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Notas del tema

Santos, Venerables y Beatos de la Iglesia Católica

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Comodidad de lectura

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ECR 207.9 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Estás contento, Simón de Jonás? No hablas. Casi ni respiras...».

«Tanto... tanto que me parece estar fuera del mundo, en un lugar más santo que si hubiera traspasado el velo del Templo... Tanto que... que ahora, después de haberte visto en este sitio y con la luz de entonces, me produce temblor el haberte tratado... con respeto, sí, pero sólo como a una gran mujer; eso, como a una simple mujer. A partir de ahora no osaré ya decirte como antes: “María”. Antes eras para mí la Madre de mi Maestro, ahora te he visto en la cima de aquellas olas celestiales, te he visto Reina; y yo, miserable, hago esto, como esclavo que soy» y se arroja al suelo y besa los pies de María.

Ahora es Jesús quien habla: «Simón, álzate; ven aquí, a mi lado».

Pedro se pone en la izquierda de Jesús (María está a la derecha).

«¿Qué somos ahora nosotros?» pregunta Jesús.

«¿Nosotros? ¡Hombre, pues Jesús, María y Simón!».

«De acuerdo, pero ¿cuántos somos?».

«Tres, Maestro».

«Entonces somos una trinidad. Un día, en el Cielo, la divina Trinidad pensó: “Es el momento de que el Verbo vaya a la tierra”[2]. En un latido de amor, el Verbo vino a la tierra. Se separó por ello del Padre y del Espíritu Santo. Vino a actuar en la tierra. En el Cielo, los otros Dos contemplaron las obras del Verbo, permaneciendo más unidos que nunca para fundir Pensamiento y Amor en ayuda de la Palabra, operante en la tierra. Llegará un día en que vendrá del Cielo esta orden: “Es el momento de que vuelvas, porque todo está cumplido”. Entonces el Verbo volverá al Cielo, así... (y Jesús se retira un paso hacia atrás dejando a Pedro y a María donde estaban), y desde lo alto del Cielo contemplará las obras de los otros dos de la tierra, los cuales, por santo impulso, se unirán más que nunca, para fundir poder y amor y hacer de ello un medio para cumplir el deseo del Verbo: la redención del mundo a través de la perpetua enseñanza de su Iglesia. Y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo harán con sus rayos una cadena para estrechar, estrechar cada vez más a los dos que estarán todavía en esta tierra: mi Madre, el amor; tú, el poder. Por tanto, ciertamente tendrás que tratar a María como a una reina, pero no como esclavo. ¿No te parece?».

«Me parece todo lo que quieras. ¡Me siento anonadado! ¡Yo el poder? ¡Ah, pues si tengo que ser el poder entonces sí que me debo apoyar en Ella! ¡Madre de mi Señor, no me abandones nunca, nunca, nunca...!».

«No temas. Te tendré siempre cogido de la mano; así, como hacía con mi Niño hasta que fue capaz de andar solo».

«¿Y después?».

«Después te sostendré con la oración. ¡Ánimo, Simón; no dudes nunca del poder de Dios! Ni yo ni José dudamos de su poder, tú tampoco debes dudar. Dios otorga su ayuda en cada hora, si permanecemos humildes y fieles...»

Detalle

La Virgen acaba de contar la Natividad con sus propias palabras.

Anotación

Trinidad celestial - Trinidad terrenal: Para establecer un paralelismo entre la Trinidad celestial (Padre, Hijo y Espíritu Santo) y la Trinidad terrenal (Jesús, María y Pedro), la explicación debe recurrir al recurso de atribuir a Dios pensamientos y comportamientos humanos, estableciendo separaciones y reuniones entre las Personas divinas.

Sin embargo", anota María Valtorta en una copia mecanografiada, "no se puede negar la unión hipostática (= unión de las dos naturalezas, divina y humana) por la cual el Verbo, estando verdaderamente en la carne del Hijo de Dios y de María, no dejó de ser uno con el Padre y, por tanto, con el Amor; no dejó de ser el Santo de los Santos, porque lo era por su naturaleza divina y lo era en su naturaleza humana, por la gracia y por una voluntad perfectísima".

