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Notas del tema

La vida pública de Jesucristo en la EMV

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Comodidad de lectura

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ECR 57.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Los niños se apiñan en torno a Jesús.

«¿Has vuelto?».

«¿Ahora te quedas aquí?».

«Se me ha roto otra vez la rueda de la carretilla».

«¿Sabes, Jesús? Tengo una nueva hermana y le han puesto de nombre María».

«El maestro me ha dicho que sé todo y que soy un verdadero hijo de la Ley».

«Sara no está porque tiene a su mamá muy enferma. Llora porque tiene miedo».

«Mi hermano Isaac se ha casado. Han hecho una gran fiesta».

Jesús escucha, acaricia, encomia, promete ayuda.

ECR 57.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.2 Así llegan a casa. Y en el umbral de la casa está ya María, avisada por un muchachito premuroso.

«¡Hijo mío!».

«¡Mamá!».

Los dos están el uno entre los brazos del otro. María, que es mucho más baja que Jesús, tiene la cabeza apoyada en la parte más alta del pecho del Hijo, y está cerrada en el círculo de sus brazos. Él la besa sobre el pelo rubio. Entran en casa.

Los discípulos, incluido Judas, se quedan afuera, para que se sientan libres en estas primeras muestras de afecto.

«¡Jesús! ¡Hijo mío!». María habla con voz trémula como la de quien tiene las lágrimas en la garganta.

«¿Por qué, Mamá, estás así?».

«¡Hijo! Me han dicho... En el Templo aquel día había galileos, nazarenos... Han vuelto... y han contado... ¡Hijo!...».

«¡Pero tú, Mamá, ya ves que estoy bien! No he sufrido ningún mal. Sólo ha sido glorificado Dios en su Casa».

«Sí. Lo sé, Hijo de mi corazón. Sé que ha sido como el toque que llama a los que duermen. Y por la gloria de Dios yo me alegro... me alegro de que este pueblo mío se despierte a Dios... Yo no te lo reprocho... no te pongo obstáculos... te comprendo... y... y estoy contenta... pero te he engendrado, yo, ¡Hijo mío!...».

María está todavía en el círculo de los brazos de Jesús y ha hablado teniendo las manitas abiertas y apoyadas sobre el pecho del Hijo, con la cabeza alzada hacia Él, los ojos más brillantes por el llanto que está para rebosarlos; y ahora calla, volviendo a apoyar la cabeza en el pecho de su Hijo. Parece una tortolita gris, vestida como está de pardo-grisáceo, amparada por dos fuertes alas de candor, porque Jesús está todavía con su vestidura y manto blancos.

«¡Mamá! ¡Pobre Mamá! ¡Mi querida Mamá!...». Jesús la vuelve a besar.

Detalle

Jesús y sus discípulos llegan a Nazaret y van a casa de la Sagrada Familia.

ECR 57.3.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

57.3 Luego dice: «Bueno, ¿ves? Estoy aquí y no estoy solo. Me he traído a mis primeros discípulos, y otros están en Judea. También el primo Judas está conmigo y me sigue...».

«¿Judas?».

«Sí, Judas. Sé por qué te asombras. Claro, entre los que han referido el hecho estaban Alfeo y sus hijos... y no yerro diciendo que me han criticado. Pero no tengas miedo. Hoy así, mañana de otra forma. Al hombre se le debe cultivar como a la tierra, y donde hay espinos salen rosas. Judas, a quien tú amas, está ya conmigo».

«¿Dónde está ahora?».

«Ahí afuera con los otros. ¿Tienes pan para todos?».

«Sí, Hijo. María de Alfeo está sacándolo del horno. María es muy buena conmigo, especialmente ahora».

«Dios la glorificará». Sale a la puerta y llama: «¡Judas! ¡Aquí está tu madre! ¡Amigos, venid!».

(...) Acude María de Alfeo, roja y llena de harina, y saluda a Jesús, el cual la bendice; luego conduce a los seis al huerto, a la pila, y vuelve feliz. «¡Oh, María!» le dice a la Virgen. «Judas me lo ha dicho. ¡Qué contenta estoy! Por Judas y por ti, cuñada mía. Sé que los otros me reprobarán. Pero no me importa. Seré feliz el día en que sepa que todos son de Jesús. Nosotras, madres, sabemos... sentimos lo que es bueno para los hijos. Y yo siento que el bien de los míos eres Tú, Jesús».

Jesús le acaricia la cabeza sonriéndole.

Detalle

Jesús ha vuelto a encontrar a su Madre. Escucha y luego le toca hablar.

ECR 58

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús está en Cafarnaún: va a pescar con Pedro y Andrés. Juan y Santiago están en la otra barca.

