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Notas de la palabra clave

Isabel de Hebrón (madre de Juan Bautista)

Tema: Personajes del Evangelio tal como me fue revelado · Página 2 de 5

Comodidad de lectura

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ECR 14

El Evangelio como me ha sido revelado

Detalle

Título del capítulo : La pareja llega a Nazaret

Fecha de la visión: 6 de septiembre de 1944

Calendario:6 de marzo d.C.

Localización (mapa) : Nazaret

Ciclo: Matrimonio con José

Resumen: María describe Nazaret. María regresa a su ciudad después de vivir durante años en el Templo. Se desposa con José y éste la acompaña, junto con Zacarías e Isabel. Nazaret celebró con ellos. Llegan a la casa y José, Zacarías e Isabel le muestran la casa y el jardín de Joaquín. La Virgen conoció también a Alfeo, a María de Cleofás y a sus hijos. Luego conoció a Sara y a su hijo, Alfée, el novio de Ana. José recorrió la casa con su esposa y el hermano de ésta se enteró de que no celebrarían la boda de inmediato. Sorprendido, José le responde que no celebrarán la ceremonia hasta que María tenga dieciséis años. El futuro santo le hizo prometer que le llamaría siempre que lo necesitara. La familia se despidió y Zacarías decidió dejar a Isabel para que enseñara a su prima a ser una perfecta ama de casa. Esto permitirá también a María decorar su casa a su gusto.

Contenido del capítulo: 14.1: El camino por las colinas de Galilea. 14.2: Entrada triunfal en Nazaret. 14.3: José señala desde lejos la casa de María. Él es quien trabajará allí. 14.4: María acoge a Alfeo y a Sara. 14.5: José se ofrece a María como confidente. 14.6: La boda tendrá lugar cuando ella tenga dieciséis años. 14.7: Isabel se quedará un tiempo con su prima.

ECR 14.2

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

14.2 Un carro avanza por la calzada, el carro que lleva a José y a María y a los primos de Ella; el viaje está tocando a su fin.

María mira con el ojo ansioso de quien quiere conocer, o mejor, reconocer, aquello que ya un día vio, pero no lo recuerda, y sonríe cuando una sombra de recuerdo vuelve y se posa, como una luz, en esta o aquella cosa, en este o aquel punto. Isabel la ayuda a recordar, y también Zacarías y José, señalando esta o aquella cumbre, esta o aquella casa. (...)

[Llegan a casa de Mary.]

«Ésa es tu casa, María» dice José señalando con el látigo una casita que está justo en la base de una ondulación de la colina, y que tiene en la parte de atrás un hermoso y amplio huerto, exuberante, que termina en un pequeño olivar. Más allá, la consabida cerca de espino albar y cácteas señala el límite de la propiedad. Las tierras, que fueron de Joaquín, están al otro lado...

«Te ha quedado poco, ¿ves?». dice Zacarías. «La enfermedad de tu padre fue larga y económicamente cara. Y caros fueron también los gastos para reparar el daño que hizo Roma. ¿Lo ves? La calle le ha cortado a la casa sus tres principales habitaciones. Se ha quedado más pequeña. Para ampliarla sin gastos excesivos, se cogió una parte del monte que forma una gruta; Joaquín tenía en ese lugar las provisiones y Ana sus telares. Haz con esto lo que creas más oportuno».

«¡Que sea poco no importa! Siempre me será suficiente. ».

Detalle

María regresa a Nazaret tras años de vivir en el Templo. Está prometida a José y éste la acompaña, junto con Zacarías e Isabel.

ECR 14.7

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

14.7 Vuelven a entrar en la casa. Encienden las lámparas.

«María está cansada» dice José. «Dejémosla tranquila con sus primos».

Saludos de todos los que se marchan... José se queda todavía unos minutos y habla con Zacarías en voz baja.

