ECR 54.1
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Deben ser todavía las fiestas pascuales, porque continúa habiendo mucho gentío por la ciudad. Anochece. Muchos se apresuran hacia las casas.
También Jesús se dirige a la casa en que le hospedan. No es la del Cenáculo — que está más en la ciudad, aunque en las afueras —. Ésta es una casa de campo en el pleno sentido de la palabra, entre tupidos olivos. Desde la pequeña y agreste explanada que tiene delante, se ven descender colina abajo, en escalones, los árboles, deteniéndose a la altura de un pequeño torrente escaso de agua, que discurre por el valle situado entre dos colinas poco altas: en la cima de una colina está el Templo; en la otra colina, sólo olivos y más olivos. Jesús está en la parte baja de la ladera de este delicado alcor que sube sin asperezas: serenos árboles, todo manso.
«Juan, hay dos hombres que esperan a tu amigo» dice un hombre anciano, que debe ser el agricultor o el propietario del olivar. Yo diría que Juan le conoce.
«¿Dónde están? ¿Quiénes son?».
«No lo sé. Uno, sin duda, es judío. El otro... no sabría decirte. No se lo he preguntado».
«¿Dónde están?».
«Esperando en la cocina y... y... sí... bueno... hay también uno lleno de llagas... Le he dicho que se estuviera allí porque... no quisiera que estuviera leproso... Dice que quiere ver al Profeta que ha hablado en el Templo».
Jesús, que hasta ese momento había estado callado, dice: «Vamos primero adonde éste. Di a los otros que vengan, si quieren. Hablaré aquí, en el olivar, con ellos». Y se dirige hacia el punto indicado por el hombre.
«¿Y nosotros? ¿Qué hacemos?» pregunta Pedro.
«Venid, si queréis».