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Notas del tema

¿Quién es Jesús?

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ECR 17

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : La desobediencia de Eva y la obediencia de María

Fecha de los dictados : Domingo 5 de marzo de 1944 (EMV 17.1 a 17.7) y miércoles 8 de marzo de 1944 (EMV 17.8 a 17.21)

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: Jesús pronuncia su primer dictado. Parte del Génesis y explica cuál debía ser el dominio del hombre: debía dominar la carne, pero también el carácter moral y espiritual. A continuación, Cristo habla del alma y de las discusiones que podríamos tener con ella, y luego vuelve específicamente a la Caída de Adán y Eva. También habla de Lucifer y del origen del Mal.

En un segundo dictado, María habla de sus diversas alegrías en el momento de la Anunciación. La alegría de ser madre. La alegría de ser aquella por la que la paz reconcilió el cielo y la tierra. La alegría de haber hecho feliz a Dios. Alegría como creyente en un Dios lleno de alegría. La Madre de Cristo habló entonces de la desobediencia de Eva y de la obediencia que la Inmaculada practicó en cada ocasión. Ella pronunció su Fiat en cada ocasión e invitó a María a ser un trampolín para que otras almas se elevaran hacia Dios.

Finalmente, Jesús dio un último dictado. Tras dirigirse a los que no acogen la Obra o se muestran escépticos ante ella, vuelve sobre el árbol de la ciencia del bien y del mal y le da una connotación simbólica. El Maestro también se detiene en la condena de Adán y Eva, que puede parecer demasiado severa. El Salvador se detiene en el fruto prohibido, así como en la Plenitud de la Gracia.

Contenido del capítulo: 17.1: Pregunta a tu alma por las verdades celestiales. 17.2 : El hombre fue llamado a dominarlo todo. 17.3 : El nacimiento del mal en Lucifer. 17.4 : La procreación querida por Dios. 17.5 : Satanás despierta la carne en Eva que no se vuelve al Padre. 17.6 : Una condena mayor pesa sobre la mujer. 17.7 : La gracia contra las tres concupiscencias. 17.8 : Mi espíritu se alegra. 17.9 : No sabía que estaba sin mancha. 17.10 : La alegría de ser madre de un hombre y de Dios. 17.11 : La alegría de haber hecho feliz a Dios. 17.12 : La desobediencia de Eva y sus consecuencias. 17.13: Obedecí con alegría y con dolor. 17.14: Mi "sí" borró el "no" de Eva al mandato de Dios. 17.15: Ser trampolín para que otros logren caminar hacia la Cruz. 17.16: El árbol metafórico o simbólico. 17.17: La gravedad del primer pecado. 17.18: El amor de los hombres debía ser sin lujuria. 17.19: Eva creyó a Satanás y deseó lo que no era bueno sin remordimiento. 17.20: Recibe la Luz. 17.21 : Las bestias salvajes te superan en la honestidad de sus amores.

ECR 21.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En vez de Sara, aparece, en la parte alta de una escalera adosada a un lado de la casa, una mujer ya muy anciana, ya llena de arrugas, con el pelo muy canoso — pero que ha debido ser negrísimo, a juzgar por lo negras que tiene las pestañas y las cejas y por el color moreno de su cara —. Contrasta en modo extraño, con su visible vejez, su estado, ya muy patente, a pesar de la ropa amplia y suelta que lleva. Mira protegiéndose los ojos de la luz con la mano. Reconoce a María. Levanta los brazos hacia el cielo con una exclamación de asombro y de alegría, y se apresura, en la medida en que puede, hacia abajo al encuentro de la recién llegada. Y María — cuyos movimientos son siempre moderados — esta vez se echa a correr rápida como un cervatillo y llega al pie de la escalera al mismo tiempo que Isabel. Y recibe en su pecho con viva efusión de afecto a su prima, que, al verla, llora de alegría.

Permanecen abrazadas un momento. Luego Isabel se separa con una exclamación de dolor y alegría al mismo tiempo, y se lleva las manos al abultado vientre. Agacha la cabeza, palideciendo y sonrojándose alternativamente. María y el sirviente extienden los brazos para sujetarla, pues ella vacila como si se sintiera mal.

