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Notas de la palabra clave

Profecías de personajes en la EMV

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Comodidad de lectura

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ECR 3.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

3.4 ­La noche está cada vez más poblada de estrellas y las luces son cada vez más numerosas en el campamento. Luego muchas luces se van poco a poco apagando: son los primeros que han cenado, que ahora se echan a dormir. Va disminuyendo también lentamente el rumor de la gente. No se oyen ya voces de niños. Sólo resuena la vocecita de algún lactante buscando la leche de su mamá. La noche exhala su brisa sobre las cosas y las personas, y borra penas y recuerdos, esperanzas y rencores. Bueno, quizás estos dos sobrevivan, aun cuando hayan quedado atenuados, durante el sueño, en los sueños.

Ana está meciendo a Alfeo, que empieza a dormirse en sus brazos. Entonces cuenta a su marido el sueño que ha tenido: «Esta noche he soñado que el próximo año voy a venir a la Ciudad Santa para dos fiestas en vez de para una sola. Una será el ofrecimiento de mi hijo al Templo... ¡Oh! ¡Joaquín!...».

«Espéralo, espéralo, Ana. ¿No has oído alguna palabra? ¿El Señor no te ha susurrado al corazón nada?».

«Nada. Un sueño sólo...».

«Mañana es el último día de oración. Ya se han efectuado todas las ofrendas. No obstante, las renovaremos solemnemente mañana. Persuadiremos a Dios con nuestro fiel amor. Yo sigo pensando que te sucederá como a Ana de Elcana».

«Dios lo quiera... ¡Si hubiera, ahora mismo, alguien que me dijera: “Vete en paz. El Dios de Israel te ha concedido la gracia que pides”!...».

«Si ha de venir la gracia, tu niño te lo dirá revirándose por primera vez en tu seno. Será voz de inocente y, por tanto, voz de Dios».

Anotación

Sigo pensando que te ocurrirá lo mismo que a Ana de Elcana. Referencia a 1 Samuel 1:1-20

- Que Dios me lo conceda... y que pronto oiga una voz que me diga: "Vete en paz. El Dios de Israel te ha concedido el favor que le pediste. Referencia a 1 Samuel 1, 17. Esta referencia a Ana de Elcana se retoma en el Volumen 1, capítulo 5, página 25 (EMV 4).

Primer libro de Samuel 1, 1-20

Sa 1, 1-20 : Había un hombre de Ramataim-Sofim, en la región montañosa de Efraín, llamado Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliu, hijo de Thohu, hijo de Suph, efrateo. Tuvo dos mujeres, una de las cuales se llamaba Ana, y la otra Fenna; y Fenna tuvo hijos, pero Ana no tuvo hijos. Este hombre subía de su ciudad todos los años para adorar al Señor de los ejércitos y ofrecerle sacrificios en Silo. Allí estaban los dos hijos de Helí, Ofni y Finees, sacerdotes de Yahvé. El día que Elcana ofreció su sacrificio, dio porciones del sacrificio a Fenna, su mujer, y a todos sus hijos e hijas; y a Ana le dio una porción doble, porque amaba a Ana, y Yahvé la había hecho estéril. Y su rival lo afligió sobremanera, para amargárselo porque Yahvé la había hecho estéril. Así lo hacía Elcana todos los años, cada vez que ella subía a la casa de Yahvé, y Fenna la mortificaba de la misma manera. Entonces ella lloró y no comió nada. Su marido Elcana le dijo: "Ana, ¿por qué lloras y no comes? ¿Por qué está triste tu corazón? ¿No soy yo mejor para ti que diez hijos?

