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Notas de la palabra clave

Templo de Jerusalén (estado espiritual - enseñanzas - varios episodios)

Tema: Lugares santos · Página 1 de 2

Comodidad de lectura

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ECR 4.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

4.3 ­Tenía esperanza por lo que sucedió el último día mientras oraba en el Templo — lo más que puede una mujer en la Casa de Dios — ya de noche. ¿Te acuerdas que decía: “Un poco más, todavía un poco más”? ¡No sabía separarme de allí sin haber recibido gracia! Pues bien, descendiendo ya las sombras, desde el interior del lugar sagrado al que yo miraba con arrobo para arrancarle al Dios presente su asentimiento, vi surgir una luz. Era una chispa de luz bellísima. Cándida como la luna pero que tenía en sí todas las luces de todas las perlas y gemas que hay en la tierra. Parecía como si una de las estrellas preciosas del Velo — las que están colocadas bajo los pies de los querubines —, se separase y adquiriese esplendor de luz sobrenatural... Parecía como si desde el otro lado del Velo sagrado, desde la Gloria misma, hubiera salido un fuego y viniera veloz hacia mí, y que al cortar el aire cantara con voz celeste diciendo: “Recibe lo que has pedido”. Por eso canto: “Una estrella te llegará”. ¿Y qué hijo será éste, nuestro, que se manifiesta como luz de estrella en el Templo y que dice “existo” en la Fiesta de las Luces? ¿Será que has acertado al pensar en mí como una nueva Ana de Elcana?

Detalle

Concepción de María. Ana, la madre de María, cuenta cuándo se cumplió su deseo:

Anotación

¿Tenía razón al ver en mí una nueva Ana de Elcana? En efecto, Joaquín había hablado de la madre del profeta Samuel en EMV 3.

Bajo los pies de los querubines: Los querubines (Kerubim) abundaban en la decoración del Templo de Salomón (por ejemplo: 1 Reyes 6:23-35). Las estrellas son probablemente las estrellas de David o el sello de Salomón.

Tuve la impresión de que un fuego partía de detrás del Velo sagrado, de la Gloria misma, que venía rápidamente hacia mí y que, al pasar por el aire, cantaba con voz celestial: "¡Que te suceda lo que has pedido! " Esta es la voz del Redentor, como leemos en EMV 4.5: "La Sabiduría misma descendió (...) y se hizo palabra a la mujer estéril" (p. 31).

¿Qué clase de niño será el nuestro, entonces, que aparece como la luz de una estrella en el Templo y dice: "Yo soy" durante la Fiesta de las Luces? La estrella forma parte de la profecía de Balaam. Núm 24, 17-19. Lo veo, pero no como presente; lo contemplo, pero no de cerca. Una estrella sale de Jacob, un cetro se levanta de Israel. Romperá los dos lados de Moab; cortará a todos los hijos del tumulto. Edom es su posesión; Seir, su enemigo, es su posesión, e Israel despliega su valor. De Jacob sale un gobernante; destruye en las ciudades lo que queda de Edom".

"Yo soy" : el nombre mismo de Dios, tal como fue definido a Moisés, segúnÉxodo 3:14-15. Esto es lo que dirá a los hijos de Israel: "El que me ha enviado a vosotros soy YO SOY". Ver la ficha sobre el Nombre Divino.

ECR 4.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Por la alegría de tener una Madre, he aquí que susurro una arcana palabra en las sombras del Templo que contenía las esperanzas de Israel, del Templo que ya estaba en la frontera de su vida. En efecto, un nuevo y verdadero Templo, no ya portador de esperanzas para un pueblo, sino certeza de Paraíso para el pueblo de toda la tierra, y por los siglos de los siglos hasta el fin del mundo.

Detalle

En un dictado, Jesús habla del próximo nacimiento de su Madre y se detiene en el Templo de Jerusalén.

ECR 5.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

5.2 ­«¿Sientes dolor?».

