran alegría, especialmente a María Santísima.

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María Valtorta describe una casa, y luego ve la llegada de la Virgen a esta casita. De hecho, María ha ido a ayudar en los preparativos de las bodas de Caná.

ECR 56.3

El Evangelio como me ha sido revelado

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56.3 «¿Has estado siempre con Él?».

«Siempre. Desde que volvió a Nazaret fue conmigo un buen compañero. Siempre juntos. Somos de la misma edad, yo un poco mayor. Y además yo era el preferido de su padre, hermano del mío. También su Madre me quería mucho. He crecido más con Ella que con la mía».

«Te quería... ¿Ya no te quiere lo mismo?».

«¡Oh, sí!, pero nos hemos desligado un poco desde que Él se ha hecho profeta. A mi familia no le gusta».

«¿Qué familia?».

«Mi padre y los dos mayores. El otro está en duda... Mi padre es muy anciano y no he tenido corazón para llevarle la contraria. Pero ahora... Ya no más. Ahora yo voy a donde me llevan el corazón y la mente. Voy con Jesús. No creo ofender a la Ley actuando así. Y... si no fuera justo lo que quiero hacer, Jesús me lo diría. Haré lo que Él dice. ¿Le es lícito a un padre ponerle obstáculos a un hijo en el camino del bien? Si yo siento salvación en ello, ¿por qué impedirme conseguirla? ¿Por qué los padres algunas veces nos son enemigos?».

Simón suspira como por tristes recuerdos y baja la cabeza, pero no habla.

Sin embargo, Tomás responde: «Yo ya he superado la dificultad. Mi padre me ha escuchado y me ha comprendido. Me ha bendecido diciendo: “Ve. Que esta Pascua signifique para ti liberación de la esclavitud de una espera. Dichoso tú que puedes creer. Yo espero. Mas si es Él — y lo sabrás siguiéndole — vuelve a tu anciano padre para decirle: ‘Ven. Israel ya tiene al Esperado’ ”».

«Eres más afortunado que yo. ¡Y pensar que hemos vivido a su lado!... Y no creemos, ¡nosotros los de la familia!... ¡Y decimos, o sea, ellos dicen: “Ha perdido el juicio”!...

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Simón el Zelote preguntó a Judas si siempre había acompañado a Cristo.

ECR 56.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Yo ya he superado la dificultad. Mi padre me ha escuchado y me ha comprendido. Me ha bendecido diciendo: “Ve. Que esta Pascua signifique para ti liberación de la esclavitud de una espera. Dichoso tú que puedes creer. Yo espero. Mas si es Él — y lo sabrás siguiéndole — vuelve a tu anciano padre para decirle: ‘Ven. Israel ya tiene al Esperado’ ”».

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Judas ha expresado la reticencia de su familia hacia Jesús y se queja de que los padres a veces pueden ser enemigos de sus hijos. Tomás declara entonces: