ECR 172.6
Notas del tema
Personajes del Evangelio tal como me fue revelado
Comodidad de lectura
ECR 172.7
El Evangelio como me ha sido revelado
ECR 172.9-11
El Evangelio como me ha sido revelado
Traducción en curso
ECR 172.11
El Evangelio como me ha sido revelado
Traducción en curso
Palabras clave
ECR 172.11
El Evangelio como me ha sido revelado
ECR 173.1 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
El mismo discurso de la montaña.
La muchedumbre va aumentando a medida que los días pasan. Hay hombres, mujeres, ancianos, niños, ricos, pobres. Sigue estando la pareja Esteban-Hermas, aunque todavía no hayan sido agregados y unidos a los discípulos antiguos capitaneados por Isaac. Está también presente la nueva pareja, constituida ayer, la del anciano y la mujer; están muy adelante, cerca de su Consolador; su aspecto es mucho más relajado que el de ayer. El anciano, como buscando recuperar los muchos meses o años de abandono por parte de su hija, ha puesto su mano rugosa en las rodillas de la mujer, y ella se la acaricia por esa necesidad innata de la mujer, moralmente sana, de ser maternal.
Jesús pasa al lado de ellos para subir al rústico púlpito; al pasar acaricia la cabeza del anciano, el cual mira a Jesús como si le viera ya como Dios.
ECR 173.1.5 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Pedro dice algo a Jesús, que le hace un gesto como diciendo: “No importa”. No entiendo de todas formas lo que dice el apóstol; eso sí, se queda cerca de Jesús; luego se le unen Judas Tadeo y Mateo. Los otros se pierden entre la multitud.
[Jesús enseña a la multitud a actuar en secreto, para no recibir alabanzas de los hombres. Quiere que hagamos nuestros actos de caridad y nuestras limosnas y que luego olvidemos que los hemos hecho, para que no nos envanezcamos de orgullo].
« (...) Olvidaos. Del acto en sí mismo, olvidaos. Quedará siempre en vosotros una luz, una voz, una miel, que harán vuestro día luminoso, dichoso, dulce. Pues la luz será la sonrisa de Dios; la miel, paz espiritual — Dios también—; la voz, voz del Padre-Dios diciéndoos: “Gracias”. Él ve el mal oculto y el bien escondido, y os recompensará por ello. Os lo...».
«¡Maestro, contradices tus propias palabras!».
La ofensa, rencorosa y repentina, proviene del centro de la multitud. Todos se vuelven hacia el lugar de donde ha surgido la voz. Hay confusión.
Pedro dice: «¡Ya te lo había dicho... cuando hay uno de ésos, no va bien nada!».
ECR 173.4 · Volume 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Dejad a Dios que os alabe con sus ángeles.
Palabras clave
ECR 173.5 · Volume 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
«¡Maestro, contradices tus propias palabras!».
La ofensa, rencorosa y repentina, proviene del centro de la multitud. Todos se vuelven hacia el lugar de donde ha surgido la voz. Hay confusión.
Pedro dice: «¡Ya te lo había dicho... cuando hay uno de ésos, no va bien nada!».
De la muchedumbre se elevan silbidos y protestas contra el ofensor. Jesús es el único que conserva la calma. Ha cruzado sus brazos a la altura del pecho: alto, herida su frente por el sol, erguido sobre la piedra, con su indumento azul oscuro...
El que ha lanzado la ofensa, haciendo caso omiso de la reacción de la multitud, continúa: «Eres un mal maestro porque enseñas lo que no haces y...».
«¡Cállate! ¡Vete! ¡Deberías avergonzarte!» grita la multitud. «¡Vete con tus escribas! A nosotros nos basta el Maestro. ¡Los hipócritas con los hipócritas! ¡Falsos maestros! ¡Usureros!...». Y seguirían, si Jesús no elevase su voz potente: «¡Silencio! Dejadle hablar». La gente entonces deja de chillar, pero sigue bisbiseando sus improperios, sazonados con miradas furiosas.
