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Notas del tema

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ECR 186.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La razón natural es el no estimular la sangre con alimentos que conducen a ardores indignos del hombre, al cual no se le niega el amor carnal, pero debe templarlo siempre con el frescor del alma orientada al Cielo; hacer, por tanto, amor — no sensualidad — de ese sentimiento que une al hombre a su compañera, en quien debe ver la congénere y no la hembra.

ECR 187

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo: De Tariquea a Jerusalén para la Pascua. Juan atrapado en el amor del mar.

Fecha de la visión: Martes 12 de junio de 1945

Calendario: jueves 16 marzo 28 (3 Nissan 3788).

Lugar (mapa): Cerca de Tarichaea. Hacia el monte Tabor

Ciclo: Apostolado en Galilea

Resumen: El grupo apostólico se detiene en la orilla opuesta a Gamala. Se encuentran en un ambiente más salvaje. Jesús está encantado de estar en el desierto, donde los apóstoles están mucho más inquietos. Sólo Santiago de Alfeo, Juan y Simón el Zelote se interesan por lo que agrada a Jesús. Entonces se hace un comentario que hace refunfuñar a Pedro, y Cristo les hace saber que está angustiado por tanto odio. Necesita consuelo y los discípulos se conmueven ante su tristeza. El Señor les promete, sin embargo, que encontrarán un terreno mejor, y les dice que van a llevar la Pascua al pueblo que sufre. Irán al monte Tabor, a En-Dor, a Naim y a la llanura de Esdrelón, sin pasar por Nazaret. Por una parte, obedecía a su madre y, por otra, no quería herir los sentimientos del fariseo Simón, que le había hecho algunas recomendaciones.

Juan reveló que quería ver el gran mar, que se divisaba desde el monte Tabor. Jesús le preguntó al respecto, y el apóstol reveló su afecto por aquella vasta extensión de agua, porque le recordaba a Dios. Quería ir a evangelizar a Roma y Grecia, "a los lugares oscuros para llevarles la luz". Los apóstoles escuchan respetuosamente sus palabras, y Jesús les promete que irán a ver el mar para hacerle soñar de nuevo con el futuro de su Reino en el mundo. Judas pide entonces ir también a En-dor, porque sigue amargado por el juicio del pequeño Benjamín, en EMV 184. Desde entonces, el Iscariote se siente disminuido a los ojos del Maestro. El Señor le tranquiliza, diciéndole que lo único que debe temer es su conducta y el juicio de Dios, pero acepta ir a esa ciudad para persuadirle de que le sigue siendo tan querido como antes. Sólo le advierte que no sufra después por esta visita, pues su apóstol tiene un deseo en el corazón que no es necesariamente sano.

Contenido del capítulo: x

Edición anterior: Volumen 3, capítulo 47

ECR 187.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿A dónde vamos exactamente?» pregunta Pedro.

«A llevar la Pascua a algunos que sufren. Hacía tiempo que quería hacerlo, pero no he podido. Lo habría hecho al regreso a Galilea. Ahora, que nos obligan a andar por caminos que no hemos elegido nosotros, iré a bendecir a los pobres amigos de Jonás».

«¡Perderemos tiempo! ¡La Pascua está ya cercana! Por distintos motivos, pero siempre hay retardos». Es otro coro de quejas que se eleva al cielo.

Y yo no sé cómo Jesús puede tener tanta paciencia... Dice, sin regañar a ninguno: «No me pongáis obstáculos, os lo ruego; comprended que preciso amar y ser amado. El único consuelo que tengo en la tierra es el amor y hacer la voluntad de Dios».

«¿Y vamos por aquí? ¿No hubiera sido más bonito ir por Nazaret?».

«Si os lo hubiera propuesto, os habríais rebelado. Ninguno imaginará que estoy en esta zona... Y lo hago por vosotros, porque... tenéis miedo».

«¡Miedo? ¡No, no! ¡Estamos prontos para combatir por ti!».

«Rogad al Señor que no os ponga a prueba. Sé que sois rencillosos, rencorosos; conozco vuestro vehemente deseo de dañar a quien me daña, de humillar al prójimo. Todo esto lo conozco. Lo que no conozco es vuestro coraje. Si por mí fuera, habría ido solo y por el camino normal, y no me habría sucedido nada, porque no ha llegado la hora. Pero siento compasión de vosotros. Además, presto obediencia a mi Madre, y... sí, también esto, no quiero que se sienta molesto el fariseo Simón: Yo no les daré motivo, pero ellos sí mostrarán animosidad conmigo».

«¿Y aquí por dónde se pasa? No conozco bien esta zona» dice Tomás.

«Llegaremos al Tabor. Lo bordearemos en parte. Luego pasaremos cerca de Endor para ir a Naím, y de allí a la llanura de Esdrelón. ¡No temáis!... Doras, hijo de Doras, y Jocanán están ya en Jerusalén».

