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Notas del tema

Región de Galilea

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ECR 62

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús sale a orar. Su oración es muy ferviente. Pero Pedro le busca y empiezan a hablar: Jesús nos está dando una hermosa lección sobre la oración. Promete que les enseñará a rezar el Padrenuestro cuando estén formados.

Simón de Jonás explica entonces que algunas personas habían acudido a él, pero que las había echado. Jesús dice que ha venido a por todos. A Pedro le preocupa que su bondad le haga enfermar, pero Cristo se alegraría si toda la humanidad acudiera a él, y predice que el Hijo del Hombre no tendrá dónde reclinar la cabeza.

Finalmente, el Maestro pregunta de dónde han venido los que le buscaban, y dice a sus discípulos que se queden en Cafarnaún y le envíen a las multitudes, y luego volverá.

ECR 62.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

62.1 Veo a Jesús mientras sale de la casa de Pedro en Cafarnaúm haciendo el menor ruido posible. Se comprende que ha pernoctado allí para contentar a su Pedro.

Todavía es plena noche. Todo el cielo es un recamado de estrellas. El lago apenas refleja este brillar tembloroso. Más que verle se le adivina a este lago calmo que duerme bajo las estrellas, por el leve rumor del agua entre los cantos de la orilla.

Jesús deja entornada la puerta, como estaba, mira al cielo, al lago, al camino. Piensa un momento y luego se pone en marcha, no bordeando el lago, sino hacia el pueblo; lo recorre en parte en dirección a la campiña, entra en ésta, camina, se adentra, toma un senderito que se dirige hacia las primeras ondulaciones de un terreno de olivos, penetra en esta paz verde y silenciosa y allí se postra en oración.

¡Ardiente oración! Ora de rodillas. Luego, como fortificado, se pone en pie, y sigue orando, con el rostro hacia el cielo, un rostro espiritual, aún más espiritualizado por la luz naciente que proviene de una serena alba estiva. Ora, en este momento, sonriendo, mientras que antes suspiraba fuertemente como a causa de una pena moral. Ora con los brazos abiertos. Parece una viva cruz, alta, angélica, por su gran dulzura. Parece bendecir los campos todos, el día que nace, las estrellas que van desapareciendo, el lago que se manifiesta...

62.2 «¡Maestro te hemos buscado mucho! Cuando hemos vuelto con el pescado, desde afuera, hemos visto la puerta entornada, y hemos pensado que habrías salido. Pero no te encontrábamos. Al final, un campesino que estaba cargando sus cestas para llevarlas a la ciudad, nos ha dicho dónde estabas. Nosotros te llamábamos: “¡Jesús, Jesús!”, y él ha dicho: “¿Buscáis al Rabí que habla a las multitudes? Ha ido por aquel sendero, hacia arriba, hacia el monte. Debe estar en el olivar de Miqueas, porque va allí frecuentemente; le he visto otras veces”. Tenía razón. ¿Por qué has salido tan temprano, Maestro? ¿Por qué no has descansado? Quizás la cama no te resultaba cómoda...».

«No, Pedro, la cama era cómoda, y la habitación bonita. Pero Yo frecuentemente hago esto, para confortar mi espíritu y para unirme al Padre.

Detalle

En Cafarnaún había un olivar que pertenecía a un tal Miqueas.

ECR 62.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

62.4 ­¿De dónde eran estos que venían a mí?».

«De Corazín, de Betsaida, de Cafarnaúm, y hasta había quien había venido de Tiberíades y de Guerguesa, y de los muchos pueblecitos esparcidos entre una y otra ciudad».

«Id a ellos y decidles que iré a Corazín, a Betsaida y a los pueblos que están entre ambas ciudades».

«¿Por qué no Cafarnaúm?».

«Porque Yo soy para todos y todos me deben tener, y además... me está esperando el anciano Isaac... Su esperanza no debe quedar defraudada».

«¿Tú nos esperas aquí, entonces?».

«No. Me voy, y vosotros os quedáis en Cafarnaúm para encaminar hacia mí a las multitudes; Yo iré después».

«Nos quedamos solos...» — se le va afligido a Pedro —.

«No te entristezcas. Que la obediencia te alegre, y con ella la persuasión de serme un discípulo útil. Y contigo y como tú estos otros».

Pedro y Andrés con Santiago y Juan recobran la serenidad. Jesús los bendice y se separan.

Así termina la visión.

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Pedro le dice a Jesús que algunas personas han venido a verle y le pregunta:

ECR 64

El Evangelio como me ha sido revelado

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Pedro, Andrés, Juan y Santiago de Zebedeo pescaron con Zebedeo. Sin embargo, no pescaron nada, y Simón de Jonás se sintió decepcionado. Había enfermos a los que alimentar y cuidar. Lamentaba que el Maestro no estuviera allí, pero ahora el Maestro acababa de regresar. Los discípulos corrieron hacia él y le dieron cuenta de lo que habían hecho. El apóstol mayor les explicó que había guardado una bolsa que le habían dado, para que Cristo la repartiera, y también le dijo que había guardado algunos enfermos para esperar su regreso. Jesús le contestó que había hecho lo correcto.

Los niños hicieron correr la voz por toda Cafarnaún de que su gran Amigo estaba allí, y los pequeños lo rodearon: les prometió un sermón sólo para ellos. Así que el Salvador fue a una de las casas de Pedro y predicó desde allí: comentó dos versículos del Cantar de los Cantares sobre los lirios, y lo aplicó a los niños. Exhortó a todos los hombres, grandes o pobres, a ser como uno de ellos, explicándoles que el Hijo del Hombre encuentra su alegría en estos seres inocentes y sencillos.

Cuando terminó de predicar, Pedro le dijo que había algunos enfermos presentes, pero que uno de ellos no podía moverse: el Maestro le dijo que lo sacara por el tejado, y así lo hicieron. Se le presenta el paralítico del Evangelio, y todo sucede como en el relato del Nuevo Testamento. Jesús le dice que sus pecados le son perdonados, y responde a los fariseos presentes diciendo que el Hijo del Hombre tiene todos los poderes. Cura al tullido, los médicos quisquillosos se marchan y la multitud sigue jubilosa al hacedor de milagros. Una madre presenta a su hijo moribundo y Jesús lo salva. Finalmente, al salir al exterior, cura a un hombre con fiebre alta.

Una vez fuera, la gente suplicó a Cristo que diera sus enseñanzas, porque algunos no le habían oído. Jesús salió entonces en la barca de Pedro para predicar a la multitud. La visión termina ahí.

ECR 64.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«La paz descienda sobre esta casa».

La gente se apiña en la estancia grande posterior, empleada para las redes, maromas, cestos, remos, velas y provisiones. Se ve que Pedro la ha puesto a disposición de Jesús, amontonando todo en un rincón para dejar espacio libre. El lago no se ve desde aquí, sólo se oye el rumor lento de sus olas; y se ve sólo la pequeña tapia verdosa del huerto, con su vieja vid y su frondosa higuera. Hay gente hasta incluso en la calle; no cabiendo en la sala, ocupan el huerto; no cabiendo en el huerto, se quedan afuera.

ECR 64.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

64.7 Vuelve a la orilla, seguido, precedido, bendecido por muchos que le suplican: «Nosotros no te hemos oído. No podíamos entrar. Háblanos también a nosotros».

Jesús hace un gesto de aceptación y, dado que la multitud le oprime hasta casi ahogarle, monta en la barca de Pedro. No es suficiente. El asedio es sofocante. «Mete la barca en el mar y sepárate bastante».

La visión cesa aquí.

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Jesús pronunció un sermón en casa de Pedro, dedicado en particular a los niños. El sermón se encuentra en EMV 65 porque la visión está dividida en dos.

ECR 65

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús predicó en la barca de Pedro, hablando de la cosecha de primavera. Aplica su lección a las almas, diciendo que llega la sequía de Satanás, el viento helado del mundo, las ráfagas de pasión y disgusto. En todo esto se necesita vigilancia y constancia. Señalando una higuera en el jardín de Pedro, explica que el árbol ha hecho todo lo posible por sobrevivir y obedecer la voluntad de Dios, y que nosotros debemos hacer lo mismo, pues somos hijos del Señor.

Cristo nos anima a buscar la Fuerza, la Vida y la Luz, y por tanto a venir a Cristo, y nos conmina a seguir los Mandamientos, especialmente a amar.

Terminado el sermón, Jesús fue al lago a pescar. Pedro dudaba, pero obedeció. Se produjo la pesca milagrosa y Simón de Jonás exclamó que era un pecador. Jesús le dijo que le siguiera. Pedro lo dejó todo con Andrés, Santiago y Juan.

ECR 68.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Maestro, este hombre está casi ciego y quiere ver. Le he dicho que Tú puedes curarle».

«Puedo para quien tiene fe. Hombre, ¿tienes fe?».

«Yo creo en el Dios de Israel. Vengo aquí para meterme en Betesda, pero siempre hay uno que me precede».

«¿Puedes creer en mí?».

«Si creo en el ángel de la piscina, ¿no voy a creer en ti, de quien tu discípulo dice que eres el Mesías?».