«No. Siento la misma gran paz que experimenté en el Templo cuando se me otorgó la gracia, y que luego volví a sentir otra vez al saber que era madre. Es como un éxtasis. Es un dulce dormir del cuerpo, mientras el espíritu exulta y se aplaca con una paz sin parangón humano. Yo te he amado, Joaquín, y, cuando entré en tu casa y me dije: “Soy esposa de un justo”, sentí paz, como todas las otras veces que tu próvido amor se prodigaba en mí. Pero esta paz es distinta. Creo que es una paz como la que debió invadir, como una deleitosa unción de aceite, el espíritu de Jacob, nuestro padre, después de su sueño de ángeles. O semejante, más bien, a la gozosa paz de los Tobías tras habérseles manifestado Rafael. Si me sumerjo en ella, al saborearla, crece cada vez más. Es como si yo ascendiera por los espacios azules del cielo... y, no sé por qué, pero, desde que tengo en mí esta alegría pacífica, hay un cántico en mi corazón: el del anciano Tobit. Me parece como si hubiera sido compuesto para esta hora... para esta alegría... para la tierra de Israel que es su destinataria... para Jerusalén, pecadora, mas ahora perdonada... bueno... no os riáis de los delirios de una madre... pero, cuando digo: “Da gracias al Señor por tus bienes y bendice al Dios de los siglos para que vuelva a edificar en ti su Tabernáculo”, yo pienso que aquel que reedificará en Jerusalén el Tabernáculo del Dios verdadero, será este que está para nacer... y pienso también que, cuando el cántico dice: “Brillarás con una luz espléndida, todos los pueblos de la tierra se postrarán ante ti, las naciones irán a ti llevando dones, adorarán en ti al Señor y considerarán santa tu tierra, porque dentro de ti invocarán el Gran Nombre. Serás feliz en tus hijos porque todos serán bendecidos y se reunirán ante el Señor. ¡Bienaventurados aquellos que te aman y se alegran de tu paz!...”, cuando dice esto, pienso que es profecía no ya de la Ciudad Santa, sino del destino de mi criatura, y la primera que se alegra de su paz soy yo, su madre feliz...».

Detalle

Anne está a punto de dar a luz.

Anotación

Libro de Génesis 28, 12

Gén 28, 12 : Y soñó un sueño: he aquí que una escalera estaba puesta sobre la tierra, y su extremo superior llegaba hasta el cielo; y he aquí que sobre ella subían y descendían los ángeles de Dios, y en su extremo superior estaba Yahvé.

Libro de Tobías 12, 15-21

Tob 12, 15-21 : "Yo soy el ángel Rafael, uno de los siete que están delante del Señor. "Al oír estas palabras, se aterrorizaron y cayeron al suelo con el rostro tembloroso. El ángel les dijo: "¡Paz a vosotros! No temáis. Porque cuando estaba con vosotros, estaba allí por voluntad de Dios; así que bendecidle y cantad sus alabanzas. Os parecía que comía y bebía con vosotros, pero me alimentaba de un alimento invisible y de una bebida que el ojo del hombre no alcanza. Ha llegado, pues, la hora de que vuelva al que me envió; pero vosotros, bendecid a Dios y proclamad todas sus maravillas. "Cuando hubo dicho esto, se ocultó a su vista y ya no pudieron verle. Entonces, postrados con el rostro en tierra durante tres horas, bendijeron a Dios, se levantaron y contaron todas sus maravillas.

Libro de Tobías 13, 1-18

Tb 13, 1-18 : El viejo Tobías abrió la boca y bendijo al Señor, diciendo: "Tú eres grande, Señor, en toda la eternidad, y tu reino se extiende a todas las edades. Porque castigas y salvas, conduces a la tumba y sacas de ella, y no hay nadie que escape a tu mano. Dad gracias al Señor, hijos de Israel, y alabadle ante las naciones. Porque él os ha dispersado entre las naciones que no le conocen, para que les contéis sus maravillas y les hagáis saber que no hay otro Dios Todopoderoso sino sólo él. Nos ha castigado por nuestras iniquidades, y nos salvará por su misericordia. Considerad cómo nos ha tratado, y bendecidle con temor y temblor, y glorificad con vuestras obras al Rey de los siglos.

