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Notas del tema

Jesucristo

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ECR 70.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

« (...) Quiero que os améis sin preferencias, ayudándoos mutuamente, comprendiéndoos mutuamente. Nadie es perfecto, Juan. Ni los jóvenes ni los viejos. Pero si tenéis buena voluntad llegaréis a la perfección; lo que os falte lo pondré Yo. Vosotros sois como los hijos de una santa familia. En ella hay muchos caracteres distintos. Uno es fuerte; el otro, dulce o valiente o tímido o impulsivo o muy cauto. Si todos fuerais iguales, constituiríais una potencia en un carácter, pero estaríais incompletos en todos los demás; mientras que así formáis una unión perfecta porque os completáis unos a otros. El amor os une — debe uniros —, el amor por la causa de Dios».

«Y por ti, Jesús».

«Primero la causa de Dios y luego el amor hacia su Cristo».

ECR 70.8-9

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Luego dice Jesús:

«Una comparación más entre mi Juan y otro discípulo, comparación en la que aparece aún más límpida la figura de mi predilecto.

Éste se despoja incluso de su modo de pensar y juzgar para ser “el discípulo”. Juan es aquel que se dona sin querer retener de sí, del sí mismo anterior a la elección, ni siquiera una molécula. Judas, sin embargo, es aquel que no se quiere despojar de sí mismo: la suya es, por tanto, una donación irreal; lleva consigo su yo enfermo de soberbia, de sensualidad, de avidez; conserva su modo de pensar; neutraliza, por tanto, los efectos de la donación y de la Gracia.

Judas: primero de la serie de todos los apóstoles frustrados. ¡Y son tantos...! Juan: arquetipo de los que se hacen hostia por mi amor: tu arquetipo.

Yo y mi Madre somos las Hostias excelsas. Alcanzarnos es difícil, es más, imposible, porque nuestro sacrificio fue de una aspereza total. ¡Pero mi Juan!... Es esa hostia que pueden imitar mis amantes de todas las clases: virgen, mártir, confesor, evangelizador, siervo de Dios y de la Madre de Dios, activo y contemplativo; él dispone de un ejemplo para todos: es aquel que ama.

Observa los distintos modos de razonar. Judas investiga, cavila, opone resistencia, y, aunque externamente parezca que cede, en realidad conserva su forma mental. Juan se siente nada, acepta todo, no pide razones, se siente satisfecho con hacerme feliz. Éste es el ejemplo.

70.9 ­¿Y no te has sentido invadida de paz ante su amor sencillo y encantador? ¡Mi Juan! ¡Y mi pequeño Juan, al que deseo ver cada vez más semejante a mi predilecto! María, acepta todo, diciendo siempre como el Apóstol: “Todo lo que Tú haces está bien hecho, Maestro” para merecer siempre que se te diga: “Eres mi amorosa paz”. También necesito alivio Yo, María. Dámelo. Mi Corazón para descanso tuyo».

Detalle

Dictado vinculado a EMV 70.1-6

ECR 70.8

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Yo y mi Madre somos las Hostias excelsas. Alcanzarnos es difícil, es más, imposible, porque nuestro sacrificio fue de una aspereza total. ¡Pero mi Juan!... Es esa hostia que pueden imitar mis amantes de todas las clases: virgen, mártir, confesor, evangelizador, siervo de Dios y de la Madre de Dios, activo y contemplativo; él dispone de un ejemplo para todos: es aquel que ama.

ECR 71

El Evangelio como me ha sido revelado

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Jesús habla con Judas. Están esperando a Simón el Zelote y a Juan de Zebedeo, que van a reunirse con él. Jesús le dice que Juan es su primer discípulo y Judas se siente herido, pero no dice nada al Maestro. El Maestro, que conoce el corazón, le pregunta al Iscariote por qué no le dice lo que piensa. Luego le pregunta si su padre le quería, y Judas habla de su padre con emoción. El Señor le asegura entonces que, si su padre lo educó como Judas le dice, era ciertamente un hombre justo y que se alegrará de saber que es discípulo del Mesías. Pero Judas debe ver en Jesús al padre que había perdido y no ocultarle nada. Judas declara que llegará a ser bueno si Cristo lo ama tanto. Admite que le dolía no haber sido el primer discípulo, pero Jesús le asegura que no hace diferencia en su corazón entre el primero y el último.

Simón y Juan llegan mientras tanto. El antiguo leproso saluda a su Salvador con un grito de alegría, y Jesús le bendice por la labor de evangelización que ya ha realizado. Simón aprovecha la ocasión para mencionar a Lázaro, y Jesús le promete que irá a verle. A continuación tienen lugar las presentaciones entre los discípulos. Jesús envía a Juan con Judas y pide a Simón que sea indulgente con este hombre, al que Simón-Pedro y los demás no apreciarán. Simón accede y con estas palabras van a evangelizar a la gente en el Templo.

ECR 71.1-2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

71.1 Veo a Jesús con Judas Iscariote, pasear yendo y viniendo junto a una de las puertas del recinto del Templo.

«¿Estás seguro de que vendrá?» pregunta Judas.

«Estoy seguro. Partía al alba, de Betania, y se encontraría en Get-Sammi con mi primer discípulo...».

Una pausa. Jesús se para y mira fijamente a Judas — se le ha puesto de frente; le estudia —, luego le pone una mano encima del hombro y le pregunta: «¿Por qué, Judas, no me expresas tu pensamiento?».

«¿Qué pensamiento? No tengo un pensamiento especial en este momento, Maestro. Te hago incluso demasiadas preguntas. La verdad es que no puedes quejarte de mutismo por mi parte».

«Me haces muchas preguntas y me das muchas informaciones detalladas sobre la ciudad y sus habitantes, pero no me abres tu ánimo. ¿Qué importancia pueden tener para mí las noticias sobre el censo y la estructura de ésta o aquella familia? No soy una persona que no tenga nada que hacer y que haya venido aquí en plan de pasar el rato. Tú sabes para qué he venido. Y, como puedes comprender, ante todo me apremia ser el Maestro de mis discípulos. Por eso quiero por parte de ellos sinceridad y confianza.

71.2 ¿Te quería tu padre, Judas?».

«Me quería mucho. Yo era su orgullo. Cuando volvía de la escuela, e incluso después, cuando volvía a Keriot desde Jerusalén, quería que le dijese todo. Mostraba interés por todo lo que yo hacía. Si eran cosas buenas, se alegraba. Si eran menos buenas, me confortaba. Si había cometido algún error — alguna vez, ya se sabe, todos erramos — y, por ello, había recibido una reprensión, él me mostraba toda la justicia de la amonestación recibida, o todo el error de mi acción. ¡Pero, lo hacía con tanta dulzura...! Parecía un hermano mayor. Terminaba siempre así: “Esto te lo digo porque quiero que mi Judas sea una persona justa. Quiero que me bendigan a través de mi hijo...”. Mi padre...».

Jesús, que ha estado en todo momento mirando fija y atentamente al discípulo, sinceramente conmovido ante la evocación del padre, dice: «Mira, Judas, estáte seguro de cuanto te digo. Ninguna obra le hará tan feliz a tu padre como el que me seas fiel discípulo. El espíritu de tu padre exultará, allí, donde espera la luz — porque si te educó así debió ser justo —, si ve que eres discípulo mío. Pero, para serlo, tú debes decirte: “He vuelto a encontrar a mi padre perdido, al padre que parecía un hermano mayor; le he encontrado de nuevo en mi Jesús, y a Él, como al padre amado que todavía lloro, le diré todo, para recibir guía, bendición o dulce amonestación”. ¡Quiera el Eterno y quieras tú, sobre todo tú, que Jesús no tenga otra cosa que decirte sino: “Eres bueno. Te bendigo”!».

