Ir al contenido

Notas del tema

La Virgen María en el Evangelio tal como me fue revelada

Página 32 de 56

Comodidad de lectura

Aa

ECR 57

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús llega a Nazaret con sus apóstoles. Invita a sus discípulos a que le acompañen a casa para encontrarse con su Madre. A su llegada, Cristo es recibido por un rebaño de niños. Responde a sus preguntas y llega a su casa. Naturalmente, su Madre se alegra de verle, pero también se angustia, porque sus parientes le han contado lo que ha hecho en el Templo. Tras el reencuentro, los discípulos le conocen (excepto Juan, que ya la había conocido) y se sientan todos a la mesa. María de Alfeo está en la casa y Judas le cuenta su decisión de seguir a Jesús. Ella se alegra y el grupo comparte anécdotas sobre la vida de Jesús. La visión termina ahí.

ECR 57.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.1 Jesús llega con su primo y los seis discípulos a las proximidades de Nazaret. Desde lo alto del alcor en que se encuentran se ve — blanca entre el verde — la pequeña, linda ciudad subir y bajar por las laderas en que está construida (un dulce ondular de laderas: en unos lugares apenas perceptible; en otros, más marcado).

«Hemos llegado, amigos. Ved allí mi casa. Sale humo de ella. Mi Madre está dentro. Quizás esté haciendo el pan. No os digo que os quedéis, porque pienso que estaréis deseando llegar a casa. Pero si queréis partir conmigo el pan, y conocer a Aquella que Juan conoce, os digo: “¡Venid!”».

Los seis, que ya estaban tristes por la separación inminente, se ponen de nuevo del todo contentos y aceptan de corazón.

«Vamos, entonces».

Bajan a buen paso la pequeña colina y toman la calzada principal. Anochece. Todavía hace calor, pero ya las sombras descienden sobre los labrantíos, donde las mieses comienzan a madurar.

Entran en el pueblo. Mujeres que van y vienen de la fuente, hombres a la puerta de los minúsculos talleres o en los huertos saludan a Jesús y a Judas.

Detalle

Jesús invita a los discípulos a conocer a su Madre por primera vez (excepto Juan, que ya la conoce).

ECR 57.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.2 Así llegan a casa. Y en el umbral de la casa está ya María, avisada por un muchachito premuroso.

«¡Hijo mío!».

«¡Mamá!».

Los dos están el uno entre los brazos del otro. María, que es mucho más baja que Jesús, tiene la cabeza apoyada en la parte más alta del pecho del Hijo, y está cerrada en el círculo de sus brazos. Él la besa sobre el pelo rubio. Entran en casa.

Los discípulos, incluido Judas, se quedan afuera, para que se sientan libres en estas primeras muestras de afecto.

«¡Jesús! ¡Hijo mío!». María habla con voz trémula como la de quien tiene las lágrimas en la garganta.

«¿Por qué, Mamá, estás así?».

«¡Hijo! Me han dicho... En el Templo aquel día había galileos, nazarenos... Han vuelto... y han contado... ¡Hijo!...».

«¡Pero tú, Mamá, ya ves que estoy bien! No he sufrido ningún mal. Sólo ha sido glorificado Dios en su Casa».

«Sí. Lo sé, Hijo de mi corazón. Sé que ha sido como el toque que llama a los que duermen. Y por la gloria de Dios yo me alegro... me alegro de que este pueblo mío se despierte a Dios... Yo no te lo reprocho... no te pongo obstáculos... te comprendo... y... y estoy contenta... pero te he engendrado, yo, ¡Hijo mío!...».

María está todavía en el círculo de los brazos de Jesús y ha hablado teniendo las manitas abiertas y apoyadas sobre el pecho del Hijo, con la cabeza alzada hacia Él, los ojos más brillantes por el llanto que está para rebosarlos; y ahora calla, volviendo a apoyar la cabeza en el pecho de su Hijo. Parece una tortolita gris, vestida como está de pardo-grisáceo, amparada por dos fuertes alas de candor, porque Jesús está todavía con su vestidura y manto blancos.

«¡Mamá! ¡Pobre Mamá! ¡Mi querida Mamá!...». Jesús la vuelve a besar.

Detalle

Jesús y sus discípulos llegan a Nazaret y van a casa de la Sagrada Familia.

ECR 57.3.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.3 Luego dice: «Bueno, ¿ves? Estoy aquí y no estoy solo. Me he traído a mis primeros discípulos, y otros están en Judea. También el primo Judas está conmigo y me sigue...».

«¿Judas?».

«Sí, Judas. Sé por qué te asombras. Claro, entre los que han referido el hecho estaban Alfeo y sus hijos... y no yerro diciendo que me han criticado. Pero no tengas miedo. Hoy así, mañana de otra forma. Al hombre se le debe cultivar como a la tierra, y donde hay espinos salen rosas. Judas, a quien tú amas, está ya conmigo».

