ECR 47.6
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
47.6 El valor de la pureza es tal que — lo has visto — Satanás se preocupaba ante todo de inducirme a la impureza. Él sabe bien que la culpa sensual desmantela el alma y la hace fácil presa para las otras culpas. La atención de Satanás se dirigió a este punto capital para vencerme.
El pan, el hambre, son las formas materiales para la alegoría del apetito, de los apetitos que Satanás explota para sus fines. ¡Bien distinto es el alimento que él me ofrecía para hacerme caer como ebrio a sus pies! Después vendría la gula, el dinero, el poder, la idolatría, la blasfemia, la abjuración de la Ley divina. Mas el primer paso para poseerme era éste: el mismo que usó para herir a Adán.
Detalle
Contextualización: Jesús habla de la pureza, de la virginidad del espíritu, y vuelve a su tentación en el desierto.
Desafío: Adán y Eva cometieron un pecado de lujuria (véase la nota de Maria Valtorta más abajo).
Nota de Maria Valtorta
Cuando Jesús habla de la sensualidad que Satanás utilizó para llegar a Adán, Maria Valtorta anota en una copia mecanografiada: "El hombre como hijo de Dios había sido herido por el orgullo y la desobediencia. Quedaba el hombre animal. Estaba herido por la lujuria porque, una vez perdida la gracia, pecó como hombre natural. Jesús era Dios y hombre. Intocable como Dios. Así que sólo como "hombre" podía ser tentado por Satanás.