Ir al contenido

Notas del tema

Apóstoles

Página 14 de 89

Comodidad de lectura

Aa

ECR 70.8-9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Luego dice Jesús:

«Una comparación más entre mi Juan y otro discípulo, comparación en la que aparece aún más límpida la figura de mi predilecto.

Éste se despoja incluso de su modo de pensar y juzgar para ser “el discípulo”. Juan es aquel que se dona sin querer retener de sí, del sí mismo anterior a la elección, ni siquiera una molécula. Judas, sin embargo, es aquel que no se quiere despojar de sí mismo: la suya es, por tanto, una donación irreal; lleva consigo su yo enfermo de soberbia, de sensualidad, de avidez; conserva su modo de pensar; neutraliza, por tanto, los efectos de la donación y de la Gracia.

Judas: primero de la serie de todos los apóstoles frustrados. ¡Y son tantos...! Juan: arquetipo de los que se hacen hostia por mi amor: tu arquetipo.

Yo y mi Madre somos las Hostias excelsas. Alcanzarnos es difícil, es más, imposible, porque nuestro sacrificio fue de una aspereza total. ¡Pero mi Juan!... Es esa hostia que pueden imitar mis amantes de todas las clases: virgen, mártir, confesor, evangelizador, siervo de Dios y de la Madre de Dios, activo y contemplativo; él dispone de un ejemplo para todos: es aquel que ama.

Observa los distintos modos de razonar. Judas investiga, cavila, opone resistencia, y, aunque externamente parezca que cede, en realidad conserva su forma mental. Juan se siente nada, acepta todo, no pide razones, se siente satisfecho con hacerme feliz. Éste es el ejemplo.

70.9 ­¿Y no te has sentido invadida de paz ante su amor sencillo y encantador? ¡Mi Juan! ¡Y mi pequeño Juan, al que deseo ver cada vez más semejante a mi predilecto! María, acepta todo, diciendo siempre como el Apóstol: “Todo lo que Tú haces está bien hecho, Maestro” para merecer siempre que se te diga: “Eres mi amorosa paz”. También necesito alivio Yo, María. Dámelo. Mi Corazón para descanso tuyo».

Detalle

Dictado vinculado a EMV 70.1-6

ECR 71

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús habla con Judas. Están esperando a Simón el Zelote y a Juan de Zebedeo, que van a reunirse con él. Jesús le dice que Juan es su primer discípulo y Judas se siente herido, pero no dice nada al Maestro. El Maestro, que conoce el corazón, le pregunta al Iscariote por qué no le dice lo que piensa. Luego le pregunta si su padre le quería, y Judas habla de su padre con emoción. El Señor le asegura entonces que, si su padre lo educó como Judas le dice, era ciertamente un hombre justo y que se alegrará de saber que es discípulo del Mesías. Pero Judas debe ver en Jesús al padre que había perdido y no ocultarle nada. Judas declara que llegará a ser bueno si Cristo lo ama tanto. Admite que le dolía no haber sido el primer discípulo, pero Jesús le asegura que no hace diferencia en su corazón entre el primero y el último.

Simón y Juan llegan mientras tanto. El antiguo leproso saluda a su Salvador con un grito de alegría, y Jesús le bendice por la labor de evangelización que ya ha realizado. Simón aprovecha la ocasión para mencionar a Lázaro, y Jesús le promete que irá a verle. A continuación tienen lugar las presentaciones entre los discípulos. Jesús envía a Juan con Judas y pide a Simón que sea indulgente con este hombre, al que Simón-Pedro y los demás no apreciarán. Simón accede y con estas palabras van a evangelizar a la gente en el Templo.

ECR 71.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

71.1 Veo a Jesús con Judas Iscariote, pasear yendo y viniendo junto a una de las puertas del recinto del Templo.

«¿Estás seguro de que vendrá?» pregunta Judas.

«Estoy seguro. Partía al alba, de Betania, y se encontraría en Get-Sammi con mi primer discípulo...».

Una pausa. Jesús se para y mira fijamente a Judas — se le ha puesto de frente; le estudia —, luego le pone una mano encima del hombro y le pregunta: «¿Por qué, Judas, no me expresas tu pensamiento?».

«¿Qué pensamiento? No tengo un pensamiento especial en este momento, Maestro. Te hago incluso demasiadas preguntas. La verdad es que no puedes quejarte de mutismo por mi parte».

«Me haces muchas preguntas y me das muchas informaciones detalladas sobre la ciudad y sus habitantes, pero no me abres tu ánimo. ¿Qué importancia pueden tener para mí las noticias sobre el censo y la estructura de ésta o aquella familia? No soy una persona que no tenga nada que hacer y que haya venido aquí en plan de pasar el rato. Tú sabes para qué he venido. Y, como puedes comprender, ante todo me apremia ser el Maestro de mis discípulos. Por eso quiero por parte de ellos sinceridad y confianza.

71.2 ¿Te quería tu padre, Judas?».

«Me quería mucho. Yo era su orgullo. Cuando volvía de la escuela, e incluso después, cuando volvía a Keriot desde Jerusalén, quería que le dijese todo. Mostraba interés por todo lo que yo hacía. Si eran cosas buenas, se alegraba. Si eran menos buenas, me confortaba. Si había cometido algún error — alguna vez, ya se sabe, todos erramos — y, por ello, había recibido una reprensión, él me mostraba toda la justicia de la amonestación recibida, o todo el error de mi acción. ¡Pero, lo hacía con tanta dulzura...! Parecía un hermano mayor. Terminaba siempre así: “Esto te lo digo porque quiero que mi Judas sea una persona justa. Quiero que me bendigan a través de mi hijo...”. Mi padre...».

Jesús, que ha estado en todo momento mirando fija y atentamente al discípulo, sinceramente conmovido ante la evocación del padre, dice: «Mira, Judas, estáte seguro de cuanto te digo. Ninguna obra le hará tan feliz a tu padre como el que me seas fiel discípulo. El espíritu de tu padre exultará, allí, donde espera la luz — porque si te educó así debió ser justo —, si ve que eres discípulo mío. Pero, para serlo, tú debes decirte: “He vuelto a encontrar a mi padre perdido, al padre que parecía un hermano mayor; le he encontrado de nuevo en mi Jesús, y a Él, como al padre amado que todavía lloro, le diré todo, para recibir guía, bendición o dulce amonestación”. ¡Quiera el Eterno y quieras tú, sobre todo tú, que Jesús no tenga otra cosa que decirte sino: “Eres bueno. Te bendigo”!».

«¡Oh, sí, Jesús, sí! Si me amas mucho, sabré llegar a ser bueno, como Tú quieres y como quería mi padre. Y mi madre así ya no tendrá esa espina en el corazón. Ella decía siempre: “Te has quedado sin guía, hijo, y todavía tenías mucha necesidad de ella”. ¡Cuando sepa que te tengo a ti...!».

«Yo te amaré como ningún otro ser humano podría hacerlo. Te amaré mucho. Te amo mucho. No me defraudes».

«No, Maestro, no. Estaba lleno de conflictos interiores. Envidias, celos, ambiciones de ser el primero, carnalidad; todo luchaba en mí contra las voces buenas. Incluso, hace poco, ¿ves?, Tú me has proporcionado un sufrimiento. Bueno, Tú no, me lo ha proporcionado mi malvada naturaleza... Yo creía que era tu primer discípulo... y me has dicho que tienes ya otro».

«Lo viste tú mismo. ¿No te acuerdas de que en el Templo, durante la Pascua, estaba con muchos galileos?».

«Creía que eran amigos... Creía que yo era el primer discípulo elegido y, por tanto, el predilecto».

«No hay distinciones en mi corazón entre los últimos y los primeros. Si el primero cometiera faltas y el último fuese santo, entonces sí se crearía ante los ojos de Dios la distinción. Pero Yo, Yo amaré lo mismo: con un amor beato al santo, con un amor doloroso al pecador.»

ECR 71.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

71.1 Veo a Jesús con Judas Iscariote, pasear yendo y viniendo junto a una de las puertas del recinto del Templo.

«¿Estás seguro de que vendrá?» pregunta Judas.

«Estoy seguro. Partía al alba, de Betania, y se encontraría en Get-Sammi con mi primer discípulo...».

Detalle

Jesús espera a Simón el Zelote.

ECR 71.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

71.2 «¿Te quería tu padre, Judas?».

