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Notas del tema

Jerusalén

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Comodidad de lectura

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ECR 180.7 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Habéis comprendido? ¿Tenéis algo más que preguntar? ¿No? Pues entonces podemos retirarnos a descansar para salir mañana para Cafarnaúm. Tengo que visitar todavía un lugar antes de emprender el viaje hacia Jerusalén para la Pascua».

«¿Vamos a pasar otra vez por Arimatea?» pregunta Judas Iscariote.

«No es seguro. Según que los...».

Llaman enérgicamente a la puerta.

Detalle

Jesús acaba de explicar a los discípulos la parábola del sembrador.

ECR 186.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿No es aquello Gamala?» pregunta el Zelote.

«Sí, es Gamala. ¿La conoces?» dice Jesús.

«Pasé ahí una noche ya muy lejana cuando era un fugitivo; luego vino la lepra y ya no salí de los sepulcros».

«¿Hasta aquí te persiguieron?» pregunta Pedro.

«Venía de la Siria, adonde me había encaminado buscando protección; pero... fui descubierto y tuve que huir hacia estas tierras para evitar ser capturado. Luego, lentamente, siempre bajo amenaza, fui descendiendo hasta el desierto de Tecua, y desde allí, ya leproso, hasta el valle de los Muertos. La lepra me salvaba de mis enemigos...».

«¿Éstos son paganos, verdad?» pregunta Judas Iscariote.

«Casi todos. Pocos hebreos, mercantes; y luego un sincretismo de creencias, y de falta completa de creencia... Pero no trataron mal al fugitivo».

«¡Lugares de bandidos! ¡Qué quebraduras!» exclaman muchos.

«Sí — dice Juan (todavía impresionado por la captura de Juan el Bautista) —, pero hay más bandidos al otro lado, creedlo».

«En el otro lado hay bandidos también entre los que llevan el nombre de justos» concluye su hermano.

ECR 193.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Vámonos pronto a descansar, y descansemos bien, porque mañana al alba partiremos, para estar pasado mañana por la tarde en Getsemaní. Iremos, pasado el viernes, al día siguiente, a ver a mi Madre, a Betania; allí descargaremos esos libros de Juan que os han hecho trabajar no poco; veremos también a Isaac y le confiaremos este pobre hermano...

Anotación

Jesús está hablando de Juan de Endor, a quien va a confiar a Isaac.

ECR 194.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Una nueva subida, muy empinada: la comitiva ha dejado el camino principal, polvoriento y lleno de gente, y ha preferido tomar este atajo boscoso. Llegados a la cima, se ve ya claramente en la lejanía resplandecer un mar luminoso suspendido sobre una conglomeración blanca, quizás esplendorosas casas encaladas.

Jesús llama a Yabés: «Ven. ¿Ves aquel punto de oro? Es la Casa del Señor. Allí vas a jurar obediencia a la Ley.».

ECR 195

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo: Una lección de Juan de En-Dor a Judas. La entrada en Jerusalén.

Fecha de la visión: Miércoles 20 de junio de 1945

Calendario: viernes 24 marzo 28 (11 Nissan 3788)

Localización (mapa): De Beerot a Jerusalén.

Ciclo: El segundo viaje pascual

Resumen: Está lloviendo. Mientras Pedro y Yabeç están de buen humor, Judas no, refunfuñando. Juan de Endor comienza a discutir con él, pero el Iscariote no está de humor para ser sermoneado, y señala que es un apóstol. Juan le responde que uno nunca sabe en lo que se convertirá: él pensaba acabar su vida como un honrado tutor en Cinthium, antes de convertirse en un asesino. Así que todo el mundo puede aprender de la experiencia de los demás, y Juan está especialmente contento porque ha encontrado a Jesús.