«¿Dónde está ahora?».

«Ahí afuera con los otros. ¿Tienes pan para todos?».

«Sí, Hijo. María de Alfeo está sacándolo del horno. María es muy buena conmigo, especialmente ahora».

«Dios la glorificará». Sale a la puerta y llama: «¡Judas! ¡Aquí está tu madre! ¡Amigos, venid!».

(...) Acude María de Alfeo, roja y llena de harina, y saluda a Jesús, el cual la bendice; luego conduce a los seis al huerto, a la pila, y vuelve feliz. «¡Oh, María!» le dice a la Virgen. «Judas me lo ha dicho. ¡Qué contenta estoy! Por Judas y por ti, cuñada mía. Sé que los otros me reprobarán. Pero no me importa. Seré feliz el día en que sepa que todos son de Jesús. Nosotras, madres, sabemos... sentimos lo que es bueno para los hijos. Y yo siento que el bien de los míos eres Tú, Jesús».

Jesús le acaricia la cabeza sonriéndole.

Detalle

Jesús ha vuelto a encontrar a su Madre. Escucha y luego le toca hablar.

ECR 57.3-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Amigos, venid!».

Entran y saludan. Judas besa a María y luego corre a buscar a su madre.

Jesús nombra a los cinco: Pedro, Andrés, Santiago, Natanael, Felipe; porque Juan, a quien María ya conocía, la ha saludado inmediatamente después de Judas, inclinándose y recibiendo su bendición.

57.4 María los saluda y los invita a sentarse. Es la señora de la casa y, aun adorando con la mirada a su Jesús — parece que el alma continúe hablando, por los ojos, con el Hijo — se ocupa de los huéspedes. Querría llevar agua para que repusieran fuerzas. Pero Pedro salta: «No, Mujer. No puedo permitirlo. Tú siéntate junto a tu Hijo, Madre santa. Voy yo. Ahora vamos al huerto, a refrescarnos».

Acude María de Alfeo, roja y llena de harina, y saluda a Jesús, el cual la bendice; luego conduce a los seis al huerto, a la pila, y vuelve feliz. «¡Oh, María!» le dice a la Virgen. «Judas me lo ha dicho. ¡Qué contenta estoy! Por Judas y por ti, cuñada mía. Sé que los otros me reprobarán. Pero no me importa. Seré feliz el día en que sepa que todos son de Jesús. Nosotras, madres, sabemos... sentimos lo que es bueno para los hijos. Y yo siento que el bien de los míos eres Tú, Jesús».

Jesús le acaricia la cabeza sonriéndole.

Vuelven los discípulos y María de Alfeo sirve pan fragante, aceitunas y queso. Trae una pequeña ánfora de vino tinto. Jesús llena los vasos de sus amigos. Es siempre Jesús quien ofrece, y luego distribuye.

57.5 Un poco azorados al principio, los discípulos se sienten más seguros y hablan de sus casas, del viaje a Jerusalén, de los milagros acaecidos. Se sienten llenos de celo y de afecto, y Pedro trata de hacer de María una aliada para obtener que Jesús los tome en seguida sin previa espera en Betsaida.

Ella, con una suave sonrisa los exhorta: «Haced todo lo que Él dice. Esta espera os granjeará más beneficios que una unión inmediata. Mi Jesús todo lo que hace lo hace bien».

La esperanza de Pedro muere. Pero se resigna con elegancia. Sólo pregunta: «¿Durará mucho la espera?».

Jesús le mira sonriéndole, pero no dice nada más.

María interpreta esa sonrisa como un signo benévolo, y dice: «Simón de Jonás, Él sonríe... por eso yo te digo: ligero como vuelo de golondrina será el tiempo de tu espera obediente».

«Gracias, Mujer».

57.6 «¿No hablas, Judas? ¿Y tú, Juan?».

«Te miro, María».

«Yo también».

«También yo os miro y... ¿Sabéis?... me viene a la mente una hora lejana. También entonces tenía siempre tres pares de ojos fijos en mi rostro con amor. ¿Te acuerdas, María, de mis tres discípulos?».

«¡Ah, que si me acuerdo!... ¡Es cierto! También ahora tres, de la misma edad más o menos, te miran con todo su amor. Y éste, Juan, creo, me parece el Jesús de entonces, tan rubio y rosado, y el más joven».

Los otros se muestran deseosos de saber. Recuerdos y anécdotas fluyen con el tiempo en las palabras. Cae la noche.

«Amigos, Yo no tengo habitaciones. Pero allí está el taller donde trabajaba. Si queréis cobijaros allí... Sólo están los bancos».