Pero Isabel, después de un minuto de estar como recogida dentro de sí, alza su rostro, tan radiante que parece rejuvenecido, mira a María sonriendo con veneración como si estuviera viendo un ángel y se inclina en un intenso saludo diciendo: «¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bendito el Fruto de tu vientre! (lo dice así, dos frases bien separadas) ¿Cómo he merecido que venga a mí, sierva tuya, la Madre de mi Señor? Sí, ante el sonido de tu voz, el niño ha saltado en mi vientre como jubiloso, y cuando te he abrazado el Espíritu del Señor me ha dicho una altísima verdad en el corazón. ¡Dichosa tú, porque has creído que a Dios le fuera posible lo que posible no aparece a la humana mente! ¡Bendita tú, que por tu fe harás realidad lo que te ha sido predicho por el Señor y fue predicho a los Profetas para este tiempo! ¡Bendita tú, por la Salud que engendras para la estirpe de Jacob! ¡Bendita tú, por haber traído la Santidad a este hijo mío que siento saltar de júbilo en mi vientre como cabritillo alborozado porque se siente liberado del peso de la culpa, llamado a ser el precursor, santificado antes de la Redención por el Santo que se está desarrollando en ti!».

María, con dos lágrimas como perlas, que le bajan desde los risueños ojos hasta la boca sonriente, el rostro alzado hacia el cielo, levantados también los brazos, en la posición que luego tantas veces tendrá su Jesús, exclama: «El alma mía magnifica a su Señor» y continúa el cántico como nos ha sido transmitido. Al final, en el versículo: «Ha socorrido a Israel, su siervo etc»., recoge las manos sobre el pecho y se arrodilla muy curvada hacia el suelo adorando a Dios.

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Un anciano dejó entrar a María en casa de Isabel y Zacarías y llamó a su mujer Sara.

ECR 22.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

22.2 He sufrido mucho. Tú no sufres...».

«Yo no. Nunca me he sentido tan bien».

«¡Ya! ¡Claro! En ti no hay mancha, si Dios te ha elegido para ser Madre suya. Por tanto, no estás sujeta a los sufrimientos de Eva. El Fruto concebido en ti es santo».

«Es como si tuviera un ala en el corazón y no un peso; es como llevar dentro todas las flores y todas las avecillas que cantan en primavera, y toda la miel y todo el sol... ¡Oh, me siento dichosa!».

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Elisabeth habla de su embarazo.

ECR 22.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Qué nombre más hermoso! ¡El Nombre del Hijo de Dios, Salvador nuestro!».

«¡Oh..., Isabel!». María revela una expresión tristísima y ha aferrado las manos que su parienta tenía cruzadas sobre el vientre abultado. «Dime, tú que, cuando yo llegué, fuiste investida del Espíritu del Señor y que profetizaste lo que el mundo ignora. Dime, ¿qué tendrá que hacer para salvar al mundo mi Criatura? Los Profetas... ¡Oh!... ¡Los Profetas que hablan del Salvador!... Isaías... ¿recuerdas Isaías! “Él es el Varón de los dolores. Por sus moretones recibimos la salud. Él ha sido traspasado y está llagado por nuestras iniquidades... Plugo al Señor quebrantarle con dolores... Tras la condena fue levantado...” ¿De qué elevación habla? Le llaman Cordero, y yo pienso... yo pienso en el cordero pascual, el cordero mosaico, y concateno esto con la serpiente que Moisés levantó en una cruz. ¡Isabel!... ¡Isabel! ¿Qué le harán a mi Criatura? ¿Qué tendrá que sufrir para salvar al mundo?». María se echa a llorar.

Isabel la quiere consolar diciendo: «María, no llores. Es tu Hijo, pero también es Hijo de Dios. Dios se preocupará de su Hijo y de ti, que eres su Madre. Si bien es cierto que muchos le tratarán cruelmente, también lo es que otros muchos le amarán. ¡Muchos!... Por los siglos de los siglos. El mundo dirigirá su mirada al que de ti nacerá y, junto con Él, te bendecirá a ti, que eres Manantial de redención. ¡La suerte de tu Hijo! Proclamado Rey de toda la creación. Piensa en esto, María. Rey, por haber rescatado toda la creación; como tal, será su Rey universal. Y también en la tierra, en el tiempo, será amado. El que nacerá de mí precederá al tuyo y le amará. Se lo dijo el ángel a Zacarías. Él me lo escribió...»

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María revela el nombre de Jesús a Isabel.

ECR 22.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Me encargo yo de hilar y tejer para ti y para tu niño. Yo soy rápida y veo bien».

«Pero tendrás que ocuparte del tuyo...».