«Me quería mucho. Yo era su orgullo. Cuando volvía de la escuela, e incluso después, cuando volvía a Keriot desde Jerusalén, quería que le dijese todo. Mostraba interés por todo lo que yo hacía. Si eran cosas buenas, se alegraba. Si eran menos buenas, me confortaba. Si había cometido algún error — alguna vez, ya se sabe, todos erramos — y, por ello, había recibido una reprensión, él me mostraba toda la justicia de la amonestación recibida, o todo el error de mi acción. ¡Pero, lo hacía con tanta dulzura...! Parecía un hermano mayor. Terminaba siempre así: “Esto te lo digo porque quiero que mi Judas sea una persona justa. Quiero que me bendigan a través de mi hijo...”. Mi padre...».

Jesús, que ha estado en todo momento mirando fija y atentamente al discípulo, sinceramente conmovido ante la evocación del padre, dice: «Mira, Judas, estáte seguro de cuanto te digo. Ninguna obra le hará tan feliz a tu padre como el que me seas fiel discípulo. El espíritu de tu padre exultará, allí, donde espera la luz — porque si te educó así debió ser justo —, si ve que eres discípulo mío. Pero, para serlo, tú debes decirte: “He vuelto a encontrar a mi padre perdido, al padre que parecía un hermano mayor; le he encontrado de nuevo en mi Jesús, y a Él, como al padre amado que todavía lloro, le diré todo, para recibir guía, bendición o dulce amonestación”. ¡Quiera el Eterno y quieras tú, sobre todo tú, que Jesús no tenga otra cosa que decirte sino: “Eres bueno. Te bendigo”!».

«¡Oh, sí, Jesús, sí! Si me amas mucho, sabré llegar a ser bueno, como Tú quieres y como quería mi padre. Y mi madre así ya no tendrá esa espina en el corazón. Ella decía siempre: “Te has quedado sin guía, hijo, y todavía tenías mucha necesidad de ella”. ¡Cuando sepa que te tengo a ti...!».

«Yo te amaré como ningún otro ser humano podría hacerlo. Te amaré mucho. Te amo mucho. No me defraudes».

«No, Maestro, no. Estaba lleno de conflictos interiores. Envidias, celos, ambiciones de ser el primero, carnalidad; todo luchaba en mí contra las voces buenas. Incluso, hace poco, ¿ves?, Tú me has proporcionado un sufrimiento. Bueno, Tú no, me lo ha proporcionado mi malvada naturaleza... Yo creía que era tu primer discípulo... y me has dicho que tienes ya otro».

«Lo viste tú mismo. ¿No te acuerdas de que en el Templo, durante la Pascua, estaba con muchos galileos?».

«Creía que eran amigos... Creía que yo era el primer discípulo elegido y, por tanto, el predilecto».

«No hay distinciones en mi corazón entre los últimos y los primeros. Si el primero cometiera faltas y el último fuese santo, entonces sí se crearía ante los ojos de Dios la distinción. Pero Yo, Yo amaré lo mismo: con un amor beato al santo, con un amor doloroso al pecador.»

ECR 71.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Yo creía que era tu primer discípulo... y me has dicho que tienes ya otro».

«Lo viste tú mismo. ¿No te acuerdas de que en el Templo, durante la Pascua, estaba con muchos galileos?».

«Creía que eran amigos... Creía que yo era el primer discípulo elegido y, por tanto, el predilecto».

«No hay distinciones en mi corazón entre los últimos y los primeros. Si el primero cometiera faltas y el último fuese santo, entonces sí se crearía ante los ojos de Dios la distinción. Pero Yo, Yo amaré lo mismo: con un amor beato al santo, con un amor doloroso al pecador.»

Detalle

Judas dijo:

ECR 71.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

71.3 «Mira, allí viene Juan con Simón: Juan es el primero; Simón es aquel de quien te hablé hace dos días. Tú ya los has visto a Simón y a Juan. Uno estaba enfermo...».

«¡Ah, el leproso! Ya me acuerdo. ¿Ya es discípulo tuyo?».

«Desde el día siguiente».

«Y yo ¿por qué tanta espera?».

«¡¿Judas?!».

«Es verdad. Perdón».

