Ir al contenido

Notas del tema

El séquito de Jesús

Página 4 de 153

Comodidad de lectura

Aa

ECR 8.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Luego prosigue diciendo: «También yo velaré por Ella. Soy sacerdote y ahí dentro tengo mi influencia. Haré uso de ella para este ángel. Además, Isabel vendrá a menudo a verla...».

«¡Oh, claro! Tengo mucha necesidad de Dios y vendré a decírselo a esta Niña para que a su vez se lo diga al Eterno».

Detalle

María está a punto de entrar en el Templo, para consternación de sus padres. Zacarías habla de Ana y de las vírgenes del Templo.

Anotación

Zacarías e Isabel vivían en Hebrón, por lo que podían venir más fácilmente que Joaquín y Ana, que vivían entonces en Nazaret.

ECR 8.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

8.4 ­Ana ya está más animada. Isabel, buscando confortarla aún más, pregunta: «¿No es éste tu velo de cuando te casaste?, ¿o has hilado más muselina?».

«Es aquél. Lo consagro con Ella al Señor. Ya no tengo ojos para hilar... Además, por impuestos y adversidades, las posibilidades eco­nómicas son mucho menores... No me era lícito hacer gastos onerosos. Sólo me he preocupado de que tuviera un ajuar considerable para el tiempo que transcurra en la Casa de Dios y para después... porque creo que no seré yo quien la vista para la boda... Pero quiero que sea la mano de su madre, aunque esté ya fría e inmóvil, la que la haya ornado para la boda y le haya hilado la ropa y el vestido de novia».

«¡Oh, por qué tienes que pensar así?».

«Soy vieja, prima. Jamás me he sentido tan vieja como ahora bajo el peso de este dolor. Las últimas fuerzas de mi vida se las he dado a esta flor, para llevarla y nutrirla, y ahora... y ahora... el dolor de perderla sopla sobre las postreras y las dispersa».

«No digas eso. Queda Joaquín».

«Tienes razón. Trataré de vivir para mi marido».

Joaquín ha hecho como que no ha oído, atento como está a lo que le dice Zacarías; pero sí que ha oído, y suspira fuertemente, y sus ojos brillan de llanto.

Anotación

Me era imposible gastar mucho dinero. Sólo preparé un rico ajuar para su estancia en la Casa de Dios y para después... En la boda de María, Isabel habló de este ajuar preparado por Ana, ya desaparecida (EMV 13.3).

Nuestros recursos han disminuido a causa de los impuestos y los reveses de la fortuna... Este revés de la fortuna se menciona varias veces en la obra, sobre todo en EMV 9.

Ya soy vieja, prima mía. Isabel suele ser presentada como sobrina de Ana y prima de María. Aquí es prima hermana de Ana. A menos que se trate de una designación habitual, como lo era "hermano" para los primos.

ECR 8.4-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Estamos entre tercia y sexta. Creo que sería conveniente ponernos en marcha» dice Zacarías.

Todos se levantan para ponerse los mantos y comenzar a salir.

8.5 Pero María se adelanta y se arrodilla en el umbral de la puerta con los brazos extendidos, un pequeño querubín suplicante: «¡Padre, Madre, vuestra bendición!».

No llora la fuerte pequeña; pero los labiecitos sí tiemblan, y la voz, rota por un interno singulto, presenta más que nunca el tembloroso gemido de una tortolita. La carita está más pálida y el ojo tiene esa mirada de resignada angustia que — más fuerte, hasta el punto de llegar a no poderse mirar sin que produzca un profundo sufrimiento — veré en el Calvario y ante el Sepulcro.

Sus padres la bendicen y la besan. Una, dos, diez veces. No se sacian de besarla... Isabel llora en silencio. Zacarías, aunque quiera no dar muestras de ello, está también conmovido.

Salen. María entre su padre y su madre, como antes; delante, Zacarías y su mujer...

Ahora están dentro del recinto del Templo.

Detalle

María está a punto de entrar en el Templo y dejar a sus padres.