Judas cree que no conoce otra sabiduría que la de Israel, pero el antiguo prisionero cree que tener la sabiduría de Dios es mejor, y que es como un día soleado comparado con uno brumoso. También cree que Jesús es Dios -pues Judas se lo señala-, pero aún no se atreve a hablar familiarmente con el Maestro. Cree, sin embargo, que el Señor oye su alma que llora de gratitud. Jesús se lo confirma y le anima a hablar consigo mismo. Judas replica entonces que un día le dijo que no hablara consigo mismo, lo que Cristo confirma, pero que fue porque el hombre de Keriot estaba calumniando su interior. En este caso, Juan habla consigo mismo para meditar, lo cual es excelente.

Judas está agitado y agresivo, y Jesús le señala que su corazón es tan sombrío como el tiempo. Pero le indica que pronto volverá el sol y el apóstol se marcha de mal humor. Bartolomé se pregunta qué le pasa, y Pedro se entera de que han faltado al respeto al Maestro, lo que agita inmediatamente al hermano de Andrés. Pero Jesús le tranquilizó, y finalmente Simón de Jonás volvió a prestar atención al niño. Finalmente, el grupo apostólico entra en Jerusalén para la Pascua.

Contenido del capítulo: 195.1: La experiencia de Juan de Oro y Judas choca en dos concepciones. 195.2: Jesús confirma la sabiduría de Juan de Oro. 195,3: Los apóstoles reaccionan ante la ira de Judas. Jesús evita provocar la susceptibilidad de Pedro. 195.4: La multitud y el grupo apostólico entran en Jerusalén.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 56

ECR 195.3-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La vista de la Ciudad, ya cercana, visible en toda la belleza de sus colinas, olivares, casas, y, especialmente, del Templo; esta vista, que debía ser siempre fuente de emoción y de orgullo para los israelitas, acaba de distraerle del todo.

El sol abrileño de Judea, bien fuerte, ha secado pronto el empedrado de la vía consular. Ahora es difícil encontrar un charco. Los apóstoles se aderezan al borde del camino: bajan las túnicas, pues las habían abolsado, se lavan los pies llenos de barro en un riachuelo de aguas claras, se ponen en orden el pelo, se cubren con sus mantos. Y lo mismo hace Jesús. Veo que todos hacen lo mismo.

195.4

La entrada en Jerusalén debía ser una cosa importante. Presentarse ante estos muros en tiempo de fiesta era como presentarse ante un soberano. La Ciudad santa era la “verdadera” reina de los israelitas; lo veo con claridad este año en que observo, en esta vía consular, las turbas y su comportamiento: los componentes de las distintas familias se disponen según un orden (las mujeres por su parte, solas, los hombres en otro grupo, los niños con uno u otro grupo, pero todos serios y, al mismo tiempo, tranquilos); algunos doblan el manto más usado y sacan otro, nuevo, de los fardos de viaje, o se cambian de sandalias; el paso se hace solemne, ya hierático; en cada grupo hay un solista que da el tono, se cantan himnos, los antiguos, gloriosos himnos de David... Y la gente se mira con más bondad en los ojos, como más tiernos ahora que han visto la Casa de Dios, y mira a esta Casa santa, enorme cubo de mármol coronado por las cúpulas de oro, colocado, como una perla, en el centro del recinto majestuoso del Templo.

La comitiva apostólica se forma así: delante, con el niño en medio, Jesús y Pedro; detrás de ellos, Simón, Judas Iscariote y Juan; luego Andrés con Santiago de Zebedeo, y, entre ellos, obligado por Andrés, Juan de Endor; en la cuarta fila, los dos primos del Señor con Mateo; los últimos, Tomás, Felipe y Bartolomé. Aquí es Jesús quien entona el canto, y lo hace con esa potente y preciosa voz suya, con un ligero tono de barítono que se armoniza con las vibraciones de tenor para hacerlas aún más estimables[1]; responden Judas Iscariote, tenor puro, y Juan, de voz límpida propia de su muy joven edad, y las dos voces de barítono de los primos de Jesús, y Tomás (casi bajo: un barítono tan profundo, que casi no se le puede catalogar como tal). Los demás, dotados de voces menos hermosas, acompañan, en forma menos perceptible al coro-lleno de los más virtuosos. Los salmos son los ya conocidos, llamados graduales.