Ana se levantó después de que hubieron comido y bebido en Silo. - Helí, el sumo sacerdote, estaba sentado en una silla frente a una de las columnas del Templo de Yahvé. - Con el alma amargada, oró a Yahvé y derramó muchas lágrimas; e hizo un voto, diciendo: "Yahvé de los ejércitos, si te dignas mirar la aflicción de tu sierva, si te acuerdas de mí y no te olvidas de tu sierva, y si le das a tu sierva un hijo varón, se lo daré a Yahvé todos los días de su vida, y la navaja no pasará sobre su cabeza." Mientras permanecía largo rato en oración ante Yahvé, Helí observó su boca. Ana hablaba en su corazón y sólo movía los labios, pero su voz no se oía. Helí pensó que estaba borracha y le dijo: "¿Hasta cuándo estarás borracha? Pásate el vino". Ana respondió: "No, señor mío, soy una mujer afligida en su corazón; no he bebido vino ni licor embriagador, sino que he derramado mi alma ante Yahvé. No pienses que tu sierva es una mujer de Belial, pues he hablado hasta aquí en medio de mi pena y mi dolor. Helí volvió a hablar y le dijo: "¡Vete en paz, y que el Dios de Israel responda a la oración que le has hecho!". Ella respondió: "¡Que tu sierva encuentre gracia ante tus ojos! Y la mujer siguió su camino; comió, y su rostro ya no era el mismo. Se levantaron temprano por la mañana, adoraron a Yahvé y volvieron a su casa de Ramá. Elcana conoció a Ana, su mujer, y Yavé se acordó de ella. Cuando se cumplió el tiempo, Ana concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Samuel, "porque -dijo- se lo pedí a Yahvé."

ECR 4.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

4.4 ¿Cómo la llamaremos a esta criatura nuestra que, dulce como canción de aguas, siento que me habla en el seno con su corazoncito, latiendo, latiendo, como el de una tortolita entre los huecos de las manos?».

«Si es varón, le llamaremos Samuel; si es niña, Estrella, la palabra que ha detenido tu canto para darme esta alegría de saber que soy padre, la forma que ha tomado para manifestarse entre las sagradas sombras del Templo».

«Estrella. Nuestra Estrella, porque... no lo sé, pero creo que es una niña. Pienso que unas caricias tan delicadas no pueden provenir sino de una dulcísima hija. Porque no la llevo yo, no me produce dolor; es ella la que me lleva por un sendero azul y florido, como si ángeles santos me sostuvieran y la tierra estuviera ya lejana... Siempre he oído decir a las mujeres que el concebir y el llevar al hijo en el seno supone dolor, pero yo no lo siento. Me siento fuerte, joven, fresca; más que cuando te entregué mi virginidad en la lejana juventud. Hija de Dios — porque es más de Dios que nuestra, siendo así que nacerá de un tronco aridecido — que no da dolor a su madre; sólo le trae paz y bendición: los frutos de Dios, su verdadero Padre».

«Entonces la llamaremos María. Estrella de nuestro mar, perla, felicidad, el nombre de la primera gran mujer de Israel. Pero no pecará nunca contra el Señor, que será el único al que dará su canto, porque ha sido ofrecida a Él como hostia antes de nacer».

«Está ofrecida a Él, sí. Sea niño o niña nuestra criatura, se la daremos al Señor, después de tres años de júbilo con ella. Nosotros seremos también hostias, con ella, para la gloria de Dios».

Detalle

La elección del nombre de Marie. Habla Anne, su madre.

ECR 5.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

5.2 ­«¿Sientes dolor?».

