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Notas del tema

La vida pública de Jesucristo en la EMV

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Comodidad de lectura

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ECR 55

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Andrés, Pedro, Santiago y Juan, Bartolomé, Felipe y Tomás están en casa de Jonás, el guardián de Getsemaní. Tomás cuenta cómo volvió al lugar. Jesús le preguntó y le pidió que se quedara. El apóstol se alegró, y Jesús aprovechó la ocasión para dar al grupo apostólico una lección sobre la hospitalidad. Pedro refunfuñó e hizo algunas observaciones, diciendo que los que son acogidos no siempre tienen buenas intenciones, y el Señor le replicó. Luego pidió a Tomás que fuera a buscar a Simón el Zelote a los sepulcros, y que lo acompañara hasta que se purificara. Volverían a encontrarse más tarde. En cuanto a Judas, le anima a no ir a verle ni siquiera a buscar su presencia.

Pedro volvió a refunfuñar y Cristo le preguntó por qué. Simón de Jonás le señaló entonces que daba misiones a los que acababan de llegar, pero no a los primeros discípulos que le habían seguido. El Maestro sonrió ante sus palabras y le señaló que, si no daba tales misiones, era porque las conocía y estaba seguro de ellas. Pero Cristo los estimaba tanto que tomó a sus primeros apóstoles "sin exigiros pruebas y sin sentir la necesidad de daros ninguna". Pedro se tranquilizó y pidió perdón. Jesús, por su parte, le pidió que no discutiera sobre los lugares y los méritos de cada uno. El Redentor les recordó que él mismo era el siervo del hombre, por lo que les recordó que debían permanecer humildes.

Por último, Jesús entrega a Tomás el retrato de Simón el Zelote. Sólo queda encontrarlo...

ECR 55.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«El camino es largo, está oscura la noche, las patrullas romanas están por la ciudad. Yo te digo: si quieres, quédate con nosotros».

«¡Oh..., Maestro!». Se le ve feliz a Tomás.

«Haced un hueco vosotros. Y dadle todos algo al hermano». Por su parte, Jesús le da la porción de queso que tenía delante. Explica a Tomás: «Somos pobres y la cena casi se ha terminado. Pero hay mucho corazón en quien da». Y a Juan, que está sentado a su lado, le dice: «Cédele el puesto al amigo».

Juan se levanta en seguida y va a sentarse en la esquina de la mesa, cerca del dueño de la casa.

«Siéntate, Tomás. Come».

55.2 Y luego dice a todos: «Esto haréis siempre, amigos, por ley de caridad. La Ley de Dios, ya de por sí, protege al peregrino. Pero ahora, en mi nombre, le deberéis amar más aún. Cuando uno en nombre de Dios os pida un pan, un sorbo de agua, un lugar donde cobijarse, en nombre de Dios debéis dárselo. Y Dios os recompensará. Esto debéis hacerlo con todos. También con los enemigos. Ésta es la Ley nueva. Hasta ahora se os había dicho: “Amad a los que os aman y odiad a los enemigos”. Yo os digo: “Amad también a los que os odian”. ¡Si supierais cómo os amará Dios si amáis como Yo os digo! Y si uno dijere: “Quiero ser compañero vuestro en servir al Señor Dios verdadero y en seguir a su Cordero”, entonces debéis quererle más que a un hermano de sangre, porque estaréis unidos por un vínculo eterno: el del Cristo».

«Pero, ¿si te topas con uno que no es sincero? Decir: “Quiero hacer esto o aquello” es fácil. Pero no siempre la palabra refleja la verdad» dice Pedro más bien enfadado. No sé, no se le ve con su habitual humor jovial.

«Pedro, escucha. Hablas con sensatez y justicia. Pero, mira: mejor es pecar de bondad y de confianza que de desconfianza y dureza. Si haces el bien a un indigno, ¿qué mal te acarreará ello? Ninguno. Antes bien, el premio de Dios para ti permanecerá siempre activo, mientras que él recibirá el demérito de haber traicionado tu confianza».

«¿Ningún mal, ¡eh!? A veces quien es indigno no se conforma con la ingratitud, sino que va más allá, y llega incluso a difamar, a dañar el patrimonio y la vida misma».

«Cierto. Pero ¿esto disminuirá tu mérito? No. Aunque todo el mundo creyera las calumnias, aunque te quedaras en la ruina más que Job, aunque el cruel te quitase la vida, ¿qué cambiaría a los ojos de Dios? Nada. O, más bien, sí, habría un cambio, pero en favor tuyo. Dios, a los méritos de la bondad, uniría los méritos del martirio intelectual, financiero, físico...».

«¡Bien, bien! Será así». Pedro no habla más. Malhumorado como está, tiene la cabeza apoyada en la mano.

Detalle

Jesús habla con Tomás y luego le da una lección sobre la hospitalidad.

ECR 55.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

55.4 Pedro masculla unas palabras. Jesús oye.

«Pedro, ¿qué te pasa? ¿Callas o murmuras? Pareces descontento. ¿Por qué?».

«Me siento descontento. Nosotros somos los primeros y Tú no nos ofreces un milagro. Nosotros somos los primeros y Tú sientas a tu lado a un extraño. Nosotros somos los primeros y Tú le confías a él una misión y no a nosotros. Nosotros somos los primeros y... sí, exactamente, y parecemos los últimos. ¿Por qué los esperas en el camino del río? Para confiarles alguna misión, claro. ¿Por qué a ellos y no a nosotros?».

Jesús le mira. No se muestra airado. Hasta incluso sonríe como se le sonríe a un muchacho. Se levanta, va lentamente hacia Pedro, le pone la mano en el hombro y dice sonriendo: «¡Pedro, Pedro, eres un niño grande, un niño mayor!»; y a Andrés, que está sentado junto a su hermano, le dice: « Ponte donde Yo estaba sentado», y se sienta al lado de Pedro, le coge del hombro y le habla, estrechándole contra su costado: «Pedro, a ti te parece que Yo cometo injusticia, pero no es injusticia lo que hago; antes bien, es una prueba de que sé lo que valéis. Mira. ¿Quién necesita pruebas? Quien todavía no está seguro. Ahora bien, Yo os sabía tan seguros de mí, que no he sentido la necesitad de daros pruebas de mi poder. Aquí, en Jerusalén, hacen falta pruebas; aquí, donde el vicio, la irreligión, la política, tantas cosas del mundo, ofuscan los espíritus hasta el punto de que no pueden ver la Luz que pasa. Pero allí, en nuestro hermoso lago, tan puro bajo un cielo puro, allí entre gente honesta y deseosa de bien, no son necesarias las pruebas. Tendréis milagros. A ríos derramaré sobre vosotros las gracias. Pero — mira lo que os he estimado — Yo os he tomado conmigo sin exigir pruebas y sin sentir la necesidad de daros pruebas, porque sé quiénes sois. Amados, muy amados, y muy fieles a mí».

Pedro se calma: «Perdóname, Jesús».

«Sí, te perdono porque tu gesto de enojo es amor. Pero acaba con la envidia, Simón de Jonás. ¿Sabes qué es el corazón de tu Jesús? ¿Has visto alguna vez el mar, el verdadero mar? ¿Sí? Pues bien, ¡mi corazón es mucho más amplio que el ancho mar! Y en él hay lugar para todos, para toda la humanidad. Y el más pequeño tiene, como el más grande, un lugar. Y el pecador, como el inocente, encuentra amor en él. A éstos les encargo una misión. Seguro. ¿Me quieres prohibir el darla? Yo os he elegido, no vosotros. Por tanto puedo, libremente, juzgar cómo emplearos. Y si a éstos les dejo aquí con una misión — que también puede ser una prueba, como puede ser misericordia el espacio de tiempo dejado al Iscariote — ¿puedes reprochármelo? ¿Sabes si a ti no te reservo una más grande? ¿Y no es la más hermosa la de oír que te digo: “Tú vendrás conmigo”?».

«¡Es cierto, es cierto! ¡Soy un animal! Perdón...».

«Sí, todo, todo el perdón. ¡Oh, Pedro!... Pero os ruego a todos: no discutáis nunca por los méritos o por los puestos. Habría podido nacer rey; he nacido pobre, en un establo. Podría haber sido rico; he vivido del trabajo, y ahora de la caridad. Y, no obstante, creedlo amigos, no hay nadie más grande que Yo a los ojos de Dios; que Yo que estoy aquí: siervo del hombre».

«¿Siervo Tú? ¡No, jamás!».

«¿Por qué, Pedro?».

«Porque yo te serviré».

«Aunque me sirvieras como una madre sirve a su pequeñuelo, Yo he venido para servir al hombre. Seré su Salvador. ¿Qué servicio puede ser comparado a éste?».

«¡Maestro, Tú lo explicas todo, y lo que parecía oscuro se torna claro en seguida!».

«¿Contento ahora, Pedro? Entonces déjame terminar de hablar con Tomás.»

Detalle

Jesús encomendó una misión a Tomás, que acababa de unirse al grupo apostólico, y Pedro refunfuñó.

ECR 56

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Cerca del vado del Jordán, María ve a Tomás, Judas de Alfea y Simón el Zelote. Llevan tres días esperando a Jesús en este lugar, y Judas les asegura que si su primo ha prometido reunirse con ellos aquí, lo hará. Judas habla de su relación con Jesús, explicando que es su primo, que era el preferido de José y que creció muy cerca de la Virgen María. El hombre de Nazaret también habla de las divisiones en su familia, pero ahora quiere seguir a Cristo. Lo único que lamenta es que los padres puedan ser enemigos de sus hijos. Simón el Zelote suspira ante este comentario, pero Tomás revela que su padre le había animado a seguir al Mesías.

Por fin llegó Jesús. Judas revela entonces su intención de seguir a su Maestro, y Cristo le da la bienvenida: también le confirma que, en efecto, es lícito seguir al Señor, pues "no hay nada por encima de Dios".

Tras felicitar a Tomás por su obediencia y fidelidad, Jesús dirige su atención a Simón el Zelote. Le pide que le siga y ambos hablan de sus parientes, de su padre y de la enfermedad que había padecido. El Maestro une entonces a Simón el Zelote y a Judas, el uno sin hijos a causa de su enfermedad, el otro habiendo perdido a su padre al seguir al Señor. Por el momento, sin embargo, les dio a cada uno una misión. Tomás debía evangelizar en Judea. Judas evangelizaría Nazaret. Pedro, Santiago, Juan, Andrés, Felipe y Bartolomé volvieron a sus barcas, a Cafarnaún y Betsaida.

ECR 56.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

56.3 «¿Has estado siempre con Él?».

«Siempre. Desde que volvió a Nazaret fue conmigo un buen compañero. Siempre juntos. Somos de la misma edad, yo un poco mayor. Y además yo era el preferido de su padre, hermano del mío. También su Madre me quería mucho. He crecido más con Ella que con la mía».

«Te quería... ¿Ya no te quiere lo mismo?».

«¡Oh, sí!, pero nos hemos desligado un poco desde que Él se ha hecho profeta. A mi familia no le gusta».

«¿Qué familia?».

«Mi padre y los dos mayores. El otro está en duda... Mi padre es muy anciano y no he tenido corazón para llevarle la contraria. Pero ahora... Ya no más. Ahora yo voy a donde me llevan el corazón y la mente. Voy con Jesús. No creo ofender a la Ley actuando así. Y... si no fuera justo lo que quiero hacer, Jesús me lo diría. Haré lo que Él dice. ¿Le es lícito a un padre ponerle obstáculos a un hijo en el camino del bien? Si yo siento salvación en ello, ¿por qué impedirme conseguirla? ¿Por qué los padres algunas veces nos son enemigos?».

Simón suspira como por tristes recuerdos y baja la cabeza, pero no habla.

Sin embargo, Tomás responde: «Yo ya he superado la dificultad. Mi padre me ha escuchado y me ha comprendido. Me ha bendecido diciendo: “Ve. Que esta Pascua signifique para ti liberación de la esclavitud de una espera. Dichoso tú que puedes creer. Yo espero. Mas si es Él — y lo sabrás siguiéndole — vuelve a tu anciano padre para decirle: ‘Ven. Israel ya tiene al Esperado’ ”».

«Eres más afortunado que yo. ¡Y pensar que hemos vivido a su lado!... Y no creemos, ¡nosotros los de la familia!... ¡Y decimos, o sea, ellos dicen: “Ha perdido el juicio”!...

Detalle

Simón el Zelote preguntó a Judas si siempre había acompañado a Cristo.

ECR 56.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Traducción en curso

Palabras clave

ECR 56.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Tú también, Judas, primo mío?».

Se abrazan. Judas llora.

«¿Por qué este llanto?».

«¡Jesús... yo quiero estar contigo!».

«Te he esperado siempre. ¿Por qué no has venido?».

Judas baja la cabeza y calla.

«¡No han querido! ¿Y ahora?».

«Jesús, yo... yo no puedo obedecerlos a ellos. Quiero obedecerte sólo a ti».

«Yo no te he mandado nada».

«No, Tú no. ¡Pero es tu misión la que manda! Es Aquel que te ha enviado quien habla aquí, en el centro de mi corazón, y me dice: “Ve a Él”. Es Aquella que te ha engendrado y que ha sido para mí maestra suave quien, con su mirada de paloma, me dice, sin usar palabras: “¡Sé de Jesús!”. ¿Puedo no tener en cuenta esa voz excelsa que me traspasa el corazón? ¿Esa oración de santa que ciertamente me suplica para mi bien? ¿Sólo porque soy primo por parte de José, no debo conocerte por lo que eres, mientras que el Bautista te ha conocido — y no te había visto jamás — aquí, en las orillas de este río y te ha proclamado “Cordero de Dios”? Y yo, yo que he crecido contigo, yo que me he hecho bueno siguiéndote a ti, yo que he venido a ser hijo de la Ley por mérito de tu Madre y que de Ella he aspirado no los seiscientos trece preceptos de los rabíes, además de la Escritura y las oraciones, sino el espíritu de éstas... ¿Es que no voy a ser capaz de nada?».

«¿Y tu padre?».

«¿Mi padre? No le falta pan ni asistencia, y además... Tú me das ejemplo. Tú has pensado en el bien del pueblo más que en el pequeño bien de María. Y Ella está sola. Dime Tú, Maestro mío, ¿no es lícito, acaso, sin faltarle al respeto, decirle a un padre: “Padre, yo te quiero. Pero, por encima de ti está Dios, y a Él le sigo”?».

«Judas, pariente y amigo mío, Yo te lo digo: vas muy adelante en el camino de la Luz. Ven. Sí, es lícito hablarle al padre así cuando es Dios quien llama. Nada está por encima de Dios. Incluso las leyes de la sangre cesan, o sea, se subliman, porque con nuestras lágrimas los ayudamos más a los padres, a las madres, y por algo más eterno que no lo cotidiano del mundo. Los llevamos con nosotros al Cielo y, por la misma vía del sacrificio de los afectos, a Dios. Quédate pues, Judas. Te he esperado y me siento contento de volverte a tener, amigo de mi vida nazarena».

Se le ve conmovido a Judas.

ECR 56.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¿Sólo porque soy primo por parte de José, no debo conocerte por lo que eres, mientras que el Bautista te ha conocido — y no te había visto jamás — aquí, en las orillas de este río y te ha proclamado “Cordero de Dios”?

Detalle

Judas habló con Jesús y le dijo:

ECR 56.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Y tú, Judas, primo, ven conmigo y con éstos. Tú de todas formas te quedarás en Nazaret».

«¿Por qué, Jesús?».

«Porque debes prepararme mi camino en mi tierra. ¿Consideras pequeña esta misión? En verdad no hay una más grave...». Jesús suspira.

«¿Y lo lograré?».

«Sí y no. Pero todo será suficiente para quedar justificados».

«¿De qué? ¿Y ante quién?».

«Ante Dios. Ante la propia tierra. Ante la familia. No podrán censurarnos por haber ofrecido el bien. Y si la patria y la familia lo desdeñan, nosotros no tendremos culpa de su daño».

ECR 57

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús llega a Nazaret con sus apóstoles. Invita a sus discípulos a que le acompañen a casa para encontrarse con su Madre. A su llegada, Cristo es recibido por un rebaño de niños. Responde a sus preguntas y llega a su casa. Naturalmente, su Madre se alegra de verle, pero también se angustia, porque sus parientes le han contado lo que ha hecho en el Templo. Tras el reencuentro, los discípulos le conocen (excepto Juan, que ya la había conocido) y se sientan todos a la mesa. María de Alfeo está en la casa y Judas le cuenta su decisión de seguir a Jesús. Ella se alegra y el grupo comparte anécdotas sobre la vida de Jesús. La visión termina ahí.