«Cama cómoda para pescadores habituados a dormir en estrechos tablones. Gracias, Maestro. Dormir bajo tu techo es honor y santificación».

Se retiran despidiéndose efusivamente. También Judas se retira con su madre; van a su casa.

En esta habitación quedan Jesús y María, sentados sobre el arca, a la luz de la lamparita, un brazo en el hombro del otro, y Jesús cuenta, y María escucha, dichosa, trémula, contenta...

La visión termina así.

Detalle

María tiene una discusión con Pedro y le da un consejo parecido al de Caná: "Haced lo que él os diga".

ECR 57.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.5 Un poco azorados al principio, los discípulos se sienten más seguros y hablan de sus casas, del viaje a Jerusalén, de los milagros acaecidos. Se sienten llenos de celo y de afecto, y Pedro trata de hacer de María una aliada para obtener que Jesús los tome en seguida sin previa espera en Betsaida.

Ella, con una suave sonrisa los exhorta: «Haced todo lo que Él dice. Esta espera os granjeará más beneficios que una unión inmediata. Mi Jesús todo lo que hace lo hace bien».

La esperanza de Pedro muere. Pero se resigna con elegancia. Sólo pregunta: «¿Durará mucho la espera?».

Jesús le mira sonriéndole, pero no dice nada más.

María interpreta esa sonrisa como un signo benévolo, y dice: «Simón de Jonás, Él sonríe... por eso yo te digo: ligero como vuelo de golondrina será el tiempo de tu espera obediente».

«Gracias, Mujer»

ECR 57.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.6 «¿No hablas, Judas? ¿Y tú, Juan?».

«Te miro, María».

«Yo también».

«También yo os miro y... ¿Sabéis?... me viene a la mente una hora lejana. También entonces tenía siempre tres pares de ojos fijos en mi rostro con amor. ¿Te acuerdas, María, de mis tres discípulos?».

«¡Ah, que si me acuerdo!... ¡Es cierto! También ahora tres, de la misma edad más o menos, te miran con todo su amor. Y éste, Juan, creo, me parece el Jesús de entonces, tan rubio y rosado, y el más joven».

Los otros se muestran deseosos de saber. Recuerdos y anécdotas fluyen con el tiempo en las palabras. Cae la noche. (...)

Detalle

El parecido de Juan con Jesús.

ECR 59.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Yo soy Jesús de José de la tribu de David, nacido en Belén Efratá, según las promesas, llamado nazareno porque tengo casa en Nazaret. Esto según el mundo. Según Dios soy su Mensajero.»

ECR 68.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Éste es, Maestro, el magistrado».

«La paz sea contigo. Solicito enseñar, entre los rabíes de Israel, a Israel».

«¿Eres rabí?».

«Lo soy».

«¿Quién fue tu maestro?».

«El Espíritu de Dios, que me habla con su sabiduría y me ilumina cada una de las palabras de los Textos Santos».

«¿Eres más que Hil.lel, Tú, que sin maestro afirmas que sabes toda doctrina? ¿Cómo puede uno formarse si no hay uno que le for­me?».

«Como se formó David, pastorcito ignorante que llegó a ser rey poderoso y sabio por voluntad del Señor».

«Tu nombre».

«Jesús de José de Jacob, de la estirpe de David, y de María de Joa­quín, de la estirpe de David, y de Ana de Aarón; María, la Virgen que casó en el Templo, porque era huérfana, el Sumo Sacerdote, según la ley de Israel».

«¿Quién lo prueba?».

«Todavía debe haber aquí levitas que se acuerden de ese hecho, coetáneos de Zacarías de la clase de Abías, pariente mío. Pregúntaselo a ellos, si dudas de mi sinceridad».

«Te creo. ¿Pero quién me prueba que sepas enseñar?».

«Escúchame y podrás juzgar por ti mismo».

«Si quieres puedes enseñar... Pero... ¿no eres nazareno?».

«Nací en Belén de Judá en tiempos del censo ordenado por el César. Proscritos a causa de disposiciones injustas, los hijos de David están por todas partes. Pero la estirpe es de Judá».

«Ya sabes... los fariseos... toda Judea... respecto a Galilea...».

«Lo sé. No temas. En Belén vi la luz por primera vez, en Belén Efratá de donde viene mi estirpe; si ahora vivo en Galilea es sólo para que se cumpla lo que está escrito...».

El magistrado se aleja unos metros acudiendo a una llamada.

ECR 68.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Tu nombre».

«Jesús de José de Jacob, de la estirpe de David, y de María de Joa­quín, de la estirpe de David, y de Ana de Aarón; María, la Virgen que casó en el Templo, porque era huérfana, el Sumo Sacerdote, según la ley de Israel».