Anotación

Aquí estamos entre la tercera y la sexta hora. 10:30 de la mañana. Esta es la hora de la ofrenda matutina (Éxodo 29:38-39; Éxodo 30:7; Números 28:3-4), también mencionada en EMV 197.5 y EMV 518.1. La ofrenda de la mañana era menos solemne que la de la hora novena.

ECR 8.5-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Por el intenso sol, María parece aún más de nieve. Ahí está, al pie de la escalinata, entre sus padres. ¡Cómo debe latirles el corazón a los tres! Isabel está al lado de Ana, pero un poco retrasada, como medio paso.

8.6 ­Un sonido de trompetas argentinas y la puerta gira sobre los goznes, los cuales, al moverse sobre las esferas de bronce, parecen producir sonido de cítara. Se ve el interior, con sus lámparas en el fondo. Un cortejo viene desde allí hacia el exterior. Es un pomposo cortejo acompañado de sonidos de trompetas argénteas, nubes de incienso y luces.

Ya ha llegado al umbral; delante, el que debe ser el Sumo Sacerdote: un anciano solemne, vestido de lino finísimo, cubierto con una túnica más corta, también de lino, y sobre ésta una especie de casulla — recuerda en parte a la casulla y en parte al paramento de los diáconos — multicolor: púrpura y oro, violáceo y blanco se alternan en ella y brillan como gemas al sol; y dos piedras preciosas resplandecen encima de los hombros más vivamente aún (quizás son hebillas con un engaste precioso); al pecho lleva una ancha placa resplandeciente de gemas sujeta con una cadena de oro; y colgantes y adornos lucen en la parte de abajo de la túnica corta, y oro en la frente sobre la prenda que cubre su cabeza (una prenda que me recuerda a la de los sacerdotes ortodoxos, con su mitra en forma de cúpula en vez de en punta como la mitra católica).

El solemne personaje avanza, solo, hasta el comienzo de la escalinata, bajo el oro del sol, que le hace todavía más espléndido. Los otros esperan, abiertos en forma de corona, fuera de la puerta, bajo el pórtico umbroso. A la izquierda hay un cándido grupo de niñas, con Ana, la profetisa, y otras maestras ancianas.

El Sumo Sacerdote mira a la Pequeña y sonríe. ¡Debe parecerle bien pequeñita al pie de esa escalinata digna de un templo egipcio! Levanta los brazos al cielo para pronunciar una oración. Todos bajan la cabeza como anonadados ante la majestad sacerdotal en comunión con la Majestad eterna.

Luego... una señal a María, y Ella se separa de su madre y de su padre y sube, sube como hechizada. Y sonríe, sonríe a la zona del Templo que está en penumbra, al lugar en que pende el preciado Velo... Ha llegado a lo alto de la escalinata, a los pies del Sumo Sacerdote, que le impone las manos sobre la cabeza. La víctima ha sido aceptada. ¿Alguna vez había tenido el Templo una hostia más pura?

Luego se vuelve y, pasando la mano por el hombro de la Corderita sin mancha, como para conducirla al altar, la lleva a la puerta del Templo y, antes de hacerla pasar pregunta:

«María de David, ¿conoces tu voto?». Ante el «sí» argentino que le responde, él grita: «Entra, entonces. Camina en mi presencia y sé perfecta».

Y María entra y desaparece en la sombra, y el cortejo de las vírgenes y de las maestras, y luego de los levitas, la ocultan cada vez más, la separan... Ya no se la ve...

La puerta se vuelve, girando sobre sus armoniosos goznes. Una abertura, cada vez más estrecha, permite todavía ver al cortejo, que se va adentrando hacia el Santo. Ahora es sólo una rendija. Ahora ya nada. Cerrada.

Al último acorde de los sonoros goznes responde un sollozo de los dos ancianos y un grito único: «¡María! ¡Hija!». Luego dos gemidos invocándose mutuamente: «¡Ana, Joaquín!». Luego, como final: «Glorifiquemos al Señor, que la recibe en su Casa y la conduce por sus caminos».