«Tu primo te deja a Isabel durante un poco. ¿Contenta? Yo sí, porque te ayudará a... ser una perfecta ama de casa; con ella podrás colocar como quieras tus cosas y tu ajuar, y yo vendré todas las tardes a ayudarte; con ella podrás conseguir lana y todo lo que necesites, y yo me encargaré de los gastos. Acuérdate de que has prometido que recurrirías a mí para todo. Adiós, María. Duerme el primer sueño de señora en esta casa tuya, y que el ángel de Dios te le haga sereno. Que el Señor sea siempre contigo».

«Adiós, José. Queda tú también bajo las alas del ángel de Dios. Gracias, José, por todo. En la medida en que pueda, te pagaré por tu amor, con el mío».

José saluda a los primos y sale.

Y con él cesa la visión.

Detalle

María regresa a Nazaret tras años de vivir en el Templo. Está prometida a José y éste la acompaña, junto con Zacarías e Isabel. Recorren la casa y José interviene.

ECR 16.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

16.4 «¡Salve, María, llena de Gracia, salve!». La voz es un dulce arpegio como de perlas chocadas contra un metal precioso.

María se estremece y baja la mirada. Su estremecimiento aumenta cuando ve a la fúlgida criatura arrodillada aproximadamente a un metro de distancia de Ella, con las manos cruzadas sobre el pecho, mirándola con una veneración infinita.

María, repentinamente, se pone en pie y aprieta su cuerpo contra la pared. Palidece y se ruboriza alternativamente. Su rostro expresa estupor y turbación. Inconscientemente aprieta sus manos contra el pecho escondiéndolas en las anchas mangas. Se recoge sobre sí misma como queriendo esconder lo más posible su cuerpo: un acto de delicado pudor.

«No. No temas. ¡El Señor está contigo! ¡Bendita tú entre todas las mujeres!».

A pesar de estas palabras, María sigue temiendo. ¿De dónde viene ese ser extraordinario? ¿Es un enviado de Dios, o del Engañador?

«¡No temas, María!» insiste el Arcángel. «Yo soy Gabriel, el Ángel de Dios. Mi Señor me ha enviado a ti. No temas, porque has hallado gracia ante Dios. Tú concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre “Jesús”. Será grande, será llamado Hijo del Altísimo, y verdaderamente lo será. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará para siempre en la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin nunca. Comprende, santa Virgen amada del Señor, Hija bendita suya, llamada a ser Madre de su Hijo, comprende qué Hijo vas a engendrar».

«¿Cómo puede suceder esto si yo no conozco hombre? ¿Acaso el Señor ya no acoge el ofrecimiento de su sierva? ¿Es que ya no quiere que sea virgen por amor a Él?».

«No vas a ser madre por obra de varón, María. Tú eres la eterna Virgen, la Santa de Dios. El Espíritu Santo descenderá sobre ti y la potencia del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, Santo se llamará el que nacerá de ti, e Hijo de Dios. Todo lo puede el Señor, Dios nuestro. Isabel, la estéril, en su vejez ha concebido un hijo que será el Profeta de tu Hijo, el que preparará sus caminos. El Señor la ha liberado de su oprobio y su memoria quedará en las gentes unida a tu nombre, como el nombre de su hijo al de tu Hijo Santo, y hasta el final de los siglos las gentes os llamarán bienaventuradas por la gracia del Señor que habéis recibido, y a ti especialmente, María, porque habrán recibido la Gracia por medio de ti. Isabel está ya en su sexto mes, y su peso, paradójicamente, la regocija, y más aún la regocijará cuando conozca el motivo de tu gozo. Para Dios nada es imposible, María, llena de Gracia. ¿Qué debo responderle a mi Señor? No te turbe ningun tipo de pensamiento. Él tutelará tus intereses si te pones en sus manos. ¡El mundo, el Cielo, Dios eterno esperan tu respuesta!».

María, cruzando a su vez sus manos sobre el pecho e inclinándose con gesto reverente dice: «He aquí la esclava de Dios. Hágase de mí según su palabra».

El Ángel resplandece de alegría y se pone en actitud adorante, puesto que, sin duda, ve al Espíritu de Dios descender sobre la Virgen, inclinada en gesto de adhesión; luego desaparece sin mover la cortina, dejándola cerrada cubriendo el Misterio santo.

ECR 18

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo: María anuncia a José la maternidad de Isabel y confía a Dios la tarea de justificar la suya.

Fecha de la visión y del dictado: sábado 25 de marzo de 1944 (fiesta de la Anunciación).

Calendario: Miércoles 21 febrero AD -5

Lugar (mapa): Nazaret

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María está sola en su casa de Nazaret. Probablemente es la noche de la Anunciación. Reza y come muy sencillamente. José llega cuando ella ha terminado y su mujer le da la bienvenida. Le lleva uvas y huevos, que quiere dar a María. La Plenitud de Gracia se da cuenta de que no ha comido y le trae lo que necesita: sólo rechaza los huevos, que son para María, y sólo para ella. El patriarca de la Sagrada Familia come y conversan. José cuenta su día y, entonces, cuando se hace el silencio, María toma la palabra para decirle que su prima ha sido madre. José, sorprendido, le pregunta cómo se ha enterado y, cuando María responde, le pide permiso para ir a ver a Isabel. José responde afirmativamente, pero le pide que espere unos días, pues tiene que ir a Jerusalén. Así que viajaron juntos hasta allí. Después, José regresó a casa, pero le sería más fácil acompañarla a la Ciudad Santa. María le dio las gracias y, poco después, el futuro padre de Jesús se marchó. María le dejó marchar, luego suspiró y rezó, sin duda por el dolor de no poder contarle su secreto.

María dictó entonces a María y le dijo que, después de volver en sí, durante el éxtasis de la Anunciación, su primer pensamiento fue José. Ya no sentía ningún temor en presencia de su esposo, pero ¿cómo podía decirle que era madre? Fue el Espíritu Santo quien la mandó callar, y el Todo-Santo llevó a la perfección su confianza de criatura. Se abandonó a Dios y experimentó su primer dolor como Corredentora. Ella nos exhorta a dejar que Dios defienda nuestra reputación...

Contenido del capítulo: 18.1: María se prepara para la cena. 18.2: Llega José. 18.3: Ella le hace comer. 18.4: Hablan de todo y de nada. 18.5: María va a ayudar a Isabel, que está embarazada. 18.6: La pareja se separa. 18.7: ¿Qué le digo a José? 18.8: Deja que yo te justifique. 18.9: Mi primer dolor de Corredentora. 18.10: Confía a Dios el cuidado de tu reputación.

ECR 18.5-6

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

18.5 María, como quien hubiese tomado una decisión, pone en su regazo el bordado y dice: «José, yo también tengo algo que decirte. Nunca recibo nada, pues tú sabes qué retirada vivo. Pero, hoy he recibido una noticia. He tenido noticia de que nuestra parienta Isabel, mujer de Zacarías, va a tener pronto un hijo...».

José abre enormemente los ojos y dice: «¿A su edad?».

«A su edad» responde sonriendo María. «El Señor todo lo puede, y ahora ha querido darle esta alegría a nuestra parienta».

«¿Cómo lo has sabido? ¿Es segura esta noticia?».

«Ha venido un mensajero; y es uno que no puede mentir. Yo quisiera ir donde Isabel, para servirla y decirle que exulto con ella. Si tú lo permites...».

«María, tú eres mi señora y yo tu siervo. Todo lo que haces está bien hecho. ¿Cuándo quisieras partir?».

«Lo antes posible. Pero estaré fuera algunos meses».

«Y yo contaré los días esperándote. Ve tranquila. Me ocuparé de la casa y de tu huertecito. Cuando vuelvas encontrarás tus flores tan bonitas como si tú misma las hubieras estado cuidando. Sólo una cosa... Espera. Antes de la Pascua tengo que ir a Jerusalén, para comprar unas cosas para mi trabajo. Si esperas unos días, te acompaño hasta allí; no más lejos, porque debo volver rápidamente; pero hasta allí podemos ir juntos. Estoy más tranquilo si no pienso que vas sola por los caminos. Para la vuelta, házmelo saber, y así saldré a tu encuentro».

«Eres muy bueno, José. Que el Señor te recompense con sus bendiciones y mantenga lejos de ti el dolor. Le pido siempre por esto».

18.6 Los dos castos esposos se sonríen angelicalmente. Silencio de nuevo durante un tiempo.

Luego José se pone en pie. Se pone el manto, se pone la capucha, se despide de María, que también se ha levantado, y sale.

María le sigue con la mirada y con un suspiro como de pena. Luego levanta los ojos al cielo. Está, sin duda, orando. Cierra la puerta con cuidado. Dobla el bordado. Va a la cocina. Apaga, o cubre, la lumbre. Mira a ver si todo está como debe. Coge la lámpara y sale, cerrando la puerta. Con su mano protege la llamita, temblorosa en el viento fresquito de la noche. Entra en su habitación y sigue orando.

La visión cesa así.

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María anuncia a José la maternidad de Isabel.

ECR 21

El Evangelio como me ha sido revelado

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Título del capítulo : Visita a Isabel

Fecha de la visión: Sábado 1 de abril de 1944

Calendario: Domingo 24 de marzo d.C. -5

Localización (mapa) : Hebrón

Ciclo: Nacimiento e infancia de Jesús

Resumen: María llega a Hebrón. María describe el lugar, luego describe más concretamente la llegada de la Virgen. Se detiene ante una casa bastante lujosa, donde no falta de nada, y la Inmaculada Concepción intenta hacer notar su presencia. Una ancianita curiosa le presenta una campanilla y la bombardea a preguntas. Afortunadamente, llegó un criado -probablemente un jardinero- y salvó a la Madre de las habladurías. María entró rápidamente después de dar las gracias a la ancianita. El criado la lleva dentro y le cuenta lo que ha sucedido en la casa: habla del parto de Isabel, pero también del silencio de Zacarías, que ya no puede hablar. Intenta llamar a su mujer, Sara, que es otra criada, pero en su lugar llega Isabel. Ella ve a María, María ve a Isabel, y ambas corren la una hacia la otra. Se estrechan en un cálido abrazo, y es entonces cuando el Espíritu Santo envuelve a Isabel. El Precursor es santificado, y Juan el Bautista se vuelve sin mancha. Isabel y María pronuncian las palabras del Evangelio, y entonces llega Zacarías, pero no es consciente del estado espiritual de María. En cambio, pregunta por la Virgen y José, e Isabel se limita a decirle que es madre. Pero ninguno de los dos dijo nada más.

A continuación, María escribe sobre cómo recibió la visión y declara que vio a María en la sepultura de Cristo.

Contenido del capítulo: 21.1: A través de las montañas de Judea. 21.2: La rica finca de Zacarías en Hebrón. 21.3: La extraña campana y la apertura de la puerta. 21.4: El viejo Samuel da noticias de Zacarías e Isabel. 21.5: El abrazo de Isabel y María, la iluminación interior, el Magnificat. 21.6: La llegada de Zacarías. 21.7: Visiones según sus necesidades espirituales.

ECR 21.3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Sepa que Isabel es anciana, y también Zacarías. Y ahora, además de sordo, está mudo. Los dos sirvientes son también viejos, ¿sabe?

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Una ancianita, que vio a María acercarse a la casa de Zacarías e Isabel, le enseña a tocar la campanilla para darse la bienvenida y le habla de los dueños de la casa.