«¡Bueno, hay tiempo de sobra!... Primero me ocuparé de ti, que ya vas a tener pronto al pequeñuelo; luego de mi Jesús».

Decirle lo dulce de la expresión y voz de María, decirle cómo se aljofara su ojo de un suave, dichoso llanto, cómo Ella sonríe al pronunciar este Nombre, mirando al cielo luminoso y azul, es superior a las posibilidades humanas. Parece como si el éxtasis la arrobara por el solo hecho de pronunciar «Jesús».

Isabel dice: «¡Qué nombre más hermoso! ¡El Nombre del Hijo de Dios, Salvador nuestro!».

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María e Isabel están hablando. Isabel habla de tejer ropa para su hijo y María dice:

Palabras clave

ECR 22.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡La suerte de tu Hijo! Proclamado Rey de toda la creación. Piensa en esto, María. Rey, por haber rescatado toda la creación; como tal, será su Rey universal. Y también en la tierra, en el tiempo, será amado.

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Isabel habló con María y le dijo:

ECR 22.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Mi Niño, mi Jesús! ¿Cómo será?».

«Tan guapo como tú, María».

«¡Oh, no! ¡Más guapo! Él es Dios, yo soy su sierva. Me refería a si será rubio o moreno, si tendrá los ojos como el cielo sereno o como los de los ciervos de las montañas. Yo me le imagino más hermoso que un querubín, de cabellos rizados y color oro; los ojos del color de nuestro mar de Galilea cuando las estrellas empiezan a asomarse al confín del cielo; una boquita pequeñina y roja como el corte de una granada apenas abierta por el sol que la madura; sus mejillas, un rosáceo como éste de esta pálida rosa; dos manitas que, de lo pequeñitas y lindas que serán, podrán estar dentro de la corola de una azucena; dos piececitos que podrían caberme en el hueco de la mano, más delicados y lisos que un pétalo de flor. Mira, yo pongo en la idea que me he hecho de Él todo lo que de hermoso me sugiere la tierra. Ya oigo su voz. Cuando llore — un poco llorará por hambre o por sueño mi Niño, y ello causará siempre un gran dolor a su Mamá, que no podrá, no, no podrá oírle llorar sin sentirse traspasar el corazón —, cuando llore, su voz será como ese balido que ahora oímos, de corderito de pocas horas que está buscando la mama y el calor de la lana materna para dormir. En la risa, en esa risa que llenará de cielo mi corazón, enamorado de mi Criatura — puedo estar enamorada de Él porque es mi Dios, y amarle con amor de enamorada no es contravenir a mi consagrada virginidad —, en la risa, su voz será como el zurear jubiloso de este pichoncito, contento porque ha comido, satisfecho en el nido calentito. Pienso en Él dando sus primeros pasos... un pajarillo saltando en un prado florido. El prado será el corazón de su Mamá, que estará bajo sus piececitos de rosa con todo su amor para que no encuentre nada que le produzca dolor. ¡Cuánto le voy a querer a mi Niño, a mi Hijo!»

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María dijo a Isabel:

ECR 22.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Ya oigo su voz. Cuando llore — un poco llorará por hambre o por sueño mi Niño, y ello causará siempre un gran dolor a su Mamá, que no podrá, no, no podrá oírle llorar sin sentirse traspasar el corazón —, cuando llore, su voz será como ese balido que ahora oímos, de corderito de pocas horas que está buscando la mama y el calor de la lana materna para dormir.

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María habla de Jesús llorando como un niño.

ECR 22.7-8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Cuánto le voy a querer a mi Niño, a mi Hijo! ¡Y también José le amará!».

«Sí, pero tendrás que decírselo también a José».

Se le nubla el rostro a María, que suspira. «Tendré que decírselo... Yo habría querido que se lo dijera el Cielo, porque es muy difícil de decir».

«¿Quieres que se lo diga yo? Le llamamos para la circuncisión de Juan...».

«No. Mira, he dejado en manos de Dios la tarea de instruirle — y lo hará — acerca del feliz destino de nutricio del Hijo de Dios. El Espíritu me dijo aquella tarde: “Guarda silencio. Déjame a mí la tarea de justificarte”. Y lo hará. Dios no miente nunca. Es una gran prueba, pero con la ayuda del Eterno será superada. De mi boca, ninguno — aparte de ti, a quien el Espíritu se lo ha revelado — debe saber lo que la benevolencia del Señor ha hecho a su sierva».

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María habla de su hijo y dice: