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Notas del tema

Fiestas religiosas

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Comodidad de lectura

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ECR 136

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Betania celebra la Fiesta de las Encenias - también conocida como la Fiesta de la Luz o la Fiesta de la Dedicación. Es el primer cumpleaños de Jesús sin su Madre. Cristo pasea por el jardín, escuchando a un ruiseñor. Después, tras bendecir al Padre por este canto, pasa un rato con Simón, hablándole del Cielo y de los lugares que tendrán allí los distintos santos y beatos. Entonces llega Marta, afligida porque María Magdalena se ha marchado recientemente, y quiere dejar este "sepulcro" para volver a sus alegrías. Van a la mesa y se les unen los pastores de Belén, que consuelan a Jesús por la ausencia de su Madre. Después de que el Señor haya dado las gracias a Lázaro y a Marta, teniendo la delicadeza de mencionar a María Magdalena y consolar a Marta, pasan a hablar del Evangelio de la Infancia: desde la Inmaculada Concepción, pasando por su Presentación en el Templo, sus esponsales con José, la Natividad, la Huida a Egipto, el regreso a Galilea y la vuelta al Templo. Finalmente, Pedro quiere recordar todo esto, pero teme no poder hacerlo: Mateo le asegura que tiene buena memoria y que él se lo dirá. Por último, Pedro quiere morir pronunciando el nombre de Jesús, y Jesús le confirma que así será.

ECR 191.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Ves a este niño? Es mi nieto. Me ha quedado él, después del desprendimiento de tierras que hubo este invierno. Doras ni siquiera sabe que ha venido, porque le tengo en el bosque viviendo como si fuera un animal salvaje y no le veo sino los sábados. Si me lo descubre, o le aleja o le pone a trabajar... y entonces este tierno niño, sangre de mi sangre, estará en peores condiciones que una acémila... Para la Pascua pienso mandarle a Jerusalén con Miqueas, pues le llega el momento de hacerse hijo de la Ley... ¡Es el hijo de mi hija!...».

«¿Me lo confiarías a mí?... No llores. Tengo muchos amigos honrados, santos y sin hijos; le educarán santamente en mi camino...».

«¡Señor, desde que he tenido noticia de ti, lo he deseado! Al santo Jonás le rogaba — a él, que sabe lo que significa ser de este amo — que salvase a mi nieto de una muerte así...».

«Niño, ¿vendrías conmigo?».

«Sí, mi Señor, y no te haré sufrir».

«No se hable más».

ECR 192.3-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Se detienen en un pueblo — oigo que lo llaman Meguiddó —, para comer y descansar, junto a una fuente muy fresca y ruidosa (por la mucha agua que de ella brota y que cae en una pila de piedra oscura). Ninguno del pueblo se interesa por los peregrinos, anónimos entre los muchos otros que, más o menos ricos, van a pie o en burros o mulas hacia Jerusalén para la Pascua. Se respira ya aire de fiesta. Muchos niños — pensando ya, jubilosos, en la ceremonia de su mayoría de edad — van con los viajeros.

Dos jovenzuelos de holgada condición vienen a jugar junto a la fuente. Yabés está con Pedro, que le tiene conquistado con mil zarandajas. Preguntan al muchacho: «¿Vas tú también para ser hijo de la Ley?».

Yabés responde tímidamente: «Sí», casi escondiéndose detrás de Pedro.

«¿Es tu padre éste? Eres pobre, ¿verdad?».

«Soy pobre, sí».

Los dos niños — quizás hijos de fariseos — le escudriñan irónicos y curiosos, y dicen: «Se ve».

En efecto, se ve... ¡Su vestidito es bien mísero! Quizás es que el niño ha crecido y, a pesar de que hayan sacado el jaletón, el vestido (marrón y descolorido por las inclemencias del tiempo) apenas si le llega a la mitad de las delgadas piernecitas morenas, dejando completamente descubiertos los pequeños pies, mal calzados con dos informes sandalias sujetas con unas cuerdas que deben torturarlos.

Los niños, despiadados con ese egoísmo propio de muchos niños, con la crueldad de los niños no buenos, dicen: «¡Pues entonces no tendrás un vestido nuevo para tu fiesta! ¡Nosotros sí!... ¿Verdad, Joaquín? Yo, todo rojo, con el manto igual; él, de color cielo; y llevaremos sandalias con hebillas de plata y un cinturón muy valioso y un taled sujeto con un aro de oro y...».

