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Notas del tema

Religión judía: costumbres y preceptos

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Comodidad de lectura

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ECR 174.17-18 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Maestro — dice Bartolomé — querría decir que hoy es viernes y que esta gente... no sé si va a tener tiempo de procurarse de comer para mañana o de llegar a sus casas».

«¡Es verdad! ¡Es viernes!» dicen varios.

«No importa. Dios proveerá. De todas formas vamos a decírselo».

Jesús se levanta y va hacia su nuevo puesto, o sea, con la gente que está diseminada entre los grupos de árboles.

«Lo primero es recordaros que hoy es viernes. Quien tema no poder llegar a tiempo a su casa y no sea capaz de creer que Dios mañana dará alimento a sus hijos, puede irse inmediatamente, de modo que no se le haga de noche por el camino».

De toda la gente se levantan unas cincuenta personas. Todos los demás permanecen donde están.

174.18 Jesús sonríe y empieza a hablar.

Detalle

El escriba Juan se encuentra entre la multitud mencionada en este extracto (como confirmará en el capítulo siguiente).

Anotación

Es la víspera del sábado, y la ley del descanso sabático prohíbe viajar después de las 6 de la tarde, hora de comienzo del día siguiente. El escriba Juan está entre los que van, como explica en el capítulo siguiente.

ECR 175.3-5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

La gente se arremolina en torno al Maestro. Es un círculo que bajo ningún concepto quiere abrirse. Pero, entretanto, el Sol se ha ocultado y comienza el reposo del sábado. Los centros habitados están lejos. De todas formas, la gente no echa de menos ni el pueblo ni la comida ni nada. No sucede lo mismo con los apóstoles, y se lo comentan a Jesús. También los discípulos ancianos están preocupados. Hay mujeres y niños, y, si bien la temperatura de la noche es moderada y la hierba de los campos está blanda, las estrellas no son pan ni se transforman en alimentos las piedras de las laderas.

Jesús es el único que se lo toma con tranquilidad. La gente, mientras, come lo que les había sobrado, sin mayores problemas. Jesús llama la atención de los discípulos sobre este hecho: «¡En verdad os digo que éstos están más adelantados que vosotros! Mirad con qué despreocupación consumen todo lo que tienen. Les he dicho: “El que no sea capaz de creer que mañana Dios dará el alimento a sus hijos que se retire”, y se han quedado aquí. Dios no desmentirá a su Mesías ni defraudará a quien en Él espera».

Los apóstoles se encogen de hombros y ya no se ocupan de nada más.

Se pone la tarde, después de un intenso rojo de ocaso, serena y bella; el silencio del campo se extiende sobre todas las cosas, tras el último coro de los pájaros. Algún frufrú del viento y luego el primer vuelo mudo de ave nocturna junto a la primera estrella y la primera rana que croa.

Los niños ya duermen. Los adultos hablan entre sí. De vez en cuando alguno va a donde el Maestro a pedirle alguna aclaración.

175.4

Es así que no se produce estupor cuando, por un sendero entre dos campos de trigo, se ve venir a una persona que impone por su aspecto, indumento y edad. Le siguen algunos hombres. Todos se vuelven a mirarle y se lo señalan unos a otros bisbiseando. El bisbiseo se transmite de grupo a grupo. Se aviva y se atenúa. Los grupos más lejanos se acercan atraídos por la curiosidad.

El hombre de noble aspecto llega hasta donde Jesús, que está sentado al pie de un árbol escuchando a unos hombres, y le saluda con toda reverencia. Jesús se alza enseguida y responde al saludo con igual respeto. Los presentes se centran completamente en ellos.

«Estaba en el monte. Quizás has pensado que no tenía fe, que me iba por miedo a tener que ayunar. La verdad es que me fui por otro motivo. Quería comportarme como hermano con los hermanos, como el hermano mayor. Quisiera manifestarte aparte lo que pienso. ¿Podrías escucharme? A pesar de ser un escriba, no soy enemigo tuyo».

«Vamos un poco lejos...» y se meten entre los cereales.

«Quería proveer de alimento a los peregrinos, así que bajé para encargar que hicieran pan para una multitud. Respecto a la distancia estoy dentro de la Ley, porque estos campos son míos y de aquí a la cima se puede recorrer en día de sábado. Mi intención era venir mañana con los siervos, pero he sabido que estabas aquí con la muchedumbre. Te ruego que me permitas surtir de lo necesario a la muchedumbre este sábado; si no, sentiría demasiado el haber renunciado a tus palabras por nada».

«En ningún caso hubiera sido por nada, porque el Padre te habría recompensado con sus luces. Yo por mi parte te doy las gracias. No te defraudaré. Lo único que quisiera observarte es que la gente es mucha».

«He encargado que enciendan todos los hornos, incluso los que se usan para secar productos agrícolas. Conseguiré pan para todos».

«No lo digo por eso, lo digo por la cantidad de pan...».

«No me causa problema. El año pasado recogí mucho trigo, y este año ya ves qué espigas. Déjame, que sé lo que hago. ¡Qué mayor seguridad para mis tierras! Y, además, Maestro... ¿El pan que me has dado hoy!... ¡Tú sí que eres Pan del espíritu!...».

«Sea entonces como quieres. Ven, vamos a decírselo a los peregrinos».

«No. Tú lo has dicho».

«¿Y eres escriba?».

«Sí, lo soy».

«Que el Señor te lleve a donde tu corazón merece».

«Comprendo lo que no dices. Quieres decir: a la Verdad. Porque en nosotros hay mucho error y... y mucha mala fe».

«¿Quién eres?».

«Un hijo de Dios. Ruega al Padre por mí. Adiós».

«La paz sea contigo».

175.5

Jesús regresa lentamente hacia los suyos mientras el hombre se aleja con los siervos.

«¿Quién era? ¿Qué quería? ¿Te ha dicho alguna cosa desagradable? ¿Tiene algún enfermo?». Jesús se ve asaltado de preguntas.

«No sé quién es. Bueno, quiero decir, tiene buen corazón y esto me...».

«Es Juan el escriba» dice uno de la multitud.

«Bien, pues ahora lo sé por tus palabras. Quería sencillamente ser el siervo de Dios para con los hijos de Dios. Orad por él porque mañana todos comeremos gracias a su bondad».

«Verdaderamente es un justo» dice uno.

«Sí. Lo que no sé es cómo puede ser amigo de otros» comenta otro.

«Fajado de escrúpulos y de reglas como un recién nacido; pero no es malo» concluye otro.

«¿Son éstas sus tierras?» preguntan muchos, que no son de la zona.

«Sí. Creo que el leproso era uno de sus siervos o de sus labriegos; pero permitía que estuviera en las cercanías, e incluso creo que le daba de comer».

La crónica continúa, pero Jesús se abstrae de ello y llama a sí a los doce y les pregunta: «¿Y ahora qué tengo que deciros por vuestra incredulidad? ¿No ha puesto, acaso, el Padre pan para todos nosotros en las manos de una persona que, por su casta, está contra mí? ¡Oh, hombres de poca fe!... Id, id allí, al mullido heno y dormid. Yo voy a orar al Padre para que abra vuestros corazones y para darle las gracias por su bondad. Paz a vosotros».

Y va a las primeras pendientes del monte. Se sienta y se recoge en su oración. Alza los ojos y ve el rebaño de las estrellas que abarrotan el cielo; los baja y ve el rebaño de los que duermen echados en los prados. Nada más; mas es tal la alegría que siente en su corazón, que parece transfigurarse de luz...

Detalle

Jesús ha bajado del Monte de las Bienaventuranzas y una multitud le sigue. Los apóstoles están preocupados por cómo van a alimentarse. Este capítulo muestra un caso práctico de confianza en la Providencia y en la bondad del Padre.

Anotación

Mientras tanto, el sol se ha puesto. Es el comienzo del descanso sabático. El descanso sabático comienza a las 6 de la tarde del viernes. Desde los cuernos de Hattin hasta la llanura, recorrieron entre 5 y 6 km, es decir, alrededor de una hora y media de marcha. Como vimos en el capítulo anterior, partieron alrededor de las 3pm / 3.30pm. O sea, hacia las cinco de la tarde.

Les dije: "Los que no puedan creer que mañana Dios dará de comer a sus hijos, que se vayan", y se quedaron. Dios no negará a su Mesías ni decepcionará a los que esperan en él. Véase el capítulo anterior. María Valtorta señala incluso que sólo unas cincuenta personas se marcharon entonces.

No os soy hostil, aunque soy escriba. Los escribas que no son hostiles a Jesús son raros. De los 24 miembros de este colegio, sólo 5 estaban secretamente a favor de Jesús. La mayoría de los otros 19 eran hostiles o indiferentes.

Pueden ver que estoy en el espacio legal porque estos campos me pertenecen, y desde aquí hasta arriba es un camino que se puede tomar en sábado. Así que están justo a la entrada de la llanura, a un kilómetro de la cima de Arbel. Las normas prácticas para aplicar la distancia del Sabbat eran y siguen siendo complejas. Sin embargo, la condición básica, establecida en tiempos de Salomón, sigue siendo la prohibición de alejarse más de 2.000 codos (unos 900 metros) de los límites de la propia propiedad o de una ciudad. Como señala Maria Valtorta, la cumbre es el último límite aceptable para el escriba.

ECR 175.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¿Y eres escriba?».

«Sí, lo soy».

«Que el Señor te lleve a donde tu corazón merece».

«Comprendo lo que no dices. Quieres decir: a la Verdad. Porque en nosotros hay mucho error y... y mucha mala fe».

«¿Quién eres?».

«Un hijo de Dios. Ruega al Padre por mí. Adiós».

«La paz sea contigo».

Detalle

Jesús habla con Juan de Cafarnaún.

ECR 176.3 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«La voluntad de Dios nos ha retenido en este lugar porque alargar el camino ya recorrido hubiera sido lesivo contra los preceptos, con el correspondiente escándalo; tal cosa no debe suceder jamás hasta que no se escriba el nuevo Pacto.

Justo es santificar las fiestas y alabar al Señor en los lugares de oración, mas toda la creación puede ser lugar de oración si la criatura sabe convertirla en eso con su elevación hacia el Padre. Lugar de oración fue el Arca de Noé, a la deriva sobre las olas; y el vientre de la ballena de Jonás; lugar de oración fue la casa del Faraón cuando José vivió en ella; y la tienda de Holofernes para la casta Judit. ¿Y no era, acaso, sagrado para el Señor el lugar corrompido en que, esclavo, vivía el profeta Daniel; sagrado por la santidad de su siervo, que santificaba el lugar, hasta el punto de merecer las altas profecías del Cristo y el Anticristo, clave de estos momentos y de los últimos tiempos? Pues con mayor razón será santo este lugar que, con los colores, los perfumes, la pureza del aire, la riqueza de los cereales, las perlas del rocío, habla de Dios Padre y Creador y dice: “Creo; quered creer vosotros, pues de Dios damos testimonio”. Sea, por tanto, la sinagoga de este sábado; leamos en ella las páginas eternas escritas sobre las corolas y las espigas, teniendo como sagrada lámpara el Sol.

He nombrado a Daniel. Os he dicho: “Sea este lugar nuestra sinagoga”. Esto trae a la memoria el gozoso “benedicite” de los tres santos jóvenes entre las llamas del horno: “Cielos y aguas, rocío y escarcha, hielos y nieves, fuegos y colores, luces y tinieblas, relámpagos y nubes, montes y colinas, todo vegetal nacido, pájaros, peces, animales todos, alabad y bendecid al Señor, junto con los hombres de humilde y santo corazón”. Éste es el resumen de este cántico santo que tanto enseña a los humildes y santos. Podemos orar y merecer el Cielo en cualquier lugar. Lo merecemos cuando hacemos la voluntad del Padre.

Detalle

Era el alba, la mañana del sábado (EMV 176,1). Jesús se dirige a los durmientes que se están despertando y a la multitud que le ha seguido, porque quiere santificar "este día santo con la palabra de Dios" (EMV 176.2).

Anotación

Habiendo llegado tan lejos, ir más lejos habría sido violar los preceptos y escandalizar. Por respeto al precepto que limita los viajes sabáticos, basado en Éxodo 16:29.

El arca de Noé a la deriva sobre las olas era un lugar de oración, al igual que el vientre de la ballena de Jonás. Cf Gén 7, 7 y Jonás 2, 2.

Gen 7, 7: "Noé entró en el arca con sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos para escapar de las aguas del diluvio".

Jon 2, 2 : Y desde las entrañas del pez, Jonás oró a Yahvé, su Dios.

