ECR 198.4 · Volumen 3
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
Se encaminan todos hacia la casa de Simón: María llevando en brazos a Yabés, Jesús — cogida su mano — con Juan de Endor. Luego, a los lados o detrás, Lázaro y Marta, los apóstoles y Maximino, Isaac, José, Timoneo.
En el umbral de la puerta, el anciano servidor de Simón hace un gesto de veneración a Jesús y a su jefe. Entran en la casa.
«La paz a ti, José, y a esta casa» dice Jesús, alzando su mano para bendecir, después de haberla puesto en la cabeza blanca del anciano servidor.
Lázaro y Marta, después del primer impacto alegre, se muestran un poco tristes, de forma que Jesús pregunta: «¿Por qué, amigos?».
«Porque no estás con nosotros y porque todos se allegan a ti excepto esa alma que quisiéramos que fuera tuya».
«Fortificad la paciencia, la esperanza y la oración. Además, Yo estoy con vosotros. ¡Esta casa?... esta casa no es sino el nido desde el que el Hijo del hombre cada día volará para ir a ver a sus queridos amigos, que están muy cerca en distancia y — si se considera la cosa sobrenaturalmente — infinitamente más cercanos en el amor. Vosotros estáis en mi corazón y Yo en el vuestro. ¿Acaso se puede estar más cerca? De todas formas, esta tarde la pasaremos juntos. Sentaos, sentaos a mi mesa».