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Notas del tema

Personajes principales y secundarios

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Comodidad de lectura

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ECR 78.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Maestro, Saúl ha muerto investido del Espíritu de Dios. Nosotros, que le hemos tocado, estamos limpios o hemos quedado impuros?».

«Impuros».

«¿Y Tú?».

«Yo como los demás. No mudo la Ley. La Ley es ley y el israelita la observa. Impuros hemos quedado. Entre el tercer día y el séptimo nos purificaremos. Hasta entonces, estamos impuros. Judas, Yo no vuelvo adonde tu madre. No llevo impureza a tu casa. Que uno que pueda la avise. Paz a esta ciudad. Vamos».

No veo nada más.

ECR 79

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús camina con sus discípulos hacia Hebrón. Juan, Judas y Simón el Zelote están presentes. Su objetivo es llegar a los pastores, en particular a Leví e Isaac. Judas refunfuña sobre el incidente de Queriot, donde Saulo murió contra el corazón de Jesús, pero el Señor le reprende. También dice que debemos ser fieles a la Ley y dar ejemplo. El grupo apostólico se reúne de nuevo con los pastores, y Elías les cuenta que Aglaia le dio sus joyas en Hebrón. Discuten qué hacer con ellas, pero Cristo no da ninguna orden por el momento. Les cuenta una breve parábola sobre Aglaia y las almas que se arrepienten como ella. A los apóstoles les gustaría dar media vuelta y volver a verla, pero Jesús no quiere y decide que partan enseguida hacia el Monte de las Tentaciones.

ECR 79.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Juan está rojo como la púrpura, cargado como un mozo de cuerda, con una saca grande bien llena. Judas, por su parte, porta la de Jesús junto con la suya. Simón lleva sólo la suya y los mantos. Jesús viste de nuevo su túnica — la madre de Judas debe haber encargado que se la lavaran porque no tiene arrugas — y calza sus sandalias.

Detalle

El grupo apostólico partió de Keroth. La madre de Judas es mencionada por Maria Valtorta.

ECR 79.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.1 Jesús va caminando entre sus discípulos por una vereda que sigue el curso del torrente. Bueno, digo “sigue el curso del torrente” por decirlo de alguna forma. En realidad, el torrente está abajo, mientras que la vereda (una vereda serpenteada, como es fácil encontrar en lugares montañosos) va por arriba, cortando la pendiente.

Juan está rojo como la púrpura, cargado como un mozo de cuerda, con una saca grande bien llena. Judas, por su parte, porta la de Jesús junto con la suya. Simón lleva sólo la suya y los mantos. Jesús viste de nuevo su túnica — la madre de Judas debe haber encargado que se la lavaran porque no tiene arrugas — y calza sus sandalias.

«¡Cuánta fruta! ¡Bonitos los viñedos de aquellas colinas!» dice Juan, que no pierde su buen humor por el calor y la fatiga. «Maestro, ¿es éste el río en cuyas márgenes cogieron los padres los racimos milagrosos?».

«No, es el otro, y más al Sur. Pero toda la región era lugar bendecido por frutos opimos».

«Ahora ya no lo es tanto, aunque todavía sea hermosa».

«Demasiadas guerras han devastado el suelo. Aquí se hizo Israel... pero, para hacerse, tuvo que fecundarse con su sangre y con la de los enemigos».

Anotación

Libro de los Números, 13, 23-24: Llegaron hasta el valle de Eshkol, donde cortaron una rama y un racimo de uvas. Dos de ellos lo llevaban en un palo. También recogieron granadas e higos. El lugar se llamaba Valle de Eshkol (que significa: el Racimo) por el racimo de uvas que los hijos de Israel habían cortado allí.

ECR 79.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Dónde vamos a encontrar a los pastores?».

«A cinco millas de Hebrón, en las orillas del río que decías».

«Al otro lado de aquel collado, entonces».

«Al otro lado».

«Hace mucho calor. El verano… ¿A dónde vamos después, Maestro?».

«A un lugar aún más caliente. Pero os ruego que vengáis. Viajaremos de noche. Las estrellas son tan claras, que no hay oscuridad. Os quiero mostrar un lugar…».

«¿Una ciudad?».

«No... Un lugar... que os hará comprender al Maestro... quizás mejor que sus palabras».

ECR 79.1.2-3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.1 Jesús va caminando entre sus discípulos por una vereda que sigue el curso del torrente. Bueno, digo “sigue el curso del torrente” por decirlo de alguna forma. En realidad, el torrente está abajo, mientras que la vereda (una vereda serpenteada, como es fácil encontrar en lugares montañosos) va por arriba, cortando la pendiente.

