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Notas del tema

Vicios, defectos, imperfecciones, pecados y malas inclinaciones

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Comodidad de lectura

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ECR 196.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Es difícil remontarse al hontanar. El hombre está bien hincado ya desde hace siglos, milenios, en el fango, y el hontanar está en las cimas, muy alto. Además, el primero de los manantiales viene de una inmensa altura: Dios... No obstante, de la mano, os conduciré a los manantiales; sé dónde están...

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Jesús dijo:

ECR 197.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El día empieza con la mañana: justo es que el hombre bendiga al Señor para que el Señor le bendiga durante todo el día en todas sus obras. Pero al atardecer es aún más solemne: declina la luz, cesa el trabajo, llega la noche. La luz que declina recuerda la caída en el mal, y verdaderamente las acciones de pecado se producen generalmente por la noche. ¿Por qué? Porque el hombre ya no está ocupado en el trabajo y más fácilmente se ve envuelto por el Maligno, que proyecta sus propuestas y pesadillas. Bueno es, por tanto, después de haberle agradecido a Dios su protección durante el día, elevarle nuestra súplica para que se alejen de nosotros los fantasmas de la noche y las tentaciones. La noche con su sueño, símbolo de la muerte... Dichosos aquellos que, habiendo vivido con la bendición del Señor se duermen no en las tinieblas sino en una fúlgida aurora.

ECR 199.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Gritan: «¡Piedad de nosotros, Jesús, Salvador nuestro!» y tienden hacia Él sus manos, deformes y llagadas. «¡Jesús, Hijo de David, ten piedad!».

«¿Qué deseáis que os haga?» pregunta Jesús alzando el rostro hacia esas ruinas humanas.

«Que nos liberes del pecado y de la enfermedad».

«Del pecado libera la voluntad y el arrepentimiento...».

«Pero, si Tú quieres, puedes cancelar nuestros pecados. Al menos eso, si no quieres curar nuestros cuerpos».

«Si os digo: “Elegid entre las dos cosas”, cuál queréis?».

«El perdón de Dios, Señor; para sentirnos menos desolados».

Jesús hace un gesto de aprobación, sonriendo luminosamente, y luego alza los brazos y grita: «Sea como queréis. Lo quiero».

¡Como queréis!: puede referirse al pecado o a la enfermedad, o a las dos cosas; los cinco desdichados quedan en la incertidumbre; ellos sí, pero no los apóstoles, que no pueden menos que gritar su hosanna cuando ven que la lepra desaparece rápidamente, como el copo de nieve caído en la llama. Entonces los cinco comprenden que se les ha concedido todo lo que habían pedido... y su grito resuena como un tañido de victoria: se abrazan entre sí, lanzan besos a Jesús — no pueden arrojarse a sus pies —, y luego se vuelven a sus compañeros: «¿No queréis todavía creer? ¡Qué desdichados sois!».

«¡Calma! ¡Tranquilos! Estos pobres hermanos necesitan pensar. No les digáis nada. La fe no se impone; se predica con paz, dulzura, paciencia, constancia, que es lo que haréis después de vuestra purificación, como hizo Simón con vosotros. Por lo demás, el milagro predica ya por sí mismo. Vosotros, los curados, iréis a presentaros al sacerdote lo antes posible; vosotros, los enfermos, esperad para esta tarde nuestro regreso: os traeremos comida. La paz sea con vosotros».

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Jesús fue a ver a unos leprosos.

ECR 199.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿No queréis todavía creer? ¡Qué desdichados sois!».

«¡Calma! ¡Tranquilos! Estos pobres hermanos necesitan pensar. No les digáis nada. La fe no se impone; se predica con paz, dulzura, paciencia, constancia.»

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Jesús acaba de curar a unos leprosos. Todavía hay otros que no han pedido el milagro, pero han visto a sus compañeros curados. Se les pregunta entonces por qué no creen todavía en el Mesías.

ECR 200.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Áglae deja a un lado el fardo que llevaba a la espalda, se arrodilla a los pies de Jesús, rompe a llorar impetuosamente. Se curva hasta el suelo y sigue llorando con la cabeza apoyada sobre los brazos cruzados.

