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Notas del tema

Fiestas religiosas

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Comodidad de lectura

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ECR 3.2.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

­Empiezo a ver y escribo.

Fuera de los muros de Jerusalén, en las colinas, entre los olivos, hay gran multitud de gente. Parece un enorme mercado, pero no hay ni casetas ni puestos de venta ni voces de charlatanes y vendedores ni juegos. Hay muchas tiendas hechas de lana basta, sin duda impermeables, extendidas sobre estacas hincadas en el suelo. Atados a las estacas hay ramos verdes, como decoración y como medio para dar frescor. Otras, sin embargo, están hechas sólo de ramos hincados en el suelo y atados, éstas crean como pequeñas galerías verdes. Bajo todas ellas, gente de las más distintas edades y condiciones y un rumor de conversación tranquilo e íntimo en que sólo desentona algún chillido de niño.

Cae la tarde y ya las luces de las lamparitas de aceite resplandecen acá y allá por el extraño campamento. En torno a estas luces, algunas familias, sentadas en el suelo, están cenando; las madres tienen en su regazo a los más pequeños, muchos de los cuales, cansados, se han quedado dormidos teniendo todavía el trozo de pan en sus deditos rosados, cayendo su cabecita sobre el pecho materno, como los polluelos bajo las alas de la gallina. Las madres terminan de comer como pueden, con una sola mano libre, sujetando con la otra a su hijito contra su corazón. Otras familias, por el contrario, no están todavía cenando. Conversan en la semioscuridad del crepúsculo esperando a que la comida esté hecha. Se ven lumbres encendidas, desperdigadas; en torno a ellas trajinan las mujeres. Alguna nana muy lenta, yo diría casi quejumbrosa, mece a algún niño que halla dificultad para dormirse.

Encima, un hermoso cielo sereno, azul cada vez más oscuro hasta semejar a un enorme toldo de terciopelo suave de un color negro-azul; un cielo en el que, muy lentamente, invisibles artífices y decoradores estuvieran fijando gemas y lamparitas, ya aisladas, ya formando caprichosas líneas geométricas, entre las que destacan la Osa Mayor y Menor, que tienen forma de carro con la lanza apoyada en el suelo una vez liberados del yugo los bueyes. La estrella Polar ríe con todos sus resplandores.

Me doy cuenta de que es el mes de octubre porque una gruesa voz de hombre lo dice: «¡Este octubre es extraordinario como ha habido pocos!». (...)

­La noche está cada vez más poblada de estrellas y las luces son cada vez más numerosas en el campamento. Luego muchas luces se van poco a poco apagando: son los primeros que han cenado, que ahora se echan a dormir. Va disminuyendo también lentamente el rumor de la gente. No se oyen ya voces de niños. Sólo resuena la vocecita de algún lactante buscando la leche de su mamá. La noche exhala su brisa sobre las cosas y las personas, y borra penas y recuerdos, esperanzas y rencores. Bueno, quizás estos dos sobrevivan, aun cuando hayan quedado atenuados, durante el sueño, en los sueños.

Detalle

Al parecer, el Festival de las Carpas se celebra en octubre. María describe el ambiente del festival.

Anotación

Fuera de las murallas de Jerusalén, una gran multitud se encuentra en las colinas y entre los olivos. El "Campo de los Galileos" en el Monte de los Olivos. Aquí se reúnen los galileos para las fiestas (véase el tomo 4, capítulo 143 /vo 279.1).

Hay muchas tiendas de lana áspera, ciertamente impermeables, extendidas sobre estacas fijadas al suelo. En la fiesta de Sucot, también llamada Fiesta de las Tiendas o Fiesta de los Tabernáculos, cada familia construye una cabaña (o sukkha) hecha con cuatro tipos de ramas atadas entre sí. Su nombre evoca las chozas bajo las cuales acampaba la gente durante la cosecha.

Me doy cuenta de que es octubre, porque una voz de hombretón dice: "¡Un mes de octubre precioso, como pocas veces se ve! Octubre: La Fiesta de las Tiendas (Sukkot) se celebra al comienzo del otoño, del 15 al 21 de Tishri (24/9 al 2/10 en 22 AC). A veces", escribe Maria Valtorta en una copia mecanografiada, "los nombres se expresan en italiano para que el lector entienda mejor".

Nuestro mes de octubre coincide con los meses hebreos de Tisri (o Etanim) y Marchesvan (o Bul). De hecho, el calendario judío se basaba en el año lunar, que comienza en primavera (como puede verse en 68.4), y el nuestro en el año solar, por lo que las correspondencias son aproximadas.

ECR 3.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El padre de Alfeo llama a su hijo, pero éste responde: «Yo me quedo con Ana. Así la ayudo». Todos se echan a reír.

«Déjale. No molesta. Todavía no le obliga la Ley. Aquí o allí... no es más que un pajarito que come» dice Ana, y se sienta con el niño en el regazo.

Anotación

Todavía no estaba obligado a observar la Ley. Cf. Levítico 23:36; Números 29:35. El final de la fiesta era un día de descanso. El octavo día (Shemini Atzeret) es la fiesta de la alegría de la Torá (Sim'Hath Torá). Es un día de descanso. En este día se recita la oración de la lluvia. Esta fiesta cierra la serie de las tres fiestas de peregrinación.

Libro del Levítico 23, 36

Lev 23, 36: Durante siete días ofrecerás a Yahvé sacrificios encendidos. El octavo día tendréis una asamblea santa y ofreceréis sacrificios encendidos a Yahvé; es una fiesta de clausura: no haréis ningún trabajo servil.

Libro de los Números, 29, 35

Núm 29, 35 : El octavo día tendréis una asamblea solemne; no haréis ningún trabajo servil.

ECR 3.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Esta noche he soñado que el próximo año voy a venir a la Ciudad Santa para dos fiestas en vez de para una sola. Una será el ofrecimiento de mi hijo al Templo... ¡Oh! ¡Joaquín!...».

«Espéralo, espéralo, Ana. ¿No has oído alguna palabra? ¿El Señor no te ha susurrado al corazón nada?».

«Nada. Un sueño sólo...».

«Mañana es el último día de oración. Ya se han efectuado todas las ofrendas. No obstante, las renovaremos solemnemente mañana. Persuadiremos a Dios con nuestro fiel amor.»

Anotación

Mañana es el último día de súplica. El séptimo día de Sucot (21 de Tishri) se llama "Hochaana Rabba". Es el día en que se decide finalmente el juicio divino iniciado en Rosh Hashaná. Por lo tanto, está marcado por oraciones especiales de súplica en las que imploramos a Dios que nos juzgue favorablemente (Éxodo 23:16; 34:22; Levítico 23:34-43; Números 29:12-34; Deuteronomio 16:13-16; 30:10-13).

Libro de Éxodo 23, 16

Ex 23, 16 : Celebraréis la fiesta de la siega, de las primicias de vuestro trabajo, de lo que sembréis en el campo; y la fiesta de la recolección, al final del año, cuando recojáis del campo el fruto de vuestro trabajo.

Libro del Éxodo 34, 22

Éx 34, 22 : Celebrarás la Fiesta de las Semanas, de la primera siega del trigo, y la Fiesta de la Recolección, al final del año.

Libro de los Números 29, 12-34 :

El día quince del mes séptimo tendréis una asamblea santa; no haréis ningún trabajo servil. Y celebraréis una fiesta en honor del Señor durante siete días. Ofreceréis holocausto, ofrenda encendida de olor grato a Yahvé: trece novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto, y como ofrenda flor de harina amasada con aceite: tres décimas por cada uno de los trece novillos, dos décimas por cada uno de los dos carneros y una décima por cada uno de los catorce corderos. También ofrecerás un macho cabrío como ofrenda por el pecado, sin perjuicio del holocausto continuo con su ofrenda y su libación.

El segundo día ofrecerás doce novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto, con sus ofrendas y sus libaciones, por los toros, los carneros y los corderos, según su número, conforme a la ordenanza. También ofrecerás un macho cabrío como sacrificio por el pecado, sin perjuicio del holocausto continuo, su ofrenda y sus libaciones.

Al tercer día ofrecerás once novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto, con sus ofrendas y sus libaciones, por los novillos, los carneros y los corderos, según su número, conforme a la ley. También ofrecerás un macho cabrío como ofrenda por el pecado, sin perjuicio del holocausto continuo, su ofrenda y su libación.