El pequeño Yabés — voz de ángel entre las recias de los hombres — canta muy bien — quizás porque lo sabe mejor que los demás — el salmo 121[2]: «Estoy alegre porque me han dicho: “Iremos a la casa del Señor”». Verdaderamente, su carita, tan triste pocos días antes, es todo un esplendor de alegría.

Ya están cerca de los muros, ya se ve la Puerta de los Peces, y las calles, llenísimas de gente.

En seguida, al Templo, para una primera oración; luego, la paz en la paz del Getsemaní; la cena; el descanso.

El viaje hacia Jerusalén ha terminado.

Detalle

Pedro se distrae con la aparición de la Ciudad Santa.

Anotación

Los salmos son los conocidos salmos graduales. Estos son los salmos 120 a 134, también conocidos como "cánticos de ascensión", según la nueva numeración. El Sal 121, citado más abajo, se ha convertido en el Sal 122.

Nota adicional de maria-valtorta.org :

LOS 15 GRADUALES: son los salmos 119 (hebreo 120) a 133 (hebreo 134), también conocidos como CÁNTICOS DE LAS MONTAÑAS. Eran cantados en las tres fiestas de peregrinación por los peregrinos o sacerdotes en los quince escalones que conducían al Templo de Jerusalén.

El pequeño Yabeç, con su voz de ángel en medio de las robustas voces de los hombres, canta muy bien el salmo 121, quizá porque lo conoce mejor que los demás: "Me alegré porque me dijeron: 'Iremos a la casa del Señor'. "Salmo 121 (hebreo 122): "¡Cómo me alegré cuando me dijeron: 'Iremos a la casa del Señor'! ...

Esta es la Puerta de Piscis. Al norte de Jerusalén, justo al lado del Templo.

ECR 196

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo : El sábado en Getsemaní. Jesús recuerda la infancia de su Madre y clasifica los diferentes amores según su poder.

Fecha de la visión: jueves 21 de junio de 1945

Calendario: sábado 25 de marzo 28 (12 Nisan 3788).

Nota: El 25 de marzo es el día en que la Iglesia conmemora la Anunciación.

Lugar (mapa): Getsemaní

Ciclo: El segundo viaje pascual

Resumen: Por venir

Contenido del capítulo: 196.1: Yabeç tendrá un vestido nuevo. 196.2: ¿Qué dirá María de este niño? 196.3: Recuerda a Joaquín explicando, a través de la parábola del pájaro que cayó del nido, cómo el Salvador lo amó sin pecado. 196.4: Los tres poderes del amor: el de Dios, el de los padres, el de los esposos. 196.5 : Estos tres amores tal como eran antes de la Falta. 196.6 : Luego el amor al prójimo, a la ciencia y al trabajo, y eso es todo. Altercado entre Pedro y Judas. 196.7 : Cómo conoció Jesús la infancia de María. Lección de castidad de la jovencísima María. 196.8: Joaquín profetizó grandes verdades sobre María, su hija. 196.9: Yabeç se encontrará con María antes de ir al Templo.

Edición antigua: Tomo 3, capítulo 57.

ECR 196.1.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La mayor parte de la mañana del sábado ha estado ocupada en dejar descansar a los cansados cuerpos y en arreglar la ropa, polvorienta y arrugada por el viaje. En las vastas cisternas del Getsemaní — colmadas de agua de lluvia — y en el Cedrón — verdadera sinfonía entre los cantos, espumoso, lleno, por los chaparrones de los últimos días — hay tanta agua que es una verdadera incitación. Uno tras otro, los peregrinos, desafiando el fresco, bajan a zambullirse en el torrente; luego se ponen vestidos nuevos, de los pies a la cabeza, y, con el pelo todavía un poco tieso por las rociadas del torrente, van a sacar agua de las cisternas y la vierten en unas pilas grandes donde tienen la ropa, separada por colores. (...)