«No llores de ese modo. Ya no es momento de llanto. Sí debías haberlo hecho cuando estabas enemistada con Dios; no ahora, que le amas y te ama».

Pero Áglae sigue llorando...

«¿No crees que es así?».

La voz se abre paso entre los sollozos: «Le amo, es verdad, como sé hacerlo, como puedo... Pero, a pesar de que yo sepa y crea que Dios es Bondad, no puedo atreverme a esperar recibir su amor. He pecado demasiado... Un día, quizás, lo tendré, pero todavía me queda mucho que llorar... Por ahora estoy sola en mi amor. Estoy sola. No es la desesperada soledad de estos años. Es una soledad llena del deseo de Dios, y, por tanto, ya no es soledad desesperada... Pero, es tan triste, tan triste...».

«Áglae, ¡qué mal conoces todavía al Señor! Este deseo que tienes de Él te es prueba de que Dios responde a tu amor, es amigo tuyo, te llama, te invita, le interesas. Dios es incapaz de permanecer inerte ante el deseo de una criatura, porque ese deseo lo ha encendido Él — Creador y Señor de toda criatura — en ese corazón. Y lo ha encendido Él porque ha amado con privilegiado amor a esa alma que ahora le anhela. El deseo de Dios siempre precede al deseo de la criatura, porque Él es el Perfectísimo y, por tanto, su amor es mucho más diligente e intenso que el de la criatura».

«Pero, ¿cómo puede amar Dios mi fango?».

«No trates de entender con tu inteligencia. Es una inmensidad de misericordia, incomprensible para la mente humana. Pero lo que no puede ser comprendido por la inteligencia del hombre, lo comprende la inteligencia del amor, el amor del espíritu. Éste comprende y entra seguramente en el misterio de Dios y en el de las relaciones del alma con Dios. Entra, Yo te lo digo. Entra, porque Dios lo quiere».

«¡Oh, Salvador mío! Pero entonces... ¿estoy realmente perdonada? ¿Me ama verdaderamente Dios? ¿Debo creerlo?».

«¿Te he mentido alguna vez?».

«¡Oh, no, Señor! Todo lo que me dijiste en Hebrón se ha cumplido. Me has salvado, como dice tu Nombre. Yo era una pobre alma perdida y Tú me has buscado. Llevaba mi propia alma muerta y Tú me la has devuelto a la vida. Me dijiste que si te buscaba te encontraría. Y fue verdad. Me dijiste que estás dondequiera que el hombre tenga necesidad de un médico y de medicinas. Y es verdad. Todo lo que le dijiste a la pobre Áglae, desde las palabras de aquella mañana de junio hasta las otras de Agua Especiosa...».

«Debes creer, entonces, también en éstas».

«¡Sí! ¡Creo! ¡Creo! ¡Pero, dime: “Yo te perdono”!».

«Yo te perdono en nombre de Dios y de Jesús».

«Gracias...»

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Aglaia, una antigua pecadora, se encontró con el Señor y lloró ante él. Jesús habla y le dice que no llore.

Anotación

Todo lo que me dijiste en Hebrón se ha hecho realidad. En EMV 77.

ECR 203.1 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Fijaos, Yo me muevo entre continuas contrariedades y desilusiones. Desilusiones por vosotros. Convenceos de que por mí no tengo ninguna desilusión, pues no me ha sido concedido el don de ignorar... Por esta razón también os aconsejo que os dejéis guiar por mí. Si permito una cosa, la que sea, no opongáis resistencia a ello; si no intervengo para poner fin a algo, no os toméis la iniciativa de hacerlo vosotros. Cada cosa a su debido tiempo. Confiad en mí, en todo».

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Jesús habla de las pruebas por las que está pasando el grupo apostólico y exhorta a los apóstoles a confiar en Dios.

ECR 203.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Hay otro motivo, Simón...».

«Dilo, Maestro; con gusto cambiaré de opinión acerca de mi compañero».

«Judas está celoso. Su inquietud es por celos».