Pedro explica su trabajo a Cristo, que hace una analogía con las almas. Explica que una falta no es irreparable en sí misma, pero que la acumulación de faltas puede convertirse en un hábito e incluso en un vicio capital. Debemos estar siempre vigilantes para evitar caer en el pecado.

Simón de Jonás pregunta si el Padre no será demasiado duro con él, y Jesús le asegura que no lo será con Pedro, el hombre nuevo. También asegura a Andrés su amor, y habla de todos los discípulos que vendrán después de ellos, mencionando el Reino de los Cielos y la abundante pesca que hará el Salvador. También anima a su apóstol a no tener celos, porque todos tienen un lugar en su corazón. Pedro quedó conmovido por sus palabras; en cuanto a Andrés, Jesús le habló de su bendita muerte.

Juan llega entretanto y revela que un ciego ha venido para ser curado por Cristo. Jesús quiere curarlo enseguida y, en respuesta a los pensamientos de Pedro, que se entristece ante la idea de no tener un buen partido, le asegura la ayuda de Dios siempre que sea caritativo.

Finalmente, el Señor curó al ciego. Y fue una curación muy hermosa.

ECR 58.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

58.3 Jesús le pregunta a un apóstol: «¿Tendremos buena pesca?».

«Es el tiempo propicio. El agua está tranquila y habrá claro de luna. Los peces subirán a la superficie desde las capas profundas y mi red los arrastrará».

«¿Vamos solos?».

«¡Maestro! ¿Cómo crees que podemos ir solos con este sistema de redes?».

«No he ido nunca a pescar y espero que tú me enseñes». Jesús baja despacito hacia el lago y se detiene en la orilla de arena gruesa y guijarrosa, cerca de la barca.

«Mira, Maestro: se hace así. Yo salgo al lado de la barca de Santiago de Zebedeo, y se va hasta el punto adecuado, así, emparejados. Después se echa la red. Un extremo lo tenemos nosotros; Tú lo quieres tener ¿no?, eso me has dicho».

«Sí, si me explicas lo que tengo que hacer».

«No hay más que vigilar el descenso, que la red baje despacio y sin formar nudos; lentamente, porque estaremos en aguas de pesca y un movimiento demasiado brusco puede alejar a los peces; y sin nudos para no cerrar la red, que se debe abrir como una bolsa, o una vela, si lo prefieres, hinchada por el viento. Luego, cuando toda la red haya bajado, remaremos despacio, o iremos con vela según la necesidad, describiendo un semicírculo sobre el lago, y cuando la vibración de la cabilla de seguridad nos diga que la pesca es buena, nos dirigiremos a tierra firme, y allí, casi en la orilla — no antes, para no correr el riesgo de ver huir la pesca; no después, para no dañar ni a los peces ni la red con las piedras — sacamos la red. En ese momento hace falta tacto, porque las barcas deben acercarse tanto que desde una se pueda retirar el extremo de la red dado a la otra, pero no chocarse para no aplastar la bolsa llena de pescado.

58.4 Atención, Maestro, es nuestro pan. Ojo a la red; que no se descomponga con las sacudidas de los peces. Defienden su libertad con fuertes coletazos, y si son muchos... entiendes... son animales pequeños, pero cuando se juntan diez, cien, mil, adquieren una fuerza como la de Leviatán».

«Como sucede con las culpas, Pedro. En el fondo, una no es irreparable. Pero si uno no tiene cuidado en limitarse a esa una y acumula, acumula, acumula, sucede que al final esa pequeña culpa (quizás una simple omisión, una simple debilidad) se hace cada vez más grande, se transforma en un hábito, se hace vicio capital. Algunas veces se empieza por una mirada concupiscente, y se termina consumando un adulterio. Algunas veces se comienza por una falta de caridad de palabra hacia un pariente, y se termina en un acto violento contra el prójimo. ¡Ay si se empieza y se deja que las culpas aumenten de peso con su número!... Llegan a ser peligrosas y opresoras como la misma Serpiente infernal, y arrastran al abismo de la Gehena».

«Tienes razón, Maestro... Pero, ¡somos tan débiles...!».

«Vigilancia y oración para ser fuertes y obtener ayuda, y firme voluntad de no pecar, luego una gran confianza en la amorosa justicia del Padre».

ECR 59.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

59.6 «¿No te parece que eres audaz al profesarte representante de Dios? Ninguno de los Profetas se atrevió a tanto y Tú... ¿Quién eres Tú, que así hablas?, y ¿por orden de quién hablas?».

«Los Profetas no podían decir de sí mismos lo que Yo digo de mí. ¿Que quién soy? El Esperado, el Prometido, el Redentor. Ya le habéis oído decir a su Precursor: “Preparad el camino del Señor... El Señor Dios viene... Como un pastor apacentará a su rebaño, aun siendo el Cordero de la verdadera Pascua”. Entre vosotros están los que han oído del Precursor estas palabras, y han visto el cielo resplandecer por una luz que bajaba en forma de paloma, y han oído una voz que hablaba diciendo quién era Yo. ¿Que por orden de quién hablo? De Aquel que es y que me envía».