«¡...y un corazón de piedra, digo yo!» salta Pedro, que ha terminado de refrescarse los pies y de llenar de agua todas las cantimploras. «Sois malos, muchachos. Ni la ceremonia ni el vestido valen un pito si el corazón no es bueno. Prefiero a este niño mío. ¡Largaos, soberbios! ¡Id con los ricos, y tened respeto a los pobres y honrados!

192.4

¡Ven, Yabés! Esta agua es buena para los pies cansados. Ven, que te los voy a lavar, así caminarás mejor después. ¡Ay, cuánto daño te han hecho estas cuerdas! Pero no tendrás que seguir caminando; te voy a llevar en brazos hasta Engannim. Allí encontraré a uno que haga sandalias y te compraré un par nuevo». Y Pedro lava y seca esos piececitos, que desde hace mucho tiempo no han vuelto a ser acariciados tanto como ahora.

El niño le mira... titubea... y acaba por echarse sobre este hombre que le está atando las sandalias, y le aprieta con sus bracitos flacos, y dice: «¡Qué bueno eres!» y le besa su pelo entrecano.

Pedro se conmueve; se sienta en el suelo, sin cambiar de sitio aunque esté mojado; se pone sobre su regazo al niño y le dice: «Pues entonces llámame “padre”».

La escena es delicada. Jesús y los demás se acercan.

Los dos soberbiosillos de antes, que, curiosos, no se habían marchado todavía, preguntan: «¿Pero no es tu padre?».

A lo que Yabés responde sin vacilar: «Padre y madre para mí».

«Sí, querido mío, bien has dicho: padre y madre; y os aseguro, señoritingos, que no irá mal vestido a la ceremonia. También él tendrá un vestido de rey, rojo como el fuego y con un cinturón verde como la hierba, y el taled blanco como la nieve».

Aunque sea un batiburrillo de colores, deja asombrados a los dos vanidosos y los pone en fuga.

«¿Qué haces, Simón, en el suelo mojado?» pregunta Jesús sonriendo.

«¿Mojado? ¡Ah, sí; ahora me doy cuenta! ¿Que qué hago? Con la inocencia apoyada en mi pecho vuelvo a ser como un cordero. ¡Ah... Maestro, Maestro! Bien, vamos. Pero debes dejarme que me ocupe de este pequeño; después le cederé; pero hasta que no sea un verdadero israelita es mío».

«¡Sí, hombre, sí! Y serás siempre su tutor, como un anciano padre. ¿De acuerdo? Vamos, para estar por la tarde en Engannim sin hacer correr demasiado al niño».

«Le llevo yo. Pesa más mi red. No puede caminar con estas dos suelas rotas. Ven».

Y, cargándose encima a su ahijado, Pedro reanuda contento su camino, cada vez más umbrío entre arbolados de frutas varias, en un ascender suave de colinas, desde las cuales la vista se dilata hacia la fecunda llanura de Esdrelón.

Anotación

Llevaremos sandalias con hebillas de plata, un cinturón precioso y un talet sujeto por una hoja de oro y... Taleth o Talit: manto de oración con el que los judíos se cubren la cabeza. Suele tener bandas de colores y estar ribeteado con tzitsit (flecos).

ECR 194.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Una nueva subida, muy empinada: la comitiva ha dejado el camino principal, polvoriento y lleno de gente, y ha preferido tomar este atajo boscoso. Llegados a la cima, se ve ya claramente en la lejanía resplandecer un mar luminoso suspendido sobre una conglomeración blanca, quizás esplendorosas casas encaladas.

Jesús llama a Yabés: «Ven. ¿Ves aquel punto de oro? Es la Casa del Señor. Allí vas a jurar obediencia a la Ley.».

ECR 197.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«No sé qué conocimientos tendrá de la Ley, la Halasia, la Haggada y los Midrasiots. Jesús dice que sabe mucho...».

«¡Bueno, pues si lo dice Jesús, entonces no tengas miedo!».

Detalle

Pedro habla de Marziam. Véase la anotación.

Anotación

Para salvaguardar la Ley, base religiosa y jurídica de la comunidad judía, los rabinos, tras el exilio, la rodearon de una exégesis llamada Midrash (Interpretación). Los midrashim son comentarios sobre pasajes de las Escrituras. Entre los autores de renombre de estas tradiciones midráshicas se encuentran Hillel, Schammei y Gamaliel.