ECR 187.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No es a esta palabra [la palabra de los demás] a lo que debes temer; antes bien, a tus acciones y al juicio de Dios.

ECR 188

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo: En En-Dor, después de subir al monte Tabor. La cueva del mago y el encuentro con Félix, que recibe el nombre de Juan.

Fecha de la visión: Miércoles 13 de junio de 1945.

Calendario: viernes 17 marzo 28 (4 Nissan 3788)

Lugar (mapa): En-Dor

Ciclo: El segundo viaje pascual

Resumen: Los apóstoles ya han pasado el monte Tabor y han llegado a En-Dor. Judas revela que quiere oír a Jesús hablar del rey Saúl, en el lugar donde conoció a la hechicera. El grupo hizo averiguaciones y se les aconsejó que fueran a ver a un anciano tuerto, que decidió guiarles hasta allí. Mientras tanto, les cuenta su historia. En el pasado, este antiguo judío se peleó con un romano y lo mató por una mujer. En la pelea, perdió un ojo y fue condenado a galeras. Pero consiguió escapar. Ahora vive odiando incluso a Dios. Jesús le anima a abandonar ese sentimiento de odio y a dejar atrás esos recuerdos dolorosos, para poder darle algo nuevo: el amor. Félix se ríe, pero la mirada de Jesús acaba por alcanzarle. Entonces se entera de que es el Mesías, y Cristo vuelve a decirle que ha tenido momentos de bondad, preocupándose por los demás y arrepintiéndose del mal que había hecho a su tutor en las galeras. Cada vez más conmovido, Félix señala una casucha donde ocurrieron los hechos con Saulo y les espera allí.

No es un lugar muy glorioso, como señala Pedro, y Jesús acaba hablando del pecado de Saulo. El pecado de ingratitud, desobediencia, escándalo, celos y el crimen de matar su alma aquí mismo. El Maestro le pregunta entonces al Iscariote por qué quería venir aquí, y éste confiesa que esperaba absorber un poco de la magia de este lugar para poder hacer obras imponentes en bien de Cristo y de su misión.

Jesús le dijo de manera muy paternal que debía evitar el ocultismo y las cosas que no se pueden explicar. No debes tratar de hacer prodigios oscuros, sino asombrar a la gente con tu santidad. Además, no debemos perturbar a los muertos, y el Señor ha prohibido el ocultismo, la nigromancia y el satanismo "en todas sus formas". En cambio, debemos ir hacia la Luz, hacia Dios. Para consolarlo, Jesús le dijo que, después de Pascua, irían a casa de su madre.

Félix, por su parte, quiere hablar con Jesús cuando se pongan de nuevo en camino. Le pide que salga de su tumba espiritual. El viejo tuerto comprendió que aún podía amar y ser amado, y le pidió un nuevo nombre. Cristo le dio el nombre de Juan y lo aceptó como uno de sus discípulos. A los apóstoles no les hizo ninguna gracia, pero pusieron buena cara.

Juan se fue a buscar sus cosas y Jesús aprovechó que estaba solo con los Doce para ordenarles que no hablaran de su pasado con nadie. Luego se reúnen con él y, aunque al hombre no le cuesta dejar su casa, le cuesta más dejar atrás a sus gallinas, que le han querido y a las que él ha querido. Jesús lo comprende y le dice que le dará todo el amor que el mundo le ha negado durante treinta y cinco años. El Maestro pide entonces testimonio a Mateo y a Simón el Zelote, y Simón confirma que todo el pasado desaparece si uno se pone al servicio del Señor. Mateo, por su parte, declara que la paz y la nueva juventud han sustituido a la vieja época de "vicio y odio".

Los aldeanos comprenden por fin que se trata del Mesías y desean la bendición de Cristo. Mientras el grupo se marcha, Pierre se hace amigo de Jean d'En-Dor y le ayuda a llevar sus libros, que se ha llevado consigo.

Contenido del capítulo: 188.1: ¿Por qué ir a En-Dor? 188.2: En busca de la cueva de la Pitonisa, que todos menos uno han olvidado. 188.3: El guía cascarrabias le cuenta a Jesús su vida y su odio. 188.4: Sin amor, el mundo es un infierno y aún queda bondad en ti. 188.5: Llegada a la cueva donde Saulo cometió uno de sus pecados. 188.6: A Judas le gustaría ser un poco nigromante para ayudarle en su apostolado. 188.7: Félix se convierte en Juan, lo deja todo y se apega a Jesús. 188.8: Se desprende de todos sus bienes y pasa la página de su pasado. 188.9: Entrega su casa al vecino que, al reconocer a Jesús, agita a una multitud, algunos de los cuales siguen a Jesús. 188.10: Simpatía de Pedro por Juan de En-Dor, a quien ayuda a llevar su bolsa de libros.

Edición anterior: Tomo 3, capítulo 49