El cuarto día ofrecerás diez novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto, con sus ofrendas y sus libaciones, por los novillos, los carneros y los corderos, según su número conforme a la ordenanza. También ofrecerás un macho cabrío como ofrenda por el pecado, sin perjuicio del holocausto continuo, su ofrenda y su libación.

El quinto día ofrecerás nueve novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto, con sus ofrendas y sus libaciones, por los novillos, los carneros y los corderos, según su número, conforme a la ley. También ofrecerás un macho cabrío como ofrenda por el pecado, sin perjuicio del holocausto continuo, su ofrenda y su libación.

El sexto día ofrecerás ocho novillos, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto, con sus ofrendas y sus libaciones, por los novillos, los carneros y los corderos, según su número, conforme a la ley. También ofrecerás un macho cabrío como ofrenda por el pecado, sin perjuicio del holocausto continuo, su ofrenda y su libación.

El séptimo día ofrecerás siete toros, dos carneros y catorce corderos de un año sin defecto, 33 con sus ofrendas y sus libaciones, por los toros, los carneros y los corderos, según su número en el ordenamiento. 34 También ofrecerás un macho cabrío como ofrenda por el pecado, sin perjuicio del holocausto continuo, su ofrenda y su libación.

Libro del Deuteronomio 16, 13-16

Dt 16, 13-16: Celebrarás la fiesta de los Tabernáculos durante siete días, cuando hayas recogido en tu era y en tu lagar; 14 te alegrarás en esta fiesta, tú, tu hijo y tu hija, tu siervo y tu sierva, y el levita, el extranjero, el huérfano y la viuda que estén dentro de tus puertas. Celebrarás la fiesta siete días en honor de Yavé, tu Dios, en el lugar que Yavé ha elegido; porque Yavé, tu Dios, te bendecirá en toda tu cosecha y en todo el trabajo de tus manos, y te alegrarás. Tres veces al año se presentará todo varón de entre vosotros ante el Señor, vuestro Dios, en el lugar que él elija: en la fiesta de los Panes sin levadura, en la fiesta de las Semanas y en la fiesta de los Tabernáculos; no se presentará ante el Señor con las manos vacías.

Libro del Deuteronomio, 30, 10-13

Dt 30, 10-13: Si obedeces la voz de Yahvé tu Dios, guardando sus mandamientos y preceptos escritos en este libro de la Ley, si te vuelves a Yahvé tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma. Este mandamiento que hoy te doy no está por encima de ti ni fuera de tu alcance. No está en el cielo, para que digas: "¿Quién subirá al cielo por nosotros y nos lo traerá, y nos lo hará oír para que lo cumplamos?". No está más allá del mar, para que digáis: "¿Quién irá más allá del mar por nosotros y nos lo buscará y nos lo hará oír, para que podamos cumplirlo?".

ECR 4.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El árbol viejo ha echado nueva rama y yo soy bienaventurada.

Por la Fiesta de las Luces echó semilla la esperanza;

ahora de Nisán la fragancia la ve germinar.

Como el almendro, se cubre de flores mi carne en primavera.

Detalle

Ana canta este cántico, que revela que está embarazada. Véase la anotación sobre la Fiesta de las Luces y la concepción de María.

Anotación

La esperanza ha sembrado las semillas de la Fiesta de las Luces. Según J Aulagnier, la Fiesta de las Luces, o Encénies, tenía lugar en tiempos de Jesús durante la luna llena que seguía a la Fiesta de la Dedicación (Hanukkah), que tenía lugar el 25 de Kislev (es decir, el 10 de diciembre del 22 a.C. para este periodo). La concepción de María tuvo lugar en la siguiente luna llena, el 20 de diciembre del 22 a.C.. Esto corresponde al acontecimiento que la Iglesia celebra el 8 de diciembre.

Marie d'Agreda señala que esta concepción tuvo lugar en domingo (La Ciudad Mística de Dios - Libro 1, Capítulo 15, § 218)

El aire fragante del mes de Nisán. Nisán: 21 de marzo, es decir, 3 meses para anunciar con certeza a Joaquín que esperaba un bebé.

ECR 39.2-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

39.2 Veo a María encorvada hacia una batea, o, mejor, un barreño de barro, mezclando algo que despide vapor en el aire frío y sereno que llena el huerto de Nazaret.

Debe ser pleno invierno. Lo deduzco del hecho de que, menos los olivos, todos los árboles están deshojados y exhaustos. Arriba, un cielo tersísimo y un Sol que aun siendo radiante no logra templar la tramontana que hay, que sopla y hace chocar unas con otras las desnudas ramas u ondular las ramitas entre grises y verdes de los olivos.

La Virgen María lleva un vestido tupido de color marrón casi negro, que la cubre enteramente. Se ha colocado delante una tela basta, a manera de mandil, para protegerlo. Saca de la tina el palo con que estaba removiendo el contenido. Veo que del palo caen gotas de un bonito color bermejo. María observa, se moja un dedo con las gotas que caen, y prueba el color en el mandil. Parece satisfecha.

Entra en la casa y vuelve a salir con muchas madejas de blanquísima lana, y las echa, una a una, en la tina, con paciencia y cautela.

39.3 Mientras está haciendo esto, entra su cuñada — que viene del taller de José — María de Alfeo. Se saludan. Se hablan.

«¿Queda bien?» pregunta María de Alfeo.

«Espero que sí».

«Me aseguró esa gentil que se trata de la misma tinta y del mismo sistema de teñir que utilizan en Roma. Si me lo dio es porque se trataba de ti y por haber hecho aquellas labores. Ella dice que no hay quien borde como tú, ni siquiera en Roma. Debes haber perdido la vista haciéndolas...».

María sonríe y hace un movimiento de cabeza como diciendo: «¡Son cosas sin importancia!».

La cuñada mira las últimas madejas de lana antes de pasárselas a María, y exclama: «¡Qué bien las has hilado! Son hilos tan finos y uniformes que parecen cabellos. Tú todo lo haces bien... y ¡qué rápida! ¿Estas últimas serán más claras?».

«Sí, para la túnica; el manto es más oscuro».

Las dos mujeres se ponen a trabajar juntas: primero, en la tina; luego sacan las madejas, ya de un lindo color purpúreo, y corren veloces a sumergirlas en el agua helada que llena el pilón, colocado bajo la fina vena que mana y cae produciendo notas de risitas apenas perceptibles. Aclaran una y otra vez y luego extienden las madejas sobre unas cañas aseguradas a los árboles de unas ramas a otras.

«Con este viento se secarán bien y rápido» dice la cuñada.

«Vamos donde José. Hay lumbre. Debes estar helada» dice María Stma. «Has sido buena conmigo ayudándome. He acabado pronto y con menos esfuerzo. Gracias».

«¡Oh! ¡María! ¿Qué no haría yo por ti! Estar a tu lado es motivo siempre de gozo. Además... todo este trabajo es por Jesús. Y, ¡es tan encantador tu Hijo!... Ayudándote a ti para la celebración de su mayoría de edad, me parecerá sentirme yo también madre suya».

Y las dos mujeres entran en el taller, lleno de ese olor a madera cepillada que es típico de los talleres de carpintero.

ECR 39.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo el momento en que Jesús entra, acompañado de su Madre, en el — digámoslo así — comedor de la casa de Nazaret.

Jesús tiene doce años. Es un muchacho alto, bien formado, fuerte, aunque no gordo; parece, por su complexión, más adulto de lo que realmente es; le llega ya a su Madre a la altura de los hombros. Su rostro es todavía redondeado y rosado, es todavía el rostro de Jesús niño, rostro que, con el paso del tiempo, con la edad juvenil y viril, se habrá de alargar, y tomará un cromatismo indefinido, una tonalidad como la de ciertos alabastros delicados que tienden apenas al amarillo-rosa.

Sus ojos — también sus ojos — son todavía ojos de niño. Son grandes y miran bien abiertos, con una chispa de alegría perdida en la seriedad de la mirada. Pasado el tiempo, ya no estarán tan abiertos... Los párpados descenderán hasta medio cerrar los ojos, para velarle al Puro y Santo el exceso de mal que hay en el mundo. Solamente en los momentos de los milagros, o cuando ponga en fuga a los demonios o a la muerte, o para curar las enfermedades y los pecados; solamente entonces los abrirá, y centellearán, aún más que ahora. Pero, ni siquiera entonces tendrán esta chispa de alegría mezclada con la seriedad... La muerte y el pecado estarán cada vez más cerca y más presentes, y, con ambos, el conocimiento — con su faceta humana — de la inutilidad del sacrificio a causa de la voluntad contraria del hombre. Sólo en rarísimos momentos de alegría, por estar con los redimidos, y especialmente con los puros — generalmente niños — brillarán de júbilo estos ojos santos y buenos.

