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Notas del tema

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ECR 49.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¿Conoces un poco la Escritura? ¿Sí? Pues bien, piensa en el profeta Miqueas. Dios quiere de ti lo que dice Miqueas. No te pide que te arranques el corazón, ni que sacrifiques los afectos más santos. Por ahora no te lo pide. Un día tú le darás a Dios, sin que te lo demande, incluso a ti mismo. Pero Él espera a que un sol y un rocío, de ti, sutil tallo de hierba, hagan palma robusta y gloriosa. Por ahora te pide esto: practicar la justicia, amar la misericordia, poner toda la atención en seguir a tu Dios. Esfuérzate en hacer esto (...) y tú serás el hombre nuevo, el amigo de Dios y de su Cristo.

Detalle

Contexto: Jesús habla a Pedro, que no sabe seguir sus palabras y enseñanzas.

Anotación

Libro de Miqueas 6, 8

Mi 6, 8 : "- Hombre, has sido hecho para saber lo que es bueno, lo que el Señor exige de ti: nada más que respetes lo que es justo, ames lo que es fiel y te apliques a caminar con tu Dios."

ECR 49.9-11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

49.9 Respecto a esta visión, me dice esta mañana (14 de octubre) Jesús:

«Quiero que tú y todos os fijéis en la actitud de Juan, en un aspecto que siempre pasa desapercibido. Le admiráis porque es puro, amoroso, fiel. Pero no os dais cuenta de que fue grande también en humildad. Él, primer artífice de que Pedro viniera a mí, modestamente, calla este detalle.

El apóstol de Pedro y, por tanto, el primero de mis apóstoles, fue Juan; primero en reconocerme, primero en dirigirme la palabra, primero en seguirme, primero en predicarme. Y, sin embargo, ¿veis lo que dice?: “Andrés, hermano de Simón, era uno de los dos que habían oído las palabras de Juan [el Bautista] y habían seguido a Jesús. El primero con quien se encontró fue su hermano Simón, al cual le dijo: ‘Hemos encontrado al Mesías’, y le condujo adonde estaba Jesús”.

Justo, además de bueno, sabe que Andrés se angustia por tener un carácter cerrado y tímido, sabe que querría hacer muchas cosas pero que no logra hacerlas, y desea para él, en la posteridad, el reconocimiento de su buena voluntad. Quiere que aparezca Andrés como el primer apóstol de Cristo respecto a Simón, a pesar de que la timidez y la dependencia respecto a su hermano le hubieran creado un sentimiento de derrota en el apostolado.

49.10 ¿Quiénes, entre los que hacen algo por mí, saben imitar a Juan y no se autoproclaman insuperables apóstoles, pensando que su éxito proviene de un complejo de cosas, que no son sólo santidad, sino también audacia humana, fortuna, y la circunstancia de estar junto a otros menos audaces y afortunados, pero quizás más santos que ellos?

Cuando tengáis algún éxito en el campo del bien, no os gloriéis de ello como si fuera mérito sólo vuestro. Alabad a Dios, señor de los apostólicos obreros, y tened ojo limpio y corazón sincero para ver y dar a cada uno la alabanza que le corresponde. Ojo límpido para discernir a los apóstoles que cumplen holocausto, y que son las primeras, verdaderas palancas en el trabajo de los demás. Sólo Dios los ve a éstos que, tímidos, parece que no hacen nada, y son, sin embargo, los que le roban al Cielo el fuego de que están investidos los audaces. Corazón sincero en cuanto a decir: “Yo actúo, pero éste ama más que yo, ora mejor que yo, se inmola como yo no sé hacer y como Jesús ha dicho: ‘... dentro de la propia habitación con la puerta cerrada para orar en secreto’. Yo, que intuyo su humilde y santa virtud, quiero darla a conocer y decir: ‘Yo soy instrumento activo; éste, fuerza que me imprime movimiento; porque, injertado como está en Dios, me es canal de celeste fuerza’ ”.

Y la bendición del Padre, que desciende para recompensar al humilde que en silencio se inmola para dar fuerza a los apóstoles, descenderá también sobre el apóstol que sinceramente reconoce la sobrenatural y silenciosa ayuda que le viene a él del humilde, y el mérito de éste, que la superficialidad de los hombres no nota.

Aprended todos.