En cuanto a mí, quiero bendecirlo en este país donde estoy cautivo, porque él ha hecho brillar su gloria sobre una nación criminal. Arrepentíos, pues, pecadores, y haced justicia ante Dios, confiando en que él tendrá misericordia de vosotros. En cuanto a mí, me alegraré en él con toda mi alma. Bendecid al Señor, pueblo elegido; celebrad días de alegría y cantad sus alabanzas.

Jerusalén, ciudad de Dios, el Señor te ha castigado por las obras de tus manos. Glorifica al Señor con tus buenas obras y bendice al Dios de los siglos, para que construya en ti su santuario, para que vuelva a llamar a ti a todos los cautivos y para que te alegres por los siglos de los siglos. Brillarás con luz resplandeciente y te adorarán todas las naciones de la tierra. Las naciones vendrán a ti desde tierras lejanas, trayendo regalos; adorarán al Señor dentro de tus muros, y considerarán tu tierra como un santuario; porque invocarán el gran Nombre en medio de ti. Malditos los que te desprecien, condenados los que te blasfemen; benditos los que te edifiquen. Y te alegrarás por tus hijos, porque todos ellos serán bendecidos y reunidos al Señor. Bienaventurados todos los que te aman y se regocijan en tu paz.

Bendice, alma mía, al Señor, porque él, el Señor, nuestro Dios, ha librado a su ciudad Jerusalén de todas sus angustias. Feliz seré si aún queda descendencia de mi raza para ver el esplendor de Jerusalén. Las puertas de Jerusalén se construirán con zafiros y esmeraldas, y todo el muro de sus murallas con piedras preciosas. Piedras blancas inmaculadas formarán el pavimento de sus plazas, y cantarán en sus calles: ¡Aleluya! Bendito sea el Señor que ha dado a Jerusalén esta gloria, y que reine sobre ella por los siglos de los siglos. Amén. "

ECR 46.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

46.7 Ven, entonces, y ve lo que hay en la Casa de Dios, ve cómo incluso los sacerdotes no rehúsan hacer transacciones entre el espíritu y la carne; porque, al fin y al cabo, son hombres y no ángeles. Cumple un milagro espiritual. Yo te llevo al pináculo del Templo, Tú transfigúrate en belleza allí arriba, y luego llama a las cohortes de ángeles y di que hagan de sus alas entrelazadas alfombra para tus pies y te porten así al patio principal. Que te vean y se acuerden de que Dios existe. De vez en cuando es necesario manifestarse, porque el hombre tiene una memoria muy frágil, especialmente en lo espiritual. Tú sabes qué dichosos se sentirán los ángeles de proteger tu pie y servirte de escalera cuando bajes».

«“No tientes al Señor tu Dios”, está escrito».

«Comprendes que tu aparición tampoco mudaría las cosas y el Templo continuaría siendo un mercado y un lugar de corrupción. Tu divina sabiduría sabe que los corazones de los ministros del Templo son un nido de víboras, que se devoran, y devoran, con tal de aumentar su poder. »

Detalle

En el desierto, Satanás tienta a Cristo. Tras hablarle de la mujer y ofrecerle saciar su hambre, le tienta ofreciéndole ir al Templo.

ECR 49.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Muchos entre vosotros murmuran: “¡Y, sin embargo, aquí está el Templo!”. No basta tener el Templo e ir a él a rezar a Dios. El primer templo está en el corazón de cada hombre y en él se debe llevar a cabo una santa oración. Pero no puede ser santa si antes el corazón no se enmienda, y con el corazón los hábitos, los afectos, las normas de justicia respecto a los pobres, respecto a los siervos, respecto a los parientes, respecto a Dios.

ECR 51.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

51.5 ¿Qué tienes en esa bolsa?».

«La túnica que tu Madre te manda. Mañana será una gran fiesta. Ella piensa que su Jesús la necesita para no causar mala impresión entre los invitados. Ha estado hilando incansable desde las primeras luces hasta las últimas, diariamente, para prepararte esta túnica. Pero no ha ultimado el manto. Todavía le faltan las orlas. Se siente desolada por ello».

«No hace falta. Iré con éste, y aquél lo reservaré para Jerusalén. El Templo es más que una boda».