ECR 21.4

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«¡Ah..., gran dicha y gran desgracia para esta casa! El Cielo ha concedido un hijo a la estéril. ¡Bendito sea por ello el Altísimo! Pero Zacarías volvió de Jerusalén mudo hace ya siete meses. Se hace entender con gestos, o escribiendo. ¿Ha tenido noticia de ello? Mi señora, en medio de esta alegría y este dolor, la ha echado mucho de menos. Siempre hablaba de usted con Sara. Decía: “¡Si estuviese aquí conmigo mi pequeña María...! Si hubiera seguido hasta ahora en el Templo, habría enviado a Zacarías a traerla. Pero el Señor ha querido que fuese la esposa de José de Nazaret. Sólo Ella podría consolarme en este dolor y ayudarme a rezar a Dios, porque todo en Ella es bondad. En el Templo todos la echan de menos y están tristes. La pasada fiesta, cuando fui con Zacarías la última vez a Jerusalén a dar gracias a Dios por haberme dado un hijo, oí de sus maestras estas palabras: ‘Al Templo parecen faltarle los querubines de la Gloria desde que la voz de María no suena ya entre estas paredes’ ”. ¡Sara! ¡Sara! Mi mujer es un poco sorda. Ven, ven, que te llevo yo».

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Un criado de la casa de Isabel se dirigió a María y le dijo:

ECR 21.5

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

En vez de Sara, aparece, en la parte alta de una escalera adosada a un lado de la casa, una mujer ya muy anciana, ya llena de arrugas, con el pelo muy canoso — pero que ha debido ser negrísimo, a juzgar por lo negras que tiene las pestañas y las cejas y por el color moreno de su cara —. Contrasta en modo extraño, con su visible vejez, su estado, ya muy patente, a pesar de la ropa amplia y suelta que lleva. Mira protegiéndose los ojos de la luz con la mano. Reconoce a María. Levanta los brazos hacia el cielo con una exclamación de asombro y de alegría, y se apresura, en la medida en que puede, hacia abajo al encuentro de la recién llegada. Y María — cuyos movimientos son siempre moderados — esta vez se echa a correr rápida como un cervatillo y llega al pie de la escalera al mismo tiempo que Isabel. Y recibe en su pecho con viva efusión de afecto a su prima, que, al verla, llora de alegría.

Permanecen abrazadas un momento. Luego Isabel se separa con una exclamación de dolor y alegría al mismo tiempo, y se lleva las manos al abultado vientre. Agacha la cabeza, palideciendo y sonrojándose alternativamente. María y el sirviente extienden los brazos para sujetarla, pues ella vacila como si se sintiera mal.

Pero Isabel, después de un minuto de estar como recogida dentro de sí, alza su rostro, tan radiante que parece rejuvenecido, mira a María sonriendo con veneración como si estuviera viendo un ángel y se inclina en un intenso saludo diciendo: «¡Bendita tú entre todas las mujeres! ¡Bendito el Fruto de tu vientre! (lo dice así, dos frases bien separadas) ¿Cómo he merecido que venga a mí, sierva tuya, la Madre de mi Señor? Sí, ante el sonido de tu voz, el niño ha saltado en mi vientre como jubiloso, y cuando te he abrazado el Espíritu del Señor me ha dicho una altísima verdad en el corazón. ¡Dichosa tú, porque has creído que a Dios le fuera posible lo que posible no aparece a la humana mente! ¡Bendita tú, que por tu fe harás realidad lo que te ha sido predicho por el Señor y fue predicho a los Profetas para este tiempo! ¡Bendita tú, por la Salud que engendras para la estirpe de Jacob! ¡Bendita tú, por haber traído la Santidad a este hijo mío que siento saltar de júbilo en mi vientre como cabritillo alborozado porque se siente liberado del peso de la culpa, llamado a ser el precursor, santificado antes de la Redención por el Santo que se está desarrollando en ti!».

María, con dos lágrimas como perlas, que le bajan desde los risueños ojos hasta la boca sonriente, el rostro alzado hacia el cielo, levantados también los brazos, en la posición que luego tantas veces tendrá su Jesús, exclama: «El alma mía magnifica a su Señor» y continúa el cántico como nos ha sido transmitido. Al final, en el versículo: «Ha socorrido a Israel, su siervo etc»., recoge las manos sobre el pecho y se arrodilla muy curvada hacia el suelo adorando a Dios.

Detalle

Un anciano dejó entrar a María en casa de Isabel y Zacarías y llamó a su mujer Sara.