«Tú puedes decir lo que quieras, pero quién nos dice que no seas un mentiroso o un iluso. Tus palabras son santas, pero algunas veces Satanás profiere palabras engañosas teñidas de santidad para inducir al error. Nosotros no te conocemos».

«Yo soy Jesús de José de la tribu de David, nacido en Belén Efratá, según las promesas, llamado nazareno porque tengo casa en Nazaret. Esto según el mundo. Según Dios soy su Mensajero.»

ECR 59.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

59.6 «¿No te parece que eres audaz al profesarte representante de Dios? Ninguno de los Profetas se atrevió a tanto y Tú... ¿Quién eres Tú, que así hablas?, y ¿por orden de quién hablas?».

«Los Profetas no podían decir de sí mismos lo que Yo digo de mí. ¿Que quién soy? El Esperado, el Prometido, el Redentor. Ya le habéis oído decir a su Precursor: “Preparad el camino del Señor... El Señor Dios viene... Como un pastor apacentará a su rebaño, aun siendo el Cordero de la verdadera Pascua”. Entre vosotros están los que han oído del Precursor estas palabras, y han visto el cielo resplandecer por una luz que bajaba en forma de paloma, y han oído una voz que hablaba diciendo quién era Yo. ¿Que por orden de quién hablo? De Aquel que es y que me envía».

ECR 60

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Pedro pide a Jesús que vaya a su casa de Cafarnaúm (que en realidad es la casa de su mujer y su suegra). Su suegra estaba enferma y Simón pidió a su Maestro que la curara. Jesús fue allí y se encontró con las cuñadas de Pedro. Una de ellas les contó que su suegra tenía mucha fiebre y ya no comía. El médico llegó a decir que iba a morir. Pero Jesús entró en la habitación y obró un milagro. Sorprendida, la suegra de Simón ni siquiera pensó en dar las gracias al Maestro, o al menos no hasta que fue demasiado tarde. Pedro se quedó estupefacto y Jesús le dijo que dejara hacer. Le dijo que habría otros así, y que incluso había habido uno en Nazaret, cuando había salvado a la madre de la niña Sara. Pedro no soporta que la gente no ame a Cristo, pero Cristo le dice que habrá muchas más animadversiones, entre ellas la de los "santos" que desprecian a los publicanos, prostitutas, paganos y pecadores, aunque éstos les superarán.

La suegra de Pedro regresa y les ofrece una comida. Reprocha a su yerno y Jesús le anima a volver a vivir en la casa de Cafarnaún. También vendrán Juan y Santiago, que son compañeros.

Finalmente, aparece el niño Santiago y entrega una bolsa de un desconocido. Pedro quiso saber de quién se trataba, pero el niño guardó silencio... Y lo mismo hizo Jesús.

ECR 61

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús cuenta una parábola sobre el caballo amado del rey. Habla de la voluntad del hombre, del Hijo enviado por el Padre para salvar a su amada criatura. La gente dice a Jesús que, ante tal actitud, el caballo debe volver a Dios, pues su rey quiere el bien para él, y Jesús les anima a seguir la respuesta que le han dado.

Entonces Jesús quiere dar el óbolo. Aparecen un jorobado (que no se atrevió a pedir el milagro) y un anciano que ha venido a suplicar la curación de su hija, postrada en cama. Jesús los curó.

También a una mujer de 27 años, con siete hijos, a la que no le quedaba nada. Le dio una gran suma de dinero y le prometió que la ayuda de Dios no le faltaría.

Por último, hay un anciano harapiento a quien Jesús no da nada. El hombre afirma que Cristo es injusto y monta una escena. Pero Jesús le reprende, porque es un mentiroso, un usurero, un avaro y un ladrón. Le ordena que se vaya y, mientras la multitud se ríe, Jesús les reprende también a ellos, diciéndoles que nunca sean crueles insultando a un pecador, porque cada uno tiene su propio pecado. Jesús debió avergonzarlo, porque nunca está permitido ser ladrón, pero él sufrió por hacerlo, e invita a la gente a no ser avariciosa, a no mentir, a ser pura y honesta.

Finalmente, Jesús libera a dos endemoniados. Pero se siente abrumado, porque hay posesiones que supuran en el corazón de las personas y las cierran a la honestidad y al amor. Jesús se entristece. La visión termina ahí.

