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Notas del tema

Guerra espiritual: discernimiento y tentación

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Comodidad de lectura

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ECR 182.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

No os quejéis de estar lejos del mundo, porque ello os preserva de mucha corrupción. Dios no está lejos de vosotros, sino más cerca, en esa soledad donde habla su voz en el viento que Él ha creado, o en las hierbas y las aguas... más cerca que no entre los hombres.

ECR 182.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Mantened lejos de vuestro corazón al lobo, que representa a los hombres malos, que tal vez os instigan y seducen a malas acciones por orden de Satanás, y al mismo Satanás, que os tienta para que pequéis y así despedazaros. Vigilad.

ECR 182.4 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Lo mismo hace Satanás: os vigila para conocer vuestros puntos flacos, merodea alrededor de vosotros, parece inocuo, ausente, atento a otras cosas, cuando en realidad os está vigilando; luego, de repente, salta para arrastraros al pecado; y alguna vez lo consigue.

Pero tenéis cerca a un médico y a un ser compasivo: Dios y vuestro ángel. Si os habéis herido, si habéis enfermado, no os separéis de ellos, cual perro afecto de rabia; antes bien, llorando, elevad a ellos vuestro grito de ayuda. Dios perdona al arrepentido, vuestro ángel está dispuesto a suplicar por vosotros y con vosotros a Dios.

ECR 184.2 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

«Ten paciencia, mujer. Todos tienen su cruz».

«¡No, no! Las desvergonzadas lo único que tienen es el placer. ¿Has visto lo que hacen las impúdicas! Gozan ellas y hacen sufrir a los demás. No se agotan, no, ni trayendo hijos a este mundo ni trabajando. No se hacen ampollas con la azada ni se despellejan las manos lavando. Se conservan guapas y frescas. La condena de Eva no es para ellas; más bien ellas son nuestra condena, porque... los hombres... Ya me entiendes».

«Entiendo, sí; pero has de saber que también tienen su tremenda cruz: la más tremenda, la que no se ve: la de la condena de su conciencia; la de la burla del mundo; la de su propia sangre, que las repudia; la de la maldición de Dios. Créeme, no son felices. No se agotan trayendo hijos a este mundo ni trabajando, no se hacen llagas en las manos bregando; y, sin embargo, se sienten igualmente deshechas; y además sienten vergüenza; y su corazón es una entera llaga. No envidies su aspecto, su lozanía, su aparente serenidad. Tras ese velo, lo que hay es una desolación mordiente y que no permite paz. No envidies su sueño, tú, madre honesta que sueñas con tus inocentes, pues la pesadilla está a su cabecera; y mañana, el día de su agonía o su vejez, remordimiento y terror…».

«Es verdad... Perdona...

ECR 184.5 · Volumen 3

El Evangelio como me ha sido revelado

Cita

Pasa eso; uno se endurece más cuando, estando en pecado, se siente tratado como un pecador; pero cuando, en vez de un insulto recibimos una caricia, primero nos quedamos asombrados, luego lloramos... y, cuando se llora, la armadura del pecado — desencajados sus pernos — se derrumba. Entonces nos quedamos desnudos ante la Bondad y le suplicamos con el corazón que nos revista de sí misma.