«No. Siento la misma gran paz que experimenté en el Templo cuando se me otorgó la gracia, y que luego volví a sentir otra vez al saber que era madre. Es como un éxtasis. Es un dulce dormir del cuerpo, mientras el espíritu exulta y se aplaca con una paz sin parangón humano. Yo te he amado, Joaquín, y, cuando entré en tu casa y me dije: “Soy esposa de un justo”, sentí paz, como todas las otras veces que tu próvido amor se prodigaba en mí. Pero esta paz es distinta. Creo que es una paz como la que debió invadir, como una deleitosa unción de aceite, el espíritu de Jacob, nuestro padre, después de su sueño de ángeles. O semejante, más bien, a la gozosa paz de los Tobías tras habérseles manifestado Rafael. Si me sumerjo en ella, al saborearla, crece cada vez más. Es como si yo ascendiera por los espacios azules del cielo... y, no sé por qué, pero, desde que tengo en mí esta alegría pacífica, hay un cántico en mi corazón: el del anciano Tobit. Me parece como si hubiera sido compuesto para esta hora... para esta alegría... para la tierra de Israel que es su destinataria... para Jerusalén, pecadora, mas ahora perdonada... bueno... no os riáis de los delirios de una madre... pero, cuando digo: “Da gracias al Señor por tus bienes y bendice al Dios de los siglos para que vuelva a edificar en ti su Tabernáculo”, yo pienso que aquel que reedificará en Jerusalén el Tabernáculo del Dios verdadero, será este que está para nacer... y pienso también que, cuando el cántico dice: “Brillarás con una luz espléndida, todos los pueblos de la tierra se postrarán ante ti, las naciones irán a ti llevando dones, adorarán en ti al Señor y considerarán santa tu tierra, porque dentro de ti invocarán el Gran Nombre. Serás feliz en tus hijos porque todos serán bendecidos y se reunirán ante el Señor. ¡Bienaventurados aquellos que te aman y se alegran de tu paz!...”, cuando dice esto, pienso que es profecía no ya de la Ciudad Santa, sino del destino de mi criatura, y la primera que se alegra de su paz soy yo, su madre feliz...».

Detalle

Anne está a punto de dar a luz.

Anotación

Libro de Génesis 28, 12

Gén 28, 12 : Y soñó un sueño: he aquí que una escalera estaba puesta sobre la tierra, y su extremo superior llegaba hasta el cielo; y he aquí que sobre ella subían y descendían los ángeles de Dios, y en su extremo superior estaba Yahvé.

Libro de Tobías 12, 15-21

Tob 12, 15-21 : "Yo soy el ángel Rafael, uno de los siete que están delante del Señor. "Al oír estas palabras, se aterrorizaron y cayeron al suelo con el rostro tembloroso. El ángel les dijo: "¡Paz a vosotros! No temáis. Porque cuando estaba con vosotros, estaba allí por voluntad de Dios; así que bendecidle y cantad sus alabanzas. Os parecía que comía y bebía con vosotros, pero me alimentaba de un alimento invisible y de una bebida que el ojo del hombre no alcanza. Ha llegado, pues, la hora de que vuelva al que me envió; pero vosotros, bendecid a Dios y proclamad todas sus maravillas. "Cuando hubo dicho esto, se ocultó a su vista y ya no pudieron verle. Entonces, postrados con el rostro en tierra durante tres horas, bendijeron a Dios, se levantaron y contaron todas sus maravillas.

Libro de Tobías 13, 1-18

Tb 13, 1-18 : El viejo Tobías abrió la boca y bendijo al Señor, diciendo: "Tú eres grande, Señor, en toda la eternidad, y tu reino se extiende a todas las edades. Porque castigas y salvas, conduces a la tumba y sacas de ella, y no hay nadie que escape a tu mano. Dad gracias al Señor, hijos de Israel, y alabadle ante las naciones. Porque él os ha dispersado entre las naciones que no le conocen, para que les contéis sus maravillas y les hagáis saber que no hay otro Dios Todopoderoso sino sólo él. Nos ha castigado por nuestras iniquidades, y nos salvará por su misericordia. Considerad cómo nos ha tratado, y bendecidle con temor y temblor, y glorificad con vuestras obras al Rey de los siglos.

En cuanto a mí, quiero bendecirlo en este país donde estoy cautivo, porque él ha hecho brillar su gloria sobre una nación criminal. Arrepentíos, pues, pecadores, y haced justicia ante Dios, confiando en que él tendrá misericordia de vosotros. En cuanto a mí, me alegraré en él con toda mi alma. Bendecid al Señor, pueblo elegido; celebrad días de alegría y cantad sus alabanzas.

