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Notas de la palabra clave

José de Arimatea

Tema: Personajes principales y secundarios · Página 1 de 2

Comodidad de lectura

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ECR 53.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

53.1 Veo a Jesús entrando con Pedro, Andrés, Juan y Santiago, Felipe y Bartolomé, en el recinto del Templo.

Dentro y fuera hay una grandísima muchedumbre. Son peregrinos que, desde todas las partes de la ciudad, llegan en grupos. Desde lo alto de la colina en que está construido el Templo, se ven las calles de la ciudad, estrechas y retortijadas, y un hormiguear de gente. Parece como si entre el blanco crudo de las casas se hubiera extendido una cinta en movimiento de mil colores. Sí, la ciudad tiene el aspecto de un juguete singular hecho de cintas multicolores entre dos hilos blancos, convergente todo hacia el punto en que resplandecen las cúpulas de la Casa del Señor.

Pero luego, dentro, hay... una verdadera verbena. Ha quedado anulado cualquier tipo de recogimiento de lugar sagrado. Hay quien corre y quien llama, quien contrata los corderos y grita y lanza maldiciones por el precio desorbitado de las cosas, quien empuja hacia los recintos a los pobres animales, que balan (los recintos son lugares toscamente separados con cuerdas o estacas, en cuya entrada está el mercader, o propietario, a la espera de los compradores). Leñazos, balidos, blasfemias, unos que llaman a otros, insultos a los peones que no se muestran solícitos en las operaciones de reagrupamiento y selección de los animales y a los compradores que regatean el precio o que se van, mayores insultos a quienes, previsores, han traído su propio cordero.

Alrededor de los bancos de los cambistas, otro griterío. Se entiende que — no sé si en todo momento o durante la Pascua — el Templo funcionaba como... Bolsa (y además bolsa negra). El valor de las monedas no era fijo. Había un precio legal — ciertamente lo habría — pero los cambistas imponían otro, apropiándose de una cantidad arbitraria por el cambio de las monedas. ¡Y le aseguro que no se andaban con chiquitas en las operaciones de usura!... Cuanto más pobre era uno, y venía de más lejos, más le pelaban: más a los viejos que a los jóvenes; y a los que provenían de fuera de Palestina, más que a los viejos.

Algunos pobres viejecitos miran una y otra vez su dinerillo ahorrado durante todo el año quién sabe con cuánto esfuerzo, se lo sacan y se lo vuelven a meter junto al pecho cien veces, yendo de uno a otro cambista, y quizás terminan volviendo al primero, que se venga de su inicial deserción aumentando la prima del cambio... y las monedas de valor abandonan, entre suspiros, las manos del propietario y pasan a las garras del usurero para ser cambiadas por monedas de menos valor. Luego otra tragedia de selección, de cuentas y de suspiros ante los vendedores de corderos, quienes a los viejos medio ciegos les encasquetan los corderos más míseros.

53.2 Veo que vuelven dos viejos, él y ella, empujando a un pobre corderito que los sacrificadores han debido encontrar defectuoso. Se entrecruzan, por un lado, malos modales y palabrotas; por otro, llanto y ruegos; y el vendedor no se conmueve.

«Para lo que queréis gastar, galileos, es incluso demasiado lo que os he dado. ¡Marchaos o añadís otros cinco denarios por uno mejor!».

«¡Por el amor de Dios! ¡Somos pobres y viejos! ¿Quieres impedirnos celebrar la Pascua, que es quizás la última? ¿No te es suficiente lo que has pedido por un animal pequeño?».

«Dejad paso, zarrapastrosos. Viene hacia mí José, el Anciano. Me honra con su preferencia. ¡Dios sea contigo! ¡Ven, escoge!».

José, el Anciano — así le llaman —, o sea, el de Arimatea, entra en el recinto y toma un magnífico cordero. Pasa vestido pomposamente, soberbio, sin mirar a estos dos pobrecillos que gimen a la puerta, o digamos más bien entrada, del recinto. Casi los choca, especialmente al salir con un hermoso cordero que bala.

Detalle

José de Arimatea aparece en 53.2. También se ha añadido la descripción del Templo para una mejor comprensión del contexto.

Palabras clave

ECR 74.9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Quién eres?».

«Judas de Keriot. He pertenecido al Templo, ahora soy discípulo del Rabí Jesús de Galilea. Soy amigo del fariseo Simón, del saduceo Jocanán, del consejero del Sanedrín José de Arimatea, y... — esto lo puedes comprobar — de Eleazar ben Anás, el gran amigo del Procónsul».

«Lo comprobaré. ¿A dónde vas?».

Detalle

Los soldados romanos preguntan a Judas:

ECR 85

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús subió al Templo de Jerusalén con Simón el Zelote para orar al Padre. No tenía intención de predicar allí. Ligera referencia a los pastores de Belén. Jesús planea lo que van a hacer: ir a ver a Jonás, ir a Nazaret y luego a Cafarnaún. También se reunirán con los demás discípulos. Hablan del alma, luego de la hermosa Galilea, de Nazaret y de María. Judas predica a los hombres del Templo. Simón se arrepiente de haber pensado mal de él en EMV 83. Los dos hombres van luego al encuentro de Juan en el Olivar, en Getsemaní. Allí conoce a la madre de Annalia, Elisa, y la anima a ir a ver a Jesús porque su hija está muy enferma.

ECR 113

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús regresa a Betania después de la fiesta de los Tabernáculos. Habla con Lázaro, que le habla de José de Arimatea y Nicodemo. El primero quería verle y decía que quien hace milagros tiene a Dios con él. El segundo criticó la presencia de Judas en el grupo apostólico, porque era un camaleón. Los dos amigos discutieron sobre Iscariote, y entonces terminó la visión.

ECR 114

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús acude a un banquete ofrecido por José de Arimatea. Estaban presentes Lázaro, Gamaliel, Félix, Juan, Simón y Cornelio (fariseos). Jesús, por su parte, lleva consigo a Tomás y Nicodemo. Los invitados hablan de Juan el Bautista, cuya santidad es indiscutible, y de que los milagros no prueban necesariamente la santidad. Se desvían hacia Aarón y Moisés, hablando en particular del pontificado y del sumo sacerdote Caifás. Jesús da una definición de lo que es un pontífice, pero Félix se enfada y se marcha. Jesús pregunta entonces a Gamaliel si él también quiere un milagro, y Gamaliel sólo quiere la señal que el Niño le había prometido.

ECR 114.2-9

El Evangelio como me ha sido revelado

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