Esta nota, acompañada de los textos de EMV207.11 |EMV324.3 | EMV 567.17 | EMV 630.21 y EMV 634.11, así como de las notas deEMV 54.5 | EMV 68.1 | EMV 342.5 y EMV 346.5, puede servir también para interpretar correctamente las expresiones que se encuentran en EMV 62.2 (para unirme al Padre) | EMV 62.4 (yo estaba en el Padre) | EMV 123.5 (dejé el Cielo) | EMV 126.1 (no a mí, sino al que me envió) | EMV 126.10 | EMV 128.2 (no a mí. A Dios) | EMV 129.3 (Dios está en el Cielo. Adora y acude a Él) | EMV 249.4 | EMV 254.3 (Debes preguntar al que los hizo) | EMV 272.2 | EMV 287.6 (A Dios, no a su Siervo) | EMV 298.6 (No de mí, sino del Padre) | EMV 317.5 | EMV 371.6 | EMV 399.4 (Dejó al Padre) | EMV 452.11 | EMV 479.2 (Vuelve al Padre) | EMV 487.9 | EMV 517.2 (Una parte de la unión he dejado) | EMV 534.8 (La Sabiduría ha dejado el Cielo) | EMV600.21 (He dejado al Padre) | EMV 618.5 (Ya no estoy separado del Padre) | EMV 632.34 (Ha dejado el Cielo) | EMV 637.6 (He dejado el Cielo) | EMV 642.9, etc.

Por último, cabe destacar el concepto expresado por Maria Valtorta en el texto de EMV 474.2/3: la divinidad, siempre unida hipostáticamente al Hombre Jesús, no fue en todo momento sensible al Hombre Redentor, que tuvo que llegar a experimentar este dolor.

ECR 207.10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Ahora venid aquí afuera, junto al riachuelo, a la sombra del árbol bueno que, si el verano estuviera más adelantado, os daría además de su sombra sus manzanas. Venid. Comeremos antes de partir... ¿A dónde, Hijo mío?».

«A Jala. Está cerca. Y mañana iremos a Betsur».

Se sientan a la sombra del manzano. María se apoya contra el recio tronco.

Bartolomé mira fijamente cómo Ella — tan joven y todavía celestemente enardecida por los hechos que ha revivido — acepta de su Hijo el alimento que previamente ha bendecido, y cómo le sonríe con ojos de amor. Y susurra: «“A su sombra he tomado asiento, su alimento sabe delicado a mi paladar”».

Le responde Judas Tadeo: «Es verdad. Se consume de amor. Pero no se puede decir que “fuese despertada bajo un manzano”».

«¿Y por qué no, hermano? ¿Qué sabemos nosotros de los secretos del Rey?» responde Santiago de Alfeo.

Y Jesús, sonriendo, dice: «La nueva Eva fue concebida por el Pensamiento al pie del paradisíaco manzano, para que, con su sonrisa y su llanto, pusiera en fuga a la serpiente y desenvenenara el fruto envenenado. Ella se ha hecho árbol de fruto redentor. Venid, amigos, comed de su fruto; que nutrirse con su dulzura es nutrirse con la miel de Dios».

«Maestro, hace tiempo que deseo saber una cosa: ¿el Cántico que estamos citando se refiere a Ella?» pregunta en voz baja Bartolomé. María está ocupándose del niño y hablando con las otras mujeres.

«Desde el principio del Libro se habla de Ella y de Ella se hablará en los libros futuros, hasta la transformación de la palabra del hombre en la sempiterna alabanza de la eterna Ciudad de Dios» y Jesús se vuelve a las mujeres.

«¡Cómo se nota que es de David! ¡Qué sabiduría! ¡Qué poesía!» dice Simón Zelote a sus compañeros.

Detalle

La Virgen María relató el nacimiento de su Hijo.

Anotación

Libro de los Cantares 2, 3

Ct 2,3 "Como un manzano entre los árboles del bosque es mi amigo entre los jóvenes, me complazco en sentarme bajo su sombra. Qué dulce es su fruto a mi paladar".

Libro de los Cantares 8, 5

Ct 8,5 : ¿Quién es ésta que sube del desierto, apoyada en su amado? EL NACIMIENTO. Allí te concibió tu madre, allí te concibió, allí te dio a luz.