Jerusalén, ciudad de Dios, el Señor te ha castigado por las obras de tus manos. Glorifica al Señor con tus buenas obras y bendice al Dios de los siglos, para que construya en ti su santuario, para que vuelva a llamar a ti a todos los cautivos y para que te alegres por los siglos de los siglos. Brillarás con luz resplandeciente y te adorarán todas las naciones de la tierra. Las naciones vendrán a ti desde tierras lejanas, trayendo regalos; adorarán al Señor dentro de tus muros, y considerarán tu tierra como un santuario; porque invocarán el gran Nombre en medio de ti. Malditos los que te desprecien, condenados los que te blasfemen; benditos los que te edifiquen. Y te alegrarás por tus hijos, porque todos ellos serán bendecidos y reunidos al Señor. Bienaventurados todos los que te aman y se regocijan en tu paz.

Bendice, alma mía, al Señor, porque él, el Señor, nuestro Dios, ha librado a su ciudad Jerusalén de todas sus angustias. Feliz seré si aún queda descendencia de mi raza para ver el esplendor de Jerusalén. Las puertas de Jerusalén se construirán con zafiros y esmeraldas, y todo el muro de sus murallas con piedras preciosas. Piedras blancas inmaculadas formarán el pavimento de sus plazas, y cantarán en sus calles: ¡Aleluya! Bendito sea el Señor que ha dado a Jerusalén esta gloria, y que reine sobre ella por los siglos de los siglos. Amén. "

ECR 5.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Es la estrella» dice. «Su signo está en el cielo. ¡María, arco de paz! ¡María, estrella mía! ¡María, Luna pura! ¡María, perla nuestra!».

«¿María la llamas?».

«Sí. María, estrella y perla y luz y paz...».

«Pero también quiere decir amargura... ¿No temes acarrearle alguna desventura?».

«Dios está con Ella. Es suya desde antes de que existiera. Él la conducirá por sus vías y toda amargura se transformará en paradisíaca miel. Ahora sé de tu mamá... todavía un poco, antes de ser toda de Dios...».

Detalle

La elección del nombre de Marie. Habla Anne, su madre.

ECR 6.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

6.4 Zacarías dice en voz baja unas palabras a su compañero de ministerio, el cual, sonriendo, da señales de asentimiento y luego se acerca al grupo, rehecho de nuevo, y, congratulándose con la madre y el padre por su gozo y por su fidelidad a las promesas, recibe el segundo cordero, la harina y las tortas.

«Entonces ¿esta hija está consagrada al Señor? Que su bendición os acompañe a Ella y a vosotros. Mirad, ahí viene Ana. Va a ser una de sus maestras. Ana de Fanuel, de la tribu de Aser. Ven, mujer. Esta pequeñuela ha sido ofrecida al Templo como hostia de alabanza. Tú serás para ella maestra. A tu amparo crecerá santa».

Detalle

María es presentada en el Templo y el sacerdote que celebra la ceremonia se entera de que la niña será consagrada al Señor cuando tenga tres años.

ECR 6.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

6.5 ­«Querría dar mi ofrenda al Templo e ir al lugar en que el año pasado vi la luz» dice Ana.

Ana de Fanuel va con ellos. No entran en el Templo propiamente dicho. Es natural que, siendo mujeres y tratándose de una niña, no vayan ni siquiera a donde fue María para ofrecer a su Hijo. Pero, eso sí, desde muy cerquita de la puerta, que está abierta de par en par, miran hacia el semioscuro interior del que vienen dulces cantos de niñas y en el que brillan ricas lámparas, que expanden luz de oro sobre dos cuadros de flores de cabecitas veladas de blanco, dos verdaderos cuadros de azucenas.