Ahora, estando con su Madre, en su casa, y con San José frente a Él, sonriéndole con amor, y con esos primitos suyos que le admiran, y con su tía, María de Alfeo, que le está acariciando, se siente feliz. Mi Jesús tiene necesidad de amor para sentirse feliz, y en este momento lo tiene.

ECR 39.4-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Veo el momento en que Jesús entra, acompañado de su Madre, en el — digámoslo así — comedor de la casa de Nazaret.

Jesús tiene doce años. Es un muchacho alto, bien formado, fuerte, aunque no gordo; parece, por su complexión, más adulto de lo que realmente es; le llega ya a su Madre a la altura de los hombros. Su rostro es todavía redondeado y rosado, es todavía el rostro de Jesús niño, rostro que, con el paso del tiempo, con la edad juvenil y viril, se habrá de alargar, y tomará un cromatismo indefinido, una tonalidad como la de ciertos alabastros delicados que tienden apenas al amarillo-rosa.

Sus ojos — también sus ojos — son todavía ojos de niño. Son grandes y miran bien abiertos, con una chispa de alegría perdida en la seriedad de la mirada. Pasado el tiempo, ya no estarán tan abiertos... Los párpados descenderán hasta medio cerrar los ojos, para velarle al Puro y Santo el exceso de mal que hay en el mundo. Solamente en los momentos de los milagros, o cuando ponga en fuga a los demonios o a la muerte, o para curar las enfermedades y los pecados; solamente entonces los abrirá, y centellearán, aún más que ahora. Pero, ni siquiera entonces tendrán esta chispa de alegría mezclada con la seriedad... La muerte y el pecado estarán cada vez más cerca y más presentes, y, con ambos, el conocimiento — con su faceta humana — de la inutilidad del sacrificio a causa de la voluntad contraria del hombre. Sólo en rarísimos momentos de alegría, por estar con los redimidos, y especialmente con los puros — generalmente niños — brillarán de júbilo estos ojos santos y buenos.

Ahora, estando con su Madre, en su casa, y con San José frente a Él, sonriéndole con amor, y con esos primitos suyos que le admiran, y con su tía, María de Alfeo, que le está acariciando, se siente feliz. Mi Jesús tiene necesidad de amor para sentirse feliz, y en este momento lo tiene.

Está vestido con una túnica suelta, de lana, de color rojo rubí claro, suave, perfectamente tejida, fina y compacta al mismo tiempo. En el cuello, por la parte de delante, en la base de las mangas largas y amplias, y en la base de la túnica, que llega hasta abajo dejando apenas ver los pies calzados con sandalias nuevas y bien hechas — no las usuales suelas sujetas al pie con unas correas —, tiene una greca, no bordada, sino tejida en un color más oscuro sobre el color rubí de la túnica. Deduzco que debe ser obra de su Madre, porque la cuñada la admira y alaba.

Su bonito pelo rubio tiene ya una tonalidad más cargada que cuando era un niño pequeño, con reflejos cobrizos en los aros de los bucles que terminan bajo las orejas; ya no son esos ricitos cortos y vaporosos de la infancia, pero tampoco es la melena de la edad adulta, ondulada, que termina a la altura de los hombros en delicada forma tubular; de todas maneras ya tiende a ésta, en color y forma.

39.5 «He aquí a nuestro Hijo» dice María levantando con su mano derecha la izquierda de Jesús. Parece como si se lo quisiera presentar a todos y confirmar la paternidad del Justo, que sonríe. Y añade: «Bendícele, José, antes de partir para Jerusalén. No fue necesaria la bendición para su inicio en la escuela, primer paso en la vida; hazlo ahora que Él va al Templo para ser declarado mayor de edad. Y bendíceme también a mí. Tu bendición... (María contiene el llanto) le fortalecerá a Él y me dará fuerza a mí para separarme de Él un poco más...».