Así era también la casa del faraón cuando José vivía en ella, como lo era la tienda de Holofernes para la casta Judit. Cf. Gén 39, 2 y 41, 40, así como Judit 12, 5 y Judit 13, 4-5.

Gn 39, 2 : Yahvé estaba con José, que hacía prosperar todas las cosas; vivía en casa de su amo, el egipcio.

Gn 41, 40 : Y el faraón dijo a José: "He aquí que te he constituido gobernador de todo el país de Egipto. "

Jdt 12, 5 : Al entrar, pidió que se le permitiera salir de noche y antes del amanecer para orar e invocar al Señor.

Jdt 13, 4-5 : Holoferne yacía en su lecho en estado de embriaguez. Judit había ordenado a su criado que se quedara fuera de la habitación y vigilara.

¿Acaso no era verdaderamente sagrado para el Señor el lugar corrupto donde vivió como esclavo el profeta Daniel, sagrado por la santidad de su siervo que santificó el lugar hasta el punto de merecer las elevadas profecías de Cristo y del Anticristo, las claves de los tiempos presentes y postreros? Daniel 1, 21 | Daniel 7, 2-14 | Daniel 9, 24-27 | Daniel 12, 5-12.

Dan 1, 21: Daniel permaneció allí hasta el primer año del rey Ciro.

Daniel7,2-14: Habló Daniel y dijo: "Vi en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo se derretían sobre el gran mar, y cuatro grandes bestias subían del mar, diferentes entre sí. La primera era semejante a un león y tenía alas de águila. Y miré, hasta que le fueron arrancadas las alas, y fue levantada de la tierra, y se irguió sobre sus pies como un hombre, y le fue dado corazón de hombre. Y he aquí otra segunda bestia, semejante a un oso, con uno de sus costados erguido, y tres costillas en su boca entre los dientes; y le dijeron: "¡Levántate, come mucha carne! Después de esto miré, y he aquí otra bestia semejante a un leopardo; tenía sobre su lomo cuatro alas como de ave, y la bestia tenía cuatro cabezas; y le fue dado dominio. Después de esto miré en las visiones nocturnas, y he aquí una cuarta bestia, terrible y temible y sumamente fuerte; tenía grandes dientes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y a los demás pisoteaba; era diferente de todas las bestias que la habían precedido, y tenía diez cuernos. Miré los cuernos, y he aquí que otro cuerno pequeño se levantó entre ellos, y tres de los primeros cuernos fueron arrancados por él; y he aquí que este cuerno tenía ojos como ojos de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas.

Observé hasta que se colocaron tronos y se sentó un anciano. Su manto era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza era como lana pura. Su trono era llamas de fuego; las ruedas eran fuego ardiente. Un río de fuego manaba de delante de él; mil millares le servían, y una miríada de miríadas estaban delante de él. El Juez se sentó, y se abrieron los libros. Observé hasta que la bestia fue muerta y su cuerpo destruido y entregado a las llamas del fuego. También al resto de las bestias les fue quitado su dominio, y la duración de su vida había sido fijada en un tiempo y un momento.

Y miré en las visiones nocturnas, y he aquí que venía como en las nubes un Hijo de hombre, y vino al anciano, y lo acercaron delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino nunca será destruido.

Dn 9, 24-27 : Setenta semanas han sido señaladas para tu pueblo y para tu santa ciudad, para sellar la prevaricación, para sellar los pecados y expiar la iniquidad, y para traer la justicia eterna, para sellar la visión y el profeta y para ungir el Santo de los Santos. Sabed, pues, y entended: desde la salida de la palabra para edificar a Jerusalén hasta un ungido, un gobernante, hay siete semanas, y sesenta y dos semanas; y será edificada, en pie y embarazada, en la aflicción de los tiempos. Y después de sesenta y dos semanas, un ungido será cortado, y no habrá nadie para él. Y el pueblo de un príncipe que vendrá destruirá la ciudad y el santuario, y su fin será en la inundación, y hasta el final habrá guerra, que está decretado sobre la devastación. Hará un pacto firme con un gran número por una semana, y a la mitad de la semana detendrá el sacrificio y la ofrenda, y vendrá un destructor sobre el ala de las abominaciones, hasta que la destrucción y lo decretado vengan sobre los devastados.