«Dentro de tres años estarás ahí, Azucena mía» le promete Ana a María, que mira como embelesada hacia el interior y sonríe al oír el lento canto.

«Parece como si entendiera» dice Ana de Fanuel. «¡Es una niña muy bonita! La querré como si fuera fruto de mis entrañas. Te lo prometo, madre. Si la edad me lo concede».

«Te lo concederá, mujer» dice Zacarías. «La recibirás entre las niñas consagradas. Yo también estaré presente. Quiero estar ese día para decirle que pida por nosotros desde el primer momento...». y mira a su mujer, la cual, habiendo comprendido, suspira.

Detalle

Ana acaba de purificarse. Al final de la ceremonia, ella dice:

ECR 7.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

7.5 Querría también ser pecadora, muy pecadora, si no temiera ofender al Señor... Dime, mamá, ¿puede una ser pecadora por amor a Dios?».

«Pero, ¿qué dices, tesoro? No entiendo».

«Quiero decir: pecar para poder ser amada por Dios hecho Salvador. Se salva a quien está perdido, ¿no es verdad? Yo querría ser salvada por el Salvador para recibir su mirada de amor. Para esto querría pecar, pero no cometer un pecado que le disgustase. ¿Cómo puede salvarme si no me pierdo?».

Ana está atónita. No sabe ya qué decir.

Viene en su ayuda Joaquín, el cual, caminando sobre la hierba, se ha ido acercando, sin hacer ruido, por detrás del seto de sarmientos bajos. «Te ha salvado antes porque sabe que le amas y quieres amarle sólo a Él. Por ello tú ya estás redimida y puedes ser virgen como quieres» dice Joaquín.

«¿Sí, padre mío?». María se abraza a sus rodillas y le mira con las claras estrellas de sus ojos, muy semejantes a los paternos, y muy dichosos por esta esperanza que su padre le da.

«Verdaderamente, pequeño amor. Mira, yo te traía este pequeño gorrión que en su primer vuelo había ido a posarse junto a la fuente. Habría podido dejarlo, pero sus débiles alas no tenían fuerza para elevarlo en nuevo vuelo, ni sus patitas de seda para fijarlo a las musgosas piedras, que resbalaban. Se habría caído en la fuente. No he esperado a que esto sucediera. Lo he cogido y ahora te lo regalo. Haz lo que quieras con él. El hecho es que ha sido salvado antes de caer en el peligro. Lo mismo ha hecho Dios contigo. Ahora, dime, María: ¿he amado más al gorrión salvándolo antes, o lo habría amado más salvándolo después?».

«Ahora lo has amado, porque no has permitido que se hiciera daño con el agua helada».

«Y Dios te ha amado más, porque te ha salvado antes de que tú pecaras».

«Pues entonces yo le amaré completamente, completamente. Gorrioncito bonito, yo soy como tú. El Señor nos ha amado de la misma manera, salvándonos... Ahora voy a criarte y luego te dejaré suelto. Tú cantarás en el bosque y yo en el Templo las alabanzas del Señor, y diremos: “Envía a tu Prometido, envíaselo a quien espera”.

Detalle

María de niña ha decidido ser virgen por amor a Dios, y espera ser la esclava de la Madre de Dios. Luego añade:

Anotación

¿Se puede ser pecador por amor a Dios? (...) ¿Cómo puede salvarme si no me pierdo a mí mismo?

Esta relación paradójica entre el pecado y el amor agradecido al Redentor se encuentra en el Exultet de Pascua: ¡Bendito el pecado del hombre, que ha traído al mundo en angustia al único Salvador!

San Pablo también cultiva esta paradoja por amor a sus hermanos: Yo mismo quisiera ser anatema de los judíos, mis hermanos de raza, separados de Cristo (Romanos 9,3).