Y todo termina así.

Anotación

Le hace señas a Marie. Ella se separa de su padre y de su madre y sube, como fascinada. La descripción de María Valtorta es un eco notable de este texto de San Juan Damasceno del siglo VII/XVIII: "María subió corriendo los quince escalones sin volver la vista atrás y sin mirar a sus padres como hacen los niños pequeños. Y esto asombró a todos los presentes, hasta el punto de que incluso los sacerdotes del Templo estaban asombrados".

ECR 8.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Isabel está al lado de Ana, pero un poco retrasada, como medio paso.

Detalle

Cuando Joaquín, Ana y María esperaban al Sumo Sacerdote para presentar a la Virgen en el Templo, Isabel estaba presente.

ECR 8.7-8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

8.7 Dice Jesús:

«El Sumo Sacerdote había dicho: “Camina en mi presencia y sé perfecta”. El Sumo Sacerdote no sabía que estaba hablándole a la Mujer que, en perfección, es sólo inferior a Dios. Mas hablaba en nombre de Dios y, por tanto, su imperativo era sagrado. Siempre sagrado, pero especialmente a la Repleta de Sabiduría.

María había merecido que la “Sabiduría viniera a su encuentro tomando la iniciativa de manifestarse a Ella”, porque “desde el principio de su día Ella había velado a su puerta y, deseando instruirse, por amor, quiso ser pura para conseguir el amor perfecto y merecer tenerla como maestra”.

En su humildad, no sabía que la poseía antes de nacer y que la unión con la Sabiduría no era sino un continuar los divinos latidos del Paraíso. No podía imaginar esto. Y cuando, en el silencio del corazón, Dios le decía palabras sublimes, Ella, humildemente, pensaba que fueran pensamientos de orgullo, y elevando a Dios un corazón inocente suplicaba: “¡Piedad de tu sierva, Señor!”.

En verdad, la verdadera Sabia, la eterna Virgen, tuvo un solo pensamiento desde el alba de su día: “Dirigir a Dios su corazón desde los albores de la vida y velar para el Señor, orando ante el Altísimo”, pidiendo perdón por la debilidad de su corazón, como su humildad le sugería creer, sin saber que estaba anticipando la solicitud de perdón para los pecadores que haría al pie de la Cruz junto con su Hijo moribundo.

“Luego, cuando el gran Señor lo quiera, Ella será colmada del Espíritu de inteligencia”, y entonces comprenderá su sublime misión. Por ahora no es más que una párvula que, en la paz sagrada del Templo, anuda, “reanuda”, cada vez de forma más estrecha, sus coloquios, sus afectos, sus recuerdos, con Dios.

Esto es para todos.

8.8 Pero, para ti, pequeña María, ¿no tiene ninguna cosa particular que decir tu Maestro? “Camina en mi presencia, sé por tanto perfecta”. Modifico ligeramente la sagrada frase y te la doy por orden. Perfecta en el amor, perfecta en la generosidad, perfecta en el sufrir.

Mira una vez más a la Madre. Y medita en eso que tantos ignoran, o quieren ignorar, porque el dolor es materia demasiado ingrata para su paladar y para su espíritu. El dolor. María lo tuvo desde las primeras horas de la vida. Ser perfecta como Ella era era poseer también una perfecta sensibilidad. Por eso, el sacrificio debía serle más agudo; mas, por eso mismo, más meritorio. Quien posee pureza posee amor, quien posee amor posee sabiduría, quien posee sabiduría posee generosidad y heroísmo, porque sabe el porqué por que se sacrifica.

¡Arriba tu espíritu, aunque la cruz te doble, te rompa, te mate! Dios está contigo».

Anotación

Libro de la Sabiduría 6, 13

Sabiduría 6, 13 : Ella advierte a los que la buscan, y se muestra a ellos primero.

Libro de Ben Sira el Sabio 39, 6

Si 39, 6: Si el Señor Soberano quiere, se llenará de espíritu de entendimiento, derramará sus palabras de sabiduría como una lluvia, y en la oración dará gracias al Señor.

ECR 9.1-5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

9.1 Dice Jesús:

«Como un rápido crepúsculo de invierno en que un viento de nieve acumule nubes en el cielo, la vida de mis abuelos conoció rápida la noche, una vez que su Sol se había quedado fijo resplandeciendo ante la sagrada Cortina del Templo.

9.2 ­Pero, ¿acaso no fue dicho: “La Sabiduría inspira vida a sus hijos, toma bajo su protección a los que la buscan... Quien la ama ama la vida, y quien está en vela por ella gozará de su paz. Quien la posee heredará la vida... Quien la sirve rendirá obediencia al Santo, y a quien la ama Dios lo ama mucho... Si cree en ella la tendrá como herencia y le será como tal confirmada a su posteridad porque lo acompaña en la prueba. En primer lugar le elige, luego enviará sobre él temores, miedos y pruebas, le atormentará con el flagelo de su disciplina, hasta haberle probado en sus pensamientos y poder fiarse de él. Mas luego le dará estabilidad, volverá a él por recto camino y le alegrará. Le descubrirá sus arcanos, pondrá en él tesoros de ciencia y de inteligencia en la justicia”?

Sí, todo esto fue dicho. Los libros sapienciales son aplicables a todos los hombres, que en ellos tienen un espejo de sus comportamientos y una guía. Mas dichosos aquellos que puedan ser reconocidos como amantes espirituales de la Sabiduría.

Yo me circundé de una parentela mortal de sabios. Ana, Joaquín, José, Zacarías y, más aún, Isabel y luego el Bautista, ¿no son, acaso, verdaderos sabios? Y eso sin hablar de mi Madre, en la cual la Sabiduría había hecho morada.

9.3 ­Desde la juventud hasta la tumba, la Sabiduría había inspirado a mis abuelos la manera de vivir de forma grata a Dios; y, como un toldo que protege de la violencia de los elementos, los había protegido del peligro de pecar. El santo temor de Dios es base del árbol de la sabiduría, que, a partir de aquél, se desarrolla impetuoso con todas sus ramas para alcanzar con su copa el amor tranquilo en su paz, el amor pacífico en su seguridad, el amor seguro en su fidelidad, el amor fiel en su intensidad, el amor total, generoso, activo de los santos.

“Quien la ama ama la vida y recibirá en herencia la Vida” dice el Eclesiástico. Pues bien, esto se funde con mi: “Aquel que pierda la vida por amor mío, la salvará”. Porque no se habla de la pobre vida de esta tierra, sino de la eterna; no de las alegrías de una hora, sino de las inmortales.

Joaquín y Ana la amaron en ese sentido. Y ella estuvo con ellos en las pruebas.

¡Cuántas, vosotros, que, pensando que no sois completamente malvados, querríais no tener que llorar ni sufrir nunca! ¡Cuántas pruebas sufrieron estos dos justos que merecieron tener por hija a María! La persecución política que los arrojó de la tierra de David, empobreciéndolos excesivamente. La tristeza de ver caer en la nada los años sin que una flor les dijese: “Yo os continuaré”. Y luego la congoja por haberla tenido a una edad en que ciertamente no la iban a ver hacerse mujer. Y, más tarde, el tener que arrancarse de su corazón esta flor para depositarla sobre el altar de Dios. Y el vivir en un silencio más oprimente aún que el primero, ahora que se habían acostumbrado al gorjeo de su tortolita, al rumor de sus pasitos, a las sonrisas, a los besos de su criatura; y esperar en el recuerdo la hora de Dios. Y más, y más todavía: enfermedades, calamidades por la intemperie, abusos de los poderosos... muchos golpes de ariete contra el débil castillo de su modesta prosperidad. Y no acaba aquí todo: el dolor de esa criatura lejana, que se quedaba sola y pobre, y que, a pesar de todas las atenciones y todos los sacrificios, no tendría sino un resto del bien paterno. ¿Y cómo podía encontrarlo, si durante años todavía quedaría yermo, cerrado, esperándola? Temores, miedos, pruebas y tentaciones. Y fidelidad, fidelidad, fidelidad, siempre, a Dios.

9.4 ­La tentación más fuerte: no negarse el consuelo de su hija en torno a su vida ya declinante. Pero, los hijos son de Dios antes que de los padres. Todos los hijos pueden decir lo que Yo le dije a mi Madre: “¿No sabes que debo ocuparme de los intereses del Padre de los Cielos?”. Y todas las madres y todos los padres deben aprender la actitud a guardar en estos casos, mirando a María y a José en el Templo, a Ana y a Joaquín en la casa de Nazaret, cada vez más vacía y triste, aunque, no obstante, en ella una cosa no disminuyese nunca, sino que, al contrario, crecía cada vez más: la santidad de dos corazones, la santidad de una unión matrimonial.

¿Qué luz le queda a Joaquín, enfermo; qué luz le queda a su adolorada esposa en las largas y silenciosas tardes propias de ancianos que se sienten morir? Los vestiditos, las primeras sandalitas, los pobres juguetitos de su criatura lejana, y los recuerdos, los recuerdos, los recuerdos. Y, con éstos, una paz que proviene del poder decir: “Sufro, pero he cumplido mi deber de amor hacia Dios”.

Pues bien, he aquí que se produce una alegría sobrehumana de celestial brillo, no conocida por los hijos de este mundo, y que no se opaca por el hecho de que un grave párpado descienda sobre dos ojos que mueren, sino que en la postrera hora resplandece más, e ilumina verdades que habían estado dentro durante toda la vida, cerradas como mariposas en su capullo, que daban señales de estar dentro de ellos sólo por unos suaves movimientos de ligeros destellos, mientras que ahora abren sus alas de sol mostrando las palabras que las decoran. Y la vida se apaga en el conocimiento de un futuro beato para ellos y para su estirpe, bendiciendo a su Dios.

9.5 ­Así fue la muerte de mis abuelos, como era justo que fuera por su vida santa. Por la santidad merecieron ser los primeros depositarios de la Amada de Dios, y, sólo cuando un Sol mayor se mostró en su vital ocaso, ellos intuyeron la gracia que Dios les había concedido.

Por la santidad que tuvieron, Ana no padeció la tortura propia de la puérpera, sino que experimentó el éxtasis de quien llevó a la Sin Culpa. No sufrieron la angustia de la agonía, sino que fueron languor que se apaga, como dulcemente se apaga una estrella cuando el Sol sale con la aurora. Y, si bien no experimentaron el consuelo de tenerme como Encarnada Sabiduría, como me tuvo José, Yo, no obstante, estaba allí, invisible Presencia que decía sublimes palabras, inclinado hacia su almohada para adormecerlos en la paz en espera del triunfo.

Hay quien dice: “¿Por qué no debieron sufrir al generar y al morir, puesto que eran hijos de Adán?”. A éste le respondo: “Si el Bautista, hijo de Adán y concebido con la culpa de origen, fue presantificado en el seno de su madre porque Yo le visité, ¿ninguna gracia va a haber recibido la madre santa de la Santa sin Mancha, de la Preservada por Dios que llevó consigo a Dios en su espíritu casi divino y en el corazón embrional, y que no se separó nunca de Él desde que fue pensada por el Padre, desde que fue concebida en un seno, hasta que retornó a poseer a Dios plenamente en el Cielo para una eternidad gloriosa?”. A éste le respondo: “La recta conciencia proporciona una muerte serena y las oraciones de los santos os obtienen tal muerte”.

Joaquín y Ana tenían toda una vida de recta conciencia a sus espaldas, y ésta se alzaba como sosegado panorama y los guió hasta el Cielo; y tenían a la Santa en oración por ellos, sus padres lejanos, ante el Tabernáculo de Dios. Dios, Bien supremo, era antes que ellos, pero Ella amaba a sus padres, como querían la ley y el sentimiento, con un amor sobrenaturalmente perfecto».