Midrash también se refiere a la rama del conocimiento rabínico que se ocupa de las normas de la ley tradicional (escrita), en contraposición a la Mishná (tradición oral). Esta interpretación de la ley mosaica dio lugar a nuevas prescripciones, normas de conducta a seguir en el culto y el derecho (las Halâkoth). La interpretación de las partes históricas del Pentateuco dio lugar a relatos y leyendas(la Hagadá). Sin embargo, por deferencia a la Ley mosaica, estos midrashim sólo debían transmitirse oralmente de generación en generación, aunque su autoridad llegó a ser prácticamente igual a la de la Ley.

ECR 199.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Una mañana espléndida, que invita verdaderamente a pasear, dejando cama y casa. Los que están en la casa de Simón Zelote, cual abejas con los primeros rayos solares, se levantan muy temprano y salen a respirar el aire puro al huerto de Lázaro, que circunda la casita hospitalaria. Pronto se suman a ellos los que están alojados en casa de Lázaro, es decir: Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Andrés y Santiago de Zebedeo. El sol entra alegre por las ventanas y puertas abiertas de par en par, y las habitaciones, sencillas y limpias, se visten de un tono oro que aviva los colores de los vestidos y hace más brillantes los de los cabellos y las pupilas.

María de Alfeo y Salomé están centradas en servir a estos hombres de vigoroso apetito. María está atenta a cómo un servidor de la casa de Lázaro le arregla a Margziam sus delicados cabellos, igualándoselos con más destreza que su precedente peluquero.

«Por ahora va bien así» dice el sirviente «luego, después del ofrecimiento a Dios de tu melena de niño, te dejaré el pelo bien cortito. Está llegando el calor y estarás mejor sin pelos que te cubran el cuello; además se te pondrán más fuertes; ahora están secos y quebradizos; son cabellos descuidados. ¿Ves, María?, necesitan un cuidado; ahora los unjo para que no se alboroten. ¿Ves, niño, que buen olor? Es el ungüento que usa Marta: almendra, palma y médula finísima, y esencia exótica. Es muy bueno. Mi ama ha dicho que se conserve este tarrito para el niño. ¡Ah! ¡Eso es!... ¡Ahora pareces el hijo del rey». Y el sirviente — que quizás es el barbero de la casa de Lázaro — le da un cachetito a Margziam en un carrillo, se despide de María y se marcha satisfecho.

Anotación

Más tarde, cuando hayas entregado a Dios el cabello de tus hijos, lo acortaré aún más. Esto está relacionado con el Bar Mitzvah. Algunos rituales del Bar Mitzvá, para el que se está preparando el joven Marziam, implican purificar al futuro hijo de la Ley tomando un baño ritual y cortándole el pelo. Esta ofrenda continuaba el rito de la circuncisión. Después de esto, "el niño estaba religiosamente preparado para unirse a los oficiantes de la sinagoga, donde recitaba la oración del jueves por la mañana, seguida de la oración del sábado" (Joëlle Balhoul, La maison de mémoire : ethnologie d'une demeure judéo-arabe en Algérie, 1937-1961, página 179). Según Maria Valtorta, se trata de un rito antiguo.

Es más, según Maria Valtorta, los galileos (por ejemplo, Jesús, Juan, etc.) llevan el pelo más bien largo y los judíos más bien corto (por ejemplo, Judas). El calor al que se refiere el criado inmediatamente después puede explicar esto.

ECR 201.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Todos están vestidos solemnemente; Pedro, verdaderamente de gala: cubre su cabeza una relumbrante prenda novísima, cándida como la nieve, sujeta por una cinta bordada en rojo y oro; lleva su mejor túnica, de color granate oscurísimo, adornada con un cinturón nuevo (del mismo tipo que el galón que ciñe su cabeza) del que pende el cuchillo (vaina de puñal, empuñadura burilada, funda de latón toda perforada, a través de la cual se ve brillar el hierro tersísimo de la hoja). Todos los demás están también armados más o menos así. El único que no lleva armas es Jesús, que viste lino blanquísimo y un manto azulino (ciertamente lo ha tejido María durante el invierno). Margziam está vestido de rojo pálido; un galón de tono más oscuro ciñe el cuello, el extremo inferior y las bocamangas; lleva un galón igual, bordado, en la cintura y en los bordes del manto que porta plegado en el brazo (contento, con la otra mano lo acaricia); de tanto en tanto, alza la cara, mitad risueña, mitad preocupada... También Pedro lleva en la mano, con cuidado, un paquete.

Detalle

La ropa de los apóstoles y de Marziam para su fiesta de mayoría de edad, durante la Pascua judía.