«María, Jesús será siempre tuyo. La fórmula no lesionará nuestras mutuas relaciones. Yo no te voy a disputar a este Hijo, amado nuestro. Ninguno merece como tú el guiarle en la vida, ¡oh Santa mía!».

María se inclina, toma la mano de José y la besa: es la esposa, y ¡qué respetuosa y amante de su consorte!

José acoge este signo de respeto y de amor con dignidad, mas luego alza esa misma mano y la deposita sobre la cabeza de su Esposa diciéndole: «Sí. Te bendigo, Bendita, y a Jesús contigo. Venid, mis únicos tesoros, honor y finalidad míos». José se muestra solemne: con los brazos extendidos y las palmas vueltas hacia abajo sobre las dos cabezas inclinadas, igualmente rubias y santas, pronuncia la bendición: «El Señor os guarde y os bendiga, tenga misericordia de vosotros y os dé paz. El Señor os dé su bendición». Y luego dice: «En marcha. La hora es propicia para el viaje».

39.6 María coge un manto, amplio, de color granate oscuro, y en elegantes pliegues lo dispone sobre el cuerpo de su Hijo. ¡Y cómo le acaricia al hacerlo!

Salen. Cierran. Se ponen en marcha. Otros peregrinos van en la misma dirección. Fuera del pueblo, las mujeres se separan de los hombres. Los niños van con quien quieren. Jesús se queda con su Madre.

Los peregrinos caminan — la mayoría entonando salmos — por las campiñas llenas de hermosura en el más jubiloso tiempo de primavera. Frescos prados, tiernos cereales, frescos follajes en los árboles poco ha florecidos; hombres cantando por los campos y por los caminos, cantos de pájaros en celo entre las frondas; límpidos arroyos, espejo de las flores de las orillas; corderitos saltarines al lado de sus madres... Paz y alegría bajo el más hermoso cielo de abril.

La visión cesa así.

Detalle

Descripción física del niño Jesús y bendición de José antes de partir para Jerusalén.

ECR 40.1-7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

40.1 El Templo en días de fiesta. Muchedumbre de gente entrando o saliendo por las puertas de la muralla, o cruzando los patios o los pórticos; gente que entra en esta o en aquella construcción sita en uno u otro de los distintos niveles en que está distribuido el conjunto del Templo.

Y también entra, cantando quedo salmos, la comitiva de la familia de Jesús; todos los hombres primero, luego las mujeres. Se han unido a ellos otras personas, quizás de Nazaret, quizás amigos de Jerusalén, no lo sé.

José, después de haber adorado con todos al Altísimo desde el punto en que se ve que los hombres podían hacerlo — las mujeres se han quedado en un piso inferior —, se separa, y, con su Hijo, cruza de nuevo, en sentido inverso, unos patios; luego tuerce hacia una parte y entra en una vasta habitación que tiene el aspecto de una sinagoga (!) — ¿Es que había sinagogas en el Templo! —; habla con un levita, y éste desaparece tras una cortina de rayas para volver después con algunos sacerdotes ancianos. Creo que son sacerdotes; son, eso sí, no cabe duda, maestros en cuanto al conocimiento de la Ley y tienen por eso como misión examinar a los fieles.

40.2 José presenta a Jesús. Antes ambos se habían inclinado con gran reverencia ante los diez doctores, los cuales se habían sentado con majestuosidad en unas banquetas bajas de madera. José dice: «Éste es mi hijo. Desde hace tres lunas y doce días ha entrado en el tiempo que la Ley destina para la mayoría de edad. Mas yo quiero que sea mayor de edad según los preceptos de Israel. Os ruego que observéis que por su complexión muestra que ha dejado la infancia y la edad menor; os ruego que le examinéis con benignidad y justicia para juzgar que cuanto aquí yo, su padre, afirmo, es verdad. Yo le he preparado para este momento y para que tenga esta dignidad de hijo de la Ley. Él sabe los preceptos, las tradiciones, las decisiones, conoce las costumbres de las fimbrias y de las filacterias, sabe recitar las oraciones y las bendiciones cotidianas. Puede, por tanto, conociendo la Ley en sí y en sus tres ramas, Halasia, Midrás y Haggadá, guiarse como hombre. Por ello, deseo ser liberado de la responsabilidad de sus acciones y de sus pecados. Que de ahora en adelante quede sujeto a los preceptos y pague en sí las penas por las faltas respecto a ellos. Examinadle».