Juan está rojo como la púrpura, cargado como un mozo de cuerda, con una saca grande bien llena. Judas, por su parte, porta la de Jesús junto con la suya. Simón lleva sólo la suya y los mantos. Jesús viste de nuevo su túnica — la madre de Judas debe haber encargado que se la lavaran porque no tiene arrugas — y calza sus sandalias. (...)

[Jesús] Se vuelve hacia Juan: «Pesa mucho y casi no puedes; dame tu carga».

«No, Jesús. Estoy acostumbrado a los pesos, y, además... me lo aligera el pensamiento de la alegría que le dará a Isaac».

79.3

Ya están al otro lado del collado. A la sombra del bosque, en la otra vertiente, están las ovejas de Elías; los pastores, sentados a la sombra, las vigilan. Ven a Jesús y se echan a correr hacia Él.

«Paz a vosotros. ¿Aquí estáis?».

«Estábamos preocupados por ti... y por el retardo... dudando si ir hacia ti u obedecer... hemos decidido venir hasta aquí... para obedecerte a ti y al mismo tiempo a nuestro amor. Pero deberías haber llegado hace muchos días».

«Hemos tenido que detenernos…».

«Pero... ¿nada malo?».

«No, nada, amigo. Sólo la muerte de un fiel en mi pecho».

«¿Qué querías que sucediera, pastor? Cuando las cosas están bien preparadas... Claro, hay que saber prepararlas, y preparar a los corazones para recibirlas. Mi ciudad ha rendido al Cristo toda suerte de honores. ¿No es verdad, Maestro?».

«Es verdad. Isaac, al regreso hemos pasado por casa de Sara. La ciudad de Yuttá, sin ninguna otra preparación aparte de la de su simple bondad y de la verdad de las palabras de Isaac, ha sabido entender la esencia de mi doctrina y amar con amor práctico, desinteresado y santo. Te manda ropa y comida, Isaac; y a los óbolos que se quedaron encima de tu yacija todos han querido añadir algo para ti, que vuelves al mundo y careces de todo. Ten. Yo no llevo nunca dinero; éste lo he cogido porque está purificado por la caridad».

«No, Maestro, tenlo Tú. Yo... estoy acostumbrado a vivir sin él».

«Ahora tendrás que ir por los pueblos a los que te voy a enviar, y te hará falta. El obrero tiene derecho al salario, aunque sea un obrero de alma... porque todavía hay un cuerpo que nutrir, como el asno que ayuda a su amo. No es mucho, pero sabrás desenvolverte... Juan en esa saca tiene ropa y sandalias. Joaquín ha cogido de lo suyo; será grande... ¡pero hay mucho amor en ese regalo!».

Isaac toma la saca y se retira a vestirse detrás de una mata. Estaba todavía descalzo y llevaba su extravagante toga hecha con una manta.

Detalle

Los apóstoles llevaron ropa para el Pastor, que era muy pobre. Se la dio la ciudad de Yutta, donde vivía el discípulo de Cristo. Llegaron tarde a su cita porque la muerte de Saulo de Keriot les había retrasado: tenían que purificarse.

ECR 79.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.2 «Hemos perdido algunos días con ese estúpido contratiempo. Ha echado todo a perder... y mi madre, que tanto había hecho, se ha quedado desilusionada. Además, no sé por qué Tú has querido retirarte hasta la purificación».

«Judas, ¿por qué llamas estúpido a un hecho que ha significado gracia para un verdadero fiel? ¿No desearías una muerte similar para ti? Había esperado durante toda la vida al Mesías, había ido, siendo ya anciano, por caminos incómodos, a adorarle cuando le dijeron: “Ha venido”; había guardado en el corazón durante treinta años la palabra de mi Madre. El amor y la fe le han cubierto con su fuego en la última hora que Dios le reservaba. Se le ha quebrantado el corazón en la alegría, reducido a cenizas, como grato holocausto, por el fuego de Dios. ¿Qué suerte mejor que ésta? ¿Ha echado a perder la fiesta que habías preparado? Ve en esto una respuesta de Dios. No se mezcle lo que es del hombre con lo que es de Dios... Tu madre todavía me verá. Ese anciano ya no me habría vuelto a ver. Toda Keriot puede venir al Cristo, el anciano ya no tenía fuerzas para hacerlo. Me he sentido feliz de recibir en mi corazón al viejo padre moribundo y de recomendarle el espíritu. Y, por lo demás... ¿Por qué escandalizar mostrando desprecio hacia la Ley? Para decir “seguidme”, hace falta caminar. Para conducir por un camino santo, hay que recorrer el mismo camino. ¿Cómo habría podido, o cómo podría, decir “sed fieles”, si Yo fuera infiel?».