Se diseminan por el olivar, muy hermoso en este sereno día abrileño. La lluvia de los días precedentes parece haber plateado los olivos y sembrado la tierra de flores, de tanto como resplandecen al sol las frondas, de tantas florecillas como hay al pie de los olivos. Los pájaros cantan y vuelan por todas partes.

La ciudad se abre allá, hacia el Oeste del observador.

No se ve el bullir de gente, pero sí las caravanas que se dirigen hacia la Puerta de los Peces — y hacia otras puertas cuyo nombre desconozco —, desde el lado Este. La ciudad se las traga como si fuera un famélico vientre.

Anotación

La ciudad se extiende por allí, al oeste de Getsemaní. Ver el boceto dibujado por Maria Valtorta.

Maria Valtorta dibujó el boceto con lápiz negro, a veces superpuesto con rojo y azul. Algunos nombres están dibujados con bolígrafo. En el centro está el "Templo", con "Casas apretadas", y, en un semicírculo a la izquierda: "Suburbios y casas más dispersas", todo ello rodeado por un doble círculo cuya explicación se encuentra en la parte inferior de la página: "(El círculo rojo y azul indica los muros)". En estas "murallas" se lee una "puerta" junto a la indicación "norte", y otra "puerta" al sureste. Fuera de las "murallas": "Cedrón" y "Getsemaní" al este, "Casas" dos veces al sur, "Torrente" y "Gólgota" al oeste.

Se ven las caravanas que se dirigen hacia la Puerta de Piscis. Al norte de Jerusalén, junto al Templo.

ECR 196.9 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Cuándo vamos a ir a ver a esta Mamá, Señor?» pregunta con ojos anhelantes Yabés.

«Esta tarde, cuando la veas, ¿qué le vas a decir?».

«¿Estaría bien: “Te saludo, Madre del Salvador”?».

«Muy bien» confirma Jesús mientras le acaricia.

«Pero, ¿no vamos a ir hoy al Templo?» pregunta Felipe.

«Iremos antes de salir para Betania. Y tú, ¿estarás aquí tranquilo, no?».

«Sí, Señor».

La mujer de Jonás (el arrendatario del olivar), que lentamente se ha ido acercando, dice: «¿Por qué no le llevas contigo? Lo está deseando...».

Jesús la mira fijamente y con insistencia, aunque sin decir nada.

La mujer comprende, y lo manifiesta: «¡Comprendo!... Creo que tengo todavía un pequeño manto, de Marcos. Voy a buscarlo» y, ligera, se ausenta.

Yabés, tirándole a Juan de una manga, dice: «¿Serán severos los maestros?» a lo que Juan, confortándole, contesta: «¡No, hombre, no! No tengas miedo. Y, además, no es hoy. En pocos días, con la Madre, sabrás más que un doctor».

Los demás, que lo han oído, sonríen por la preocupación de Yabés.

«Pero, ¿quién va a presentarle haciendo las veces de padre?» pregunta Mateo.

«Yo. ¡Es natural! A menos que le quiera presentar el Maestro» dice Pedro.

«No, Simón, no lo haré Yo. Te dejo este honor».

«Gracias, Maestro. Pero... vas a estar presente también Tú?».

«Ciertamente. Todos estaremos presentes: es “nuestro” niño...».

Vuelve María de Jonás con un manto color morado oscuro que todavía está en buenas condiciones. ¡Qué color! Ella misma lo dice: «Marco no lo quiso usar nunca porque no le gustaba el color».

¡Mira tú éste! ¡Es atroz! Y el pobre Yabés, con esa tez suya tan aceitunada, dentro de ese morado violento, parece un ahogado. Pero él no se ve... y se siente feliz con ese manto con que cubrirse como una persona mayor...

«La comida está lista, Maestro. La criada ha sacado ya del asador el cordero».

«Vamos, entonces».

Y, bajando del lugar en que se encuentran, entran en la amplia cocina para comer.

Detalle

Jesús acaba de hablar de la Virgen María.