«¡Oh, sí, Jesús, sí! Si me amas mucho, sabré llegar a ser bueno, como Tú quieres y como quería mi padre. Y mi madre así ya no tendrá esa espina en el corazón. Ella decía siempre: “Te has quedado sin guía, hijo, y todavía tenías mucha necesidad de ella”. ¡Cuando sepa que te tengo a ti...!».

«Yo te amaré como ningún otro ser humano podría hacerlo. Te amaré mucho. Te amo mucho. No me defraudes».

«No, Maestro, no. Estaba lleno de conflictos interiores. Envidias, celos, ambiciones de ser el primero, carnalidad; todo luchaba en mí contra las voces buenas. Incluso, hace poco, ¿ves?, Tú me has proporcionado un sufrimiento. Bueno, Tú no, me lo ha proporcionado mi malvada naturaleza... Yo creía que era tu primer discípulo... y me has dicho que tienes ya otro».

«Lo viste tú mismo. ¿No te acuerdas de que en el Templo, durante la Pascua, estaba con muchos galileos?».

«Creía que eran amigos... Creía que yo era el primer discípulo elegido y, por tanto, el predilecto».

«No hay distinciones en mi corazón entre los últimos y los primeros. Si el primero cometiera faltas y el último fuese santo, entonces sí se crearía ante los ojos de Dios la distinción. Pero Yo, Yo amaré lo mismo: con un amor beato al santo, con un amor doloroso al pecador.»

ECR 72.1

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

72.1 Ya desde las primeras horas de la mañana veo a Jesús en el momento en que llega a una cita que tiene con los discípulos Simón y Judas en la misma puerta de siempre. Jesús ya estaba con Juan. Y oigo que dice: «Amigos, os pido que vengáis conmigo por la Judea; si no os cuesta demasiado, especialmente a ti, Simón».

«¿Por qué, Maestro?».

«Es áspero el camino por los montes de Judea... y tal vez incluso te resultará más áspero el encontrar a ciertas personas que te han causado perjuicios».

«Por lo que respecta al camino, te aseguro una vez más que desde que me curaste me siento más fuerte que un muchacho joven, y no me pesa ningún esfuerzo; además, siendo por ti, y, ahora, por si fuera poco, contigo... Por lo que respecta al encuentro con los que me hicieron el mal, en el corazón de Simón, desde que es tuyo, ya no hay resentimientos, y ni siquiera sentimientos duros. El odio cayó junto con las escamas de la enfermedad. Y no sé, créelo, si decirte que hiciste un milagro mayor al curarme la carne corroída o el alma abrasada por el rencor. Pienso que no me equivoco si digo que el milagro más grande fue este último. Sana siempre con menos facilidad una llaga del espíritu... y Tú me curaste improvisamente. Esto es un milagro, porque... no, uno no se cura de repente, aunque quiera hacerlo con todas sus fuerzas; no se cura el hombre de un hábito moral, si Tú no anulas ese hábito con tu voluntad santificante».

«No juzgas erradamente».

ECR 72.3-4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

72.3 «Me entristece sólo el constatar lo corrompido que está el hombre por Satanás, y cómo éste le aparta el pensamiento del recto camino. ¡Todos, ¿sabéis?, todos tenéis el pensamiento turbado por él! Pero vendrá, ¡oh!, vendrá el día en que tendréis en vosotros la Fuerza de Dios, la Gracia; tendréis la sabiduría con su Espíritu... Entonces dispondréis de todo para juzgar justamente».

«¿Juzgaremos todos justamente?».

«No, Judas».

«Pero, ¿te refieres a nosotros, discípulos, o a todos los hombres?».

«Hablo aludiendo primero a vosotros, pero también a todos los demás. Cuando llegue la hora, el Maestro creará a sus obreros y los mandará por el mundo...».

«¿No lo haces ya?».

«Por ahora sólo me sirvo de vosotros para decir: “El Mesías está entre nosotros. Id a Él”. Llegada la hora, os haré capaces de predicar en mi nombre, de cumplir milagros en mi nombre...».