49.11 ¿Es mi predilecto? Sí. Pero, ¿no tiene también esta semejanza conmigo? Puro, amoroso, obediente, mas también humilde. Yo me miraba en él y en él veía mis virtudes. Le amaba, por ello, como un segundo Yo. Veía la mirada del Padre depositada en él, reconociéndole como un pequeño Cristo. Y mi Madre me decía: “Siento en él un segundo hijo. Me parece verte a ti, reproducido en un hombre”.

¡Oh..., la Llena de Sabiduría cómo te conoció dilecto mío! Los dos azules de vuestros corazones de pureza se fundieron en un único velo para protegerme amorosamente, y vinieron a ser un solo amor, antes incluso de que Yo diera a la Madre a Juan y a Juan a la Madre. Se habían amado porque habían reconocido su mutua similitud: hijos y hermanos del Padre y del Hijo».

Anotación

Juan 1:39-42:

Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos discípulos que habían oído la palabra de Juan y seguían a Jesús. Primero encontró a Simón, su propio hermano, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que significa Cristo. Andrés llevó a su hermano a Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, hijo de Juan; te llamarás Cefas", que significa Pedro.

ECR 49.10

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Cuando tengáis algún éxito en el campo del bien, no os gloriéis de ello como si fuera mérito sólo vuestro. Alabad a Dios, señor de los apostólicos obreros, y tened ojo limpio y corazón sincero para ver y dar a cada uno la alabanza que le corresponde. Ojo límpido para discernir a los apóstoles que cumplen holocausto, y que son las primeras, verdaderas palancas en el trabajo de los demás. Sólo Dios los ve a éstos que, tímidos, parece que no hacen nada, y son, sin embargo, los que le roban al Cielo el fuego de que están investidos los audaces. Corazón sincero en cuanto a decir: “Yo actúo, pero éste ama más que yo, ora mejor que yo, se inmola como yo no sé hacer y como Jesús ha dicho: ‘... dentro de la propia habitación con la puerta cerrada para orar en secreto’. Yo, que intuyo su humilde y santa virtud, quiero darla a conocer y decir: ‘Yo soy instrumento activo; éste, fuerza que me imprime movimiento; porque, injertado como está en Dios, me es canal de celeste fuerza’ ”.

Y la bendición del Padre, que desciende para recompensar al humilde que en silencio se inmola para dar fuerza a los apóstoles, descenderá también sobre el apóstol que sinceramente reconoce la sobrenatural y silenciosa ayuda que le viene a él del humilde, y el mérito de éste, que la superficialidad de los hombres no nota.

Aprended todos.

Detalle

Jesús nos dice:

ECR 49.11

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

49.11 ¿Es mi predilecto? Sí. Pero, ¿no tiene también esta semejanza conmigo? Puro, amoroso, obediente, mas también humilde. Yo me miraba en él y en él veía mis virtudes. Le amaba, por ello, como un segundo Yo. Veía la mirada del Padre depositada en él, reconociéndole como un pequeño Cristo. Y mi Madre me decía: “Siento en él un segundo hijo. Me parece verte a ti, reproducido en un hombre”.

¡Oh..., la Llena de Sabiduría cómo te conoció dilecto mío! Los dos azules de vuestros corazones de pureza se fundieron en un único velo para protegerme amorosamente, y vinieron a ser un solo amor, antes incluso de que Yo diera a la Madre a Juan y a Juan a la Madre. Se habían amado porque habían reconocido su mutua similitud: hijos y hermanos del Padre y del Hijo.

ECR 50

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Jesús salió de Cafarnaún y fue a Betsaida. Pedro le dio la bienvenida y le ofreció quedarse en su casa. Cristo aceptó, y Simón de Jonás quedó encantado. Jesús se retiró a orar, y más tarde salió fuera. Allí se encontró con unos niños, entre ellos uno que no quería jugar a la guerra. Jesús apoya su punto de vista, explicando que la guerra es un castigo de Dios. Cuando los niños señalan que el niño se niega porque siempre pierde, Jesús sonríe y declara que no debemos negarnos a algo cuando nos perjudica: eso es egoísmo. Debes rechazar algo cuando perjudica a todos, aunque estés seguro de que vas a ganar. La conversación continúa y Jesús les habla un momento del Juicio Final y de la Redención que se acerca, basándose en el libro de Nehemías. Los niños reconocen que es el Mesías y les promete llevarlos con él si son buenos y obedientes a sus padres.

Felipe se acerca a él y Jesús le invita a seguirle. El apóstol acepta, y Jesús le habla de Natanael. El anciano fue a buscar a Bartolomé, y todo transcurrió según el Evangelio.