Anotación

Libro de Ben Sira el Sabio 4, 11-18

Si 4, 11-18 : La Sabiduría conduce a sus hijos a la grandeza; cuida de los que la buscan. Amarla es amar la vida; los que la buscan desde el alba se colmarán de felicidad; el que la posee heredará la gloria; donde entra, el Señor da su bendición.

Los que adoran la sabiduría celebran al Dios santo; los que la aman son amados por el Señor; el que la escucha juzgará a las naciones; el que se aferra a ella estará seguro en su morada. Si confía en ella, la poseerá, y todos sus descendientes la heredarán.

Al principio, ella le conducirá por caminos tortuosos, infundiéndole temor y aprensión, atormentándole con la severidad de su educación, hasta que pueda confiar en ella; le pondrá a prueba con sus exigencias. Entonces volverá directamente a él y le colmará de felicidad revelándole sus secretos.

Todo hijo puede decir lo que yo dije a mi Madre: "¿No sabes que tengo que velar por los intereses del Padre que está en los Cielos? " En Lucas 2, 49 (cf. EMV 41.12).

ECR 9.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo me circundé de una parentela mortal de sabios. Ana, Joaquín, José, Zacarías y, más aún, Isabel y luego el Bautista, ¿no son, acaso, verdaderos sabios? Y eso sin hablar de mi Madre, en la cual la Sabiduría había hecho morada.

Detalle

Jesús dijo:

ECR 9.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No sufrieron la angustia de la agonía, sino que fueron languor que se apaga, como dulcemente se apaga una estrella cuando el Sol sale con la aurora. Y, si bien no experimentaron el consuelo de tenerme como Encarnada Sabiduría, como me tuvo José, Yo, no obstante, estaba allí, invisible Presencia que decía sublimes palabras, inclinado hacia su almohada para adormecerlos en la paz en espera del triunfo.

Hay quien dice: “¿Por qué no debieron sufrir al generar y al morir, puesto que eran hijos de Adán?”. A éste le respondo: “Si el Bautista, hijo de Adán y concebido con la culpa de origen, fue presantificado en el seno de su madre porque Yo le visité, ¿ninguna gracia va a haber recibido la madre santa de la Santa sin Mancha, de la Preservada por Dios que llevó consigo a Dios en su espíritu casi divino y en el corazón embrional, y que no se separó nunca de Él desde que fue pensada por el Padre, desde que fue concebida en un seno, hasta que retornó a poseer a Dios plenamente en el Cielo para una eternidad gloriosa?”. A éste le respondo: “La recta conciencia proporciona una muerte serena y las oraciones de los santos os obtienen tal muerte”.

Anotación

Objeción formulada: "Ana dio a luz sin dolor".

Ana no experimentó los dolores del parto. En una nota mecanografiada, María escribe: "Esto es aceptado incluso por algunos teólogos en el sentido material de los dolores del parto; en realidad, la alegría extática de dar a luz a María prevaleció sobre el sufrimiento natural para cualquier mujer, hasta el punto de que Ana dio a luz sin la angustia y el sufrimiento habituales en este caso".

Desafío planteado: María fue creada desde toda la eternidad (la eternidad está reservada a Dios).

Hablando de María, la Obra dice que "nunca estuvo separada del Padre desde el momento en que pensó en ella". Esto confirma que el alma de María es pensada por Dios desde toda la eternidad (como cada uno de nosotros). Pero esto hay que distinguirlo de su existencia real (hace 2000 años).

ECR 9.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

[Joaquín y Ana] Tenían a la Santa en oración por ellos, sus padres lejanos, ante el Tabernáculo de Dios.Dios, Bien supremo, era antes que ellos, pero Ella amaba a sus padres, como querían la ley y el sentimiento, con un amor sobrenaturalmente perfecto.

Detalle

Los sentimientos de Mary hacia sus padres