ECR 207.11 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Interviene Judas Iscariote, que, aún bajo la impresión del día anterior, a pesar de que esté tratando de recuperar la libertad que tenía antes, habla poco: «Yo quisiera entender el por qué de esta necesidad de la Encarnación. De acuerdo que el único que con su palabra puede vencer a Satanás es Dios, de acuerdo que Dios es el único que puede tener capacidad de redimir, no lo pongo en duda; pero, en fin, me parece que el Verbo habría podido humillarse menos de lo que lo ha hecho naciendo como todos los hombres, sujetándose a las miserias de la infancia, etc. ¿No habría podido aparecer con forma humana ya adulta, o, si es que quería tener una madre, elegírsela adoptiva, como hizo para el padre? Creo que una vez se lo pregunté, pero no me respondió ampliamente, o al menos no lo recuerdo».

«¡Pregúntaselo, dado que estamos en el tema...!» dice Tomás.

«Yo no. Ya le he hecho disgustarse y todavía no me siento perdonado. Preguntadlo vosotros por mí».

«¡Pero hombre, nosotros aceptamos todo sin pedir tantas dilucidaciones, y tenemos que ser nosotros quienes hagan preguntas? ¡No es justo!» replica Santiago de Zebedeo.

«¿Qué es lo que no es justo?» pregunta Jesús.

Hay un momento de silencio; luego Simón Zelote, haciéndose interprete de todos, repite las preguntas de Judas de Keriot y las respuestas de los otros.

«No soy rencoroso; esto lo primero. Hago las observaciones que debo hacer, sufro y perdono. Lo digo para quien todavía tiene miedo, fruto de su turbación. Por lo que se refiere a mi real Encarnación, digo: es justo que haya sido en este modo. Vendrán días en que muchos, muchos, caerán en errores acerca de mi Encarnación, atribuyéndome precisamente esas formas erradas que Judas querría que Yo hubiera asumido: Hombre compacto en cuanto al cuerpo, pero, en realidad, volátil como un juego de luces, siendo, por tanto, y no siendo al mismo tiempo, carne. Y la maternidad de María sería tal, y al mismo tiempo no lo sería. Yo soy verdaderamente carne, María es verdaderamente la Madre del Verbo encarnado. Si la hora del nacimiento fue sólo un éxtasis, se debió al hecho de ser la nueva Eva, sin peso de culpa ni herencia de castigo. Descansar en Ella no fue una humillación para mí. ¿Rebajaba acaso al maná el tenerle dentro del Tabernáculo? Al contrario: que estar en esa morada era un honor. Otros dirán que Yo, no siendo carne real, no padecí ni morí durante mi paso por la tierra. Sí, no pudiendo negar que estuve en la tierra, se negará mi Encarnación real o mi Divinidad verdadera. La realidad es que Yo soy Uno con el Padre eternamente, y estoy unido a Dios como Carne, pues en verdad le era posible al Amor en su Perfección alcanzar lo inalcanzable revistiéndose de Carne para salvar a la carne. A todos estos errores responde mi entera vida, que da sangre desde el nacimiento hasta la muerte, y que se ha sujetado a todo lo humano, excepto al pecado. Sí, he nacido de Ella, por vuestro bien. ¡No sabéis cuánto se mitiga la Justicia desde que tiene a la Mujer como su colaboradora! ¿Estás satisfecho, Judas?».

«Sí, Maestro».

«Haz tú también lo propio conmigo».

Judas Iscariote agacha la cabeza, confundido, y... quizás realmente tocado por tanta bondad.

Todavía permanecen a la sombra fresca del manzano. Unos dormitan, otros duermen verdaderamente. María se levanta y vuelve a la gruta. Jesús la sigue...

ECR 208.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Es casi seguro que los encontraremos, si durante un trecho volvemos al camino de Hebrón. Por favor, id de dos en dos a buscarlos, por las veredas de las montañas; de aquí a las piscinas de Salomón y de allí a Betsur. Nosotros os seguiremos. Ésta es su zona de pastos» dice el Señor a los doce. Comprendo que está hablando de los pastores.

Los apóstoles se apresuran a ir cada uno con el compañero preferido; sólo la pareja casi inseparable de Juan y Andrés no se une, porque los dos van a Judas Iscariote y le dicen: «Voy contigo», y Judas responde: «Sí, ven, Andrés. Es mejor así, Juan. Tú y yo seríamos dos que ya conocemos a los pastores; es mejor que vayas con algún otro».

«Entonces conmigo el muchacho» dice Pedro, dejando a Santiago de Zebedeo, que, sin protestar, va con Tomás, mientras Simón Zelote va con Judas Tadeo, Santiago de Alfeo con Mateo, y los dos inseparables Felipe y Bartolomé por su cuenta. El niño se queda con Jesús y las dos Marías.