Dan 12:5-12: Yo, Daniel, miré, y he aquí que otros dos hombres estaban de pie, uno en una orilla del río y el otro en la otra orilla del río. 6Uno de ellos habló al hombre vestido de lino, que estaba de pie sobre las aguas del río: "¿Hasta cuándo será el fin de estas maravillas? "Y oí al hombre vestido de lino que estaba sobre las aguas levantar su mano derecha y su mano izquierda al cielo, y jurar por el que vive para siempre que será por un tiempo y tiempos y medio, y que cuando la fuerza del pueblo santo haya sido quebrantada, entonces sucederán todas estas cosas. Y oí, pero no entendí, y dije: "Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas? " Y él dijo: "Ve, Daniel, porque las palabras están selladas hasta el tiempo del fin. Habrá muchos que serán purificados, limpiados y probados; y los impíos harán el mal, y ningún impío entenderá; pero los inteligentes entenderán. Desde el momento en que se interrumpa el sacrificio continuo, y se establezca la abominación del destructor, habrá mil doscientos noventa días. Bienaventurado el que espera y llega a mil trescientos treinta y cinco días".

Te nombré Daniel. Te dije: "Que este lugar sea nuestra sinagoga. " Nos recuerda el alegre "¡Benditos seáis!" de los tres santos niños en medio de las llamas del horno: cf. Dn 3, 52-90.

Dn 3, 52-90 : Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, digno de ser alabado, glorificado y exaltado por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso, digno de suprema alabanza y exaltación por los siglos. Bendito seas en el templo de tu santa gloria, digno de suprema alabanza y gloria por los siglos. Bendito eres en el trono de tu reino, digno de suprema alabanza y exaltación por siempre. Bendito eres tú, cuya mirada penetra las profundidades y que te sientas sobre los Querubines, digno de suprema alabanza y exaltación por los siglos. Benditos seáis en el firmamento del cielo, dignos de alabanza y gloria por los siglos.

Bendecid al Señor, todas las obras del Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente. Ángeles del Señor, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente. Cielos, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Aguas y todo lo que está sobre los cielos, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Poderes del Señor, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente.

Sol y luna, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente. Estrellas del cielo, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente. Lluvia y rocío, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente. Vientos de Dios, bendecid todos al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos.

Fuego y calor, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Frío y calor, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Rocío y escarcha, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Hielo y escarcha, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Hielo y nieve, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos.

Noche y día, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Luz y tinieblas, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Rayos y nubes, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Bendiga la tierra al Señor; alábele y exáltale por los siglos.

Montañas y colinas, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Plantas que crecen en la tierra, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Fuentes, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente. Mares y ríos, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente.

Monstruos y todo lo que se mueve en las aguas, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Aves del cielo, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente. Bestias salvajes y rebaños, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente. Hijos de los hombres, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente. Israel, bendecid al Señor; alabadlo y ensalzadlo eternamente.

Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo eternamente. Siervos del Señor, bendecid al Señor, alabadlo y ensalzadlo eternamente. Espíritus y almas de los justos, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos. Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor; alabadle y exaltadle por los siglos.

Porque él nos ha sacado del infierno y nos ha librado del poder de la muerte; nos ha rescatado de en medio del horno de llamas ardientes y nos ha sacado de en medio del fuego. Alabad al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Todos vosotros, hombres piadosos, bendecid al Señor, Dios de dioses; alabadlo y celebradlo, porque es eterna su misericordia.

ECR 177.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús se le queda mirando mientras se marcha, luego se vuelve hacia los presentes y dice: «En verdad os digo que no he encontrado tanta fe en Israel. Es verdad: [1]“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que habitaban en la oscura región de muerte ha surgido la Luz”, y: “El Mesías, alzada su bandera sobre las naciones, las reunirá”. ¡Oh, Reino mío, verdaderamente será incontable el número de los que a ti afluyan! Más que todos los camellos y dromedarios de Madián y de Efá, y que los transportadores de oro e incienso de Saba, más que todos los rebaños de Quedar y los carneros de Nebayot, serán los que a ti vayan, y mi corazón se dilatará de júbilo al ver venir a mí a los pueblos del mar y a las potencias de las naciones. Las islas me esperan para adorarme, los hijos de los extranjeros edificarán los muros de mi Iglesia, cuyas puertas siempre estarán abiertas para acoger a los reyes y a las potencias de las naciones y para santificarlos en mí. ¡Lo que Isaías vio se cumplirá! Os digo que muchos vendrán de oriente y occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán arrojados a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y rechinar de dientes».