«¡Oh!, ¿también milagros?».

«Sí, en los cuerpos y en las almas».

«¡Cuánto nos admirarán entonces!» — se le ve a Judas alborozado ante esta idea —.

72.4 «Pero ya no estaremos con el Maestro entonces... y yo tendré siempre miedo de hacer con capacidad de hombre lo que es de Dios» dice Juan, y mira a Jesús pensativamente, y también un poco triste.

«Juan, si el Maestro lo permite, quisiera decirte lo que pienso» — es Simón quien ha hablado —.

«Díselo. Deseo que os aconsejéis mutuamente».

«¿Ya sabes que es un consejo?».

Jesús sonríe y calla.

«Pues bien, entonces yo te digo, Juan, que no debes, no debemos temer. Apoyémonos en su sabiduría de Maestro santo, y en su promesa. Si Él dice: “Os mandaré”, es señal de que sabe que puede enviarnos sin que le perjudiquemos a Él ni a nosotros, o sea, a la causa de Dios que todos amamos como se ama a la propia esposa recién casada. Si Él nos promete vestir nuestra miseria intelectual y espiritual con los fulgores de la potencia que el Padre le da para nosotros, debemos estar seguros de que lo hará, y nosotros tendremos ese poder de que nos habla el Maestro; no por nosotros, sino por su misericordia. Pero, ciertamente, todo esto sucederá si nosotros no ponemos orgullo, deseo humano, en nuestro obrar. Pienso que si corrompemos nuestra misión — que es completamente espiritual — con elementos terrestres, entonces decaerá también la promesa del Cristo; no por incapacidad suya, sino porque nosotros ahogaremos esta capacidad con el lazo de la soberbia.»

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Los apóstoles (Juan, Judas y Simón el Zelote) discuten sobre los milagros y el envío de los discípulos cuando Jesús ya no esté con ellos.

Jesús dijo a los tres apóstoles:

ECR 72.5-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Mira, Judas. Yo vengo de una casta perseguida por... por haber entendido mal qué y cómo debe ser el Mesías. Sí. Si nosotros le hubiéramos esperado con justa visión de su ser, no habríamos podido caer en errores que son blasfemias contra la Verdad y rebelión contra la ley de Roma; por lo cual fuimos castigados por Dios y por Roma. Hemos querido ver en el Cristo un conquistador y un libertador de Israel, un nuevo Macabeo, y más grande que el gran Judas... Esto sólo. Y ¿por qué? Porque hemos cuidado más de nuestros intereses (los de la patria y los de los ciudadanos) que de los intereses de Dios. ¡Oh!, santo es también el interés de la patria. Pero, ¿qué es comparado con el Cielo eterno? He aquí cuanto he pensado y visto en las largas horas de persecución, primero, y de segregación, después; cuando, fugitivo, me escondía en las madrigueras de los animales salvajes, condividiendo con ellos lecho y alimento, para escapar de la fuerza romana, y sobre todo de las delaciones de los falsos amigos; o cuando, esperando la muerte, ya gustaba el olor del sepulcro en mi cueva de leproso: he visto la figura verdadera del Mesías... la tuya, Maestro humilde y bueno, la tuya, Maestro y Rey del espíritu, la tuya, oh Cristo, Hijo del Padre que al Padre conduces, y no a los palacios de tierra, no a las deidades de barro. Tú... ¡oh!, me resulta fácil seguirte... porque — perdona mi osadía que se proclama justa — porque te veo como te he pensado; te reconozco, en seguida te reconocí. Sí, no ha sido un conocimiento de ti, sino un reconocer a Uno que ya el alma había conocido...».

«Por esto te he llamado... y por esto te llevo conmigo, ahora, en este primer viaje mío por Judea.

72.6 Quiero que completes el reconocimiento... y quiero que también éstos, a los cuales la edad los hace menos capaces de llegar a lo verdadero por medio de meditación severa, sepan cómo su Maestro ha llegado a esta hora... Entenderéis luego.»