Anotación

Es mejor así, Jean. Tú y yo seríamos dos personas que ya conocen a los pastores. Cf. EMV 75.2 y EMV 75.6.

ECR 208.1-4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Es casi seguro que los encontraremos, si durante un trecho volvemos al camino de Hebrón. Por favor, id de dos en dos a buscarlos, por las veredas de las montañas; de aquí a las piscinas de Salomón y de allí a Betsur. Nosotros os seguiremos. Ésta es su zona de pastos» dice el Señor a los doce. Comprendo que está hablando de los pastores.

Los apóstoles se apresuran a ir cada uno con el compañero preferido; sólo la pareja casi inseparable de Juan y Andrés no se une, porque los dos van a Judas Iscariote y le dicen: «Voy contigo», y Judas responde: «Sí, ven, Andrés. Es mejor así, Juan. Tú y yo seríamos dos que ya conocemos a los pastores; es mejor que vayas con algún otro».

«Entonces conmigo el muchacho» dice Pedro, dejando a Santiago de Zebedeo, que, sin protestar, va con Tomás, mientras Simón Zelote va con Judas Tadeo, Santiago de Alfeo con Mateo, y los dos inseparables Felipe y Bartolomé por su cuenta. El niño se queda con Jesús y las dos Marías.

El camino es fresco y bonito, entre montes llenos de verdor por las distintas parcelas pobladas de bosque o destinadas a prado. Se ven pasar rebaños que van bajo la luz dorada de la aurora hacia los pastos.

A cada sonido de esquila Jesús guarda silencio y mira, luego pregunta a los pastores si Elías, el pastor betlemita, está por esos lugares. Me doy cuenta de que a Elías se le conoce ya como “el betlemita” (aunque otros pastores lo sean también, él es, seria o burlonamente, “el betlemita”). Hacen detenerse al rebaño, dejan de tocar sus toscas flautas, y responden... Ninguno lo sabe.

Los jóvenes tienen, casi todos, estas flautas primordiales de cañas, cosa que hace extasiarse a Margziam, hasta que un pastor anciano y bueno le da el de su nieto diciendo: «Él se hará otra flauta». Y Margziam se va contento con su instrumento, en bandolera, a pesar de que todavía no lo sepa usar.

208.2

«¡Me agradaría mucho encontrarlos!» exclama María.

«Los encontraremos. Seguro. Durante esta estación van siempre en dirección a Hebrón».

El niño se interesa por estos pastores que vieron al niño Jesús y hace mil preguntas a María, la cual, con bondad y paciencia, le explica todo.

«Pero, ¿por qué los castigaron? ¡No habían hecho sino el bien!» pregunta el niño tras oír la narración de sus desventuras.

«Porque muchas veces el hombre comete errores y acusa al inocente de un mal que en realidad ha hecho otro. Pero, por haber sido buenos y haber sabido perdonar, Jesús los quiere mucho. Hay que saber perdonar siempre».

«Pero, ¿y todos esos niños asesinados?, ¿cómo han logrado perdonar a Herodes?».

«Son pequeñuelos mártires, Margziam, y los mártires son santos, y no sólo perdonan a su verdugo sino que le aman porque les abre la puerta del Cielo».

«Pero, ¿están en el Cielo?».

«No, todavía no. Están en el Limbo para alegría de los patriarcas y los justos».

«¿Por qué?».

«Porque, cuando han llegado, con su alma roja de sangre, han dicho: “Somos los heraldos del Cristo Salvador. Alegraos, vosotros que esperáis, porque ya está en la tierra”. Y todos los aman por haberles llevado esta buena nueva».

«Me ha dicho mi padre que la buena nueva es también la Palabra de Jesús. Entonces, cuando mi padre vaya al Limbo, después de haberla transmitido en la tierra, y cuando vaya yo también, ¿nos amarán como a ellos?».

«Pequeñuelo, tú no irás al Limbo».

«¿Por qué?».

«Porque para entonces Jesús ya habrá vuelto al Cielo y le habrá abierto, así que todos los buenos, cuando mueran, irán inmediatamente al Cielo».

«Yo seré bueno. Lo prometo. ¿Y Simón de Jonás? ¡También él, eh! Que no quiero ser huérfano por segunda vez».

«Estáte seguro de que también él irá al Cielo. De todas formas, en el Cielo no hay huérfanos. Allí tenemos a Dios, y Dios es todo. Aquí tampoco somos huérfanos, porque el Padre está siempre con nosotros».

«Pero Jesús, en esa bonita oración que tú durante el día y mi madre durante la noche me habéis enseñado, dice: “Padre nuestro que estás en los Cielos”. Nosotros no estamos en el Cielo todavía. ¿Cómo podemos estar con Él?».

«Porque Dios está en todas partes, hijo mío. Dios vela por el niño que nace y por el anciano que muere. Sobre cualquier niño que esté naciendo en este momento en el lugar más remoto de la tierra están la mirada y el amor de Dios, y estarán hasta su muerte».

«¿Aun en el caso de que sean malos, como Doras?».

«Sí».

«¿Pero puede Dios, que es bueno, amar a Doras, que es muy malo y hace llorar a mi anciano padre?».

«Le mira con dolor e indignación. Pero, si se arrepintiera, le diría lo mismo que el padre de la parábola al hijo arrepentido.

208.3

Deberías rezar para que se arrepintiera y...».

«¡No, Madre! ¡¡¡Voy a rezar para que se muera!!!» dice con furia el niño. A pesar de que esta reacción sea poco... angélica, su ímpetu es tal, y tan sincero, que los presentes no pueden hacer menos que echarse a reír.

María, recobrando su dulce seriedad de maestra, dice: «No, bonito; no debes hacer eso con un pecador. Si lo hicieras, Dios no te escucharía y te miraría a ti también con severidad. Incluso al perverso debemos desearle el mayor bien. La vida es un bien porque da al hombre la oportunidad de adquirir méritos ante los ojos de Dios».

«Pero el malo lo que gana son pecados».

«Se reza para que se vuelva bueno».

El niño medita un poco... pero no se le ve muy dispuesto a digerir esta lección sublime y concluye: «Doras no se volverá bueno aunque yo rece. Es demasiado malo. No se volvería bueno ni aunque conmigo rezasen todos los niños mártires de Belén. Pero, ¿sabes que... sabes que... un día pegó con una barra de hierro a mi anciano padre porque le encontró sentado durante el tiempo de trabajo? No podía ponerse en pie porque se sentía mal, y él... le pegó y le dejó como muerto, y luego le dio una patada en la cara... Yo lo estaba viendo, porque estaba escondido detrás de un seto... Me había acercado porque hacía dos días que ninguno me llevaba pan y tenía hambre... Tuve que alejarme para que no me oyeran, porque lloraba al ver a mi padre con la barba manchada de sangre, tendido en el suelo, como muerto... Me alejé llorando; mendigué un pan... pero ese pan le conservo todavía aquí... y sabe a sangre y a lágrimas de mi padre y mías, y de todos los que padecen tortura y no pueden amar a sus verdugos. Yo quisiera apalear a Doras para que sintiera lo que son los palos, y quisiera dejarle sin pan para que supiera lo que es el hambre, y hacerle trabajar al sol, metido en el barro, bajo la amenaza del vigilante, sin comer, para que supiera lo que está dando él a los pobres... No puedo amarle, porque... porque me está matando a mi anciano padre, y porque... yo, si no os hubiera encontrado a vosotros, ¿de quién hubiera sido después?».

El niño, presa de una convulsión de dolor, grita y llora, temblando, todo alterado, dando golpes al aire — pues no puede dárselos al verdugo — con sus pequeños puños. Las mujeres están perplejas y conmovidas y tratan de calmarle; pero el niño está verdaderamente envuelto en una crisis de dolor y no oye. Grita: «No puedo, no puedo quererle ni perdonarle. ¡Le odio, le odio por todos, le odio, le odio!...».

Da pena y miedo.

208.4

Es la reacción de un niño que ha sufrido demasiado.

Y Jesús lo dice: «El mayor delito de Doras es éste, inducir a un inocente a odiar...». Y toma en brazos al niño y le habla: «Escúchame, Marziam. ¿Quieres reunirte un día con mamá y papá, con tus hermanitos y con el anciano padre?».

«¡Siií!...».

«Pues entonces no debes odiar a nadie. En el Cielo no entra quien odia. ¿No puedes orar, por ahora, por Doras? Bueno, pues no ores, pero no odies. ¿Sabes lo que tienes que hacer? No debes nunca volverte hacia atrás a pensar en el pasado...».

«Pero el sufrimiento de mi padre no es el pasado...».

«Eso es verdad. Pero, mira, Marziam, ora sólo así: “Padre nuestro que estás en los Cielos, en tus manos encomiendo el deseo de mi corazón...”. Verás cómo el Padre te escucha en el mejor de los modos. ¿Qué conseguirías matando a Doras? Perderías el amor de Dios, el Cielo, la unión con tu padre y tu madre, y no librarías de los sufrimientos al anciano que amas. Eres demasiado pequeño para poderlo hacer. Pero Dios sí puede hacerlo. Díselo a Él. Dile: “¡Sabes cuánto quiero a mi anciano padre y a todos los que son infelices! Tú lo puedes todo, lo dejo en tus manos”. ¿No quieres predicar la Buena Nueva, que habla de amor y perdón? ¿Cómo vas a decirle a uno: “No odies. Perdona”, si tú no sabes amar y perdonar? Déjalo, déjalo en manos de Dios, y verás lo bien que Él dispone todo. ¿Lo vas a hacer así?».

«Sí, porque te quiero».

Jesús besa al niño y le baja al suelo. Así se concluye este episodio, y también el camino.

Anotación

Es mejor así, Jean. Tú y yo seríamos dos personas que ya conocen a los pastores. Cf. EMV 75.2 y EMV 75.6.

Cuando suena el clarín, Jesús deja de hablar. Clarín: Campana que se coloca alrededor del cuello del ganado.

En esta hermosa oración que me enseñasteis tú y mi madre, ella de noche y tú de día: cf. EMV 206,14.

Si se arrepentía, le decía lo que el padre de la parábola dijo a su hijo arrepentido. En la parábola del hijo pródigo(EMV 205,5).

ECR 208.5-6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Resplandecen las tres balsas excavadas en la roca del monte, obra verdaderamente grandiosa: resplandece su superficie cristalina y la cola de agua que del primer estanque baja al segundo (más grande), y de éste al tercero (realmente un pequeño lago que dirige, a través de los conductos, hacia ciudades lejanas, el agua). Por la humedad del suelo, en esta zona, todo el monte, desde el manantial hasta los estanques y de éstos al pie, es de una bellísima fertilidad; flores, en combinación más rica que las silvestres, ríen, por las pendientes verdes, junto a hierbas perfumadas y singulares: en efecto, da la impresión de que estas flores fueran de jardín y que hubieran sido sembradas por el hombre, como también las hierbas olorosas, y difunden por el aire, con el sol que las calienta, su perfume (canela, alcanfor, clavel, espliego, y otros aromas penetrantes, fragantes, fuertes, delicados...) en una fusión maravillosa de los mejores olores de la tierra; yo diría “sinfonía de perfumes”; es la gran composición poética de hierbas y flores, con sus colores y fragancias.

Todos los apóstoles están sentados a la sombra de un árbol cargado de grandes flores blancas cuyo nombre desconozco, con sus enormes campanillas colgantes de esmalte blanco, que ondean ante el mínimo soplo de viento; cada vaivén esparce por el aire una ola de fragancia. Desconozco el nombre de este árbol, pero por su tipo de flor me recuerda a un arbusto de Calabria, que allí le llaman “bottaro”; no por lo que respecta al tallo, ya que éste es un árbol alto, de tronco recio, no un arbusto.

Jesús los llama y ellos acuden.

«Hemos encontrado, al poco rato de separarnos, a José, que estaba regresando de un mercado. Esta tarde estarán todos en Betsur. Nos hemos reunido llamándonos a voces, y luego hemos estado aquí, al fresco» explica Pedro.

«¡Qué bonito lugar! ¡Parece un jardín! No había acuerdo entre nosotros respecto a si era, o no, natural; unos se obstinaban en una cosa y otros en la otra» dice Tomás.

«La tierra de Judea tiene estas maravillas» dice Judas Iscariote, inevitablemente llevado por todas las cosas, incluso por las flores y las hierbas, a la soberbia.

«Sí, pero... yo creo que si, por ejemplo, el jardín de Juana, en Tiberíades, quedase abandonado y pasase al estado natural, Galilea tendría también la maravilla de espléndidas rosas entre ruinas» rebate Santiago de Zebedeo.

«Y no estás en error. En esta zona estaban los jardines de Salomón, célebres en el mundo de entonces como sus palacios. Quizás soñó aquí el Cantar de los Cantares y aplicó a la Ciudad santa todas las bellezas que por voluntad suya habían crecido aquí» dice Jesús.