«¿Celoso! ¿De quién? No tiene mujer, y, aun en el caso de que la tuviera y fuera con otras mujeres, yo creo que ninguno de nosotros manifestaría desprecio hacia este condiscípulo...».

«Está celoso de mí. Observa esto: Judas se ha alterado después de Endor y de Esdrelón, o sea, cuando ha visto que me he ocupado de Juan y de Yabés; ya verás como ahora, que Juan — sobre todo Juan — dejará nuestro grupo, pasando de mí a Isaac, volverá a estar alegre y tranquilo».

«¡Bien!... ¡bien!, pero no me irás a decir que no se ha apoderado de él un diablo; y, sobre todo... ¡no!, ¡lo digo!... sobre todo, no me irás a decir que ha mejorado en estos meses. Yo también estaba celoso el año pasado... cuando quería que no fuésemos más de nosotros seis, los primeros seis, ¿te acuerdas? Sin embargo, ahora... ¡déjame invocar a Dios por una vez como testigo de mi pensamiento!... ahora digo que cuanto más discípulos hay en torno a ti más feliz me siento: ¡quisiera tener a todos los hombres y conducirlos a ti, y todos los medios para auxiliar a los que lo necesitan, para que la miseria no le significase a ninguno un obstáculo para llegarse a ti! Dios ve que digo la verdad. Pero, ¿por qué soy así ahora?: porque me he dejado cambiar por ti. Él no ha cambiado; es más... ¡que sí, Maestro!... ¡que le ha entrado un demonio, hombre!».

«No digas eso. No lo pienses. Ora porque se cure: los celos son una enfermedad...».

«... que a tu lado se cura, si uno quiere. ¡Le soportaré por ti!... Pero, ¡qué difícil!...».

«Ya te he dado el premio: el niño. Ahora voy a enseñarte a orar...».

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Pedro se sorprendió por la actitud de Judas y Jesús le explicó que estaba celoso. Simón de Jonás dijo entonces que él también había estado celoso el año pasado, pero que ahora había cambiado.

ECR 203.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Tan perfecta es esta oración, que no será menoscabada ni por el tempestuoso oleaje de las herejías ni por el paso de los siglos. La mordedura de Satanás fragmentará el cristianismo; muchas partes de mi carne mística sufrirán la separación, para formar células aisladas en el vano deseo de constituirse en cuerpo perfecto, como será el Cuerpo místico de Cristo (el formado por la totalidad de los fieles unidos en la Iglesia apostólica, que será la única verdadera Iglesia mientras exista la tierra). Estas partículas, separadas, privadas por tanto de los dones que habré de dejar a la Iglesia Madre para nutrir a mis hijos, se llamarán de todas formas cristianas, pues darán culto a Cristo, y, a pesar de su error, siempre recordarán que de Cristo han venido. Pues bien, también ellas dirán esta oración universal. Recordadla bien. Meditadla continuamente. Aplicadla en vuestras acciones. Basta para santificarse. Si uno estuviera solo, entre paganos, sin iglesias, sin libros, tendría ya en esta oración todo lo cognoscible para meditar y una iglesia abierta en su corazón para esta oración; tendría una regla segura y una segura santificación.

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Jesús habla del Padre Nuestro.

ECR 203.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No hace falta nada más, amigos míos. En estas palabras está encerrado, como en un aro de oro, todo lo que el hombre necesita, para el espíritu y para la carne y la sangre; con estas palabras pedís cuanto les es útil al espíritu, a la carne y a la sangre, y, si hacéis lo que pedís, obtendréis la vida eterna.

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Sobre el Padre Nuestro.

ECR 203.9 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

“Hágase tu Voluntad así en la tierra como en el Cielo”.

La propia voluntad se puede anular en la de otro sólo cuando se le llega a amar con perfección. La propia voluntad se puede anular en la de Dios sólo cuando se han alcanzado las virtudes teologales en forma heroica. En el Cielo — donde no hay defectos — se hace la voluntad de Dios. Sabed, vosotros, hijos del Cielo, hacer lo que en el Cielo se hace.