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Saulo de Kerioth murió en el corazón de Jesús, por lo que era impuro según la Ley. Tuvo que purificarse, lo que obviamente retrasó su viaje. Judas declara entonces:

ECR 79.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Por qué escandalizar mostrando desprecio hacia la Ley? Para decir “seguidme”, hace falta caminar. Para conducir por un camino santo, hay que recorrer el mismo camino. ¿Cómo habría podido, o cómo podría, decir “sed fieles”, si Yo fuera infiel?».

«Creo que este error es la causa de nuestra decadencia. Los rabíes y los fariseos abaten al pueblo cargándole los preceptos, y luego... luego hacen come aquel que ha profanado la casa de Juan transformándola en un lugar de vicio» observa Simón.

«Es uno de Herodes…» rebate Judas Iscariote.

«Sí, Judas. Pero las mismas culpas están presentes en las castas que se dicen — ellas mismas se lo dicen — santas. ¿Qué opinas Tú de esto, Maestro?» dice Simón.

«Opino que sólo en el caso de que haya un puñado de verdadera levadura y de verdadero incienso en Israel se formarà el pan y se perfumarà el altar».

«¿Qué quieres decir?».

«Quiero decir que si alguien viene a la Verdad con corazón recto, la Verdad se esparcirà como levadura en la masa de la harina y como incienso por todo Israel».

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Jesús declara:

ECR 79.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.3 Ya están al otro lado del collado. A la sombra del bosque, en la otra vertiente, están las ovejas de Elías; los pastores, sentados a la sombra, las vigilan. Ven a Jesús y se echan a correr hacia Él.

«Paz a vosotros. ¿Aquí estáis?».

«Estábamos preocupados por ti... y por el retardo... dudando si ir hacia ti u obedecer... hemos decidido venir hasta aquí... para obedecerte a ti y al mismo tiempo a nuestro amor. Pero deberías haber llegado hace muchos días».

«Hemos tenido que detenernos…».

«Pero... ¿nada malo?».

«No, nada, amigo. Sólo la muerte de un fiel en mi pecho».

«¿Qué querías que sucediera, pastor? Cuando las cosas están bien preparadas... Claro, hay que saber prepararlas, y preparar a los corazones para recibirlas. Mi ciudad ha rendido al Cristo toda suerte de honores. ¿No es verdad, Maestro?».

«Es verdad.»

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Orgullo y vanidad de Judas

ECR 79.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

79.4 «Maestro — dice Elías — esa mujer... esa mujer que está en la casa de Juan... tres días después de tu partida, mientras pastoreábamos las ovejas en los prados de Hebrón — que son de todos y no nos podían echar —, nos mandó a una criada con esta bolsa, diciendo que quería hablarnos... No sé si he hecho bien... pero por primera vez devolví la bolsa y dije: “No tengo nada que escuchar”... Después, ella me envió este mensaje: “Ven en nombre de Jesús”, y fui... Esperó a que no estuviera su... en definitiva, el hombre que la tiene... ¡Cuántas cosas quiso..., o mejor, quería saber! Yo, sin embargo... dije poco... por prudencia... Es una meretriz. Temía que fuera una trampa para ti. Me preguntó quién eres, dónde estás, qué haces, si eras una persona importante... Yo le dije: “Es Jesús de Nazaret, está por todas partes porque es un maestro y va enseñando por Palestina”. Le dije que eres un hombre pobre, sencillo, un obrero a quien la Sabiduría le ha hecho sabio... Nada más».

«Has hecho bien» dice Jesús, y, contemporáneamente, Judas exclama: «¡Has hecho mal! ¿Por qué no dijiste que es el Mesías, que es el Rey del mundo? ¡Aplastar la soberbia romana bajo el fulgor de Dios!».

«No me habría entendido... Y, además, ¿estaba seguro de si era sincera? Tú mismo dijiste lo que era ella, cuando la viste. ¿Podía ofrecer las cosas santas — todo lo que es Jesús es santo — a su boca? ¿Podía poner en peligro a Jesús dando demasiadas noticias? ¡Lejos de mí acarrearle un mal, aunque todos lo hicieran!».

«Vamos nosotros, Juan, a decirle quién es el Maestro, a explicarle la verdad santa».

«Yo no, a menos que Jesús me lo ordene».

«¿Tienes miedo? ¿Qué puede hacerte? ¿Sientes asco? ¡El Maestro no lo ha sentido!».

«Ni miedo ni asco. Tengo piedad de ella. Pero pienso que si Jesús hubiera querido hubiera podido detenerse a instruirla. No lo hizo... no es necesario que lo hagamos nosotros».

«Entonces no había signos de conversión... Ahora...»

Detalle

Elías fue llamado por Aglaia en Hebrón. Ella le dio sus joyas. Judas reacciona... muy espontáneamente y sugiere a Juan que vuelva atrás, pero Juan se niega a hacerlo a menos que Jesús se lo ordene.