ECR 10.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

10.4 ­Conozco mi destino. La Ley secular de Israel quiere de toda niña una esposa y de toda esposa una madre. Pero yo, no sin obedecer a la Ley, obedezco a la Voz que me dice: “Yo te quiero par mí”, y permaneceré siempre virgen. ¿Cómo podré hacerlo? Esta dulce, invisible Presencia que está conmigo me ayudará, porque ella desea eso. Yo no temo. Ya no tengo ni padre ni madre... y sólo el Eterno sabe cómo en ese dolor se quemó cuanto yo tenía de humano. Ardió con dolor atroz. Ahora sólo tengo a Dios. A Él, por tanto, le presto obediencia ciegamente... Lo habría hecho incluso contra el padre y la madre, porque la Voz me enseña que quien quiere seguirla debe pasar por encima del padre y de la madre, amorosas patrullas de ronda en torno a los muros del corazón filial, al que quieren conducir a la alegría según sus caminos... y no saben que hay otros caminos de infinita alegría. Yo les habría dejado los vestidos y el manto, con tal de seguir la Voz que me dice: “¡Ven, dilecta mía, esposa mía!”. Les habría dejado todo; y las perlas de las lágrimas — porque habría llorado por tener que desobedecer —, y los rubíes de mi sangre — que hasta a la muerte habría desafiado por seguir la Voz que llama — les habrían dicho que hay algo más grande que el amor de un padre y una madre, y más dulce: la Voz de Dios. Pero ahora su voluntad me ha dejado libre incluso de este lazo de piedad filial. Ya de por sí no habría habido lazo. Eran dos justos, y Dios, ciertamente, hablaba en ellos como me habla a mí. Habrían seguido la justicia y la verdad. Cuando pienso en ellos, pienso que están en la quietud de la espera entre los Patriarcas, y acelero con mi sacrificio la venida del Mesías para abrirles las puertas del Cielo. En la tierra yo me rijo, o sea, es Dios quien rige a su pobre sierva diciéndole sus preceptos, y yo los cumplo, porque cumplirlos es mi alegría. Cuando llegue la hora, le diré a mi esposo mi secreto... y él lo acogerá en su interior».

«Pero, María... ¿con qué palabras le vas a persuadir? Tendrás en contra el amor de un hombre, la Ley y la vida».

«Tendré conmigo a Dios... Dios abrirá a la luz el corazón de mi esposo... la vida perderá sus aguijones de sentido para ser pura flor con perfume de caridad.»

Detalle

En este pasaje, María habla de su futuro esposo, al que aún no conoce.

ECR 10.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¡Cuánta Sangre tendrá que derramar para redimirnos el Salvador! ¡Cuánta! De los miles de heridas que Isaías vio en el Hombre de dolores, cae, cual rocío de un recipiente poroso, una lluvia de Sangre. ¡Que no caiga en el lugar de la profanación y la blasfemia esta Sangre divina, sino en copas de fragante pureza que la acojan y recojan, para luego esparcirla sobre los enfermos del espíritu, sobre los leprosos del alma, sobre los muertos a Dios! ¡Dad azucenas, azucenas dad para enjugar, con la cándida vestidura de los pétalos puros, los sudores y las lágrimas del Cristo! ¡Dad azucenas, azucenas dad para el ardor de su fiebre de Mártir! ¡Oh, ¿dónde estará esa Azucena que te lleva dentro; dónde, la que aplacará la quemazón que padeces; dónde, la que se pondrá roja con tu Sangre y morirá por el dolor de verte morir; dónde, la que llorará ante tu Cuerpo desangrado?! ¡Oh, Cristo, Cristo, suspiro mío!...

ECR 11.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Obedezco, Sacerdote; pero, dime tú cómo debo actuar... No tengo ni padre ni madre.Sé tú mi guía».

«Dios te dará el esposo, y será santo, dado que en Dios te abandonas. Lo que harás será manifestarle tu voto».

«¿Y aceptará?».

«Espero que sí. Ora, hija, para que él pueda comprender tu corazón. Ahora puedes marcharte. Que Dios te acompañe siempre».