ECR 61.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús se ha subido a un montón de cestos y corderías a la entrada del huerto de la casa de la suegra de Pedro. El huerto está abarrotado de gente, y además hay más gente en la orilla guijarrosa del lago, parte sentada en el suelo, parte en las barcas sacadas a tierra. Da la impresión de que esté hablando ya desde hace algo de tiempo, porque el discurso está empezado. Yo oigo:

«... Seguro que muchas veces en vuestro corazón habréis pensado así, pero no es así. El Señor no se ha mostrado falto de benignidad para con su pueblo, a pesar de que éste le haya sido infiel miles y miles de veces.

Escuchad esta parábola. Os ayudará a entender.

Un rey tenía muchos y muy espléndidos caballos en sus caballerizas, pero a uno de ellos le estimaba especialmente. Le había soñado aún antes de tenerle. Una vez conseguido, le había puesto en un lugar de delicias, adonde iba con el ojo y con el corazón, mimando a ese predilecto suyo, soñando con hacer de él la maravilla de su reino. Y cuando el caballo, rebelándose a las órdenes, había desobedecido y había huido yendo a otro dueño, aun con dolor y rigor, el rey había prometido al rebelde perdón después del castigo. Y, fiel a esto, incluso desde lejos cuidaba de su predilecto con solicitud, mandándole dones y guardianes que le mantuvieran su recuerdo en el corazón.

Pero el caballo, aunque sufriera por su destierro, no era constante, como lo era el rey, en amar y en desear el perdón completo: a veces era bueno, a veces malo, y lo bueno no superaba a lo malo; es más, sucedía lo contrario. No obstante, el rey tenía paciencia y con reprensiones y caricias trataba de hacer de su más estimado caballo un dócil amigo. Cuanto más pasaba el tiempo, más reacio se volvía el animal. Deseaba vivamente a su rey, lloraba por el látigo de los otros dueños, pero no quería ser verdaderamente de su rey. No tenía la voluntad de serlo. Derrengado, angustiado, gimiendo, no decía: “Lo que soy es por culpa mía”, sino que le echaba la culpa a su rey.

Éste, después de haber intentado todo, recurrió a su última prueba. “Hasta ahora — dijo — he mandado mensajeros y amigos. Ahora mandaré a mi propio hijo. Él tiene mi mismo corazón y hablará con mi mismo amor y tendrá para con él caricias y dones como los míos, es más, aún más dulces, porque mi hijo es yo mismo pero sublimado por el amor”. Y mandó al hijo.

Ésta es la parábola.

61.2

Ahora decid: ¿os parece que ese rey quería a su animal preferido?».

La gente dice a una voz: «Infinitamente le quería».

«¿Podía el animal quejarse de su rey por todo el mal que había sufrido por haberle dejado?».

«No, no podía» responde la multitud.

«Responded también a esto: ese caballo cómo os parece que habrá acogido al hijo de su rey, que venía para rescatarle, curarle y llevarle de nuevo al lugar de delicias?».

«Con alegría, es natural, con gratitud y afecto».

«Y si el hijo del rey le ha referido al caballo: “Yo he venido para esto y esto, pero tú ahora debes ser bueno, obediente, lleno de buena voluntad, fiel a mí”, ¿qué decís que habrá respondido el caballo?».

«¡Eso ni se pregunta! Habrá contestado — ahora que sabía lo que le costaba estar segregado del reino — que quería ser como decía el hijo del rey».

«Entonces, según vosotros, ¿cuál era el deber de ese caballo?».

«Ser aun más bueno de lo que se le pedía, más afectuoso, más dócil, para que le fuera perdonado el mal pasado, por gratitud por el bien recibido».

«¿Y si no hubiera actuado así?».

«Merecería la muerte, porque sería peor que una fiera salvaje».

«Amigos, habéis juzgado bien. Comportaos vosotros como querríais que hubiera actuado ese caballo. Vosotros, hombres, criaturas predilectas del Rey de los Cielos, Dios, Padre mío y vuestro; vosotros, a quienes, después de los Profetas, Dios envía a su propio Hijo, sed, ¡oh! sed — os lo pido por lo que más queráis, por vuestro bien, y porque os amo como sólo un Dios puede amar, ese Dios que está en mí para obrar el milagro de la Redención —, sed al menos como juzgáis que debe ser ese animal. ¡Ay de quien se rebaja a sí mismo, hombre, a un grado inferior al animal! Si podía haber disculpa todavía para aquellos que hasta el momento presente pecaban — porque demasiado tiempo y demasiado polvo del mundo han transcurrido desde que la Ley fue dada, y sobre ésta el polvo se ha posado —, ahora ya no. Yo he venido para traeros de nuevo la palabra de Dios. El Hijo del hombre está entre los hombres para llevarlos de nuevo a Dios. Seguidme. Yo soy el Camino, la Verdad, la Vida».

Detalle

Parábola del caballo amado por el rey. El hombre es la criatura amada de Dios