Juan ha visto al Maestro y se lo indica a Simón. Aceleran el paso. El saludo de Juan es un cambio de besos con el Maestro. Simón, por el contrario, se postra ante Jesús y besa sus pies exclamando: «¡Gloria a mi Salvador! ¡Bendice a tu siervo para que sus acciones sean santas a los ojos de Dios, y yo le dé gloria bendiciéndole por haberme otorgado a ti!».

Jesús le pone la mano sobre la cabeza: «Sí, te bendigo para darte las gracias por tu trabajo. Álzate, Simón. Mira, Juan; mira, Simón: éste es el último discípulo, también él quiere seguir la Verdad; es hermano, por tanto, para todos vosotros».

Se saludan mutuamente. Los dos judíos con recíproca indagación, Juan expansivamente.

«¿Estás cansado, Simón?» pregunta Jesús.

«No, Maestro. Junto con la salud me ha venido un vigor que aún no conocía».

«Y sé que lo empleas bien. He hablado con muchos y todos me han referido de ti que los habías instruido sobre el Mesías».

Simón sonríe contento. «Ayer por la tarde también hablé de ti con un honesto israelita. Espero que un día le conozcas. Quisiera llevarte a él».

«Esto no es imposible».

Judas interviene: «Maestro, me has prometido que vendrías conmigo a Judea».

«E iré. Simón continuará instruyendo a las personas acerca de mi venida. El tiempo es breve, amigos, y la gente es mucha.

71.4 Yo ahora me voy con Simón. Por la tarde vosotros dos vendréis a mi encuentro por el camino del Monte de los Olivos. Distribuiremos dinero a los pobres. Ahora marchaos».

Jesús, solo con Simón, le pregunta: «Esa persona de Betania ¿es un verdadero israelita?».

«Un verdadero israelita. Participa de todas las ideas imperantes, pero tiene también verdadera ansia del Mesías. Cuando le dije: “Él está entre nosotros”, respondió en seguida: “¡Dichoso yo que vivo en esta hora!”».

«Iremos a verle un día, a llevar bendición a su casa. ¿Has visto al nuevo discípulo?».

«Le he visto. Es joven y parece inteligente».

«Sí. Lo es. Tú, que eres judío, compadécele por sus ideas, más que a los otros».

«¿Es un deseo o una orden?».

«Es una dulce orden. Tú, que has sufrido, puedes tener más indulgencia. El dolor es maestro de muchas cosas».

«Si Tú me lo ordenas, seré con él todo indulgencia».

«Sí. Así. Quizás mi Pedro — y no sólo él — se escandalizará un poco al ver cómo cuido a este discípulo y me preocupo de él. Pero un día comprenderán... Cuanto peor formado está uno, más necesidad tiene de cuidados. Los otros... ¡oh!, los otros se forman incluso por sí mismos, por el solo contacto. Yo no quiero hacer todo solo. Pido la voluntad del hombre y la ayuda de los demás para formar a un hombre. Os llamo a ayudarme... y os agradezco la ayuda».

«Maestro, ¿estás suponiendo que te va a defraudar?».

«No. Pero es joven, y ha crecido en Jerusalén».

«¡Oh! A tu lado se corregirá de todos los vicios de esta ciudad... Estoy seguro de ello. Yo, viejo y seco por el rencor, he quedado completamente renovado desde que te vi...».

Jesús susurra: «¡Que así sea!». Luego dice fuerte: «Ven conmigo al Templo. Voy a evangelizar al pueblo».

Y la visión tiene fin.

Detalle

Jesús está con Judas y Simón el Zelote y Juan se unen a él.

ECR 71.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Juan ha visto al Maestro y se lo indica a Simón. Aceleran el paso. El saludo de Juan es un cambio de besos con el Maestro. Simón, por el contrario, se postra ante Jesús y besa sus pies exclamando: «¡Gloria a mi Salvador! ¡Bendice a tu siervo para que sus acciones sean santas a los ojos de Dios, y yo le dé gloria bendiciéndole por haberme otorgado a ti!».

Jesús le pone la mano sobre la cabeza: «Sí, te bendigo para darte las gracias por tu trabajo. Álzate, Simón. Mira, Juan; mira, Simón: éste es el último discípulo, también él quiere seguir la Verdad; es hermano, por tanto, para todos vosotros».