«Lo haremos.

40.3 Acércate, niño. ¿Tu nombre?».

«Jesús de José, de Nazaret».

«Nazareno... Entonces, ¿sabes leer?».

«Sí, rabí. Sé leer las palabras escritas y las que están encerradas en las palabras mismas».

«¿Qué quieres decir con ello?».

«Quiero decir que comprendo el significado de la alegoría o del símbolo celados bajo la apariencia; de la misma forma que no se ve la perla pero está dentro de la concha fea y cerrada».

«Respuesta no común, y muy sabia. Raramente se oye esto en boca de adultos, ¡así que fíjate tú, oírselo a un niño, y además, por si fuera poco, nazareno!...».

Se ha despertado la atención de los doctores y sus ojos no pierden de vista un instante al hermoso Niño rubio que los está mirando seguro; sin petulancia, sí, pero también sin miedo.

«Eres honra de tu maestro, el cual, ciertamente, era muy docto».

«La Sabiduría de Dios estaba recogida en su corazón justo».

«¿Estáis oyendo! ¡Dichoso tú, padre de un hijo así!».

José, que está en el fondo de la sala, sonríe y hace una reverencia.

40.4 Le dan a Jesús tres rollos distintos y le dicen: «Lee el que está cerrado con una cinta de oro».

Jesús lo desenrolla y lee. Es el Decálogo. Pero, leídas las primeras palabras, un juez le quita el rollo y dice: «Sigue de memoria». Jesús sigue, tan seguro que parece como si estuviera leyendo. Y cada vez que nombra al Señor hace una profunda reverencia.

«¿Quién te ha enseñado a hacer eso? ¿Por qué lo haces?».

«Porque es un Nombre santo y hay que pronunciarlo con signo interno y externo de respeto. Ante el rey, que lo es por breve tiempo, se inclinan los súbditos, y es sólo polvo, ¿ante el Rey de los reyes, ante el altísimo Señor de Israel, presente, aunque sólo visible al espíritu, no habrá de inclinarse toda criatura, que de Él depende con sujeción eterna?».

«¡Muy bien! Hombre, nuestro consejo es que pongas a tu Hijo bajo la guía de Hil.lel o de Gamaliel. Es nazareno... pero sus respuestas permiten esperar de Él un nuevo gran doctor».

«Mi hijo es mayor de edad. Hará lo que Él quiera. Yo, si su voluntad es honesta, no me opondré».

40.5 «Niño, escucha. Has dicho: “Acuérdate de santificar las fiestas, teniendo en cuenta que el precepto de no trabajar en día de sábado fue dicho no sólo para ti, sino también para tu hijo y tu hija, para tu siervo y tu sierva, e incluso para el jumento”. Entonces, dime: si una gallina pone un huevo en día de sábado, o si una oveja pare, ¿será lícito hacer uso de ese fruto de su vientre, o habrá que considerarlo como cosa oprobiosa?».

«Sé que muchos rabíes — el último de los cuales, en vida aún, es Siammai — dicen que el huevo puesto en día de sábado va contra el precepto. Pero Yo pienso que hay que distinguir entre el hombre y el animal, o quien cumple un acto animal como dar a luz. Si le obligo al jumento a trabajar, yo, al imponerme con el azote a que trabaje, cumplo también su pecado. Pero, si una gallina pone un huevo que ha ido madurando en su ovario, o si una oveja pare en día de sábado — porque ya está en condiciones de nacer su cría —, entonces no. Tal obra, en efecto, no es pecado, como tampoco lo son, a los ojos de Dios, ni el huevo puesto ni el cordero parido en sábado».

«¿Y cómo puede ser eso, si todo trabajo, cualquiera que fuere, en día de sábado, es pecado?».