«¡Entonces tenía razón yo!» dice Judas Tadeo.

«Sí, tenías razón. Fíjate, Maestro, Judas citaba el Eclesiastés y unía la idea de los jardines con la de los depósitos y terminaba diciendo: “Pero se dio cuenta de que todo es vanidad y de que nada dura bajo el sol, excepto la Palabra de mi Jesús”» dice el otro hermano, Santiago.

«Gracias. Demos también las gracias a Salomón, sean o no suyas las flores originarias; sí lo son, sin duda, los estanques, que proveen de agua a las plantas y a los hombres. Bendito sea por este motivo. Vamos allá, a aquel rosal grande y descuidado que ha entretejido una galería florida de árbol a árbol. Allí nos detendremos. Estamos casi a mitad de camino»....

208.6 ...Y reanudan el camino hacia la hora nona, cuando ya las sombras de cada árbol de esta zona — toda ella muy bien cultivada — se alargan. Da la impresión de estar en un inmenso jardín botánico, porque todas las especies de árboles, maderables, frutales, ornamentales, están en él representadas. Abundan los labriegos, pero no se interesan de esta comitiva, que, por otra parte, no es la única; otros grupos de hebreos recorren el trayecto de retorno de las fiestas pascuales.

El camino, quebrado entre los montes, es, a pesar de ello, bastante bueno, y las vistas, continuamente variadas, le quitan monotonía. Regatos y torrentes dibujan comas de plata líquida, y escriben palabras, para después cantarlas con sus mil meandros intersecados, que se expanden entre los árboles del bosque, o desaparecen en el interior de cavernas para después volver a la luz más bellos: parece como si jugaran con los árboles y las piedras, como niños amenos.

ECR 208.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Todos los apóstoles están sentados a la sombra de un árbol cargado de grandes flores blancas cuyo nombre desconozco, con sus enormes campanillas colgantes de esmalte blanco, que ondean ante el mínimo soplo de viento; cada vaivén esparce por el aire una ola de fragancia. Desconozco el nombre de este árbol, pero por su tipo de flor me recuerda a un arbusto de Calabria, que allí le llaman “bottaro”; no por lo que respecta al tallo, ya que éste es un árbol alto, de tronco recio, no un arbusto.

Jesús los llama y ellos acuden.

«Hemos encontrado, al poco rato de separarnos, a José, que estaba regresando de un mercado. Esta tarde estarán todos en Betsur. Nos hemos reunido llamándonos a voces, y luego hemos estado aquí, al fresco» explica Pedro.

ECR 208.6 · Volume 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

...Y reanudan el camino hacia la hora nona, cuando ya las sombras de cada árbol de esta zona — toda ella muy bien cultivada — se alargan. Da la impresión de estar en un inmenso jardín botánico, porque todas las especies de árboles, maderables, frutales, ornamentales, están en él representadas. Abundan los labriegos, pero no se interesan de esta comitiva, que, por otra parte, no es la única; otros grupos de hebreos recorren el trayecto de retorno de las fiestas pascuales.

El camino, quebrado entre los montes, es, a pesar de ello, bastante bueno, y las vistas, continuamente variadas, le quitan monotonía. Regatos y torrentes dibujan comas de plata líquida, y escriben palabras, para después cantarlas con sus mil meandros intersecados, que se expanden entre los árboles del bosque, o desaparecen en el interior de cavernas para después volver a la luz más bellos: parece como si jugaran con los árboles y las piedras, como niños amenos.

También Marziam ahora, completamente tranquilizado, juega, y trata de tocar su instrumento para imitar a los pajarillos. Pero, la verdad es que no emite canto de pájaros, sino lamentos muy desentonados, y me parece que los más difíciles de la comitiva — Bartolomé por su edad, Judas de Keriot por muchos motivos — no los reciben con ningún agrado. Pero no dicen nada claramente, y el niño sigue chiflando y saltando de un lado para otro. Sólo en dos ocasiones se interrumpe para señalar hacia un pueblecito anidado en medio del bosque, y dice: «¿Es el mio?», y se pone palidísimo. Pero Simón, que va bien cerca de él, responde: «El tuyo está muy lejos de aquí. Ven, ven; vamos a ver si cogemos esa bonita flor y se la llevamos a María» y así le distrae.