«Sí, enseñas lo que no haces. Dices que se debe dar limosna, pero sin ser vistos, y Tú, ayer, delante de toda una multitud, dijiste a dos pobres: “Quedaos, que os daré de comer”».
«Dije: “Que se queden los dos pobres. Serán los benditos huéspedes que darán sabor a nuestro pan”. Nada más. No he dicho que quería darles de comer. ¿Qué pobre no tiene al menos un pan? Mi alegría consistía en ofrecerles buena amistad».
«¡Ya!, ¡ya! ¡Eres astuto y sabes pasar por cordero!...».
El anciano pobre se pone en pie, se vuelve y, alzando su bastón, grita: «Lengua infernal. Tú acusas al Santo. ¿Crees, acaso, saber todo y poder acusar por lo que sabes? De la misma forma que ignoras quién es Dios y aquel a quien insultas, así ignoras sus acciones. Sólo los ángeles y mi corazón exultante lo saben; oíd, hombres, oíd todos y juzgad después si Jesús es el embustero y soberbio de que habla este desecho del Templo. Él...».
«¡Calla, Ismael! ¡Calla por amor a mí! Si he alegrado tu corazón, alegra tú el mío guardando silencio» dice Jesús en tono suplicante.
«Te obedezco, Hijo santo. Déjame decir sólo esto: la boca del anciano israelita fiel le ha bendecido; a Él, que me ha concedido favor de parte de Dios. Dios ha puesto en mis labios la bendición por mí y por Sara, mi nueva hija; no así contigo: sobre tu cabeza no descenderá la bendición. No te maldigo, no ensuciaré con una maldición mi boca, que debe decir a Dios: “Acógeme”. No maldije a quien me renegó y ya he recibido la recompensa divina. Mas habrá quien haga las veces del Inocente acusado y de Ismael, amigo de este Dios que le concede su favor».
Gritos en coro cierran las palabras del anciano, que se sienta de nuevo, mientras un hombre, seguido de improperios, a hurtadillas, se aleja.
La muchedumbre grita: «¡Continúa, continúa, Maestro santo! Sólo te escuchamos a ti. Escúchanos a nosotros: ¡No queremos a esos malditos pájaros de mal agüero! ¡Son envidiosos! ¡Te preferimos a ti! Tú eres santo; ellos, malos. ¡Síguenos hablando, sigue! Ya ves que estamos sedientos sólo de tu palabra. ¿Casas?, ¿negocios?... No son nada en comparación con escucharte a ti».
«Seguiré hablando, pero orad por esos desdichados. No os exasperéis. Perdonad, como Yo perdono. Porque si perdonáis a los hombres sus fallos también vuestro Padre del Cielo os perdonará vuestros pecados; pero si sois rencorosos y no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras faltas. Todos tienen necesidad de perdón.
Detalle
Jesús está predicando. Le interrumpen.
Anotación
Pierre refunfuña: "¡Te lo dije! Cuando hay uno de esos... ¡se desata el infierno! De hecho, ya había advertido a Jesús de la presencia de este personaje en 173.1.
Jesús menciona esta interrupción al día siguiente (en MTS 174).
"¡Cállate, Ismael! Calla por mí" (...)
"Dios ha puesto en mis labios esta bendición para mí y para Sara, mi nueva hija. " Así nos enteramos de los nombres de los dos desgraciados, Ismael y Sara, que habían sido apresados el día anterior. Véase el capítulo anterior.
ECR 173.6 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Ayer he recibido, de una persona que no tenía nada, más de cuanto me han dado todos los que sí tienen. Es un amigo tan pobre como Yo, pero me ha dado una cosa que no se paga con moneda alguna, y que me ha sido motivo de dicha trayendo a mi memoria muchas horas serenas de mi niñez y juventud, cuando todas las noches el Justo imponía sus manos sobre mi cabeza y Yo me iba a descansar con su bendición como custodia de mi sueño. Ayer este amigo mío pobre me ha hecho rey con su bendición. Ved, pues, cómo ninguno de mis amigos ricos me ha dado jamás lo que él. No temáis, por tanto: aunque perdáis el poder del dinero, os bastará el amor y la santidad para poder favorecer al pobre, al cansado o al afligido.