ECR 52.9
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
52.9 Jesús me instruye así:
«Cuando dije a los discípulos: “Vamos a hacer feliz a mi Madre”, había dado a la frase un sentido más alto de lo que parecía. No la felicidad de verme, sino de ser Ella la iniciadora de mi actividad taumatúrgica y la primera benefactora de la humanidad. Recordadlo siempre: mi primer milagro se produjo por María; el primero: símbolo de que es María la llave del milagro. Yo no niego nada a mi Madre. Por su oración anticipo incluso el tiempo de la gracia. Yo conozco a mi Madre, la segunda en bondad después de Dios. Sé que concederos una gracia es hacerla feliz, porque es la Toda Amor. Por esto, sabiéndolo, dije: “Vamos a hacerla feliz”.
Además quise mostrar al mundo su potencia junto a la mía. Destinada a unirse a mí en la carne — puesto que fuimos una carne: Yo en Ella, Ella en torno a mí, como pétalos de azucena en torno al pistilo oloroso y colmo de vida —, destinada a unirse a mí en el dolor — puesto que estuvimos en la cruz Yo con la carne y Ella con su espíritu, de la misma forma que la azucena perfuma tanto con la corola como con la esencia que de ésta se desprende —, era justo unirla a mí en la potencia que se muestra al mundo.
Os digo a vosotros lo que les dije a aquellos invitados: “Dad gracias a María. Por Ella os ha sido dado el Dueño del milagro y por Ella tenéis mis gracias, especialmente el perdón”.
Descansa en paz. Nosotros estamos contigo».