Jesús fue entonces a Betsaida a predicar. El Salvador viene a recordar la ley del Decálogo, que era sencilla al principio. No hace falta nada más, y el Mesías nos exhorta sobre todo a amar. Incluso nos anima a amar a nuestros enemigos.

Cuando terminó el sermón, Jesús dijo que se iba a Jerusalén. Pedro estaba indeciso, pero decidió seguir al Maestro. Santiago de Zebedeo, Andrés, Felipe y Natanael le acompañan. Jesús los acepta y el grupo reza junto. A continuación, Cristo los despide y les explica que seguirá rezando durante este tiempo. El Hijo del Hombre necesita la oración para seguir siendo el Redentor.

ECR 50.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

El hombre, criatura de Dios, debía ser amor, como Amor es Dios. Si el hombre hubiera permanecido como tal criatura, habría permanecido en el amor, y la familia humana no habría conocido guerra ni muerte.

ECR 50.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

50.3 Después Jesús se levanta, da alguna vuelta por la terraza, mira al lago, mira y sonríe a unos niños que juegan en la calle y que le sonríen, mira a la calle, hacia la placita que está a unos cien metros de la casa. Luego baja. Se asoma a la cocina: «Mujer, voy a pasear por la orilla».

Sale y, efectivamente, va a la orilla, con los niños. Les pregunta: «¿Qué hacéis?».

«Queríamos jugar a la guerra. Pero él no quiere y entonces se juega a la pesca».

El “él” que no quiere es un niño — ya un hombrecito — de constitución menuda, pero de rostro luminosísimo. Quizás sabe que, siendo grácil como es, se llevaría palos de los demás haciendo “la guerra” y por ello sostiene la paz.

Pero Jesús aprovecha la ocasión para hablarles a esos niños: «Él tiene razón. La guerra es pena impuesta por Dios para castigo de los hombres, y signo de que el hombre ha venido a menos en su condición de verdadero hijo de Dios. Cuando el Altísimo creó el mundo, hizo todas las cosas: el Sol, el mar, las estrellas, los ríos, las plantas, los animales, pero no hizo las armas. Creó al hombre y le dio ojos para que tuviera miradas de amor, bocas para pronunciar palabras de amor, oído para oírlas, manos para socorrer y acariciar, pies para correr con rapidez hacia el hermano necesitado, y corazón capaz de amar. Dio al hombre inteligencia, palabra, afectos, gustos. Pero no le dio el odio. ¿Por qué? Porque el hombre, criatura de Dios, debía ser amor, como Amor es Dios. Si el hombre hubiera permanecido como tal criatura, habría permanecido en el amor, y la familia humana no habría conocido guerra ni muerte».

«Pero él no quiere hacer la guerra porque pierde siempre» (efectivamente, yo había adivinado).

Jesús sonríe y dice: «No se debe no querer lo que a nosotros nos lesiona porque nos lesione. Se debe no querer una cosa cuando lesiona a todos. Si uno dice: “No quiero esto porque me produce una pérdida”, es egoísta. Sin embargo, el buen hijo de Dios dice: “Hermanos, yo sé que vencería, pero os digo: no hagamos esto porque significaría un daño para vosotros”. ¡Cómo ha comprendido éste el precepto principal! ¿Quién me lo sabe decir?».

En coro, las once bocas dicen: «“Amarás a tu Dios con todo tu ser y a tu prójimo como a ti mismo”».

«¡Sois unos niños excelentes!

50.4 ¿Vais todos al colegio?».

«Sí».

«¿Quién es el más listo?».

«Él» (es el niño grácil que no quiere jugar a la guerra).

«¿Cómo te llamas?».

«Joel».

«¡Gran nombre! Joel habla así: “... el débil diga: ‘¡Soy fuerte!’ ”. Pero ¿fuerte en qué? En la ley del Dios verdadero, para estar entre los que Él en el valle de la Decisión juzgará como santos suyos. Mas el juicio está próximo; no en el valle de la Decisión, sino en el monte de la Redención. Allí, entre Sol y Luna oscurecidos de horror, y estrellas temblando llanto de piedad, serán discernidos los hijos de la Luz de los hijos de las Tinieblas. Y todo Israel sabrá que su Dios ha venido. Dichosos los que lo hayan reconocido: recibirán en su corazón miel, leche y aguas claras y las espinas se les transformarán en eternas rosas. ¿Quién de vosotros quiere estar entre aquéllos a los que Dios juzgue santos?».

«¡Yo! ¡Yo! ¡Yo!».

«¿Amaréis entonces al Mesías?».