Detalle

Simón el Zelote habla con Judas.

Anotación

Primer libro de los Macabeos, 3, 1-26 :

1 M 3, 1-26 : Después de la muerte de Matatías, su hijo Judas, llamado Macabeo, se levantó en su lugar. Todos sus hermanos y todos los seguidores de su padre acudieron en su ayuda y lucharon gustosamente por Israel.

Judas extendió la gloriosa reputación de su pueblo. Vestido con su armadura como un héroe, y armado con sus armas de guerra, libraba batallas, protegiendo el campamento con su espada. Como un león en acción, como un cachorro que ruge hacia su presa, cazaba a los hombres infieles a la Ley, los perseguía y entregaba al fuego a los que perturbaban a su pueblo.

Como resultado del miedo que inspiraba, los hombres infieles a la Ley fueron abatidos y todos los malhechores entraron en pánico. Por su mano llegó la salvación. Amargó la vida a muchos reyes, y Jacob se alegró de sus hazañas. Su memoria es bendita para siempre.

Recorrió las ciudades de Judá y aniquiló a los impíos. Apartó la ira que pesaba sobre Israel. Su nombre se oyó hasta los confines de la tierra y reunió a los que estaban a punto de perecer.

Entonces Apolonio reunió a paganos y a un gran ejército de Samaria para luchar contra Israel. Judas fue informado de ello. Salió a su encuentro, lo golpeó y lo mató. Hubo muchas víctimas, y los supervivientes huyeron. Se recogió el botín, y Judas tomó la espada de Apolonio para usarla en la batalla todos los días.

Seronio, comandante del ejército sirio, se enteró de que Judas había reunido a su alrededor un grupo, una asamblea de fieles, para marchar a la batalla. Se dijo a sí mismo: "Me haré un nombre y me daré gloria en el reino. Lucharé contra Judas y sus compañeros, que desprecian el mandato del rey". Y partió a su vez, acompañado de una numerosa banda de impíos, para vengarse de los hijos de Israel.

Cuando se acercaba a la subida a Bethoron, Judas le salió al encuentro con un puñado de hombres. Cuando sus hombres vieron la tropa que venía hacia ellos, le dijeron a Judas: "¿Cómo podremos tan pocos de nosotros luchar contra una multitud tan grande y fuerte? Además, estamos agotados, pues hoy no hemos comido nada". Judas replicó: "Es fácil que los muchos caigan en manos de los pocos. Al Cielo no le importa si la salvación se logra a través de muchos hombres o de unos pocos. La victoria en la batalla no depende del tamaño del ejército: la fuerza viene del Cielo.

Vienen a nosotros llenos de orgullo y desprecio por la Ley, para destruirnos a nosotros, a nuestras esposas e hijos, y despojarnos de nuestras posesiones. Luchamos por nuestras vidas y nuestras leyes. El mismo Cielo los aplastará ante nosotros. Así que no les temáis.

Con estas palabras, se abalanzó sobre ellos inesperadamente. Serona y su tropa fueron aplastados ante él. Fueron perseguidos desde Bethorone hasta la llanura. Cayeron unos ochocientos hombres; los demás huyeron al país de los filisteos. Judas y sus hermanos empezaron a inspirar temor, y el pánico se apoderó de las naciones paganas que los rodeaban. El nombre de Judas llegó a oídos del rey, y todos los paganos comentaron sus actos de guerra.

ECR 72.6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«He aquí, ante nuestros ojos, la torre de David; la Puerta Orien­­tal está cerca».

«¿Salimos por ella?».

«Sí, Judas. En primer lugar vamos a Belén, donde nací... Conviene que lo sepáis... para decírselo a los otros. También esto tiene que ver con el conocimiento del Mesías y de la Escritura. Encontraréis las profecías escritas en las cosas, con voz no ya de profecía sino de historia.»