«Ella se alegrará».

«Si queréis estar para el alba en el camino que lleva a Caná, os conviene levar anclas en seguida. La Luna sale, la travesía será buena» dice Pedro.

«Vamos entonces. Ven, Juan. Te llevo conmigo. Simón Pedro, Santiago, Andrés, ¡adiós! Os espero el sábado por la noche en Cafarnaúm. ¡Adiós!, mujer. Paz a ti y a tu casa».

Salen Jesús con Judas y Juan. Pedro los sigue hasta la orilla y colabora en la operación de partida de la barca.

Y la visión termina.

Detalle

Judas se acercó a Jesús en las bodas de Caná y le preguntó:

ECR 68.1-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo a Jesús entrando, con Judas a su lado, en el recinto del Templo; pasa la primera terraza, o rellano de la grada si se prefiere; se detiene en un pórtico que rodea un amplio patio solado con mármoles de colores distintos. El lugar es muy bonito y está lleno de gente.

Jesús mira a su alrededor y ve un sitio que le gusta. Pero, antes de dirigirse a él, dice a Judas: «Llámame al responsable de este lugar. Debo presentarme para que no se diga que falto a las costumbres y al respeto».

«Maestro, Tú estás por encima de las costumbres. Nadie tiene más derecho que Tú a hablar en la Casa de Dios; Tú, su Mesías».

«Yo eso lo sé, y tú también lo sabes, pero ellos no. No he venido para escandalizar, como tampoco para enseñar a violar la Ley o las costumbres; antes bien, he venido justamente para enseñar respeto, humildad y obediencia; para hacer desaparecer los escándalos. Por ello quiero pedir el permiso para hablar en nombre de Dios, haciéndome reconocer digno de ello por el responsable del lugar».

«La otra vez no lo hiciste».

«La otra vez me abrasaba el celo de la Casa de Dios, profanada por demasiadas cosas. La otra vez Yo era el Hijo del Padre, el Heredero que en nombre del Padre y por amor de su Casa actuaba con la majestad que me es propia y que está por encima de magistrados y sacerdotes. Ahora soy el Maestro de Israel, y le enseño a Israel también esto. Y además, Judas, ¿tú crees que el discípulo es más que su Maestro?».

«No, Jesús».

«¿Y tú quién eres? ¿Y quién soy Yo?».

«Tú, el Maestro; yo, el discípulo».

«Y entonces, si reconoces que son así las cosas, ¿por qué quieres enseñar a tu Maestro? Ve y obedece. Yo obedezco a mi Padre, tú obedece a tu Maestro. Condición primera del Hijo de Dios es ésta: obedecer sin discutir, pensando que el Padre sólo puede dar órdenes santas; condición primera del discípulo es obedecer a su Maestro, pensando que el Maestro sabe y sólo puede dar órdenes justas».

«Es verdad. Perdona. Obedezco».

«Perdono. Ve. Escucha, Judas, esta otra cosa: acuérdate de esto, recuérdalo siempre».

«¿Obedecer? Sí».

«No. Recuerda que Yo fui respetuoso y humilde para con el Templo; para con el Templo, o sea, con las clases poderosas. Ve».

Judas le mira pensativo, interrogativamente... pero no se atreve a preguntar nada más, y se va meditabundo.

68.2

Vuelve con un personaje solemnemente vestido. «Éste es, Maestro, el magistrado».

«La paz sea contigo. Solicito enseñar, entre los rabíes de Israel, a Israel».

«¿Eres rabí?».

«Lo soy».

«¿Quién fue tu maestro?».

«El Espíritu de Dios, que me habla con su sabiduría y me ilumina cada una de las palabras de los Textos Santos».

«¿Eres más que Hil.lel, Tú, que sin maestro afirmas que sabes toda doctrina? ¿Cómo puede uno formarse si no hay uno que le for­me?».

«Como se formó David, pastorcito ignorante que llegó a ser rey poderoso y sabio por voluntad del Señor».

«Tu nombre».

«Jesús de José de Jacob, de la estirpe de David, y de María de Joa­quín, de la estirpe de David, y de Ana de Aarón; María, la Virgen que casó en el Templo, porque era huérfana, el Sumo Sacerdote, según la ley de Israel».