«¡Sí! ¡Sí! ¡A ti! ¡A ti! ¡Te amamos a ti! ¡Sabemos quién eres! Lo han dicho Simón y Santiago y también nuestras madres. ¡Llévanos contigo!».

«En verdad os tomaré conmigo si sois buenos. Nunca más, palabras feas; nunca más, abusos; nunca más, riñas; nunca más, malas respuestas a los padres. Oración, estudio, trabajo, obediencia; y Yo os amaré y os acompañaré en vuestro camino».

Los niños están todos en círculo alrededor de Jesús. Parece una corola polícroma ceñida en torno a un largo pistilo azul oscuro.

ECR 50.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Deseabais oírme. La Palabra habla. Habla a los honestos con alegría, habla a los deshonestos con dolor, habla a los santos y a los puros con gozo, habla a los pecadores con piedad. No se niega. Ha venido para derramarse como río que riega tierras necesitadas de agua y que de él reciben alivio de olas y nutrición de limo.

Vosotros queréis saber qué se requiere para ser discípulos de la Palabra de Dios, del Mesías, Verbo del Padre, que viene a reunir a Israel para que oiga una vez más las palabras del Decálogo santo e inmutable y se santifique en ellas para estar limpio, en la medida en que el hombre puede hacerlo de por sí, para la hora de la Redención y del Reino.

Mirad. Yo digo a los sordos, a los ciegos, a los mudos, a los leprosos, a los paralíticos, a los muertos: “Levantaos, sanad, resucitad, caminad, ábranse en vosotros los ríos de la luz, de la palabra, del sonido, para que podáis ver, oír, hablar de mí”. Pero, más que a los cuerpos, esto se lo digo a vuestros espíritus. Hombres de buena voluntad, venid a mí sin temor. Si el espíritu está lesionado, Yo le devuelvo la salud. Si está enfermo, le curo; si muerto, le resucito. Quiero sólo vuestra buena voluntad.

¿Es difícil esto que os pido? No. No os impongo los cientos de preceptos de los rabinos. Os digo: seguid el Decálogo. La Ley es una e inmutable. Muchos siglos han pasado desde la hora en que fue promulgada, hermosa, pura, fresca, como criatura recién nacida, como rosa recién abierta en el tallo. Simple, sin mancha, ligera de seguir. Durante los siglos, las culpas y las inclinaciones la han complicado con leyes y más leyes menores, pesos y restricciones, demasiadas cláusulas penosas. Yo os conduzco de nuevo a la Ley como ésta era cuando el Altísimo la dio. Pero, os lo ruego por vuestro bien, recibidla con el corazón sincero de los verdaderos israelitas de entonces.

Vosotros susurráis — más en vuestro corazón que con los labios — que la culpa está arriba, más que en vosotros, gente humilde. Lo sé. En el Deuteronomio está dicho todo lo que debe hacerse, y no era necesario más. Pero no juzguéis a quien actuó no para sí, sino para los demás. Vosotros haced lo que Dios dice. Y, sobre todo, esforzaos en ser perfectos en los dos preceptos principales. Si amáis a Dios con todo vuestro ser, no pecaréis, porque el pecado produce dolor a Dios. Quien ama no quiere causar dolor. Si amáis al prójimo como a vosotros mismos, sólo podréis ser hijos respetuosos para con los padres, esposos fieles a los consortes, hombres honestos en las transacciones, sin violencias para con los enemigos, sinceros a la hora de testificar, sin envidia de quien posee, sin fomes de lujuria hacia la mujer del prójimo. No queriendo hacer a los demás lo que no querríais que se os hiciera a vosotros, no robaréis, no mataréis, no calumniaréis, no entraréis como los cucos en el nido de los demás.

Pero incluso os digo: “Portad a perfección vuestra obediencia a los dos preceptos de amor: amad también a vuestros enemigos”.

¡Oh, si sabéis amar como Él, cómo os amará el Altísimo, que ama al hombre — transformado en enemigo suyo por la culpa original y por los pecados individuales — hasta el punto de enviarle el Redentor, el Cordero que es su Hijo, Yo, quien os está hablando, el Mesías, prometido para redimiros de toda culpa!

Amad. El amor sea para vosotros escalera por la cual, hechos ángeles, subáis (como vio Jacob) hasta el Cielo, oyendo al Padre decir a todos y a cada uno: “Yo seré tu protector dondequiera que vayas, y te traeré de nuevo a este lugar: al Cielo, al Reino Eterno”.

La paz esté con vosotros.