ECR 18.5-6
El Evangelio como me ha sido revelado
Cita
18.5 María, como quien hubiese tomado una decisión, pone en su regazo el bordado y dice: «José, yo también tengo algo que decirte. Nunca recibo nada, pues tú sabes qué retirada vivo. Pero, hoy he recibido una noticia. He tenido noticia de que nuestra parienta Isabel, mujer de Zacarías, va a tener pronto un hijo...».
José abre enormemente los ojos y dice: «¿A su edad?».
«A su edad» responde sonriendo María. «El Señor todo lo puede, y ahora ha querido darle esta alegría a nuestra parienta».
«¿Cómo lo has sabido? ¿Es segura esta noticia?».
«Ha venido un mensajero; y es uno que no puede mentir. Yo quisiera ir donde Isabel, para servirla y decirle que exulto con ella. Si tú lo permites...».
«María, tú eres mi señora y yo tu siervo. Todo lo que haces está bien hecho. ¿Cuándo quisieras partir?».
«Lo antes posible. Pero estaré fuera algunos meses».
«Y yo contaré los días esperándote. Ve tranquila. Me ocuparé de la casa y de tu huertecito. Cuando vuelvas encontrarás tus flores tan bonitas como si tú misma las hubieras estado cuidando. Sólo una cosa... Espera. Antes de la Pascua tengo que ir a Jerusalén, para comprar unas cosas para mi trabajo. Si esperas unos días, te acompaño hasta allí; no más lejos, porque debo volver rápidamente; pero hasta allí podemos ir juntos. Estoy más tranquilo si no pienso que vas sola por los caminos. Para la vuelta, házmelo saber, y así saldré a tu encuentro».
«Eres muy bueno, José. Que el Señor te recompense con sus bendiciones y mantenga lejos de ti el dolor. Le pido siempre por esto».
18.6 Los dos castos esposos se sonríen angelicalmente. Silencio de nuevo durante un tiempo.
Luego José se pone en pie. Se pone el manto, se pone la capucha, se despide de María, que también se ha levantado, y sale.
María le sigue con la mirada y con un suspiro como de pena. Luego levanta los ojos al cielo. Está, sin duda, orando. Cierra la puerta con cuidado. Dobla el bordado. Va a la cocina. Apaga, o cubre, la lumbre. Mira a ver si todo está como debe. Coge la lámpara y sale, cerrando la puerta. Con su mano protege la llamita, temblorosa en el viento fresquito de la noche. Entra en su habitación y sigue orando.
La visión cesa así.
Detalle
María anuncia a José la maternidad de Isabel.