«¿Estás profetizando que los gentiles estarán al mismo nivel que los hijos de Abraham?».

«No al mismo nivel, sino a nivel superior. Que esto os duela sólo por el hecho de que es culpa vuestra. No lo digo Yo, lo dicen los Profetas, y los signos ya lo están confirmando.

Detalle

Jesús acaba de curar al siervo del centurión romano, según consta en el Evangelio.

Anotación

Libro de Isaías, 9, 1

Is 9, 1 : El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz, y la luz ha brillado sobre los que vivían en tierra de sombra de muerte.

Libro de Isaías 11, 10-12

Is 11, 10-12 : Sucederá en aquel día que la raíz de Jesé, levantada como estandarte para los pueblos, será buscada por las naciones, y su morada será gloriosa. Y acontecerá en aquel día, que el Señor extenderá su mano por segunda vez para redimir al resto de su pueblo, el resto de las tierras de Asiria y Egipto, de Patros, Etiopía, Elam, Sennaar, Hamat y las islas del mar. Levantará un estandarte para las naciones y reunirá a los desterrados de Israel; reunirá a los dispersos de Judá de los cuatro confines de la tierra.

Libro de Isaías 60, 5-10

Is 60, 5-10 : Entonces lo verás y estarás radiante; tu corazón saltará y se ensanchará; porque vendrán a ti las riquezas del mar, los tesoros de las naciones. Multitudes de camellos te cubrirán, los dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá, trayendo oro e incienso, y proclamarán las alabanzas de Yahvé. Todos los rebaños de Cedar se reunirán contigo; los carneros de Nabaiot te servirán; subirán a mi altar como ofrenda agradable, y glorificaré la casa de mi gloria.

¿Quiénes son éstos que vuelan como nubes, como palomas a su palomar? Porque las islas esperan en mí, y las naves de Tarsis vendrán primero; para traer de lejos a tus hijos, con su plata y su oro, para honrar el nombre de Yahvé tu Dios, y al Santo de Israel, porque él te ha glorificado. Los hijos de los extranjeros construirán tus murallas, y sus reyes serán tus siervos; porque yo te golpeé con mi ira, pero en mi bondad tuve compasión de ti.

ECR 179.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En el pueblo elegido deberían encontrarse por todas partes espíritus preparados para recibir a este Mesías en cuya espera se consumieron de ansiedad los Patriarcas y los Profetas; a este Mesías que por fin ha venido, precedido y acompañado por todos los signos profetizados; a este Mesías cuya figura espiritual se delinea cada vez más clara a través de los milagros visibles, en los cuerpos y en los elementos, y de los milagros invisibles en las conciencias que se convierten, y en los gentiles que se vuelven al Dios verdadero. Y, sin embargo, no es así. Precisamente en los hijos de este pueblo la prontitud para seguir al Mesías se ve fuertemente obstaculizada, y, además, aunque duela decirlo, a medida que se sube a las clases más altas, más obstaculizada está. No lo digo para escandalizaros, sino para induciros a orar y a reflexionar.

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué gentiles y pecadores avanzan más por mi camino?, ¿por qué acogen lo que Yo digo, y los otros no? Porque los hijos de Israel están anclados; es más, incrustados como madreperlas al banco en que nacieran. Porque están saturados, henchidos de su sabiduría, que los ha engordado, y no saben abrir camino a la mía desprendiéndose de lo superfluo para hacer espacio a lo necesario. Los otros no padecen esta esclavitud: son pobres paganos, o pobres pecadores, desancorados como naves a la deriva; son pobres, que no tienen tesoros propios, sino que sólo poseen fardos de errores y pecados de los que se desprenden con gozo en cuanto logran comprender la Buena Nueva y prueban su dulzura corroborante, bien distinta del desagradable revoltijo de sus pecados.

ECR 180.6 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

¿Y las tierras pedregosas?... ¡Cuántas hay en Israel!... Son las que pertenecen a los “hijos de las leyes” como muy acertadamente ha dicho mi hermano Judas. Estas tierras no tienen la piedra única del Testimonio; no, la piedra de la Ley, sino el pedregal de las pequeñas, pobres, humanas leyes creadas por los hombres; muchas, tantas, que con su peso han reducido a lascas incluso la piedra de la Ley. Se trata de un deterioro que impide completamente la radicación de las semillas. La raíz no tiene ya alimento. No hay tierra, no hay substancia. El agua, estancándose sobre el suelo de piedras, pudre; el sol se pone al rojo en esas piedras y quema las plantas tiernas. Son los espíritus de los que en lugar de la sencilla doctrina de Dios ponen complicadas doctrinas humanas. Reciben mi palabra hasta incluso con alegría; momentáneamente se sienten impresionados y seducidos por ella; pero luego... Sería necesario tener el heroísmo de trabajar duro para limpiar el campo, el espíritu y la mente de todo el pedregal de los oradores vacíos. Entonces la semilla echaría raíz y se haría una fuerte macolla. Sin embargo, así no es nada. Es suficiente un temor a represalias humanas, es suficiente la reflexión: “¿Y luego?, ¿qué respuesta voy a recibir de los poderosos?”, para que la pobre semilla, carente de alimento, languidezca. Es suficiente con que todo el pedregal se remueva con el sonido vano de los centenares de preceptos que han reemplazado al Precepto, para que el hombre perezca con la semilla recibida... Israel está lleno de ello. Esto explica por qué el ir a Dios está en razón inversa del poder humano.

Detalle

Jesús explica la parábola del sembrador y, al hablar de campos llenos de piedras, acaba estableciendo un vínculo con Israel.

Anotación

Sobre las palabras de Judas, véase la nota siguiente.

ECR 186.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Jesús emprende la ascensión de un escarpado sendero que trepa por el cantil casi a pico. Los apóstoles le siguen por la penosa senda hasta la cima del cantil, que muere en un rellano poblado de encinas bajo las cuales pacen muchos cerdos.

«¡Estos fétidos animales no nos dejan pasar!» exclama Bartolomé.

«No. No nos obstaculizan el paso, hay espacio para todos» responde con serenidad Jesús.

Por su parte, los porquerizos, viendo a israelitas, tratan de reunir a los cerdos bajo las encinas para dejar libre el sendero. Los apóstoles pasan, haciendo mil muecas de desagrado, entre las porquerías que van dejando estos animales que hozan bien pingües, buscando siempre aumento de pinguosidad.

Jesús pasa sin hacer tanto teatro, y dice a los encargados de la piara: «Que Dios os pague vuestra amabilidad».

Los porquerizos — gente pobre y sólo poco menos sucia que sus cerdos, aunque, eso sí, infinitamente más delgados — le miran perplejos y se ponen a cuchichear entre sí. Uno dice: «A lo mejor no es israelita». A lo cual los otros contestan: «¿No ves las franjas de la túnica?».

El grupo apostólico se une, ahora que pueden continuar el camino juntos por una vereda bastante ancha.

Detalle

Los rabinos llevaban visiblemente flecos en la ropa para hacerse reconocer.

ECR 188.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Ahora preguntamos dónde estaba el lugar de la maga» dice Jesús, y para a una mujer que vuelve de la fuente con las ánforas.

Ella le mira con curiosidad, y contesta con desaire: «No lo sé. Tengo otras cosas mucho más importantes que esas habladurías». Le deja bruscamente.

Jesús se dirige a un viejecillo que está labrando un trozo de madera.

«¿La maga?... ¿Saúl? Ya nadie se interesa de ello. No obstante, espera... hay uno que ha estudiado y quizás sepa... Ven».

El viejecito se pone a subir, renqueando, por una callejuela pedregosa, hasta una casa muy mísera, desastrada. «Está aquí. Voy a entrar a llamarle».

Pedro, haciendo alusión a algunas aves de corral que están escarbando la tierra en un pequeño y sucio patio, dice: «Este hombre no es israelita». Pero no dice nada más, porque el viejecillo está volviendo, seguido por un hombre bizco, sucio y desaliñado, como todo lo que hay en su casa.

Detalle

Judas quiere oír hablar de la pitonisa que habló al rey Saúl en el Antiguo Testamento. Los llevan a una casa.