«Porque el concebir y generar corresponde a la voluntad del Creador y están regulados por leyes dadas por Él a todas las criaturas. Pues bien, la gallina no hace sino obedecer a esa ley que dice que después de tantas horas de formación el huevo está completo y ha de ponerse; y la oveja lo mismo, no hace sino que obedecer a esas leyes puestas por Aquel que todo hizo, el cual estableció que dos veces al año, cuando ríe la primavera por los campos floridos y cuando el bosque se despoja de su follaje y el frío intenso oprime el pecho del hombre, las ovejas se emparejasen para dar luego leche, carne y sustanciosos quesos en las estaciones opuestas, en los meses de más arduo trabajo por las mieses, o de más dolorosa escasez a causa de los hielos. Pues entonces, si una oveja, llegado su tiempo, da a luz a su criatura, ¡oh, ésta bien puede ser sagrada incluso para el altar, porque es fruto de obediencia al Creador!».

40.6 «Yo no seguiría examinándole. Su sabiduría es asombrosa y supera a la de los adultos».

«No. Se ha declarado capaz de comprender incluso los símbolos. Oigámoslo».

«Que antes diga un salmo, las bendiciones y las oraciones».

«También los preceptos».

«Sí. Di los midrasiots».

Jesús dice sin vacilar una letanía de «no hagas esto... no hagas aquello...». Si nosotros debiéramos tener todavía todas estas limitaciones, siendo rebeldes como somos, le aseguro que no se salvaría ninguno...

«Vale. Abre el rollo de la cinta verde».

Jesús abre y hace ademán de leer.

«Más adelante, más».

Jesús obedece.

«Basta. Lee y explica, si es que te parece que haya algún sím­bolo».

«En la Palabra santa raramente faltan. Somos nosotros quienes no sabemos ver ni aplicar. Leo: cuarto libro de los Reyes, capítulo veintidós, versículo diez: “Safán, escriba, siguiendo informando al rey, dijo: ‘El Sumo Sacerdote Jilquías me ha dado un libro’. Habiéndolo leído Safán en presencia del rey, éste, oídas las palabras de la Ley del Señor, se rasgó las vestiduras y dio...”».

«Sigue hasta después de los nombres».

«“...esta orden: ‘Id a consultarle al Señor por mí, por el pueblo, por todo Judá, respecto a las palabras de este libro que ha sido encontrado; pues la gran ira de Dios se ha encendido contra nosotros porque nuestros padres no escucharon, siguiendo sus prescripciones, las palabras de este libro’...”».

«Basta. Este hecho sucedió hace muchos siglos. ¿Qué símbolo encuentras en un hecho de crónica antigua?».

«Lo que encuentro es que no hay tiempo para lo eterno. Y Dios es eterno, y nuestra alma, como eternas son también las relaciones entre Dios y el alma. Por tanto, lo que había provocado entonces el castigo es lo mismo que provoca los castigos ahora, e iguales son los efectos de la culpa».

«¿Cuáles?».

«Israel ya no conoce la Sabiduría, que viene de Dios; y es a Él, y no a los pobres seres humanos, a quien hay que pedirle luz; pero la luz no se recibe sin justicia y fidelidad a Dios. Por eso se peca, y Dios, en su ira, castiga».

«¿Nosotros ya no sabemos? ¿Qué dices, niño! ¿Y los seiscientos trece preceptos?».

«Los preceptos existen, pero son palabras. Los sabemos, pero no los ponemos en práctica. Por tanto, no sabemos. El símbolo es éste: todo hombre, en todo tiempo, tiene necesidad de consultar al Señor para conocer su voluntad, y debe atenerse a ella para no atraer su ira».

40.7 «El niño es perfecto. Ni siquiera la celada de la pregunda insidiosa ha confundido su respuesta. Que sea conducido a la verdadera sinagoga».

Pasan a una habitación de mayores dimensiones y más pomposa. Aquí lo primero que hacen es rebajarle el pelo. José recoge los rizos. Luego le aprietan la túnica roja con un largo cinturón dando varias vueltas en torno a la cintura; le ciñen la frente y un brazo con unas cintas, y le fijan con una especie de bullones unas cintas al manto. Luego cantan salmos, y José alaba al Señor con una larga oración, e invoca toda suerte de bienes para su Hijo.

Termina la ceremonia. Jesús sale acompañado de José. Vuelven al lugar de donde habían venido, se unen de nuevo con los varones de la familia, compran y ofrecen un cordero, y luego, con la víctima degollada, van adonde las mujeres.

María besa a su Jesús. Es como si hiciera años que no lo viera. Le mira — ahora tiene indumento y pelo más de hombre — le acaricia...

Salen y todo termina.