«¿Quién lo prueba?».

«Todavía debe haber aquí levitas que se acuerden de ese hecho, coetáneos de Zacarías de la clase de Abías, pariente mío. Pregúntaselo a ellos, si dudas de mi sinceridad».

«Te creo. ¿Pero quién me prueba que sepas enseñar?».

«Escúchame y podrás juzgar por ti mismo».

«Si quieres puedes enseñar... Pero... ¿no eres nazareno?».

«Nací en Belén de Judá en tiempos del censo ordenado por el César. Proscritos a causa de disposiciones injustas, los hijos de David están por todas partes. Pero la estirpe es de Judá».

«Ya sabes... los fariseos... toda Judea... respecto a Galilea...».

«Lo sé. No temas. En Belén vi la luz por primera vez, en Belén Efratá de donde viene mi estirpe; si ahora vivo en Galilea es sólo para que se cumpla lo que está escrito...».

El magistrado se aleja unos metros acudiendo a una llamada.

68.3

Judas pregunta: «¿Por qué no has dicho que eres el Mesías?».

«Mis palabras lo dirán».

«¿Qué es lo que está escrito y debe cumplirse?».

«La reunión de todo Israel bajo la enseñanza de la palabra del Cristo. Yo soy el Pastor de que hablan los Profetas, y vengo a reunir a las ovejas de todas las regiones, a curar a las enfermas, a conducir al pasto bueno a las errantes. Para mí no hay Judea o Galilea, Decápolis o Idumea. Sólo hay una cosa: el Amor que mira con un único ojo y une en un único abrazo para salvar...».

Se le ve inspirado a Jesús. ¡Tanto sonríe a su sueño, que parece emanar destellos! Judas le observa admirado.

ECR 70.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

70.3 Salen al olivar — previamente Juan ha cogido algo del talego que había puesto en el rincón. Caminan un poco y llegan a una prominencia del terreno desde la que se ve toda Jerusalén.

«Sentémonos aquí y hablemos entre nosotros» dice Jesús.

Juan, sin embargo, prefiere sentarse a sus pies, sobre la hierba corta. Apoya el brazo en las rodillas de Jesús. Reclina la cabeza sobre el brazo. Y mira cada poco a su Jesús. Parece un niño junto a la persona que más quiere. «Desde aquí es bonito, Maestro. Mira qué grande parece la ciudad de noche; más que de día».

«Es porque la luz de la luna difumina sus contornos. Observa: parece como si el límite se ensanchara en una luminosidad de plata. Mira la cúspide del Templo, allí arriba. ¿No parece suspendida en el vacío?».

«Parece que la llevan los ángeles en sus alas de plata».

Jesús suspira.

«¿Por qué suspiras, Maestro?».

«Porque los ángeles han abandonado el Templo. Su aspecto de pureza y santidad está sólo circunscrito a los muros. Quienes deberían dárselo en el alma — porque todo lugar también tiene su alma, o sea, el espíritu en virtud del cual fue erigido, y el Templo tiene, debería tener, alma de oración y santidad — son los primeros en quitárselo. No se puede dar lo que no se tiene, Juan. Y si muchos son los sacerdotes y los levitas que viven allí, no hay ni siquiera una décima parte que sea apta para dar vida al Lugar Santo. Dan muerte. Le comunican la muerte que hay en su espíritu muerto a lo santo. Tienen las fórmulas, pero no la vida de ellas. Son cadáveres, sólo calientes por la putrefacción que los hincha».

«¿Te han maltratado, Maestro?» — Juan está todo apenado.

«No. Es más, me han dejado hablar cuando lo he solicitado».

«¿Lo has solicitado? ¿Por qué?».

«Porque no quiero ser Yo el que empieze la guerra. La guerra vendrá igualmente, porque Yo infundiré miedo, un estúpido miedo humano, a algunos, y seré un reproche para otros; pero esto debe estar en su libro, no en el mío».

Detalle

Jesús está con Juan en el olivar de Getsemaní. Ven toda la ciudad de Jerusalén.