Se saludan mutuamente. Los dos judíos con recíproca indagación, Juan expansivamente.

«¿Estás cansado, Simón?» pregunta Jesús.

«No, Maestro. Junto con la salud me ha venido un vigor que aún no conocía».

«Y sé que lo empleas bien. He hablado con muchos y todos me han referido de ti que los habías instruido sobre el Mesías».

Simón sonríe contento. «Ayer por la tarde también hablé de ti con un honesto israelita. Espero que un día le conozcas. Quisiera llevarte a él».

«Esto no es imposible».

Judas interviene: «Maestro, me has prometido que vendrías conmigo a Judea».

«E iré. Simón continuará instruyendo a las personas acerca de mi venida. El tiempo es breve, amigos, y la gente es mucha.

71.4 Yo ahora me voy con Simón. Por la tarde vosotros dos vendréis a mi encuentro por el camino del Monte de los Olivos. Distribuiremos dinero a los pobres. Ahora marchaos».

Detalle

Jesús está con Judas y Simón el Zelote y Juan se unen a él.

ECR 71.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Has visto al nuevo discípulo?».

«Le he visto. Es joven y parece inteligente».

«Sí. Lo es. Tú, que eres judío, compadécele por sus ideas, más que a los otros».

«¿Es un deseo o una orden?».

«Es una dulce orden. Tú, que has sufrido, puedes tener más indulgencia. El dolor es maestro de muchas cosas».

«Si Tú me lo ordenas, seré con él todo indulgencia».

«Sí. Así. Quizás mi Pedro — y no sólo él — se escandalizará un poco al ver cómo cuido a este discípulo y me preocupo de él. Pero un día comprenderán... Cuanto peor formado está uno, más necesidad tiene de cuidados. Los otros... ¡oh!, los otros se forman incluso por sí mismos, por el solo contacto. Yo no quiero hacer todo solo. Pido la voluntad del hombre y la ayuda de los demás para formar a un hombre. Os llamo a ayudarme... y os agradezco la ayuda».

«Maestro, ¿estás suponiendo que te va a defraudar?».

«No. Pero es joven, y ha crecido en Jerusalén».

«¡Oh! A tu lado se corregirá de todos los vicios de esta ciudad... Estoy seguro de ello. Yo, viejo y seco por el rencor, he quedado completamente renovado desde que te vi...».

Jesús susurra: «¡Que así sea!». Luego dice fuerte: «Ven conmigo al Templo. Voy a evangelizar al pueblo».

Y la visión tiene fin.

Detalle

Jesús habla con Simón el Zelote sobre Judas y Simón Pedro.

ECR 72

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús, Juan, Simón el Zelote y Judas están juntos. El Maestro les pide que le acompañen a Judea, a no ser que les resulte muy penoso, especialmente a Simón. Pero Simón dice que tiene un nuevo vigor desde el milagro del Señor y que las escamas del odio han caído de su corazón. Incluso afirma que este milagro del corazón es mayor que el milagro físico y, refunfuñando, Judas pregunta por qué Jesús no hace esto a todo el mundo. Juan interviene y dice que el Maestro ya los está cambiando: al menos desde que el Mesías lo llamó a seguirlo. El Amado se avergüenza entonces de haber hablado delante del Maestro, pero el hermano de Santiago no quiere que Judas entristezca al Maestro. Entonces Jesús toma la palabra y dice que llegará un momento en que recibirán fuerza, gracia y sabiduría del Señor, y que juzgarán con justicia. Incluso dijo que los enviaría y que serían capaces de hacer milagros... Judas se alegró de este pensamiento, Juan menos porque ya no estarían con Jesús. Sin embargo, Simón el Zelote les indica que si Cristo actúa así es porque sabrá lo que hace y que deben confiar en él, permaneciendo humildes incluso cuando hagan milagros. Judas declara que si quiere hacer milagros es para ver triunfar al Maestro... Y Simón le habla hábilmente de los pensamientos humanos que corrompen la imagen de Cristo anunciada en las Escrituras: toma el ejemplo de los zelotes, que querían un Reino humano y que fueron castigados por Dios y por Roma. En su castigo, sin embargo, Simón conoció al Hijo de Dios y lo reconoció en el momento oportuno.

La conversación se apaga y Jesús revela que van a Belén.